Pensar Bucaramanga con las tripas

¿Qué efectos políticos tiene la llegada al poder en Bucaramanga, del empresario Rodolfo Hernández, derrotando a la maquinaria liberal y liderando un fenómeno de opinión, sin partidos, con un discurso anticorrupción, llamado Lógica, Ética y Estética?

Julio César Acelas Arias
Julio César Acelas Arias
Analista Investigador
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02 de Junio de 2016

“Por nuestra habla -nuestras conversaciones, nuestras bromas, nuestras disputas legales, los nombres que ponemos a los niños-, podremos llegar a comprender quienes somos: una ventana a la naturaleza humana”. Steven Pinker.[1]

I

Quienes fuimos a la universidad a estudiar historia y política, el inmarcesible Fernand Braudel, de la escuela francesa de los Anales, nos enseñó que los cambios políticos son de corta duración, suceden en días, quizás horas, diferente de las rupturas económicas, que llegan en tiempo mediano, y los cambios culturales que son de larga duración. Cambiar los imaginarios y comportamientos es cosa de titanes, de proyectos sin fin. Mucho de ello, lo intentó Mockus en Bogotá.

Los activistas y vividores del mundo político poco comprenden ello. A “la politiquería”, me advierte un amigo acaudalado, de los bastantes que hoy tiene Santander, “le repudia y desprecia los conceptos, todos son lagartos y zánganos”, le riposto que no, que no todos, habrá resentidos, sin reconocimiento, pero van a casinos, juegan, poco ganan, pero mantienen el sistema, le dan forma. La política es un juego peligroso y placentero.

El 25 de octubre no cambió la economía local menos la cultura en particular. Cambió la política y de qué manera. Las elecciones en adelante no serán las mismas, ni en sus formas ni en sus contenidos. Se desató una represa contenida durante años, de aguas malolientes y espesas. Muchos no hemos leído ni comprendido todavía la tremenda ruptura política que se generó el 25 de octubre. La radicalidad y agresión del lenguaje del alcalde y de sus contrarios, sus distancias, son el mejor termómetro de ello. Se despertaron los intereses más íntimos y las pasiones más profundas. Se “piensa con las tripas”, <splaknisomae>, decían los griegos. Los tres kilos de “microbioma” que cargamos en el organismo, en algunos, se activaron y estimulan esos pensamientos y estados de ánimo. El del alcalde ha sido un discurso poderoso: “interroga sin piedad, denuncia secretos y complicidades, y guarda silencio acerca de sí mismo”.  

Casi nada, se rompió radicalmente la hegemonía liberal en la alcaldía de la ciudad, lo que había ocurrido solo en tres ocasiones después de la guerra de los mil días: en 1923, 1970 y 2003. En el 23, los liberales llevaron a los socialistas en sus listas al concejo y estos sacaron la mayoría de las curules, gracias al ímpetu de los primeros obreros y artesanos. 50 años después, en 1970, la ANAPO obtuvo la mayoría con 11 concejales comandados por Carlos Toledo Plata y Ciro Ríos Nieto, alcanzando cerca del 51% de los votos para corporaciones públicas, en una campaña que llamaron el “tren de la victoria”, encima de una vieja camioneta Ford 43, ataviada con afiches y banderas del general Rojas, que culminó con una marcha por la carrera 27.[2]

El anapismo fue definido entonces, como “una clase social nueva, sus líderes tienen resentimiento social contra el grupo excluyente, no son socios de los clubes, están económicamente bien y no viven de la política, de origen humilde, son anti oligárquicos”.[3] Derrotaron a los liberales, que entonces representaban a “la pequeña oligarquía local”, de larga tradición aristocrática y poder económico, quienes vivían de sus negocios industriales, financieros y construcción, atendían en los clubes sociales más emblemáticos, tomaban las decisiones importantes y realizaban los proyectos económicos y sociales claves de la región y la representaban ante el centro: Armando Puyana, Carlos Ardila Lulle, Alfonso Silva Silva, Gustavo Liévano y los hermanos Espinosa Valderrama, liderando empresas nativas como el Banco Santander, la Nacional de Cigarrillos, Forjas de Colombia, la Constructora Urbanas, la Corporación Financiera de Santander y la fábrica de jeans El Roble.

