Negociación con el ELN y las consecuencias en las regiones petroleras

Los acercamientos con el ELN son vistos por la comunidad petrolera como una luz de esperanza que puede poner en la mesa nacional una tregua y ojalá un cese al fuego definitivo, que ayude a mermar la violencia y a desarrollar la principal actividad industrial del país en tranquilidad, seguridad y optimismo.

Andrés Vargas Ferro
Andrés Vargas Ferro
Politólogo y periodista
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18 de Octubre de 2016

El ELN es el segundo grupo guerrillero más grande del país. Su despliegue armado ha contribuido a profundizar las cicatrices del conflicto en Colombia que según cifras del Centro Nacional de Memoria Histórica dejan lamentablemente, 220.000 muertos y cerca de 7 millones de desplazados. Sus operaciones financieras y políticas que involucran la violencia y el secuestro han llevado a que sean tildadas por algunos miembros de la comunidad internacional, entre ellos la Unión Europea, Canadá y Estados Unidos, como grupos terroristas.

En Colombia son catalogados como una organización delictiva y son judicializados por métodos ilícitos de guerra, homicidio y terrorismo. Frente al ELN hay un país dividido sobre qué hacer para dar fin a la violencia sistemática que ha dejado el conflicto.

No obstante, el clima de acuerdos entre las Farc y el Gobierno, a pesar del estrellón en el pasado plebiscito, es una muestra de voluntad del ELN para la reincorporación en la vida pacífica y civil. Sin embargo, no es la primera vez que el grupo armado no estatal quiere negociar, han sido 8 acercamientos en sus más de 50 años de existencia, incluso en el gobierno de Uribe hubo una aproximación, al final fallida, como también en el periodo de Belisario Betancour, en los años 80.

Esta vez parece que hay una agenda pública para ser desarrollada. La mesa de diálogo que se instaura en Quito el 27 de octubre tiene como condicionante por parte del Gobierno, la liberación de todos los secuestrados y un subpunto en el cual se tratarán acciones y dinámicas humanitarias.

Estas declaraciones llenan de esperanza a los municipios petroleros del país, en donde el ELN se encuentra en un ambiente propicio para desarrollar sus operaciones entre lamentables asesinatos como el de los contratistas Jairo Aguilar y Germán Arturo Ariza; robo de combustible y ataques por voladuras a la infraestructura petrolera.

Santander, Norte de Santander y Arauca que han sufrido “la maldición petrolera” no sólo por ser una economía de enclave sino por ejemplo, según expedientes de la Fiscalía, el ELN ha perpetrado unos 1.300 atentados sólo en el oleoducto Caño Limón - Coveñas con graves consecuencias para el ambiente por los cíclicos derrames de crudo, además de los paros armados en los tres departamentos mencionados y por los constantes frenos a la operación de Ecopetrol.

Así los acercamientos con el ELN, a pesar de las evidentes fuerzas de la oposición al Gobierno Santos, son vistos por la comunidad petrolera como una luz de esperanza para la industria que puede poner en la mesa nacional una tregua y ojalá un cese al fuego definitivo, que ayude a mermar la violencia y a desarrollar la vida de quienes jalonan la principal actividad industrial del país en tranquilidad, seguridad y optimismo.