LOS ASENTAMIENTOS PRECARIOS EN EL ÁREA METROPOLITANA DE BUCARAMANGA:

HACIA UNA VISIÓN DE HÁBITAT PARA SU GESTIÓN Y DESARROLLO

Alejandro Murillo Salguero
Alejandro Murillo Salguero
Director de la ONG Citu Experiencia Local - Laboratorio de Proyectos Urbanos
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17 de Agosto de 2015

                 

La ciudad es el resultado y el escenario de la diferencia, del conflicto y de la diversidad de procesos que inician y finalizan en múltiples puertos. Cuando esa diferencia no está dada en unas mínimas condiciones de equilibrio, en donde los actores sociales divergentes no cuentan con atributos que les permitan desarrollar a plenitud sus potencialidades y enfrentar el conflicto (en proporción coherente de condiciones) se crea una grieta que termina por fracturar todo el sistema territorial, afectando a todos los habitantes de la ciudad por igual, directa o indirectamente.

Una de las expresiones urbanas que mejor caracteriza este fenómeno son los asentamientos precarios. Según Citu Experiencia Local (2011), los asentamientos precarios son concentraciones de población que habitan de manera permanente o temporal un espacio y que carecen en menor o mayor medida de condiciones para desarrollar la vida con dignidad, seguridad, salubridad y en conexión eficiente con los flujos de movilidad y oportunidades de su entorno. El problema es la ausencia, la carencia, la imposibilidad de acceder y las consecuencias concretas para el bienestar físico, psicológico y trascendental de la población involucrada. Es un problema que va más allá de lo escrito en papeles, que tiene afectación real en la población y no es un renglón más de las tareas pendientes de los mandatarios locales. Se trata de la vida misma en su máxima tensión.

Estos asentamientos, también han sido históricamente conocidos como “barrios marginales”, “tugurios”, “barrios de pobres”, “barrios populares” o “asentamientos informales, irregulares o subnormales”. Todas denominaciones confusas a conveniencia de quien quiere en determinado contexto crear discurso, tratar de hacer entender el problema en una dirección determinada o simplemente por préstamo de palabras en donde no hay un conocimiento ni una reflexión honda detrás. Se convierten en términos de moda, en términos instrumentales o en términos de obligatorio manejo, principalmente para las administraciones municipales. Por allí pasa un alto desgaste de la acción institucional, se hacen muchas cosas, pero pocas veces hay un alto en el camino para pensar el problema en sí mismo, en su profundidad y complejidad como aglutinante de todos los problemas del mundo urbano.

Sin embargo, lo que está detrás de esta problemática sensible, presente en la mayoría de ciudades de América Latina y el África Subsahariana y que surge como reto fundamental para la gestión pública de la contemporaneidad, es el padecimiento cotidiano de miles de niños, jóvenes, mujeres, hombres, personas discapacitadas y de la tercera edad, que están eclipsadas por una creciente tendencia de la visión territorial, en donde este complejo fenómeno tiene una perspectiva reduccionista a la norma, al trámite, al asistencialismo y al favor político. Todas ellas inscritas en una seductora máscara de advenimiento de las mejores ciudades posibles, todas sostenibles, todas armónicas y de los más altos estándares de calidad de vida para un futuro que siempre se demora muchos años en llegar.

Sucede que mientras pasan los eventos internacionales de “progreso urbano” y mientras nos llenamos cada vez más de publicaciones, cartillas, catálogos, manuales y referencias exitosas (que por lo general están en otra ciudad o en otro país) de cómo solucionar este “inconveniente”, a manera de un recetario sin fin, van creciendo miles de niños y niñas a una altísimo costo, en donde el balance posiciona las pérdidas por encima de las ganancias. Niños y niñas en calles polvorientas, afectando su sistema respiratorio; sin alcantarillado formal ni acueducto formal, afectando su sistema digestivo y su balance nutricional; sin espacio público ni equipamientos comunitarios, afectando su desarrollo físico, emocional y cultural; sin estabilidad estructural de sus construcciones ni de los suelos en donde se han asentado, afectando la certeza de conservar la vida y los patrimonios y principalmente sin hacer parte de una visión integral, decidida y comprometida de retejido urbano, social, ambiental, económico y político, en donde estas problemáticas se superen y pasen a “ser y estar en el mundo” en equilibrio comunitario y no como esas poblaciones “naturalmente pobres”, resignadas, aisladas y discriminadas por otros sectores de la sociedad.