Treinta y tres años después, apareció de nuevo el “coco” de la Anapo con su más emblemático heredero, el delfín Iván Moreno Rojas, quien los derrotó por nocaut técnico; eran políticos emergentes e indeseables de los políticos tradicionales y los gremios, representantes de miles de ciudadanos de sectores populares y medios, deprimidos, en descenso. Vendían un populismo convincente que les proveía a los pobres desde cajas de dientes hasta cupos escolares en colegios de primera y muñecas rojinegras. El anapismo gozó de una positiva recordación en el imaginario de varias generaciones de santandereanos. De origen conservador y populista, los Moreno Rojas, fueron miembros decadentes de la rancia oligarquía bogotana antes que de las élites locales y pensaron el poder y la política desde Bogotá o Miami en lugar de Bucaramanga o García Rovira.

Posicionaron en la agenda de la ciudad temas extraños para los políticos: lo social, la inclusión de los excluidos, el desempleo, la recuperación del espacio público, la mercadotecnia política, el contacto directo con el ciudadano. Para otros, los Moreno convirtieron lo social en un negocio, que los llevo a la cárcel por corruptos.[4] En octubre de 2003, repitieron la Alcaldía local con un empresario formado en los reinados de belleza, de imagen anodina y  eligieron cinco concejales y un diputado, todos del viejo bipartidismo.

Los liberales, aporreados y a látigo, se fueron a ladrar al desierto político, sin contratos ni puestos, “sin pipetas de oxígeno” y sin caviar; en lo nacional, desde 1998 con Pastrana, y volvieron solo con Santos a alimentar y llenar sus alcancías. En la gobernación, desde el 2002, fueron desterrados, y solo ahora recuperaron algo del poder con Tavera, pero sin los lujos del pasado. Fueron derrotados por un advenedizo militar, insuflado con el delirio uribista, que miraba al infinito, desde un partido emergente y aliado con delincuentes, que les ganó por escasos 30 mil votos, a punta de ríos de dinero y fusiles R-15, cuyos cañones marcaban la nuca de los pobladores, en las históricas zonas donde mandaba el “trapo rojo”.[5] En lo local, gobernaron la ciudad, solos e imperiales, desde 2008, hasta hace meses, cuando cayeron como en un limbo.

II

Nunca un alcalde ha despertado tantos opositores, largamente dormidos y somnolientos ante lo público. Quienes son ellos, los creadores de las matrices de opinión contra Rodolfo, dónde están?, que representan? Lo que se representa es quizás lo más decisivo y clave en política. De entrada, un aspecto trascendental de los perdedores, es que se han expresado fuertemente. Hacen ruido. No han callado y eso ha marcado el gobierno y formado la opinión. Se echó para abajo el supuesto clásico que los derrotados callan. Aquí fueron forzados por el lenguaje y la intrepidez del ganador; es como “medio loco”, llegaron a decir algunos, a sabiendas de la certeza de sus denuncias.

La taxonomía los podría nombrar así: la mayoría, rabiosos y ofendidos por el lenguaje oficial, desfogan su vértigo en las redes y los pasquines, dependían de la alcaldía y llevan meses sin recursos oficiales, perdieron contratos y empleos. Otros son más técnicos, rigurosos y serios, y los hay, quienes apoyaron incondicionales a Rodolfo, son independientes, no han sido reconocidos ni representados en el gobierno, ni los oyen ni los reciben, pero siguen ahí confiados en el cambio, como Job, con harta paciencia.

Nunca antes los concejales habían estudiado tanto el Plan de Desarrollo ni seguido milimétricamente sus decisiones. Y para Ripley, encarnizados y con toda, para que el gobierno plasmara en el Plan lo que irrestrictamente prometió. Habrase visto. Todo un aprendizaje político y una gran pedagogía ciudadana. Paradójicamente, el gobierno como ninguno antes, termino reconociendo, proponiéndose lo contrario, al concejo como actor político que decide, lo bautizo con mayoría de edad, como lo dijo Kant, el filósofo del imperativo categórico. El rol de la incertidumbre en la política.  

