El Dilema de acción colectiva rural

La asociatividad rural es capaz de generar múltiples beneficios colectivos, pero es aún incipiente en el país, debido a la existencia de dilemas de acción colectiva que limitan su desarrollo.

Juan Daniel Bustamante Amaya
Juan Daniel Bustamante Amaya
Asistente de Investigación Centro Latinoamericano para el Desarrollo Rural, Rimisp
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24 de Febrero de 2017

A menudo las autoridades públicas y la sociedad en general, tienden a considerar que, si los productores agropecuarios enfrentaran fuerzas perjudiciales a sus intereses, éstos tendrían incentivos para establecer relaciones de coordinación y concertación de acciones que derivaran en mecanismos que mejoren su bienestar.

Sin embargo, de acuerdo con Olson (1965) en su libro La lógica de la acción colectiva, el problema es más complejo de lo que parece. En Colombia, existen pocos incentivos para que algún productor rural (especialmente los pequeños y medianos) tenga incentivos para realizar esfuerzos que logren beneficios para el eventual gremio o asociación de agricultores. En la ruralidad colombiana, existen limitaciones considerables debido a: (i) el costo de oportunidad de los trabajadores rurales es significativamente alto, especialmente porque gran parte de sus ingresos están directamente relacionados con la cantidad, intensidad, y especialización de la mano de obra, y dedicar tiempo a coordinar con sus colegas de gremio demanda gran cantidad de esfuerzo, pues se encuentran, en muchos casos, dispersos, y la información de contacto es de difícil acceso.

De otro lado, (ii) los incentivos para dedicar esfuerzos en coordinación son más bien reducidos, en la medida que los beneficios son colectivos y homogéneos, mientras los esfuerzos se realizan de manera individual y son heterogéneos, por lo que un razonamiento posible (no deseado) es que no merece la pena esforzarse por beneficios colectivos, cuando hay miembros del colectivo que no realizan esfuerzos, pero eventualmente serían beneficiarios.

Adicionalmente, (iii) en las actividades donde el número de productores en bajo, se enfrenta el trade-off de ser menos productores, pero asimismo más difíciles de identificar. También se debe considerar que (iv) algunas de estas asociaciones son estilo club, donde los productores más grandes imponen barreras de entrada, y resultan poco inclusivas con los pequeños y medianos productores.

Es este razonamiento el que conduce al dilema de la acción colectiva rural. Si bien hoy presenciamos la superación del dilema con ciertos gremios agropecuarios, como los azucareros, cafeteros, o palmeros; algunas características que lo explican radican en la escala de producción, y su naturaleza agro-industrial, entre otras. Pero ¿qué ocurre con las actividades de menor escala, o con poco poder de negociación en virtud del tipo de producto al que se dedican? La respuesta es de múltiples aristas, pero un resultado evidente es una feroz competencia vía precios entre ellos (dado que son bienes que tienden a ser homogéneos), que termina por hacer de sus actividades, a lo sumo, un ejercicio de subsistencia.

Resulta curioso que siendo el plátano el producto del cual se cosecha mayor cantidad de hectáreas en el país (13.0%), incluso por encima del café en todas sus variedades (11.6%), sólo hasta 2010 se dio un primer esfuerzo asociativo para crear ‘Fedeplacol’, el cual sería justificado por uno de sus fundadores porque:

"(…) uno de los problemas más grandes es que hay una competencia a muerte, cada productor trabaja individualmente y compite por el mercado. Con esta organización [Fedeplacol] es posible que haya sostenibilidad en la producción nacional, en el comercio y todos trabajemos unidos" (Tomado de El Tiempo, 2010)

Ahora bien, si hasta hace poco menos de 7 años se inició una asociación de productores del cultivo más cosechado, no se puede esperar un panorama alentador de productores más pequeños, y que se dediquen a cultivos menos representativos, o con menor participación en la producción agrícola. Evidencia de ello lo encontramos en los resultados del censo agropecuario, dónde poco menos del 16% de los productores nacionales declaran pertenecer a alguna asociación.

¿Actualmente el productor pertenece a alguna de las siguientes asociaciones?

Cooperativas

4.5%

Gremios

1.4%

Asociación de productores

4.6%

Centros de investigación

0.4%

Organizaciones comunitarias

5.4%

No pertenece a ninguna asociación

69.8%

No sabe/no responde

14.0%

Fuente: CNA, 2014

Ciertamente, no existe a la fecha un análisis riguroso sobre el efecto que tiene pertenecer a alguna asociación, pero intuitivamente, se puede pensar que es una plataforma para el impulso de políticas que mejoren el bienestar de los productores asociados (e incluso no asociados). Claros ejemplos son los fondos de estabilización de precios (tipo FEPA), o las inversiones en servicios generales (tales como créditos con mejores condiciones, o inversión en infraestructura comunitaria, etc.).

No se pretende defender este tipo de políticas como socialmente deseables (esto depende de los juicios de valor subjetivos), pero sin duda que reportan mayores beneficios para los productores, y al ser legalmente viables, resultan atractivos para cualquier productor, pero no lo son en suficiente magnitud, al punto que casi 70% de los productores colombianos no están asociado. Lejos de considerar las asociaciones como meramente grupos de presión, éstas pueden reportar beneficios del tipo spillover, tal como la adopción de mejores prácticas para aumentar la productividad, entre otros.

Entonces, la recomendación de política para superar el dilema consiste en crear incentivos a la asociatividad. Un camino, ahora posible gracias al CNA, podría ser a través del uso los datos de contacto (usados con suma discreción y para fines exclusivamente de política pública) de los productores y promover estrategias de coordinación y aprendizaje entre comunidades agropecuarias. Ahora que es posible conocer quiénes y dónde están, se vislumbra la posibilidad de fortalecer la asociatividad rural y hacerla más inclusiva con los pequeños productores.  Esto no se debe confundir con fomentar la cartelización agrícola, ni con destinar necesariamente más recursos públicos a las asociaciones ya existentes; la idea es fomentar nuevas y mejores redes de apoyo rural capaces de mejorar las condiciones de vida en el campo.

Referencias

DANE. (2014). Censo Nacional Agropecuario. Bogotá D.C.

El Tiempo. (23 de Julio de 2010). Nace en Pereira la Federación de Productores de Plátano de Colombia, Fedeplacol. Obtenido de

Olson, M. (1965). The Logic of Collective Action: Public Goods and the Theory of Groups. Harvard University Press.