¡Aquí nació Galán!

A los hombres se les puede eliminar, ¿a las ideas no?

Diego Silva Ardila
Diego Silva Ardila
Profesor del Programa Gestión y Desarrollo Urbanos de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario.
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08 de Diciembre de 2017

Años después supe que la fecha de ese día fue 19 de agosto de 1989. Aún era un niño el día que, antes de salir a un campamento, entré a la habitación de mis padres y vi a mi papá sentado llorando con su radio en las manos. Mi mamá se apresuró y me sacó de la habitación, me dijo que mi papá estaba triste porque había muerto alguien, ella me prometió que me contaría al regresar. Solo supe hasta el domingo en la noche que quien había muerto se llamaba Luis Carlos Galán Sarmiento y solo entendí unos años después la importancia de ese hombre santandereano en la historia de Colombia y en las esperanzas de mi padre por un mejor país para nosotros, sus hijos. El dolor que sintió, y debe sentir cada día, su familia no estoy en la capacidad ni tan solo de imaginarlo.

Hace unas semanas estuve en Bucaramanga, la ciudad donde Luis Carlos nació, con un grupo de personas interesadas en patrimonio urbano tratando de contarles mi visión sobre la ciudad y nos encontramos con la casa de nacimiento de Luis Carlos Galán Sarmiento. Evidentemente me sentí con la responsabilidad de escribir algunas ideas sobre la memoria, el patrimonio, lo público y nuestra sociedad.

 

Creo que las imágenes hablan solas y son más poderosas que cualquier cosa que yo pueda decir. Por eso voy a hablar de lo que sentí al estar parado frente al lugar donde nació Luis Carlos Galán Sarmiento en compañía de proveniente del país donde aprendí, a finales de la década de los noventa, mucho sobre memoria y patrimonio.

La casa está convertida en un depósito. Es evidente que a su dueño no le interesa darle la dignidad que merece; también es evidente que al Estado colombiano nada le ha interesado ese lugar (se me ocurre pensar en la danza de los millones de la mermelada de Juan Manuel y ni un peso ha llegado a estas paredes). Uno de sus hijos alguna vez me dijo que le gustaría recuperarla (sigo sin entender por qué del gustaría no se ha pasado a la acción, teniendo tantos medios para lograrlo), y parece ser que el único que se ha animado a hacer público su interés por salvar ese lugar, es a aquella persona que marcó con aerosol y muy buena ortografía lo más importante que tiene que decir esa casa a nuestra sociedad: “Aquí nació Luis Carlos Galán Sarmiento”.

Los colombianos hemos sido excesivamente irresponsables con el manejo de nuestra memoria. En los últimos días una al intentar negar hechos históricos y existen grupos de todas las vertientes que constantemente están buscando rechazar, anular, eliminar o simplemente evadir conversar sobre las diferentes visiones que puede llegar a tener un hecho.

Sobre Transmilenio se habla de su gloriosa reputación al replicarse en muchos lugares del mundo, pero poco se habla, se recuerda y se visibiliza a los que día a día se lucran con cada pasaje que se paga y que quieren que se haga sobre la séptima para seguir teniendo los buses, y sus bolsillos, llenos. Del metro poco se habla porque ahí si va ser muy difícil que sirva de negocio para particulares pues debe ser una empresa pública de verdad, no como Avianca.

Se habla muy poco sobre las atrocidades que cometieron los guerrilleros durante las últimas décadas y esa conversación que estamos obligados a dar en este momento de la historia, lamentablemente está siendo modulada por memes que circulan por WhatsApp. Si eso es lo que pasa con la memoria, ni hablemos de patrimonio.

En el mundo abundan casas donde el legado de personas relevantes para una mejor sociedad se encargan de mantener su legado, desde Baden Powell, Gandhi, Mozart, Cervantes, Benito Juárez, Frida Kahlo, Pablo Neruda, entre miles más. Creo que en Colombia, Luis Carlos Galán Sarmiento merece una casa que se convierta en plataforma para perpetuar sus ideas (y una casa no significa solo lo material, significan procesos en su interior que se encargan de mantenerla viva).  

Volviendo a Luis Carlos Galán Sarmiento, me puse en la tarea de averiguar qué elementos están disponibles en internet que sean capaces de permitirnos recordar sus ideas de una mejor manera de lo que lo hacen esas grandes cabezas que están en la o en (o que la escultura , con réplica al lado de la casa de Nariño en Vicepresidencia, que a esas nunca he podido entenderles su mensaje ni ver en ellas las ideas de Galán, seguro las tendrán pero están supremamente cifradas).

Para mi alegría encontré que este año le rindió homenaje el día de su nacimiento, 29 de Septiembre. De manera clara y sucinta y lo que pretenden hacer en el mediano y largo plazo en un audio. Existe una que contiene documentos de interés sobre la vida de Galán, algunos documentos importantes sobre el Nuevo Liberalismo y un video sobre la Bucaramanga de Galán.

A mí lo que más me gustó fue un que recupera 25 ideas de Galán bajo la premisa que el mismo repitió, quizás sabiendo sobre el peligro que corría su vida, “a los hombres se les puede eliminar pero a las ideas no”.

En tiempos de “noticias falsas”, de mal manejo por algunos de las redes sociales, de irresponsabilidad de muchos medios de comunicación tradicionales cooptados por poder económicos interesados en otras cosas distintas a lo público, a veces me cuesta creer que “las ideas no se pueden eliminar”. Es un gran reto de todos, asegurarnos que estás ideas no se borren, perduren y sirvan para que todos trabajemos por una mejor sociedad para nuestros hijos, para evitar terminar llorando nuevamente como lo hizo mi padre ese 19 de Agosto de 1989.

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A mi me llamó, sorprendentemente, la atención esta frase que se puede aplicar como alerta para el año entrante. Es una frase que tristemente no ha caducado, bien la hubiera podido decir hoy sobre lo que viene pasando con el PAE, Odebrecht, en la ESAP, y es triste escribirlo, pero en casi todas nuestras entidades de gobierno: “Los que compran votos atropellan la libertad política y generan violencia. Los que trafican con becas aprovechándose de la pobreza de las gentes atropellan la libertad política y generan violencia. Los que utilizan los empleos públicos, que deben estar al servicio de todos los colombianos pero los emplean para manipular a las gentes, extorsionarlas y obligarlas a una dependencia indigna e infame, violan la libertad política de los colombianos y también generan violencia”. Luis Carlos Galán Sarmiento