Algo cierto, es que la alcaldía y la gobernación son los grandes empleadores del área. Cumplen una función social innegable; generan ingreso y dignifican con calidad de vida y bienestar a muchas familias excluidas. Pasar  de “sopetón” y sin duelo, de piñatas de contratos a austeridad total, tiene unas implicaciones económicas y sociales monumentales e innegables para muchos ciudadanos. Cientos de cesantes, que no son artífices de la corrupción, poco entienden cuando oyen hablar duro en “invertir para los más pobres”. Otros contratistas quebraron por la incertidumbre del pago; acudir a los juzgados sería interminable. Ello incuba resentimiento y odio. También es cierto, que muchos contratos de servicios eran un monumento a la burocracia ineficiente, que al final reproduce el clientelismo, como conejos gigantes de Flandes. Terminados los cien días, los políticos dejaron un déficit fiscal arriba de 125 mil millones.

Rodolfo rompió a “patadas”, la sorna política local e instaló y legitimó otro lenguaje, utópico y soñador, entre los políticos y ciudadanos: a los primeros los eriza y ofende y a los segundos les encanta y seduce. Canalizó la indignación ciudadana que diariamente estimulaban los políticos locales, que fuese cual fuese el que la interpretara, iba a ser el alcalde, y ese se llamó Rodolfo Hernández. Tuvo dos méritos: diseñar una campaña técnica y empresarial, y tener los caudales suficientes para invertirlos sin esperar recuperarlos. Pudo ser otro, pero fue él, un aventajado, tuvo los cojones. Innegable. Pero ganó solo y con tres ideas, sin movimiento ciudadano que planee la defensa del fenómeno de opinión. Pura y dura opinión, que a veces es muy razonable pero no siempre es inteligente.

Rodolfo es producto de la Nacional de los setenta y de los negocios de tierra y construcción. Lo uno, le inculcó el discurso altisonante  y anarquista, lo volvió anti político y antisistema, y lo otro, lo convirtió en empresario poderoso, pragmático y uribista. Una mezcla, muy compleja, explosiva e indeterminada. De ahí, su acción personal como alcalde, de ruptura, contradictoria e incierta. Muchos lo satanizan por sus vínculos con Uribe y su distancia con Santos y la paz de La Habana. Como millonario, la seguridad democrática lo legitimó socialmente y le abrió el camino para soñar con gobernar. Los ricos y millonarios de Colombia, como la derecha, incluso la violenta, adquirieron ciudadanía con el Innombrable. Más allá de todo ello, está cumpliendo su rol. Se comporta consecuente como su clase así sea outsider, venido de fuera. Lo que podría ser muy criticable y censurable seria que su gobierno termine siendo una representación uribista de los intereses de “ricos oligárquicos”, aquello por lo que la gente no votó ni votaría. Ello podría anunciar la disputa y la simbólica de la próxima alcaldía.

A pesar de su opulencia, Rodolfo, nunca ha dejado de ser consecuente con su origen. Marx, no el humorista sino el filósofo, escribió en el 18 Brumario, que cuando las épocas de ruptura, convulsas, no encontraban líderes de trayectoria que las dirigiera, los creaban de la noche a la mañana, como por arte de birlibirloque. Esa es la parábola del alcalde y de Uribe, además.

II

Supe de Rodolfo y Gabriel en febrero de 2004, cuando intermedié ante Jairo Ulloa, un colega de la UIS, recién elegido alcalde de Floridablanca, quien heroicamente derrotó a las oxidadas maquinarias políticas, que hoy permanecen. En medio de salmones chilenos y tintos argentinos, Rodolfo desde entonces, tenía claro los temas y peligros del poder, la construcción de obras necesarias con estética y la importancia estratégica de no robarse los recursos públicos.

Ellos querían donarle a la ciudad, los diseños para peatonalizar el infernal centro municipal y conectarlo con la recién comprada casa Paragüitas a COLTABACO, trayendo para ello al afamado arquitecto Lorenzo Castro. El proyecto no se efectuó completo, como tampoco el acordado con el fotógrafo de modas, Ruvén Afanador en la misma casa, debido a las dificultades políticas del médico, que al igual que Rodolfo, solía salir a veces a comprar enemigos sin más. Gabriel Hernández, su hermano y para algunos el ideólogo de toda esta aventura, no lo es tanto en realidad. Es un sencillo y disciplinado Ingeniero Civil y pensionado que estudio estética, lee filosofía diariamente, alejado de la “estupidez del poder”, como lo ha dicho Carlo Cipolla. Es dueño de la mejor colección de arte de la región y sus reflexiones, a veces parecen escolares, como un opúsculo que circula en redes sobre la violencia y los diálogos de paz. A excepción de su carácter y su personalidad, es casi igual que su hermano, son sombra el uno del otro. Más allá de todo, Gabriel es el <coach> de su hermano.

