METROLÍNEA: La hora de pensar local y la necesidad de irrigar el sistema

Metrolínea llegó a la ciudad para proponer una nueva forma de organización del sistema de transporte. Replicando el caso de Bogotá, Transmilenio, se propuso una alianza entre el nivel nacional y local a través de una participación de 70% y 30% respectivamente de los recursos necesarios para la implementación. Después de varios años de operación, aparecen nuevos retos en el sistema. A continuación una reflexión sobre los retos contemporáneos. 

Diego Silva Ardila
Diego Silva Ardila
Profesor e Investigador
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25 de Agosto de 2015

La forma como los habitantes de una ciudad nos movemos dentro de ella determina no solo la forma como se desenvuelven nuestras vidas sino la capacidad misma de la ciudad para promover el bienestar y la calidad de vida. Sin embargo es una relación bidireccional, pues el sistema de transporte y las opciones de movilidad son las que al fin y al cabo definen la forma como nos movemos, pero somos nosotros los que decidimos las opciones existentes. Al votar decidimos que tipo de programa se establece, al asumir posturas de indiferencia decidimos aceptar y al escoger donde vivimos o al decidir si nos movemos en una bicicleta, un carro o una moto también estamos siendo parte inseparable del tipo de ciudad que construimos.

En nuestra ciudad se estableció un sistema de transporte masivo desde hace unos años que buscaba ordenar los flujos principales de la ciudad en función de autobuses modernos capaces de mover gran cantidad de pasajeros de acuerdo al ejemplo que desde el 2000 nos venía prestando Bogotá. La forma de implementar el proyecto fue a través de una invitación de “tómelo o déjelo” por parte de la nación, al ofrecer que por cada pesos que los municipios pusieran la nación pondría 2,3 (el modelo 70%-30%). Este modelo, si bien interesante para las finanzas públicas, genero un incentivo tal vez no planeado: los municipios, los gobernantes de turno, los operadores de transporte y los ciudadanos creímos que era un proyecto de la nación y poco se pensó en la responsabilidad que esto acarreaba para la esfera local (distorsión que de algún modo ha querido resolver la nueva estrategia de los CONTRATO PLAN, pero eso es harina de otro costal). Así se implementó, entró en operación y tuvo las consecuencias que hoy observamos a diario.

En esta oportunidad quiero hacer dos comentarios para promover la reflexión y una conversación más prolongada sobre el tema de Metrolínea, que la verdad es más preciso si hablamos del tema de movilidad. (1) Nos llegó la hora de ser responsable, es decir, el tipo de ciudad que queremos y la forma como nos movemos debe ser el resultado de las reflexiones, debates pero fundamentalmente de las acciones que tomemos en la esfera local. Está bien que la nación nos apoye, con recursos como le corresponde, con asistencia técnica como le ha faltado hacerlo, con acompañamiento y vigilancia, pero somos los actores locales los que debemos empoderarnos del tema y empezar a trabajar al respecto. (2) El gran problema que tenemos en este momento, es la irrigación del sistema, la misma forma que funcionan los sistemas hídricos geográficos (los ríos) o nuestro flujo sanguíneo, un sistema de transporte necesita un sistema troncal o central que permita el movimiento grande de los flujos pero a su vez necesita llegar a diferentes lugares de la ciudad (como lo hacen los pequeños vasos sanguíneos en nuestros dedos). Entender el sistema de transporte como una organización jerárquica de grandes flujos, flujos medios y flujos menores nos permite no solo entender lo que está pasando con temas como el paralelismo, mototaxismo o aumento del uso de las motocicletas, sino que nos permite empezar a definir las prioridades de lo que se debe hacer en el proceso de reorganización de nuestro sistema masivo de transporte, y aportar a lo que lentamente nos llevará a pensar de manera más general en el sistema de movilidad de la ciudad.