Lo que necesita el pacífico

El estado y las élites del país, se expresa con mucha frecuencia la pregunta ¿Qué se tiene que hacer en el pacífico colombiano para salir de la crisis?

Victor Hugo Viveros
Victor Hugo Viveros
Coordinador de Cultura Ciudadana
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04 de Noviembre de 2016

En las últimas dos décadas, por parte del Estado y las élites del país, se expresa con mucha frecuencia la pregunta ¿Qué se tiene que hacer en el pacífico colombiano para salir de la crisis?

Los indicadores respaldan abrumadoramente esta preocupación, algunos como los socioeconómicos evidencian que la mayoría de sus habitantes están en la línea de pobreza o por debajo de ella, ejemplo de ello es Chocó, el cual es uno de los departamentos con más altos niveles de pobreza y pobreza extrema, con 68% y 40,7% respectivamente, o departamentos como el Cauca y Nariño cuya composición étnica es más heterogénea y la pobreza alcanza el 62,1% y 50,8%.

Para el caso del Valle del Cauca, los datos muestran que más de la cuarta parte de su población se encuentra en pobreza (26,9%) y cerca del 7% en pobreza extrema, encontrando que Buenaventura es el municipio que aporta mayor peso a estas cifras.

Ahora bien, la pregunta es legítima pero a la vez cuestionable, dado que las mismas élites y el Estado no han reflexionado acerca de cómo ha sido su actuar frente a esta compleja y dura realidad; no advierten la proporción de su responsabilidad, no identifican sus errores del pasado, que sin temor alguno repiten en el presente.

Su actuar centralizado, vertical y marginal ha sido sistemático e intencional en donde las comunidades con sus líderes se han tratado regularmente como medio y no como fin.

Algunos dirán ¿Cuál es la diferencia?; y la respuesta es sencilla pero precisa, cuando las comunidades del pacífico son apreciadas como medio es porque las mismas son un instrumento más para la generación de riquezas particulares, en contraste, cuando las mismas se aprecian como fin, dado que el desarrollo colectivo, basado en la dignidad y el bienestar se convierte en un propósito continuo.

Entre los principales instrumentos que han sido empleados por el Estado y las élites para avanzar en tan deplorable fin se ubica al asistencialismo, y con él, la fractura de los tejidos sociales y comunitarios consolidados históricamente en los territorios así como el deterioro de los lazos de solidaridad y fraternidad, en la medida que estas subvenciones ayudan a resolver problemas de necesidades básicas de manera individual.  

Luego, resulta apenas natural que de estas rupturas se haya afianzado una penosa pero rentable posición dominante de algunos liderazgos de la región pacífica, los cuales han visto en este contexto una ventana de oportunidad para enriquecerse, acumular poder y lamentablemente,  en ciertos casos, tramas de corrupción.

Sin caer en el fetichismo social, cualquier acción de cambio necesita demanda y exige la voluntad de cambio de quienes viven la situación a intervenir, aún más cuando éstas obedecen a condiciones históricas y estructurales. Por ende, a continuación se plantean a modo general tres condiciones para el cambio de la región, quizás en ellas agentes del Estado y de las Élites identifiquen salidas a la crisis, y quizás nosotros los del pacífico nos convenzamos que las soluciones no van a llegar necesariamente de afuera.

La primera acción es generar las condiciones propicias para implementar sistemáticamente procesos de formación y fortalecimiento de nuevas ciudadanías con capacidad de cuestionar y transformar realidades, con la claridad suficiente para identificar y desarrollar estrategias de mediano y largo plazo que apunten a dar solución a los problemas estructurales.

La segunda acción se basa en mejorar los niveles de confianza y solidaridad de las comunidades locales y regionales, entendiendo que estos dos son requisitos esenciales para la construcción de redes, de un sentido colectivo por lo público y con pro-actividad para superar los retos que les presenta el contexto.

Las inversiones no son exorbitantes, pero si deben ser intencionadas para generar bienestar y tejido social, y con ello construir confianza desde la transferencia, el trabajo colectivo, la construcción de propósitos comunes.

Finalmente, la tercera acción centra su esfuerzo en la consolidación de nuevos liderazgos, que trascienda su accionar individualista, carismático y caudillista - característica que en gran medida se ha convertido en el abono idóneo para relaciones de poder basadas en el nepotismo-, la burocracia y la corrupción. Las nuevas ciudadanías en ejercicio de sus liderazgos deberán consolidar apuestas incluyentes, colectivas, empáticas y asertivas, capaces de tejer redes tanto a nivel local como regional, pero sobre todo, con alta incidencia en la dinámica del centro.   

La buena noticia para el Estado y las élites es que actualmente en el pacífico ya se cuenta con apuestas direccionadas hacia estos tres puntos, falta incrementarlas, diversificarlas, escalarlas y sostenerlas. Quizás no son las únicas, quizás son el principio, pero el cambio no da espera y no se puede pretender encontrar respuestas novedosas para la pregunta sobre ¿Qué requiere el pacífico colombiano para salir de la crisis? Si no se hace inversión en lo básico y realmente transformador, la gente.

El pacífico merece una nueva relación que lo saque del ostracismo, necesita de un Estado y unas élites que modifiquen su modus operandi basado en modelos reactivos y no propositivos, que detonen la gestación de procesos de auto determinación y sostenibilidad.