Estos tiempos delirantes poco permiten comprender la forma como la cuarta revolución industrial, la del diseño inteligente, nos engulle y tritura. La opinión[6] se forma en las redes virtuales y en los demás medios, pero también en una espiral del silencio, que es un proceso por el que se propaga algo indefinible. La indignación ciudadana contra el gobierno liberal, Lucho y los concejales, se contagió a velocidades meteóricas, sin ruido pero con contundencia de acero. Las encuestas lo mostraban pero no en lo más visible: los altos números de Ibáñez y los bajos de los demás, sino en los constantes y elevados porcentajes de indecisos y abstencionistas, que a la postre definieron por poco el ganador.

Como lo hemos enseñado, en política y lo público, la percepción es igual a la realidad. Lo aprendimos de McKinnon, estratega político y asesor de Bush, McCain, Barco y de celebridades como Bono y Armstrong[7]. El nuevo gobierno, ha generado como nadie, muchas percepciones, algunas contradictorias. La mejor de ellas, consecuente con lo prometido en campaña, es que se cortó el “chorro” grande de la corrupción: cero secretarias privatizadas, cero contratos de prestación de servicios y cero cupos de contratación para los concejales. Esa era la madre de todas las batallas a ganar y este alcalde, desde la penumbra, se la ganó a la elite política: impensable y utópica, pero cierta e innegable.

Pero gobernar no para ahí. Como tampoco son suficientes solamente las estructuras de un edificio para que la gente lo compre y habite feliz.  A veces no se comprende lo que están haciendo en la alcaldía. Hacer campaña y gobernar son dos cosas distintas aunque consecuentes y confusas. Gobernar es más difícil que ganar elecciones. Se requiere mucha inteligencia, templanza y astucia En una, mucha pasión subjetiva, y en la otra, mucha responsabilidad colectiva.

A veces, el gobierno no percibe que se gasta a borbotones y a mil, la alta legitimidad que tiene. Los apoyos de Rodolfo, buenos técnicos, lucen perdidos y desolados. Jorge Figueroa, el más formado en lo público, suma carisma lentamente. Manolo tiene juventud y arrogancia, sin experiencia vital ni formación académica; se convirtió en la “piedra en el zapato” de los políticos. Los concejales y su tribu lo detestan. Rodolfo en ocasiones, da la impresión que no tuviese la iniciativa que se le pide al gobernante. Trasplantó  de lo privado a la alcaldía, su estilo vertical y autoritario, que puede tener efectos mortales.

Gobernar es incluir, negociar, consensuar, interpretar y sujetarse a normas, intereses encontrados  e implica mucha pedagogía y capacidad de persuadir y argumentar. Gobernar es tomar decisiones, comunicar, incluir, tramitar en paz las diferencias, y comprender y satisfacer las demandas ciudadanas. Para ello se requiere mucha política y agentes políticos que la comprendan y ejerzan. Ello ha sido muy limitado estos meses.[8] La decisiones de escuchar y reconocer los concejales como actores, acordar unos mínimos para debatir el Plan de Desarrollo y cambiar de interlocutor, al igual que el aplazamiento de las elecciones comunales –focos del clientelismo y corrupción-, en los barrios más tradicionales, tras miles de denuncias sobre irregularidades, han sido las acciones de mas alta cirugía política del alcalde.  Su estilo anti político lo hará pasar a la historia, como quien rompió la política como intercambio, paradójicamente no siendo el más brillante candidato, pero si el único con legitimidad y valentía para golpear las clientelas y parar el robo púbico.

No sólo hay que tener las razones, se requiere la capacidad para volverlas autoridad y poder convencer con buenos argumentos diariamente. En campaña se convence a la opinión no a los críticos ni a la clientela, en el gobierno se argumenta a los críticos y se forma y prepara a la opinión: muy poco de ambos. El choque de los poderes locales, su falta de voluntad y canales para su trámite y comprensión, genera pasivos institucionales, que al final los pagan los niños, los adultos mayores, los habitantes de la calle, el ciudadano en general. Las limitaciones técnicas del Plan, la ausencia inicial de programas prometidos, como las 20.000 soluciones de vivienda y el hospital para mascotas, y otras que están ahí, para muchos inviables, son reflejo de todo ello. “Papayazo” para los concejales que se lo sirvieron doble.

