Titulación Colectiva, Conflicto Armado y Modelo de Desarrollo en el Pacífico

Hoy no basta con que las organizaciones comunitarias, afrocolombianas e indígenas, académicos, ONGs de Derechos Humanos y ambientalistas,  declaren que el modelo desarrollo para el Pacífico no debe ser extractivista y mucho menos basado en economías de enclave. Se debe construir un modelo diferente.

Alvaro Arroyo
Alvaro Arroyo
Lider Social del Consejo Comunitario Yurumangui
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24 de Febrero de 2017

Sin desconocer la importancia del régimen de  propiedad de la tierra en cualquier modelo de desarrollo, no basta con la propiedad colectiva para consolidar un desarrollo basado en lo colectivo.

 

El conflicto armado en el litoral del Pacífico se intensificó y se degradó de forma desproporcionada en las últimas décadas: masacres, desplazamientos forzados masivos, asesinatos selectivos se volvieron permanentes, tanto en la zona rural como en la urbana de los municipios del Pacífico. Solo en Buenaventura, donde se ubica el principal puerto de Colombia sobre el Pacífico, entre 1990 y 2013 se cometieron al menos 26 masacres, las cuales dejaron más de 200 víctimas mortales de acuerdo con el Centro de Memoria Histórica y FUNDESCODES.

Sería un gran acto de ingenuidad pensar que la agudización del conflicto armado es un hecho aislado del modelo de desarrollo basado en la explotación  de recursos naturales de forma desproporcionada que se ha impuesto por siglos en nuestra región. Al contrario, conflicto armado y saqueo de recursos naturales han sido caras de la misma moneda: El modelo de desarrollo. La violencia armada se convirtió en la principal estrategia para transformar los territorios de vida y libertad de las comunidades, en espacios de terror y barbarie.

Por lo tanto, lograr la titulación de más de  6 millones de hectáreas de forma colectiva por las Comunidades Negras en la zona rural del litoral Pacífico (aproximadamente 60% de la extensión territorial del litoral), en medio del conflicto armado, se debe reconocer como un verdadero logro para las comunidades y sus organizaciones,  tanto por el blindaje jurídico que proporcionada la titulación, como por la capacidad de organización y movilización colectiva alcanzada.

Sin embargo, hoy cuando se avanza en la implementación del acuerdo de Paz entre el Gobierno y las FARC – EP y se inicia la fase pública de las negociaciones con el ELN en Quito, la discusión sobre el modelo de desarrollo, que ha sido una causa central del conflicto armado, aún continua en el debate para regiones como el Pacífico, donde persisten de propuestas económicas que buscan convertir la región en plataforma logísticas y centro de extracción de recursos naturales continúan, junto con proyectos de emprendimientos locales basados en el uso colectivo de la riqueza biológica, cultural y la extracción sostenible de los recursos naturales: Minería sin el uso de mercurio, extracción selectiva de madera, pesca artesanal y pagos por servicios ambientales.

Por lo anterior, hoy no basta con que las organizaciones comunitarias, afrocolombianas e indígenas, académicos, ONGs de Derechos Humanos y ambientalistas, simplemente declaren que el modelo desarrollo para el Pacífico no debe ser extractivista y mucho menos basado en economías de enclave. Es necesario  que estos actores se encuentren y aúnen esfuerzos para identificar y construir de forma colectiva las bases de un modelo diferente aprovechando tanto las construcciones teóricas desde la academia y los procesos organizativos, como las lecciones aprendidas de las múltiples intervenciones hechas por el Estado, el sector privado, la cooperación internacional y las comunidades.

Finalmente, superada la confrontación armada con las FARC y el ELN  (como se espera suceda lo más pronto posible) y con la mayor parte del territorio del litoral del Pacífico titulado de forma colectiva a los pueblos étnicos o declarado como espacio de manejo colectivo (Parques Naturales), no hay cabida a que en el Pacífico se sigan impulsando políticas públicas que promuevan economías extractivas y de enclaves: la destrucción de los bosques nativos en Bahía Solano, la propuesta de puerto en la Bahía de Tribugá y Málaga, y la destrucción del manglar en la costa de Tumaco, todos considerados como conflictos socio-ambientales con impactos a nivel global.

En cambio, como lo planteo Juan Camilo Cárdenas,  Decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes y director de la Escuela de Economía Poder Pacífico, en el Foro - La Economía del Pacífico: Territorios, Desarrollo y la Construcción de Paz: “En el Pacífico  se tiene que hablar de desarrollo desde lo colectivo”  partiendo del uso y manejo colectivo de los territorios, desarrollando emprendimientos que potencien la riqueza biológica y cultural de la región, complementando la extracción sostenible de recursos naturales con la producción de alimentos, la transformación de materias primas y servicios complementarios que reduzcan la dependencia de una actividad productiva.