El potencial desaprovechado de la educación en Santander

Algunos dicen que la educación está de moda. Esta es una manera muy “light” de ver un fenómeno que constituye, quizás, una de las mejores noticias del país en los últimos años...

José Ricardo Puyana Valdivieso
José Ricardo Puyana Valdivieso
Docente a nivel de maestría de las Universidades Externado de Colombia y Autónoma de Bucaramanga
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11 de Agosto de 2015

Algunos dicen que la educación está de moda. Esta es una manera muy “light” de ver un fenómeno que constituye, quizás, una de las mejores noticias del país en los últimos años: finalmente, la educación se está empezando a posicionar como una prioridad en la agenda de nuestros gobiernos. Falta mucho, claro, para que se convierta en el tema número uno –como debería ser– pero el país avanza en esa dirección.

Para los santandereanos, este proceso está teniendo una resonancia que bien merece la pena observar. Es cierto que ni el gobierno departamental y los gobiernos municipales se han caracterizado por estar especialmente preocupados por mejorar la calidad de la educación. Tanto Santander como varios de sus municipios llevan décadas en los primeros lugares en las pruebas estandarizadas y ello ha llevado a nuestros tomadores de decisión a quedarse en una peligrosa zona de confort.

Ser mejores que los departamentos de Bolívar o Risaralda, entre tantos otros, les hace sentir, erróneamente, que están haciendo las cosas bien. Pero resulta que eso está lejos de ser suficiente.

Primero, porque las cifras muestran que hay todavía un largo camino por recorrer. Si analizamos la cobertura neta en primaria y secundaria –que observa el porcentaje de niños o jóvenes matriculados en el nivel educativo en edad para cursarlo– Santander presenta tasas de 89% y 79%, respectivamente. En la media, la cobertura apenas alcanza el 43%. Esto muestra que estamos dejando de aprovechar el potencial de miles de niños y niñas.

En cuanto a calidad se refiere, si bien el departamento está por encima de muchas otras entidades territoriales, no es esperanzador que tan solo el 16% de los establecimientos educativos oficiales a cargo de Santander se hallen, para 2013, en categorías superior y muy superior de las pruebas Saber 11 (30 de 185).

La realidad es que este panorama evidencia la enorme posibilidad que todavía tiene la educación del departamento de mejorar. La mencionada zona de confort ha llevado a una mediocre tranquilidad que difiere de lo que han venido haciendo países vecinos como Ecuador o Chile, que están mejorando en calidad a ritmos mucho mayores que Colombia o Santander.

La realidad es que el departamento podría perfectamente ser el motor que puede sacar al país de la postración en la que se encuentra en términos de calidad de la educación. En pocas palabras, Santander tiene el potencial –en términos de historia, docentes, centros de pensamiento y empuje– para producir una senda de mejoramiento en su educación más pronunciada de lo que venimos evidenciando.

De nuevo, eso requiere que el tema sea –verdaderamente– priorizado en la agenda pública y que todos los actores interesados, como las administraciones, los empresarios, los sindicatos y la sociedad civil, lo conviertan punto número uno de sus acciones.

Al respecto, hay buenas noticias. Desde hace varios meses un grupo envidiable de actores viene conversando acerca de la educación en Santander y los pasos deseables y posibles que debemos dar de acá al año 2030. Docentes, directivos docentes, padres de familia, estudiantes de colegios públicos y oficiales, empresarios, directivos gremiales, integrantes de organizaciones de la sociedad civil y expertos conforman este colectivo que en pocos meses presentará las posibles hojas de ruta.

Este proceso sentará las bases de un pacto colectivo que pretende movilizar al departamento en torno al tema. Cuando eso suceda, Santander tendrá la posibilidad de decidir si quiere volver a ser un referente o si se quedará en la comodidad momentánea de ser el mejor entre los peores.