Se celebra el Paro Internacional de las Mujeres y otra mujer es víctima en el Valle del Cauca

Es el momento de decir #NiUnaMenos y de actuar para construir una sociedad que no nos mate por el hecho de ser mujeres, que se indigne y se solidarice ante cualquier tipo de violencia contra la mujer.

Daniella Trujillo
Daniella Trujillo
Investigadora del Área de Ordenamiento Territorial y Desarrollo Rural Aplicado del Instituto de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana de Cali
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21 de Octubre de 2016

En las dos últimas semanas, en Suramérica se han conocido diferentes casos de violencia física y sexual contra niñas y mujeres de diferentes países. Estos actos violentos han sido perpetrados por padres, amigos, conocidos o desconocidos.

En el sur de Chile una niña de 9 años fue enterrada en el patio de su casa, tras ser descuartizada y quemada por su padrastro. En La Matanza, Argentina, se encontró en una caja el cuerpo semidesnudo de una mujer, con los tobillos atados y signos de violación y ahorcamiento. En Mar de Plata, Laura Pérez, de 16 años, fue drogada y brutalmente violada, al punto de sufrir un paro cardíaco ocasionado por el dolor insoportable que le produjo la penetración de elementos por vía anal.

Según Naciones Unidas, el 35 por ciento de las mujeres y las niñas en el mundo han sufrido alguna forma de violencia física o sexual a lo largo de sus vidas. De acuerdo al informe de Carga Global de Violencia Armada de 2015, diseñado por la Declaración de Ginebra, hay identificados 4 países del Caribe, 4 del Centro y 6 de Suramérica en los que se presentan altas tasas de feminicidio (al menos 3 por cada 100.000 mujeres). Uno de los países que se destaca en este estudio es Colombia. Según reportes del Instituto de Medicina Legal, las regiones más afectadas por estos crímenes y agresiones son el Valle del Cauca, Bogotá y Antioquia. Su Director reveló que durante 2015 fueron registrados más de 37 mil casos de violencia sexual y psicológica contra las mujeres.

Paradójicamente celebramos el Paro Internacional de las Mujeres con motivo de las aberrantes muertes de miles de mujeres de Latinoamérica y el Caribe, se presencia un nuevo caso de violencia y agresión contra la mujer en el departamento del Valle del Cauca.

Ahora la víctima se llama Mariana Ramírez Vásquez de 21 años, quien estudia criminalística y trabaja como supervisora en una empresa de telecomunicaciones. Mariana fue brutalmente agredida este martes 18 de octubre de 2016 en horas de la tarde, por su pareja Diego Fernando Tombe Sánchez de 41 años. Este mismo día ella había decidido romper con la relación que sostenían por más de seis años. Los sucesos ocurrieron en su residencia ubicada en Bocas del Palo, en el municipio de Jamundí.

Lo que relata la policía es que en el lugar de los hechos encontraron una “porra” manchada de sangre, cinta adhesiva, dos bolsas de basura grandes y una pulidora, con la que se piensa que iba a ser descuartizada. El hermano de la víctima, Jhony Ramírez Vásquez, señala  que ese mismo día sus padres se preocuparon porque su hija no respondía sus llamadas ni mensajes.

Fue entonces que le pidieron a su abuelo materno, quien se encontraba próximo a su casa, que se acercara a averiguar qué sucedía. Lo que cuenta el hermano de Mariana, es que al parecer en el instante en que el abuelo entró a la residencia de la pareja el hombre salió por la puerta trasera escapándose.

El abuelo la encontró desangrada en el piso de su hogar e inmediatamente la llevó a la Clínica Valle de Lili, donde fue remitida a la Unidad de Cuidados Intensivos. El diagnóstico hasta el momento es reservado, pues llegó con diecisiete puñaladas en todo el cuerpo causadas por un instrumento cortopunzante y, además, con graves daños en la zona cervical que se creen generados por la “porra” utilizada por su pareja. Hasta el momento no se conoce el paradero de Diego Fernando Tombe y los familiares piden a las autoridades su rápida actuación para que se haga justicia.

Es el momento de decir #NiUnaMenos y de actuar para construir una sociedad que no nos mate por el hecho de ser mujeres, que se indigne y se solidarice ante cualquier tipo de violencia contra la mujer. Una sociedad donde las agresiones contra niñas, adolescentes y mujeres no pasen desapercibidas, como noticia cotidiana, como un hecho más que es escuchado y olvidado prontamente.