El Río Magdalena: un país, dentro del país

El Río Magdalena y su importancia. Un río de oportunidades

Roberto Ramírez Ocampo
Roberto Ramírez Ocampo
Demogán
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17 de Febrero de 2017

Los navieros del Magdalena llevan 90 años intentando resolver inconvenientes para poder navegar sin encontrar en cada curva un obstáculo  o, en el mejor de los casos cuando el río va recto, dunas que antes los capitanes tenían que resolver con fuerza, pericia, demoras, sin comunicaciones y un calor agobiante complementado con altas humedades, que muy probablemente hoy no logremos entender. 

Hoy el río es otro.

Existe Cormagdalena que es quien debe resolver los mil y un inconvenientes, pero que por falta de continuidad en su dirección no ha sido posible que eso suceda.

El director encargado que hoy lidera la corporación y que el gobierno nombró primordialmente para el cierre financiero, necesitaría días de 40 horas para estar en la ANI y en el río; sea esta la oportunidad para hacer un reconocimiento a su trabajo, el hecho que tengamos que antagonizar, no significa que desconozcamos sus esfuerzos.

Poner el río a tono con indicadores mundiales, genera empleos, rebajando costos de transporte.

Cuando confrontamos los números con otros países del mundo, no podemos hacerlo de manera lineal. El nuestro es un río con millones de toneladas de sedimentos que bajan incontroladas de los páramos y de sus orillas.

Comparar las cifras de carga que se mueven por vía fluvial, en otros estados, nos deja francamente mal parados: China 2’000 millones de toneladas por año, USA 630 millones de toneladas solo por el Misisipi, 552 millones entre Rin y el Danubio, 80 millones India, 79 millones Brasil, la hidrovía del Paraná 20 millones de toneladas, Colombia aruña tímidamente los 2 millones de toneladas. Un solo ejemplo: el menor costo promedio por tonelada en Estados Unidos es de 11 dólares, ahorrándose 7 billones de dólares al año.

La diferencia de costos entre terrestre, tren y fluvial en Europa es otro dato que enmudece. Los costos entre transportar terrestre y por tren, es menor el tren en el 6,53% mientras que en el fluvial, es el 59,82% menos que el tren y el 62,44% menos que el terrestre.

Ser refractarios al desarrollo fluvial es equivocado. Desde luego, es un desarrollo para que el río sea una vía permanente; otros le llaman sostenibilidad, preferimos lo permanente a lo sostenible.

El empleo es una variable que probablemente no hemos valorado adecuadamente.

Construir las barcazas necesarias y los empujadores para alcanzar a transportar 6 millones de toneladas por el río puede generar entre 3,500 y 6,000 empleos, además de tripulaciones, gentes en puertos, logísticos etc.

Cubrir las necesidades portuarias tendría un efecto en los municipios que aún no dimensionamos.

Cuidar que no deforestemos las cabeceras y los páramos exige guardabosques, de la misma manera que el río necesitará guardaríos.

Estamos apenas hablando del Magdalena.

Mejorar la flota fluvial del Meta es otro desarrollo que no está en las cuentas de nadie, como tampoco el resto de nuestras cuencas.

Falta, desde luego, volver a pescar en las ciénagas y caños, llevar turismo por toda Colombia, no solo del extranjero sino de nosotros que estamos tan alejados de ellos.

El río con sus cargas de basura, de deforestación, de sedimentos provocados, tiene complejidades extrañas de resolver para cualquier gerente por competente que sea.

Los navieros necesitan que Cormagdalena tenga una permanente comunicación con los ribereños, explicándoles los cambios y oportunidades. Esta institución debe embarcarse en educar una población que empieza en los páramos y el altiplano. El Magdalena es un país dentro del país, y eso da la impresión que no es entendido por los mismos que lo habitan.

La paradoja es que nuestro país es un territorio de epopeyas, donde curiosamente no sabemos trabajar en equipo. Buscamos el protagonismo a toda costa, somos egocéntricos, la clase dirigente intenta mezclarse lo menos posible con la política.

Esa es una sin razón, el país ni es de unos ni de otros, es de todos y es a todos los habitantes a los que les va bien si logramos navegar regularmente no solo en el Magdalena, sino en el Meta, el Atrato, el Orinoco, el Amazonas, el Putumayo, Caquetá, Inírida, Guaviare, tantos ríos que olvidamos pero que desde Fedenavi intentamos mantener vivos.

Cormagdalena necesita que de manera urgente le nombren un director en propiedad, remunerado de manera adecuada a las inmensas obligaciones que tiene el cargo.

De hecho, no estaría de más promover una autoridad fluvial que estudiara los ríos, permitiendo un desarrollo armónico con la naturaleza.

Es conveniente, que esa persona o personas entiendan la importancia de comunicarse bien y permanentemente con todos los actores del río.      

 

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