Plebiscito y Ruralidad

Los resultados del plebiscito en Colombia reflejan las disparidades territoriales. El voto mayoritario por el SÍ se concentró en la Colombia más rural, la más lejana de las ciudades, con mayor presencia de población étnica, y definitivamente la más pobre. Esa Colombia, y en general, la Colombia rural, es el gran reto del posconflicto.

Juan Mauricio Ramirez
Juan Mauricio Ramirez
Investigador Principal. Rimisp Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural
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05 de Octubre de 2016

Luego de la sorpresiva victoria del NO en el Plebiscito para la ratificación de los Acuerdos de Paz han comenzado a aparecer diferentes interpretaciones de lo que pasó, de cuál es el país del NO, y cuál es el país del SÍ y qué tan diferentes o parecidos son. Este análisis busca dar luces a esa pregunta, desde una perspectiva: la del país urbano y la del país rural.

El punto de partida es que la ruralidad colombiana no es una sola, sino que son diferentes ruralidades. Aquí se adoptan las categorías de ruralidad de la (Misión de Transformación del Campo, 2015) que clasifica los municipios colombianos en cuatro grupos dependiendo de si hacen parte o no del Sistema de Ciudades, del tamaño de las cabeceras municipales, de la densidad de población (número de habitantes por kilómetro cuadrado), y del porcentaje de población que vive fuera de las cabeceras municipales.

Los cuatro grupos de municipios, que representan cuatro grupos distintos de ruralidad, son: a) ciudades y aglomeraciones urbanas; b) municipios intermedios; c) municipios rurales, y d) municipios rurales dispersos, Por ejemplo, Ibagué y Cota (Cundinamarca) hacen parte del Sistema de Ciudades, Chiquinquirá (Boyacá) está en la categoría intermedio, Silvia (Cauca) o Sutamarchán (Boyacá) son municipios rurales, mientras que Bojayá (Chocó) o Pasca (Cundinamarca) son rurales dispersos.

El Gráfico 1 muestra que el porcentaje de municipios donde ganó el SÍ, aumenta en la medida en que aumenta la ruralidad.

A continuación hacemos una caracterización de los municipios donde ganó el NO comparándolos con aquellos donde ganó el SI, en términos de un conjunto de indicadores sociales, demográficos, de geografía económica, y de recursos fiscales municipales. Posteriormente hacemos esta misma comparación por categorías de ruralidad.

Nuestra principal conclusión, incluso comparando al interior de las diferentes categorías de ruralidad, es que los resultados del plebiscito reflejan, claramente, las disparidades territoriales. En particular, el voto mayoritario por el SI se concentró en la Colombia más rural, más lejana de las ciudades, con mayor presencia de población étnica, y definitivamente más pobre.

 

A. ¿Qué caracteriza a los municipios donde ganó el SÍ?

La Tabla 1 (tercera columna) nos da las principales respuestas:

Los municipios donde ganó el SÍ son más pobres…

La tasa de pobreza es 1,21 veces más alta que la de los municipios donde ganó el NO. Igual ocurre con la tasa de pobreza rural, pero sobre todo, y esto llama la atención, con la tasa de pobreza urbana, que es 1,31 veces más alta que la de los municipios donde ganó el NO,

Los municipios donde ganó el SÍ son más rurales…

La Tabla 1 muestra diferentes indicadores asociados con el grado de ruralidad: el porcentaje de población que vive en la zona rural es más alto, la distancia a las ciudades de 100 mil habitantes es 1,48 veces mayor, la densidad poblacional es mucho menor (60% de la densidad poblacional de los municipios donde ganó el NO). También tienen menos vías por kilómetro cuadrado (km2), especialmente en vías primarias.

Los municipios donde ganó el SÍ tienen más población étnica y mayor vulnerabilidad económica…

En los municipios donde ganó el SÍ el porcentaje de población étnica es 4,5 veces mayor a la de los municipios donde ganó el NO. Al mismo tiempo, posiblemente son más vulnerables económicamente si se tiene en cuenta que la tasa de dependencia demográfica (la participación de menores de 15 años y mayores de 65 en la población total) es 1,05 veces mayor, pero sobre todo que la tasa de participación global en el mercado laboral es 14% menor que la de los municipios donde ganó el NO.

