La OPEP, el gran cartel, y las implicaciones en el desarrollo nacional

El panorama para el desarrollo petrolero en Colombia es débil, pero más prometedor que el 2016. Con el Acuerdo, al superarse los 50 USD por barril se espera un resurgimiento en exploración y contratación de mano de obra local. Sin embargo, el pacto de recorte está sujeto a voluntades difíciles de países como Arabia Saudita y a una vigencia que ostenta apenas los seis meses.

Andrés Vargas Ferro
Andrés Vargas Ferro
Politólogo y periodista
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17 de Enero de 2017

Durante el 2016 los precios del barril de petróleo estuvieron sujetos a una sobreoferta internacional de aproximadamente 2 millones de barriles, la cual saturó los inventarios y puso en los meses más duros —enero y febrero— una cotización por debajo de los 30 USD. Una de las principales causas que elevaron los inventarios fue el cumplimiento por parte de Irán del acuerdo nuclear que le permite comercializar crudo libremente. Cabe anotar que Irán ocupa el segundo lugar como productor miembro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) y que ordenó, tras el levantamiento de la sanción, la producción de medio millón más de barriles diarios.

Debido a esta crónica sobreoferta y al empobrecimiento del “oro negro” en medio de la sobreabundancia en el mercado, dentro de un contexto del debilitamiento de la economía china que cerró el año con una caída de más del 7% en sus exportaciones, muchos países, entre ellos los más petróleo-dependientes como Venezuela, exigían a nado de perro, un acuerdo urgente para sacar a flote su economía, por parte del Cartel productor, para frenar el bombeo.

El acuerdo también estuvo a la expectativa de los empresarios petroleros en Colombia. El precio durante el 2016 frenó a la industria en seco y el sector se vio “patas arriba”, con tan solo 13 perforaciones de exploración a corte de octubre. Los petroleros pasaron de ser los consentidos de los colombianos, quienes patrocinaban a la Selección Colombia, ofrecían amplios salarios y apadrinaban grandes festivales a ser un sector cuestionado por sus impactos sociales y ambientales. Con los precios altos por encima de 100 dólares, a quién parecía importarle el ambiente o la dependencia petrolera, pero con el barril por encima de los 30, se acabaron los cocos en el paraíso; tras la crisis, parece que el sector perdió su encanto.

La firma del acuerdo OPEP para Colombia, aunque no pertenezca a este cartel, fue la luz del oscuro túnel de 2016. Sin embargo, la esperanza es débil ya que parece que el pacto tiene una vigencia de tan sólo 6 meses, además, la credibilidad del mismo está sujeta a las voluntades de países como Arabia Saudita, quien principalmente, se negaba a recortar su producción, precisamente, para debilitar a los competidores fuera del cartel dentro de la torta petrolera, así como invalidar la viabilidad comercial del fracking.

Entonces, el panorama para el desarrollo local petrolero en Colombia es débil, pero más prometedor. Con el acuerdo, al superarse los 50 dólares por barril se va a permitir un resurgimiento. Tan solo la inversión para exploración tendrá un incremento entre el 70% y el 90%, y es una de las fases que permite mayor despliegue e inversión de mano de obra local, además de finiquitar los compromisos de producción de 2016, para recuperar parte de la cartera fiscal. El eslabón petrolero del cartel más poderoso del mundo, la OPEP, tiene una incidencia directa en el sector en los diferentes departamentos, tales como Norte de Santander o Meta —están estrechamente conectados— ahora bien, si la industria crece, lo hará con una timidez que evita la pompa y se enfoca en la concentración de los recursos y la austeridad.

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