Su acento ha sido los pobres del norte, a pesar que estos no deciden, poco votan y no lo apoyaron, pero quiere empoderarlos y reconocerlos, como una reversión inconsciente de algo pendiente. Hay un mito poderoso en la ciudad: la clase media quien elige, no lo ha hecho nunca por algún vocero ni representante de los pudientes ni los gremios de la ciudad. Un buen gobierno, después de la transición, seria aquel que más allá de los pobres, profundice la obra de Rodolfo y gobierne para las mayorías clase medieras, también largamente excluidas y utilizadas. Los ricos gobernaron hasta 1980 la ciudad y excluyeron a todos, luego vinieron los políticos profesionales, algunos populistas, otros nuevos ricos hoy.

A veces se olvida que somos una ciudad universitaria, la segunda con más tasa de matrícula, después de Bogotá, de emprendimientos pequeños, ciudadanos que protestamos por todo, inconformes, y con riesgos enormes de pauperizarnos y oportunidades grandes de acumular y acomodarse, caminando diariamente en el filo de la navaja. Tenemos una ciudad explosiva, variopinta, diversa, donde pesan los jóvenes, profesionales, pequeños negociantes, de la cual poco tienen idea los gobernantes ni los partidos. Todos ellos votaron en masa por Rodolfo y Leónidas Gómez.

Llego la hora de un gobierno de ciudad, para todos. Paradójicamente, Lucho Bohórquez ha sido el gobernante liberal de mayor inclusión de las clases medias pero se ilegitimo rápidamente. Transformo la ciudad, lo que será difícil que se le reconozca, como quiera que nunca implementó una estrategia de comunicación pública, por lo que se aisló de los ciudadanos y no midió la fuerza demoledora de la opinión; su gobierno se incrustó en la retina ciudadana como de poca transparencia y planeación. El estratega era él y erró al elegir a algunos medios y mediadores como enemigos. Siempre soñó ser periodista de radio. Los comunicadores que tenía a su lado, le consultaban desde el color de la fuente hasta los textos y planos de sus notas y él finalmente lo decidía todo. Parecía que gobernaba a veces la Bucaramanga de José Luis Mendoza Cárdenas, el ex senador de la “justicia social”.

Por ello, el ex Alcalde y los liberales, como la ciudad entera, hemos pagado altos costos. La comunicación solo se redujo a “informar” y alabar asépticamente, y en ocasiones a “comprar” indignamente, a muchos de los que ejercen el oficio con amor y vocación. El nuevo gobierno, como nadie, tiene la oportunidad histórica de revertir ello y dejar impronta. En tanto, hoy, incomunica, a veces es errático y monotemático, se contradice y envía mensajes ingenuos y antiestéticos. La necesaria y mucha transparencia no explica ni resuelve todo a los ciudadanos.

Al cierre de estas notas, en medio de una lluvia pertinaz, el candidato perdedor, un buen señor, el ex Alcalde Ibáñez, llamaba a la ciudadanía, “para revocar el mandato del gobernante de acuerdo con el programa inscrito ante las autoridades electorales si este no se cumple”. Pienso, en compañía de mi gato Dominique, porqué carajos dejan los trenes a quienes tienen el boleto equivocado y llegan tarde a las estaciones.

 

[1] Steven Pinker. El mundo de las palabras. Barcelona, 2007. Página 13-14.

[2] Yecenia Castilla Márquez. “Dinámica política en el departamento de Santander 1947-1985”. Tesis de Grado en Historia. UIS. 2006.

[3] Acelas Julio. “Elites, poder político y Desarrollo regional en Santander 1974-2004”. Tesis de Grado Maestría Estudios Políticos. Universidad Nacional. 2006.

[4] Julio Acelas. “Poder y debilidad de los nuevos clientelismos”. Dominical Vanguardia Liberal. 18 de Febrero de 2.006.

[5] Julio Acelas. “Mercado político y elecciones en Santander. Esperanzas e incertidumbres”. En: Dominical  Vanguardia Liberal, 9 de Noviembre de 2003.

[6] Elisabeth Noelle-Neumann La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social. 1992.

[8] Runciman David. Política, Madrid, 2014.