Diálogo minero-energético: entre lo negociable y no negociable

La 'consultitis' en materia minero-energética: entre la profundización de la democracia y el desincentivo de un diálogo informado sobre el desarrollo. 

Andrés Vargas Ferro
Andrés Vargas Ferro
Politólogo y periodista
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05 de Diciembre de 2017

La palabra diálogo aparece continuamente y casi de forma desgastada pero no inválida, en lo que sería el discurso del sector minero-energético, para lograr algún acercamiento empresarial a un territorio que espera albergar algún proyecto de orden extractivo. En el peor de los casos la palabra diálogo evidenciaba una notificación sobre el proyecto y no una concertación sobre el mismo.

Ahora cada vez más las comunidades ven el diálogo como una apuesta de orden complementario cuando surgen herramientas políticas directas como la Consulta Popular, la cual a través del voto ciudadano pone en duda la capacidad de lo vinculante, del diálogo social y territorial.

Antes de la sentencia T-445, las poblaciones veían en el diálogo como una única puerta que conducía a una sala con algún nivel de esperanza, donde podrían negociar sus aspiraciones tanto por las compensaciones ambientales y sociales, como para influir en el ordenamiento territorial.

Tras un nuevo orden político que concede la Consulta en los municipios, es insoslayable el deseo del ciudadano de influir sobre la configuración municipal, que se puede dar a través del voto. El orden político en este caso prevalece al orden del lenguaje (el de la mediación) y pone en riesgo la capacidad argumentativa y los debates informados sobre los desafíos del país. Si esto sucede, se pierde, por naturaleza, la construcción social y el vínculo para el desarrollo entre lo municipal y lo nacional. Si gana el veto extractivo, a través de la Consulta, se profundiza el poder de la democracia, pero la concertación para el desarrollo queda a un lado.

Si bien los discursos que usamos representan el mundo, la política que usamos lo configura. La llamada “Consultitis” que estalla en 2017, es decir, 8 consultas minero-energéticas en las cuales todas las votaciones municipales, ha superado el umbral del 95% por ciento a favor del “No” deja un contexto donde la pregunta es ¿Para qué hablar cuando podemos vetar?

 

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