¿Cuál partido político?

Puntualmente, su discurso se basa en el diseño de post verdades con limitados recursos retóricos, lo cual evidencia su carencia ideológica y su paranoia narcisista.

Diego Gallardo
Diego Gallardo
Industria editorial
58 Seguidores14 Siguiendo

0 Debates

6 Columnas

Columna

277

0

18 de Junio de 2017

Decir que en Colombia se practica la politiquería a la par de la respiración es una verdad de Perogrullo. Sin embargo, los hechos más condenables y tristes que se dan en nuestro país, como el atentado al Centro Andino, sirven para evidenciar aspectos puntuales de esta maña que deshonra el ejercicio público.

La politiquería es la forma pauperizar la política, entendida esta como el ejercicio del poder para garantizar el mayor bienestar de los ciudadanos. Los que la practican, en primer lugar, carecen de perspectiva histórica e ideológica, pues atienden a fórmulas vulgares para hacerse con el poder y así satisfacer ambiciones personales. En segundo lugar, a través de sus agencias de marketing político logran ejercer con gran éxito el populismo, pues tienen clarísimo que al pueblo lo convencen más fácil apelando a su sentimientos que a su razonamiento, incluso si esto se logra a través de los dolores más profundos o los engaños más ruines.

En la actualidad, el Centro Democrático es el mejor ejemplo de politiquería, no porque los demás movimientos políticos no la practiquen, sino porque esta es la más visible y la que más repercute en la vida nacional. Como partido, no pasa el examen de diseño ideológico, pues atiende al ideario esquizofrénico de su jefe máximo y no a un plan programático. Pensar que el Uribismo es una ideología es tan ridículo como pensar que el Chavismo también lo es. Por otro lado, su inobservancia histórica los lleva a suponer que chillar, rabiar y babear por cada decisión del Gobierno es ejercer la oposición, cuando a excepción de la negociación del conflicto, el ideario político de Juan Manuel Santos es una continuación de las políticas del gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

Puntualmente, su discurso se basa en el diseño de post verdades con limitados recursos retóricos, lo cual evidencia su carencia ideológica y su paranoia narcisista. La forma como se aprovechan del desconocimiento histórico de sus bases, les permite amenazar constantemente con el Basilisco de Laureano, ahora llamado ‘castrochavismo’. Su manera de convocar a las masas no se sustenta en análisis serios y objetivos de nuestra realidad, sino en estrategias populistas que  buscan despertar emociones ciegas e irracionales, como por ejemplo la campaña del NO para el plebiscito del dos de octubre.

El atentado al Centro Andino evidenció nuevamente su talante politiquero y populista. Cuando aún no se sabía a qué respondía el estallido en el baño del centro comercial, sus cuentas de twitter ya estaban plagadas de juicios y responsables imaginarios, los cuales, a través de la repetición y no de la evidencia, terminan por convertirse en responsables reales en el imaginario de sus seguidores. Es cierto que como actores políticos deben denunciar y exigir la condena de los responsables, pero es bochornoso e irresponsable que aprovechen hechos lamentables como este para emitir condenas gratuitas que no apuntan a la construcción social.

El Centro Democrático, o el Uribismo, que es lo mismo, es la parodia de un partido político serio; y su popularidad es una lamentable evidencia de nuestra incapacidad para consolidar una democracia consciente que nos permita progresar como nación y superar las aburridas dialécticas de los incapaces de pensar.