Salvemos los valles de Mensulí y Guatiguará

Nos quedamos sin suelo, y ahora los constructores ya empezaron la expansión definitiva sobre el sur de Floridablanca, ahora los valles de Mensulí y Guatiguará serán edificados para generar riqueza, destruyendo un ecosistema clave para nuestra calidad de vida.
 

Alejandro Alvarado Bedoya
Alejandro Alvarado Bedoya
Abogado e Historiador
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26 de Diciembre de 2016

Nos quedamos sin suelo, y ahora los constructores ya empezaron la expansión definitiva sobre el sur de Floridablanca, ahora los valles de Mensulí y Guatiguará serán edificados para generar riqueza, destruyendo un ecosistema clave para nuestra calidad de vida.

Bucaramanga tiene un gremio consolidado de constructores que han edificado sus fortunas a partir de un cambio agresivo del paisaje urbano. Las casas familiares de San Francisco, San Alonso y Cabecera han dado paso a edificios que generan plusvalías importantes que los hicieron muy ricos, ahora quieren mantener el negocio y expandirlo a costa de bosques y rios que conforman el ecosistema.

Sin embargo, en nuestra ciudad escasea el suelo y la especulación sobre la tierra ha inflado los precios desde hace rato, al punto donde expandir la ciudad al sur resulta ser la solución, pues es el único espacio con suficiente área para construir vivienda, edificaciones comerciales he institucionales, asegurando el insumo básico para la construcción, que no es otra cosa que el suelo.

Así nos encontramos con los ecosistemas del Valle de Mensulí y el Valle de Guatiguará, que hasta hace poco era protegido por los Planes de Ordenamiento Territorial de Piedecuesta y Florida Blanca, pero que debido a la presión del gremio constructor ha venido dando paso a grandes edificaciones que generan desarrollo económico, pero que destruyen los bosques y afectan los caudales de las fuentes hídricas que atraviesan estos amplios valles.

Los planes están hechos, y los constructores se adelantaron hace décadas al comprar el suelo de estos valles. En primer lugar, tenemos el Anillo Vial Externo, parado momentáneamente por falta de financiación, la expansión de la vía a Guatiguará que ha generado expansión de proyectos empresariales y de vivienda, junto a la edificación del Hospital Internacional de Colombia, que implicó el cambio en la destinación del suelo, generando una fuerte dinámica de construcción que inició con los proyectos de Urbanas, de Abadías.

Ahora, por Piedecuesta se encuentra Río del Hato, el mega proyecto de vivienda de Marval, que planea iniciar con la construcción agresiva en todo el valle que forma el Río Frío, apoyada por el Instituto Colombiano del Petróleo que está incentivando la formulación de planteamientos para el desarrollo y la conectividad de estos territorios.

A los gobiernos locales parece no importarles, por el contrario, les alegra la idea de expandir sus municipios, generando un aumento de población, ingresos y directamente, un aumento en la importancia de los fortines políticos.

En este orden de ideas, fomentar proyectos como el Distrito Metropolitano lo único que generaría es una conurbación que destruiría los ecosistemas que juntan los valles que abren paso al Magdalena, pero que se forman desde las montañas andinas de la cordillera oriental. 

Nuestros empresarios de la construcción deberían fomentar los procesos de renovación urbana y densificación faltante en ciudades como Bucaramanga, y garantizar el mejoramiento de las estructuras urbanas de municipios como Floridablanca, Girón y Piedecuesta, fomentando la consolidación del territorio, y no la expansión de sus fronteras urbanas.

Los bosques también forman ciudad, hacen que el ecosistema donde los habitantes del territorio vivimos sea de calidad, el desarrollo no es únicamente edificar, el desarrollo es mejorar y consolidar lo que tenemos. Es necesario abrir el debate y buscar alternativas evitando que se impongan los intereses económicos, por el interés superior de la sociedad que no es otro que proteger el hábitat donde vivimos, y vivirán las próximas generaciones.