Entonces, a manera de introducción y con el compromiso de profundizar y proponer un panorama crítico, que le permita a la sociedad del Área Metropolitana de Bucaramanga (A-M-B) entender el problema, se ponen sobre la mesa nuevas preguntas o quizás varias antiguas que no han tenido respuesta, para perfilar nuevos horizontes de acción efectiva sobre la realidad. Son también provocaciones con la mejor intención de llevarlas a discusión y configurar una nueva estructura de pensamiento y decisión sobre los asentamientos precarios en el A-M-B:

¿Cuál es la historia específica de los asentamientos precarios del A-M-B? ¿Cuáles son sus principales orígenes, focos de implantación y expresiones de transformación urbana y ambiental en la actualidad?

¿Cuáles barrios actuales tuvieron su origen como asentamientos precarios? ¿Cómo ha sido el proceso de pasar de la no-planificación a integrar la red urbana principal y cuáles han sido los aportes al sistema territorial?

Cuáles momentos sociales y económicos de la historia de la ciudad han permitido entender proliferaciones o estancamientos de aparición de asentamientos precarios en un panorama preocupante que indica que en los últimos 20 años los asentamientos precarios han crecido un 185% en el A-M-B (CEL, 2012)?

¿Cuál ha sido el efecto concreto y medible de bienestar urbano, social, económico y ambiental de los asentamientos precarios que se han legalizado históricamente? ¿Cuál ha sido el balance entre legalizar en papeles y llegar a mejorar concretamente con acciones las condiciones de vida de un asentamiento precario que pasa a ser barrio formal?

¿Cuántos asentamientos precarios se han reubicado y han pasado a una mejor condición que sea comprobable, asegurando que el lugar de origen no dio pie a nuevos asentamientos precarios?

Cuántos habitantes de asentamientos precarios del A-M-B viven en condiciones de riesgo que se hayan establecido a través de estudios detallados y cuáles son las determinaciones para cada caso específico poblacional?

¿Cuántos asentamientos precarios han dejado de serlo en las últimas administraciones municipales ya sea por mejoramiento integral o por reubicación efectiva? A qué tasa de reducción de asentamientos precarios avanza la gestión institucional del A-M-B?

¿Cuántos jóvenes residentes de asentamientos precarios van a las universidades del A-M-B? ¿Cuántos asentamientos precarios tienen posibilidad de acceder al Sistema de Transporte Masivo en cualquiera de sus modalidades? ¿En qué sectores de la ciudad están siendo creadas centralidades de calidad para la integración de las poblaciones de asentamientos precarios que se han reubicado o se reubicarán?

                                            

Estas y muchas más preguntas abren el debate sobre la gestión de los asentamientos precarios en el A-M-B, en donde la realidad práctica de la actualidad, para quienes vivimos y compartimos con este problema de manera directa, permite visibilizar y crear hipótesis que conducen a pensar que esta gestión ha sido históricamente fragmentada, sin visión territorial ni de unidad de ciudad metropolitana, sin la contundencia de apostar y asegurar el bienestar social final, por encima de los proyectos de infraestructura y papeleos. Pero, una de las preguntas más importantes tiene que ver con la proyección de la sociedad del A-M-B y su institucionalidad para entender, analizar y proyectar este problema desde una perspectiva de hábitat. ¿Se sabe cómo gestionar desde una perspectiva de hábitat? ¿Hay experiencias exitosas en el A-M-B? ¿Hay construcción permanente de una visión de hábitat? ¿Hay escuela de pensamiento de hábitat en el A-M-B desde la institucionalidad? ¿Hay formación dentro del proceso educativo de jóvenes y niños de la perspectiva de hábitat? ¿Hay formación comunitaria en perspectiva de hábitat?

El concepto de hábitat, complejo y en permanente tensión, permite remitir a una valoración por la vida, por buscar las mejores condiciones para desarrollarla en armonía con el contexto específico  en el cual una población está asentada y sus posibilidades de relacionamiento cercano y lejano con el mundo; en donde la cultura, las posibilidades del sitio, las determinantes históricas y ambientales son guía fundamental. En donde la interacción humana y con otras especies (vegetales y animales), la dinámica económica y la creación de valor (objetivo y subjetivo) permiten una experiencia satisfactoria del cuerpo y la mente. En donde es posible trascender, evolucionar, construir memoria, desarrollarse individual y colectivamente. En donde hay balance, en donde hay equilibrio y sobre todo en donde se puede expresar con legitimidad el ser y estar en el mundo desde lo local a lo global.

Esta es la apertura a un diálogo constructivo que permita sentar las bases de un nuevo escenario para la gestión del hábitat del A-M-B, desde una nueva dinámica de reflexión, análisis, pensamiento, discusión, compromiso, decisión y acción.