El Caracol que deja huella en las calles de Bogotá

Myriam es una amante de los libros. Ella empezó a observar con preocupación que niños y jóvenes están cada vez más inmersos en las nuevas tecnologías y que los libros estaban siendo desplazados. Rogelio, un caracol rodante, fue la solución para llevar lectura, cultura y recreación al barrio Diana Turbay donde esta iniciativa comenzó, y que hoy ha llegado a Molinos II, Palermo y Marruecos.

Paola Avendaño
Paola Avendaño
Coordinadora Nacional, Premio Cívico por una ciudad Mejor
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30 de Junio de 2017

Myriam es una amante de los libros desde muy pequeña. Ella empezó a observar con preocupación que los niños y jóvenes están cada vez más inmersos en las nuevas tecnologías y que los libros estaban siendo desplazados. Ella y su esposo Franklin hace parte del Colectivo de Títeres y Marionetas Alter Ego y desde hace varios años a través de sus presentaciones, transmiten su arte a la ciudad capitalina. Rogelio, un caracol rodante, fue la solución para llevar lectura, cultura y recreación al barrio Diana Turbay donde esta iniciativa comenzó, y que hoy ha llegado a Molinos II, Palermo y Marruecos.

En un principio se pensó en una biblioteca como espacio físico de encuentro, sin embargo encontrar el espacio y mantenerlo fue una dificultad. Por esto nace la idea de una itinerante, que en sus inicios tomó forma de un Sancho Panza y un burro. La fiesta de la lectura y el espacio vital de la coexistencia han sido los grandes componentes de intervención en las calles de la ciudad. Rogelio, la biblioteca rodante está diseñada con una estructura en madera, hierro y decorada con espuma y látex que recrean la figura de un caracol, la cual transporta libros y material lúdico en su interior.

Tanto niños, como jóvenes y adultos tienen la oportunidad de acceder de forma directa a este material. “Mientras se lleva a cabo una fiesta comunitaria donde priman, la reconciliación, el respeto y la tolerancia también surge la oportunidad para reconocer y resaltar en el otro sus fortalezas, saberes y talentos” menciona Franklin.

“Hoy en día las comunidades están dispersas en mil ocupaciones y se olvidan de temas colaborativos, grupales y de familia” afirma Myriam. Lo anterior, sumado a la indiferencia y el desconocimiento sobre el territorio y sus habitantes son algunos de los factores que afectan la sana convivencia. Rogelio quiere dejar huella y desmitificar el hecho que la gente no colabora. Para Myriam, sólo hacen falta ‘pequeñas chispas’ para despertar el interés en la comunidad. Rogelio es esa chispa.

Pero Rogelio no está en la comunidad solo por un día. La biblioteca es ‘adoptada’ por un vecino que se encarga de hospedar el caracol y de sacarlo a las calles para que niños, jóvenes y adultos puedan disfrutarlo. Esta acción se repite semana a semana por lo que Rogelio es una iniciativa de la gente y para la gente ‘no podemos quedarnos esperando, y si alguien puede hacer algo debe hacerlo’ dice Franklin.

La iniciativa ‘Rogelio, el buen vecino’ ocupó el primer lugar en la XVI Versión de Premio Cívico Por Una Ciudad Mejor 2016 en Bogotá. Esta biblioteca con forma de caracol es una muestra que la colaboración y la transformación colectiva son posibles a partir de acciones nacidas desde el amor y el compromiso con el cambio social. Si quiere conocer más de Rogelio lo invitamos al Banco de Iniciativas de Premio Cívico

*Elaborado por el equipo de Gestión del Conocimiento del Programa Premio Cívico Por Una Ciudad Mejor.