Las Sillas Vacías de Colombia y el Pacífico “Colombiano”

Algunos de los comensales ya no están dispuestos a seguir por fuera de la mesa a expensas de las migajas que dejen los que sí disfrutan en ella. Las protestas y movilizaciones que se han dado recientemente en las dos ciudades más importantes del pacífico colombiano evidencian más que enojo, frustración y más que demanda de soluciones, trato con dignidad. 

Victor Hugo Viveros
Victor Hugo Viveros
Coordinador de Cultura Ciudadana
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22 de Mayo de 2017

La imagen de Andrés Pastrana, sentado en su letargo, a la espera de una paz que nunca llegó y fue precisamente esa imagen que inspiro a los titulares de medios internacionales y por supuesto  originó el nombre de uno de los portales más importantes de reflexión social, política, económica y cultural del país, la Silla Vacía.

Ese recuerdo es permanente, porque la Silla Vacía es la mejor representación de las realidades de coyuntura y estructura nacional. Colombia es un compendio de mesas en las que todos deberíamos comer todos y en proporciones equitativas usualmente están ocupadas por un solo y repetido comensal, que a diferencia de Pastrana, no reconocen que hacen falta otros, y a diferencia del fallido proceso de paz de ese gobierno, fue decisión de parte de uno de los convidados no ser parte de ese espacio.

Para el resto de casos se podría decir que la mesa debería estar servida para cuatro pero en la realidad solo cuenta con invitación una de las partes. Nuestras mesas han estado simbolizadas por la iniquidad desde la distribución y tenencia de la tierra, en la participación y representación política, en la integración cultural y étnica de nuestros territorios, en la distribución de la riqueza, en la asignación de oportunidades, en el acceso de derechos y en el ejercicio de deberes, en la dignificación de la vida, en la construcción de bienestar.

Las posturas de quienes han comido, disfrutado y saciado su paladar como únicos comensales de cada una de esas mesas han terminado siendo los mismos. Así lo advierte el Gini (0,522), así lo señalan los apellidos de los líderes políticos, la geografía urbana de las ciudades, la cobertura en educación que para la región del Litoral Pacífico es del 18,5 % y para la región Andina esta es del 40,2 %, el acceso y permanencia en la economía formal la cual para el primer trimestre del 2017 fue 47,3% en las 13 ciudades y áreas metropolitanas, los procesos fallidos y “exitosos” de paz, entre otros. Quizás en el último quinquenio los titulares de los medios resaltan continuamente nuestro inconcluso paso a la modernidad, ese que indica que a pesar de existir una mesa donde cabemos todos, hay uno pocos que prefieren indigestarse y dejar migajas a compartir porciones razonables entre las partes.

La coyuntura social del pacífico colombiano hace pensar que algunos de los comensales ya no están dispuestos a seguir por fuera de la mesa a expensas de las migajas que dejen los que sí disfrutan en ella. Las protestas y movilizaciones que se han dado recientemente en las dos ciudades más importantes del pacífico colombiano evidencian más que enojo, frustración y más que demanda de soluciones, trato con dignidad.

Por ello es más que necesario, imperioso, que la mesa de negociación sea ampliada no sólo desde la lógica del gobierno, sino desde la organización social. La solución a los problemas de Buenaventura aún frente al pesar de muchos requiere del concurso de la bancada parlamentaria del departamento e incluso de la región pacífico, dado que hay puntos que por su complejidad no sólo requieren de la intervención en Buenaventura, sino de una intervención con mirada territorial mucho más amplia en la que al final Buenaventura y Quibdó terminan siendo solo la manifestación de un problema mayor. De igual modo hoy no puede hablarse de la resolución de asuntos económicos sin involucrar en la discusión al sector productivo, su mirada se hace necesaria y conveniente, dado que sus formas de entender los problemas y las maneras de entender las soluciones son distintas y por ello la necesidad de escucharlas y negociarlas. Por último, pensar que sólo las personas que hoy conforman el Comité del Paro Cívico van a encontrar y negociar las soluciones tan complejas es poco más que ingenuo.

El tiempo es propicio para hacer historia, no desde un hito de la protesta, sino desde el hito del inicio de las soluciones. Es momento que la mesa esté llena de todos sus comensales y de manera integral entender la dimensión del problema y así mismos las competencias y asunción de responsabilidades. Seguir fomentando mesas inconclusas termina por perpetuar un error histórico, tan desacertadas son las mesas en las que solo se sientan la sociedad civil con el gobierno, como las que solo conversan los grupos económicos con el gobierno o los grupos por fuera de la legalidad con el mismo actor. El asunto no es acerca de quienes están sentados, sino sobre quienes se quedan por fuera, por tanto es un momento más que oportuno de romper el círculo, están las condiciones y la coyuntura lo demanda.

Por fortuna, el Comité del Paro Cívico está conformado por ciudadanos probos, quienes legítimamente vienen haciendo demandas frente asuntos básicos que requieren respuestas precisas, y es por eso que ellos como cuerpo colegiado deberán reconocer que es momento de ampliar la participación de nuevas voces las cuales permitan enriquecer la discusión y la capacidad de negociación.

Es momento de entender por parte de todas las partes que nuestra realidad debe empezar a ser analizada y asumida más allá de la dimensión de víctimas y victimarios, sino de incluir niveles de responsabilidades tanto para lo que le corresponde históricamente a los gobiernos locales, departamentales y nacional, como lo que le incumbe a la sociedad civil, incluida en ella la Iglesia, las comunidades, los ciudadanos y el sector productivo.  

Mientras que esto se da, creo que deberíamos preguntarnos ¿Quién o quienes han validado esta extraña manera de construir contrato social en el pacífico colombiano?, y ¿Cómo modificamos las conductas que reproducen este tipo de sociedades?