Las vías bloqueadas

Más allá del pulso que hay en la carretera y de los múltiples bloqueos que se presentan tenemos que concretar unas salvaguardas mínimas para que podamos avanzar hacia alguna parte que no sea él siempre lo mismo y la cíclica distancia entre las burocracias con sus cifras y con cotidiano que se revela angustiado ante sus difíciles condiciones de vida.

Jesús González
Jesús González
Investigador social
25 Seguidores0 Siguiendo

0 Debates

1 Columnas

Columna

67

1

09 de Noviembre de 2017

El cielo está abierto, hay viento húmedo pero también hay calor que pica. Sobre el suelo de la vía de Cali a Popayán resplandecen furiosos los rayos de sol que encandelillan a quien va al volante.

También sucede en ciertas áreas de la carretera, cuando lo frondoso de los árboles protegen de la resolana, que una especie de ensueño hace mayor peligro a los dueños del volante, pero, ¿quiénes son los dueños del volante en esta carretera?

Choferes de transportes públicos nacionales, conductores de mulas y niñeras que van y vienen hacia las fronteras y al puerto, conductores de vehículos de todas las gamas que van de cortos y largo viaje.

La Panamericana, la vía internacional, es más que eso, es ruta de pueblos indígenas, es camino viejo en la colonia, es señal de cimarroneo palanquero, es sendero republicano, es carretera intermunicipal y regional, por eso cuando hay bloqueo en la Panamericana al sur, corte en la vía como dirían un poco más abajo, en Ecuador y Bolivia, lo que acontece tiene muchos tonos y hala para muchos lados.

Hoy la vía no tiene bloqueos, provisionalmente, pero no sabemos más tarde o mañana.

Los manifestantes, pueblos indios, negros, campesinos, han logrado sentar al gobierno nacional para que responda por exigencias muy precisas en relación con detener la muerte de líderes sociales, concretar la firma del decreto 982 sobre políticas para el sector indígena, definición de la autoridad ambiental y la regulación económica  ambiental en territorios étnicos, la definición de compromisos aplazados en la formalización de territorios y tierras, así como demandas concretas en salud y educación con gratuidad y perspectiva diferencial.

No sabemos si el gobierno logrará desbloquear su incapacidad para honrar los compromisos que cada dos años hace para incumplir y generar dos años después una nueva movilización que bloqueará la vía. Así ha sido la historia en un departamento con grandes desigualdades sociales y conflictos territoriales que, a diferencia de otros, sí tiene organización social que reivindica sus derechos; en el Valle del Cauca esas reivindicaciones no pasan mucho, exceptuando el reciente ejemplo de Buenaventura, para el gusto de algunos sectores y a desagracia de las mayorías.

La situación comunicativa que esta cíclica expresión causa es compleja: lo obvio es que los bloqueos en la movilidad generan parálisis en la actividad productiva y afectan la economía en amplios sectores, también sucede que el desfogue de protesta ante las condiciones de vida de las comunidades produce malestares con las autoridades locales, departamentales y regionales (alcaldes, gobernadores entre otros agentes institucionales) que poco a nada logran decir o proponer para avanzar en resolver.

Hay malestar entre los vecindarios y grupos de ciudadanos que no logran entender por qué no pueden llegar a su destino, pero tampoco logran enterarse de lo que acontece, de las razones de la protesta, solo atinan a decir “están berracos los indios”.

En medio de estas circunstancias no faltan los enfrentamientos y todas las fuerzas del país abogan por que cesen las agresiones y se sienten a negociar con responsabilidad. En eso se está ahora y de verdad ojalá se avance con seriedad.

Déjenme que saque la bola de cristal y les anuncie por adelantado lo que va a pasar: el gobierno sacará uno o dos decretos que tiene engavetados, hará anuncios sobre algunas inversiones pendientes, se anunciará que no se penalizará a ningún manifestante e informará fechas para que funcionen unas cuantas comisiones. Los manifestantes dirán que la unidad es la victoria y que si no les cumplen nos vemos pronto en la carretera. 

El “diálogo” habrá conjurado la protesta y todas y todos a la rutina.

El asunto es que estos bloqueos físicos son síntoma de unos bloqueos más profundos que son los que hacen que cíclicamente se presenten estos impases en la vida regional.

Por un lado, sucede que las comunidades indígenas, afro y campesinas viven en medio de un círculo de pobreza, rodeados de actores armados que les victimizan y desconocen sus culturas, por lógicas guerreristas que les estigmatizan y persiguen, por cercas agroindustriales que les hacinan y despojan,  y por la falta de garantías y oportunidades sociales.

Por otro lado, sucede que los modelos de desarrollo y de fomento económico impulsado por los gobiernos, a través de sus respectivos planes de desarrollo, en las últimas décadas se han hecho contra los derechos de los pueblos reconocidos en la constitución y contra sus planes locales de vida; especialmente este gobierno al cual se le reconoce su esfuerzo en el plano de la paz, queda con una deuda social inmensa y responsable de una gran destrucción del entorno ambiental de nuestros territorios. Si sabemos que el asunto viene de atrás, desde mediados de los 80 son 1130 acuerdos incumplidos con las mismas comunidades y pueblos.

También es cierta que en este último período la locomotora minera, el desplazamiento y el despojo de comunidades, el asesinato a líderes, sigue su curso a velocidades inimaginables.

Ahora aparece un síntoma más radical en la Popayán del siglo XXI, donde señoras y señores con periódico, con emisoras y canales televisivos propios, la emprenden en un lenguaje agresivo contra las protestas, asumiendo que quien protesta es un sedicioso. En buen momento la delegación de Naciones Unidas en el país ha llamado la atención sobre el trato a la protesta, señalando la tentativa equivocada de algunos sectores de considerar y tratar al movimiento social con un tono anti insurgente.

