País de matices el nuestro

los empresarios agrícolas en paz son el motor para que la industria colombiana se fortalezca 

Roberto Ramírez Ocampo
Roberto Ramírez Ocampo
Demogán
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23 de Junio de 2017

Hace unos días en forma de preguntas y respuestas, compartimos la propuesta que es importante liderar, para construir la mayor empresa de pulverización de leche de Colombia, dónde la idea es que los lecheros que quieran, puedan ser socios. La empresa que aspiramos poner a funcionar, con la participación de los ganaderos que consideren que así se construye un país de empresarios agrícolas en paz, ya tiene industriales que pueden mostrarnos ejemplos concretos.

Aquí, la historia.

El modelo ya funciona. Sorprende la poca difusión que tiene. Carlos Murgas Guerrero, caballero, empresario, agrónomo, con profundo sentido social, imaginó y puso en marcha en el año 2004, una  planta en Tibú, Catatumbo, departamento del Norte de Santander, la figura de alianzas productivas, para de esa manera ampliar su operación, permitiendo que los campesinos sean socios.

Hoy tiene unos 1,600 socios estratégicos, representados en pequeños y medianos palmicultores, que comparten las tribulaciones y ganancias que significa ser empresario. No solo está en Tibú, sino en María La Baja, Bolívar, y su operación principal está en Codazzi, Cesar.

1,700 empleados, 50,000 hectáreas de palma en varias regiones del país, y prepara su nueva mirada para la Colombia del siglo XXI, que es incluir entre sus socios a guerrilleros desmovilizados.

Oleoflores, es un hito en la historia de un país en guerra. Creyó en Colombia, lo mismo que otros miles de empresarios, cuando no se podía creer, cuando no había esperanza, cuando se repetían las noches sin futuro.

Su nueva creación de tejido Social-Empresarial, decidieron sus socios principales, que se continúe ampliando en un lugar emblemático por su falta de seguridad, una región, dónde la mata de coca hacía su agosto y que para muchos continúa haciéndolo. Catatumbo, donde los rayos de guerra, aún no se silencian del todo, dónde la vida poco valía y vale, dónde pensar en empresas resulta una equivocación para muchos.

Oleoflores y sus socios mayoritarios, son un ejemplo para el mundo, un llamado a creer en lo nuestro, una epopeya que se escribe todos los días.

Visitamos campesinos en la región de María La Baja; en especial queremos compartirles las realidades de uno de ellos, aunque debemos advertir que tienen mil casos de éxito comprobado para mostrar.

Se trata de don Marcos Arrieta y su esposa doña Virginia Celmira De Lara y sus 5 hijos. Tienen 5 hectáreas de palma sembradas en el año 2002 en el Viso, Bolívar y sembraron 2 hectáreas nuevas en el año 2013. Sus ingresos (utilidades) en los años 2015, 2016 y hasta abril de 2017 respectivamente fueron, $25’5 millones, $20’7 millones y $17’4 millones (recuerden que este último dato es hasta abril). Pasaron de un rancho de paja y barro a una hermosa, sólida y colorida casa con tres habitaciones, cocina, baño y sala.

Doña Virginia, en 900 metros de espejo de agua, produce al año en bocachico fresco, que factura en $7 millones de pesos y uno de sus hijos, compra leche, produce y vende queso costeño generando utilidades adicionales para la sociedad familiar por $7 millones. Pero aún falta: su cheque por dividendos que le llega religiosamente todos los años en mayo. Este 2017, a este empresario, que vota libremente por quien quiere que lo represente en la junta de la planta extractora, le consignaron en su cuenta del Banco Agrario, $2’6 millones.

Don Marcos, es un campesino que debemos repetir, pues solo con su firma, en abril de este año, sin papeleos de ninguna clase, volvieron a prestarle $12 millones en el Banco Agrario, siendo su cumplimiento crediticio, el único soporte de esta decisión.

Pero este es solo el inicio. Ver la mano benefactora de María Victoria Dávila de Murgas, que en cada uno de los lugares donde está Oleoflores, construye respeto, credibilidad y fe en Colombia y sus empresarios. En los municipios donde están, enseñan a niños y adultos, no es caridad, es dignidad lo que ella viene instituyendo.

Por eso, desde nuestro rincón ganadero, invitamos a Carlos, su extraordinario grupo familiar y de ejecutivos, socios, aliados estratégicos, a que nos acompañen enseñándonos la manera como debemos construir el nuevo modelo empresarial lechero, que desde Demogan, con el apoyo de otro maravilloso constructor de sueños, nos ayude a pensar en una ganadería renovada, con modelos incluyentes que ya conoce, en los que cree y que genuina y respetuosamente le pedimos nos ayude a pensar, diseñar y construir.

Debemos agradecer a David, Carlos y sin duda a nuestro antiguo (no viejo), amigo Abel Mercado Jaraba, quienes nos acompañaron generosamente durante dos días, mostrándonos este emprendimiento que hace honor a Colombia y sus empresarios.