Carta a los señores que nos amenazan

Jaime Arteaga responde públicamente a la amenaza que le llegó a su equipo de trabajo en Támara, Casanare.

Jaime Arteaga
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Director JA&A
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25 de Julio de 2016

Encima de mi escritorio reposa una versión impresa del panfleto de amenaza a nuestro equipo de trabajo en Támara, Casanare. Me lo anunció la directora del área con la indiferencia de quien se ha cansado de recibir advertencias veladas por parte de supuestos “defensores de la dignidad y el medio ambiente”.

Ella, la líder del equipo, se ha curtido por días de campo, ha aprendido a leer a la gente y reconocer que la mejor protección es el cariño que le entregan las personas con las que ella y su equipo trabajan día a día.

Repaso nuevamente el anónimo, sin fecha ni logo que lo acompañe y que lleva como título de “Comunicado a la opinion (sin tilde) publica (también sin tilde)”.  Siendo entonces, su propósito ser comunicado a la opinión pública, creo que quien extiende la amenaza reconocerá mi esfuerzo por apoyar su difusión, entendiendo que los lectores de esta columna hacen parte de esa masa abstracta que constituye la opinión pública.

El panfleto arranca entonces, con una justificación: “El comunicado que les escribo es para lo siguiente primero que todo ya hay demasiadas quejas que hemos recibido de las comunidades de Támara respecto a las compañías petroleras” .  Hasta ahí no tengo ninguna observación, la justificación parece válida, aunque imprecisa: en Támara apenas hay aproximaciones de una compañía para iniciar una exploración (ojo: no hay explotación), con una muy baja probabilidad de convertirse en un pozo en producción.

Con esa breve introducción, la misiva se esfuerza en comunicar su amenaza en una confusa redacción y deficiente ortografía, así: “nuestra organización, atendiendo el llamado de la población vulnerable y agobiada por el atropello de las compañías (…) no estará de acuerdo y no vamos a dejar que por culpa de un poco de lambones interesados en ganar plata … dañar las vías las fuentes de agua que todavía quedan (y) preferimos matar horita 10 lambones que más tarde las comunidades se maten por una botella de agua”. Las pocas frases que le siguen, y están escritas con mucho esfuerzo, básicamente reiteran ese mensaje central: sabemos quienes son y los vamos a matar para proteger al agua y a las comunidades.

Ante la ausencia de un remitente o de poder saber cuál es la “Organización” que se adjudica la amenaza, me tomo este espacio para tratar de responder su carta con la siguiente misiva:

 

Bogotá, 25 de Julio de 2016

Señores que nos amenazan:

Admiramos y reconocemos la grandeza histórica y cultural de Támara desde el momento mismo que pisamos sus calles empedradas. Cada vez que nos dirigimos al municipio, apenas empieza el desvío desde la excelente vía principal (que se ha construido gracias a los recursos de las regalías) hacia la ruta que lo lleva a uno al municipio, se percibe la abundancia de recursos con que la naturaleza ha premiado a los tamareños. Pájaros y mariposas de todos los colores se dejan ver posando en las ramas de los árboles que franquean la subida a la montaña.

Nos encanta caminar por entre las casas coloniales, mantenidas con esmerado cariño de sus habitantes, y sentarnos en la imponente plaza principal, donde las instalaciones de la Cooperativa de Cafeteros se erigen con la misma jerarquía que la iglesia y la alcaldía, mostrando la tradición caficultora sobre la que se ha construido el municipio que, como si fuera poco, también ha sido premiado por el mejor de los climas. Tomar el café que produce Támara, y es degustado con tanto aprecio fuera del país, es un privilegio.

Ese afecto que tenemos por el municipio nos hace lamentar profundamente que el pasado de Támara también se haya visto oscurecido por la guerra que ha azotado al país. Entre muchos hechos que quisiéramos que quedaran en el pasado, estuvo el que ocurrió en febrero de 1995, cuando el pueblo fue tomado por las FARC las cuales, con un frente de 250 hombres, asesinaron a varios policías y tras haber intentado infructuosamente saquear la Caja Agraria, dejó a su paso un rastro de tristeza y desolación en el municipio.

Con dolor y preocupación presenciamos en febrero de este año, como una si se tratara de una macabra conmemoración de los 20 años de la toma de las FARC, que el ELN atacó en las goteras de Támara a un comando de la policía.

Señores que nos amenazan: la violencia no ha logrado quitarle el esplendor a un municipio que busca aferrarse a la dignidad que representa el impecable estado de las calles y fachadas que recorren el pueblo.  Y por eso sugerimos que las amenazas de muerte no representan el espíritu de los tamareños que ustedes dicen representar y que, por el contrario, están buscando olvidarse del miedo para abrir la idea a un futuro tan prometedor como el municipio se merece.

Estamos, por otro lado, de acuerdo con ustedes (señores que nos amenazan) en que hay que proteger el agua y la riqueza del medio ambiente. Cualquier actividad que se ejerza en el municipio (hidrocarburos, ganadería, construcción, etc.) debe hacerse con esmerado cuidado de proteger el medio ambiente y, muy especialmente, a las comunidades del municipio.

Nosotros marcharemos por el agua con ustedes, y cuenten con nosotros para hacer todo lo posible para mantener la cultura cafetera y los valores de un municipio tan bello. Esperamos que nos acompañen ustedes, cuando sea el momento para marchar por seguir mejorando la educación, la salud y las oportunidades para sus habitantes.

No nos pidan, sin embargo, que legitimemos una amenaza de muerte dejando atrás a muchos tamareños que quieren abrir la conversación sobre el desarrollo para el municipio, y las oportunidades que le permitan a Támara mantener a los jóvenes con sus familias.

Para nosotros, señores que nos amenazan, los recursos no renovables no son la salvación a todos los problemas (ni el origen de todos los males), pero sí una fuente de recursos para superar la violencia que, para usar sus propios términos, sí ha “vulnerado y agobiado a las comunidades del municipio”.

Servirá, desde luego, que la energía que están poniendo en amenazar a quien piense diferente, sea usada para supervisar y hacer control ciudadano para que cualquier proyecto que se haga en la región sea respetuoso con el medio ambiente y la sociedad que lo rodea.

Para finalizar esta carta, quisiera contarles que no es la primera carta de amenaza que tenemos en nuestras manos. Seguramente no será la última. Pareciera que el sufragio se ha vuelto un recurso común de quienes se oponen a cualquier forma de aprovechamiento de los recursos no renovables.

Esperamos, sin embargo, que reconozcan que la violencia sólo hace que pierdan argumentos importantes que quieren abordar, y que cierran la oportunidad a la conversación sobre el futuro de un municipio que se lo merece todo.

Atentamente,

 

Jaime Arteaga de Brigard

Director

Jaime Arteaga y Asociados