Los municipios donde ganó el SÍ tienen menos recursos propios y dependen más de las transferencias…

La participación de los recursos propios en los ingresos de los municipios donde ganó el SÍ es casi 25% menor que la de los municipios donde ganó el NO. De manera equivalente, la dependencia de las transferencias del Gobierno Central (recursos del Sistema General de Participaciones) es 1,15 veces mayor a la de los municipios donde ganó el NO.

 

B. La comparación entre el SÍ y el NO por categorías de ruralidad

La Tabla 2 compara los mismos indicadores anteriores para los municipios donde ganó el SÍ frente a los municipios donde ganó el NO, pero haciendo la comparación entre los diferentes grupos de ruralidad. Por ejemplo, ¿en qué difieren las ciudades y aglomeraciones donde ganó el SÍ versus las ciudades y aglomeraciones donde ganó el NO? o ¿cómo se comparan los municipios rurales dispersos donde ganó el SÍ con aquellos municipios rurales dispersos donde ganó el NO?

La respuesta general es la siguiente:

En todos los casos, y para todos los grados de ruralidad, los municipios donde ganó el SÍ son, en promedio, más pobres, tienen mayor porcentaje de población étnica, están más lejos de las ciudades y son más vulnerables económicamente.

En efecto, uno de los resultados que más llama la atención en la Tabla 2, es que los municipios donde ganó el SÍ son más pobres, incluso cuando se comparan con las categorías de ruralidad a las cuales pertenecen.

En el caso de las ciudades y aglomeraciones donde ganó el SÍ, las diferencias frente al resto de ciudades y aglomeraciones son bastante grandes: la tasa de pobreza es 1,57 veces mayor, la tasa de pobreza rural 1,3 veces mayor, y la tasa de pobreza urbana es casi 1,7 veces más grande que la de las ciudades y aglomeraciones donde ganó el NO.  Igual ocurre, aunque las brechas de pobreza son menores, en el caso de los municipios intermedios, rurales y rurales dispersos. Pero de nuevo llama la atención, que la tasa de pobreza urbana es casi 1,3 veces mayor a la de los municipios intermedios, rurales y rurales dispersos donde ganó el NO.

Adicionalmente, las ciudades y aglomeraciones donde ganó el SI tienen una participación de población étnica 5,1 veces mayor que la del resto de ciudades y aglomeraciones. En el caso de los municipios intermedios la participación de la población étnica es tres veces la de los municipios intermedios donde ganó el NO, y en el de los municipios rurales y rurales dispersos es 6 y 5 veces mayor, respectivamente.

En todos los casos son mayores las tasas de dependencia y son menores las tasas de participación laboral, factores que contribuyen, probablemente a una mayor pobreza monetaria en esas regiones. Igualmente, en todos los casos es menor la participación de los recursos propios municipales y es mayor la dependencia de las transferencias del Gobierno Central.

Finalmente, cabe señalar que los municipios donde ganó el SÍ son un poco más rurales que el promedio de las categorías de ruralidad a la cual pertenecen. Las ciudades y aglomeraciones donde ganó el SÍ están 1,34 veces más distantes de otras ciudades de 100 mil habitantes y tienen una densidad poblacional mucho menor. Pero también están más distantes de las ciudades los municipios intermedios, los rurales y sobre todo los rurales dispersos donde cuya distancia a las ciudades es, en promedio, 1,5 veces mayor a la de los municipios rurales dispersos donde ganó el NO.

En conclusión

Los resultados del plebiscito en Colombia reflejan, claramente, las disparidades territoriales. En particular, el voto mayoritario por el SÍ se concentró en la Colombia más rural, la más lejana de las ciudades, con mayor presencia de población étnica, y definitivamente, la más pobre. Es la Colombia que ha tenido una menor presencia del Estado, y que ha sido golpeada de manera más directa por el conflicto. Esa Colombia, y en general, la Colombia rural, es el gran reto del posconflicto.

 

 


[2] El Índice de Ruralidad se construye como la relación entre un promedio de la distancia a las ciudades de un municipio y su densidad poblacional (Ramírez, Bedoya y Díaz, 2015)