El huracán Irma y el Apagón de 1992

Espero que quienes tuvieron pérdidas reales me perdonen por destacar algo bueno, entre tanto desastre, y les confieso, escribo esto sudando, pero le agradezco a Irma que me haya forzado a recuperar un poco del tiempo perdido.

Elvira Maria Restrepo
Elvira Maria Restrepo
Profesora, Universidad de Miami
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20 de Septiembre de 2017

Los árboles que no se cayeron perdieron su espesor y ahora se ven con claridad las casas de los vecinos desde mi ventana.

Irma, el Huracán que arrasó con muchas islas y vidas en el Caribe y la Florida el domingo pasado, dejó gran parte de Miami inundado, la mayoría sin luz y, en muchos lugares, sin agua potable.

Las calles que pude ver a mi alrededor, un día después del paso de Irma, parecían pintadas por Salvador Dalí: Árboles de más de 100 años inclinados o, con las raíces al aire, y toneladas de hojas y desechos regados por las calles.

A pesar de las enormes pérdidas y calamidades que dejó Irma en el Caribe y en la Florida, quiero destacar algo positivo para mí. La ausencia de electricidad estos días me permitió recuperar el tiempo perdido para hacer cosas que de verdad valen la pena y que se esconden a diario, entre la inmediatez y la intromisión constante de la tecnología en nuestras vidas.

He tenido en estos días unas de las más conversaciones más profundas con mi hijo, que tiene 14 años, y pasa la mayoría de su tiempo libre con sus amigos o ‘enredado’ en el internet.  

Irma me recordó también del Apagón de 1992 que, aunque dejó enormes pérdidas económicas y a la mayoría de los colombianos sin luz por largos periodos de cada día durante un año, cambió muchas relaciones personales y vivencias de ciudades como Bogotá asediadas por la violencia y la desconfianza de los años noventa.

El Apagón nos obligó a salir más a la calle y a conversar e interactuar directamente con vecinos y extraños. Las noches oscuras nos permitieron pasar más tiempo con los nuestros, y con ello, darnos cuenta que las cosas pequeñas y, a veces invisibles, traen enormes satisfacciones.

Miami estuvo semi-paralizada, sin luz, sin internet (a diferencia de 1992) y, con un calor difícil para bogotanos como yo. Pero ello nos ha permitido conversar e interactuar con la familia, los vecinos y, algunos extraños, sin el ruido y la alienación de la tecnología.

En lo personal me ha permitido leer libros ya empezados que ‘nunca’ tengo tiempo de terminar.

Espero que quienes tuvieron pérdidas reales me perdonen por destacar algo bueno, entre tanto desastre, y les confieso, escribo esto sudando, pero le agradezco a Irma que me haya forzado a recuperar un poco del tiempo perdido.