Otra vez se viene ‘el niño’

Hace unos meses, todas las noches en época de sequía se nos informaba en alocución presidencial si cumplíamos o no la meta de ahorro de energía, como si en unos días se pudiera reparar la ineficiencia del Estado, la corrupción y la falta de conciencia.

Laura Sanabria Rangel
Laura Sanabria Rangel
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15 de Noviembre de 2016

Las recientes lluvias que han caído en diversas partes del país, y que han dejado consigo inundaciones en algunos municipios, no durarán mucho tiempo.

Estamos a uno o dos meses de que vuelva ‘el niño’. En Santander, , y apenas se están recuperando del que ha sido en la historia del planeta. Yendo un poco más lejos, en la no llueve hace años y aún no se encuentra la solución para evitar que los niños se sigan muriendo de hambre y de sed.

Lo ridículo es que el 46 % del agua que posee Colombia se destina para actividades agrícolas, y lo paradójico es que además es que concentra el 60 % del agua dulce del mundo. A pesar de nuestra vocación agrícola, los ricos y terratenientes son los dueños del “campo”, concentrando el 46 % del territorio rural en las manos del 0,4% de propietarios.

Hace unos meses, todas las noches en época de sequía se nos informaba en alocución presidencial si cumplíamos o no la meta de ahorro de energía, como si en unos días se pudiera reparar la ineficiencia del Estado, la corrupción y la falta de conciencia.

En algunas semanas estaremos igual. En agosto se anunció que el Viceministerio de Agua y Saneamiento Básico tendría un desfalco de para 2017, lo que significaría, en palabras del representante del Polo Democrático, Víctor Correa Vélez, que “solo van a tener 35 mil millones de pesos para el agua potable en la ruralidad colombiana, cuando el 85 % de los campesinos del país no tienen acceso al agua potable”.

Mientras tanto en Lebrija, Santander, los habitantes no cuentan con servicio de saneamiento básico las 24 horas, a la espera de que se ejecute el proyecto de recuperación del acueducto por parte de la administración gubernamental de . Sin embargo, las veredas aledañas al municipio nunca han contado con uno, así que sus campesinos se abastecen de pozos y quebradas. En el panorama es igualmente desalentador, hasta hace unas semanas aún estaban pendientes $15.000 millones para la finalización de la obra del acueducto municipal.

Pero la inoperancia del Estado no se queda en la falta de infraestructura nacional y departamental. En Colombia, la considera el agua como un mero bien público del cual se dan permisos para su aprovechamiento, adjudicando a privados nacionales e internacionales manantiales hasta por periodos de 50 años, mientras nuestras zonas rurales son pobladas por el desabastecimiento y las sequías.

Debemos afrontar que cerrar una llave o apagar una luz, como manda el Gobierno, no va a acabar las desigualdades, que son las que definen quiénes tienen acceso al agua y quiénes no. El ahorro doméstico, a lo sumo, garantizará que más de los nuestros puedan acceder a esta, pero no les brindará agua a esos colombianos pobres y campesinos que no tuvieron la ‘fortuna’ de vivir en centros urbanos.

Se viene ‘el niño’ otra vez, y todavía no sabemos cómo lidiar con él. El próximo año se estima seremos de colombianos, en 2020 casi 51 millones. Ojalá dejemos de hacer lo que mejor sabe hacer el Gobierno: hacerse el de la vista gorda, y pasemos a exigir de forma contundente que el agua sea un derecho fundamental, el cual es un deber del Estado proteger y llevar a todos los colombianos.