Este sería otro bloqueo en tiempos de implementación de acuerdos para la superación del conflicto  y de búsqueda de reconciliación. Más allá del pulso que hay en la carretera y de los múltiples bloqueos que se presentan tenemos que concretar unas salvaguardas mínimas para que podamos avanzar hacia alguna parte que no sea él siempre lo mismo y la cíclica distancia entre las burocracias con sus cifras y con cotidiano que se revela angustiado ante sus difíciles condiciones de vida.

En el mediano y largo plazo, en Colombia necesitamos madurar para el reconocimiento de la diversidad étnico cultural; ese que está en la constitución y que atraviesa tantos documentos públicos, pero que no ponemos en práctica y que por lo tanto está en el papel, pero que no se vive en el cotidiano; si vieran la vulgaridad con la que tratan a los manifestantes los conductores de vehículos de gama alta que surcan las vías.

Requerimos profundizar el diálogo intercultural e interétnico, incluso entre los movimientos sociales que agencian la protesta pues recurrentemente se observan posiciones hegemónicas entre algunos sectores y la interlocución termina siendo imposible para las instituciones y para otros sectores ciudadanos que no saben a ciencia cierto cuáles son los propósitos, las causas y los alcances de los pliegos y las movilizaciones, mucho más con sectores que ahora se posicionan como abiertos contradictores de las justas movilizaciones en curso.

Se necesita, especialmente en este momento de posacuerdos, garantizar la salvaguarda de los derechos étnicos y la construcción de un escenario de desarrollo normativo para que las políticas públicas dirigidas al buen vivir de las comunidades rurales, de los pueblos afro e indígenas dejen de ser aplazadas y consideradas acuerdos firmados en carretera que pueden ser incumplidos sin que nadie responda.

Especialmente necesitamos preguntar por nuestra sensibilidad política frente al Estado que queremos, y ayudar con nuestra decisión y veeduría a que las instituciones sean más confiables. La cifra de 1130 acuerdos incumplidos desde 1986  al pueblo caucano, es vergonzosa y exige que toda Colombia se pregunte por el Estado que tenemos y el que podríamos construir con un sentido más responsable y solidario.

No sabemos cómo se resolverá la Minga, más allá de mi bola de cristal, es deseable que sea un aporte a la dignidad de la vida en este suroccidente tan candente. Por lo pronto desde el Parador de la Abuela, con un  tinto y pandebono, viendo pasar racimos de gentes que corren raudos por la vía, aprovechando la  hora del tacho para la negociación, sigo haciendo cuentas… ¿1130 acuerdos de carretera incumplidos en treinta años?, ¿será que en el 1131 sí hay cumplimiento?

Respuestas al Debate (1)

Henry Castro Gerardino

11 de Noviembre

140 Seguidores

Por favor, no se esfuerce tanto. La respuesta es NO. Y lamentablemente es así...+ ver más

Por favor, no se esfuerce tanto. La respuesta es NO. Y lamentablemente es así por las razones que Ud expone y por esa persistencia de los indígenas en creer que todo es de ellos y que únicamente sus derechos son válidos. Ellos mismos se han marginado de nuestra sociedad, cuando lo correcto era tender puentes para conseguir del gobierno trato equitativo y mayores inversiones. A la amenaza del garrote, que esgrimen en grupo los indígenas, solo hay como respuesta el grito y las palabras soeces de quienes se sienten afectados directamente. El resto del país, miramos de reojo y no logramos entender porque no intentan otras alternativas que no sea el cierre de la vía. Dónde están las propuestas en las mesas departamentales y municipales a las que de seguro ni asisten? Dónde estan sus representantes al congreso? Dónde estan las propuestas distintas a que salga la fuerza pública de sus áreas cocaleras y, a cambio de nada, que les entreguen subsidios? Se marginan de la sociedad que los margina, pero que acepta que son ciudadanos con derechos. Agreden a las autoridades que no los protegen porque ellos los desconocen. No aceptan nada distinto a los subsidios predicando una pobreza que es más mental que real. No hay para ellos otra alternativa que volcar todo el presupuesto nacional para redimirlos, eso sí permitiendo que el narcotráfico siga campante. La ley del embudo.
Seguramente tengo una visión errada y/o sesgada de estas comunidades. Pero me admira la ausencia de alternativas para solucionar el problema como me fastidia la decidia del gobierno y ese círculo vicioso de paros y agendas, nuevos paros y nuevas agendas. La solución pasa por que entiendan que su raza no los cataloga ni como seres especiales ni como sujetos de derechos por encima de todos los demás. También pasa porque entiendan que pueden potenciar su organización, no para infundir terror y paralizar a medio país, sino para concretar propuestas inteligentes y mesuradas y llevarlas a las instancias donde sean consideradas, analisadas y aceptadas. 
Nuestras élites, aparte de indiferentes, discriminadoras, altaneras y agresivas no podrán sustraerse, ni oponerse a proyectos bien sustentados. Por la fuerza solo obtendrán la indiferencia del resto de ciudadanos, la misma indiferencia que cubre hoy día a los sindicatos, llámese ACDA, o Fecode. Cada vez que vemos un grupo que se alza contra la población inerme, dizque para reivindicar sus derechos, vulnerando los de los demás, no recibirán sino nuestra desaprobación y nuestro repudio. Y es que también nosotros estamos desprotegidos por el estado pero eso no nos habilita para empuñar un garrote como mejor argumento y cerrar una vía importante como acción disuasiva.