Más allá de Santurbán

En Piedecuesta, Santander, se ha empezado a evidenciar compras de  tierras en la parte alta donde se encuentran los nacimientos de agua. Cuando los vecinos de la vereda Sevilla pidieron la intervención sus solicitudes no fueron escuchadas.

Alejandro Alvarado Bedoya
Alejandro Alvarado Bedoya
Abogado e Historiador
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23 de Enero de 2018

En Piedecuesta, Santander, se ha empezado a evidenciar compras de  tierras en la parte alta donde se encuentran los nacimientos de agua. Cuando los vecinos de la vereda Sevilla pidieron la intervención sus solicitudes no fueron escuchadas. Ahora muchos agricultores han visto cómo van dejando fuera de operación acueductos veredales que los abastecen, empezando así el conflicto por el agua.

Nosotros en las ciudades no somos conscientes de la amenaza que implica la concentración de propiedad de las tierras altas de montaña aledañas a los municipios, con explotación minera o sin ella, el control de la generación de agua generará dependencia a empresas privadas que se han hecho a un precio irrisorio al recurso más importante de la modernidad.

Así mismo, las autoridades públicas no han logrado conciliar sus capacidades de control y sanción que impida la explotación irracional de los recursos ambientales, como tampoco se tiene muy claro una política pública viable de ordenamiento del territorio rural que permita conciliar los intereses de los productores agropecuarios, con el interés público de conservar los nacimientos de agua.

Desde 1936 el Gobierno Nacional ha intentado regular la protección de fuentes hídricas con la histórica Ley 200 o de reforma agraria, sin embargo no es un asunto normativo, es un asunto de gobernanza del territorio y de los recursos naturales.

Tenemos una agricultura tradicional con una alta ineficiencia y depredación de los recursos, que ante la falta de técnica han usado la tierra con usos incompatibles y poco eficientes, este hecho ha generado una pérdida de capacidades ambientales que cada vez se acentúa más debido a las mejoras tecnológicas que son introducidas sin ningún control.

Hoy día depredar un bosque tarda horas, y sin embargo, no somos capaces de tener repoblamiento forestal en la medida en que aumenta la presión demográfica rural, que implica abrir más frontera agrícola destruyendo el patrimonio ambiental.

La protección de las montañas ya no puede esperar más. Las tierras bajas destinadas a cultivos que se encuentran bien irrigadas por los afluentes de montaña hoy día son usadas para la desordenada expansión urbana, en proyectos legales e ilegales de vivienda e industria.

Pareciera que tenemos un exceso de confianza sobre lo ilimitado de los recursos ambientales, es el momento de cuidar nuestras montañas y nuestra agua, es momento de imponer un nuevo modelo de desarrollo. 

Nota: Esta columna fue modificada de acuerdo a lo que escribí