La fuerza esperanzadora del Pacífico

En el pacífico los jóvenes no encuentran muchas alternativas para aprovechar el tiempo libre.

Ariel Viafara Hurtado
Ariel Viafara Hurtado
Vicario de la iglesia católica en Guapi
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09 de Agosto de 2017

Los jóvenes de la Costa Pacífica han vivido en medio de la tranquilidad  y las preocupaciones, entre la gloria y las luchas de la vida, entre el cantar del  bombo, cununo y guasá y entre los estallidos de bombas y cruce de fuego.

A pesar de las problemáticas  pasadas, presentes y el abandono estatal, hay una carencia de  políticas pertinentes  que favorezcan el desarrollo de la juventud teniendo en cuenta las secuelas de la guerra y la violencia que han instaurado desolación y afectado a esta población. Aun así, el corazón del joven se resiste a creer que será para siempre y, en sus rostros la alegría es imborrable; hay una esperanza que aviva y confirma que su presente y futuro serán mejor.

El entusiasmo y la actitud propositiva de los jóvenes frente a la vida, han posibilitado que con el paso del tiempo sean vinculados en  diferentes actividades que se desarrollan al interior de sus pueblos, pasando de la invisibilidad al protagonismo para que asuman su rol de artífices y transformadores de su realidad.

Muchos jóvenes tienen pasión por la música folclórica, lo que ha llevado  a vincularse en agrupaciones y escuelas de música para aprender  las expresiones culturales autóctonas, habilidad para tocar los instrumentos y  cantar los ritmos típicos que identifican a esta zona del país. En estos grupos encuentran refugio, acogida, se sienten aceptados y aprenden a ser mejores personas. También han contado con colectivos de la comunicación como alternativas que líderes instauran para ofrecerles mejores posibilidades de vida que les ayude a construir su proyecto de vida.

En el pacífico los jóvenes no encuentran muchas alternativas para aprovechar el tiempo libre; hay pocas posibilidades para entretenerse y pasar el día a día. Por eso, así como la música, la danza y el teatro son otras formas eficaces para impulsar el desarrollo en estas comunidades.    

Conviene que se les brinde la posibilidad de formación, verlos como sujetos prometedores de paz y de  cambio, capaces de generar mejores condiciones de vida en estos pueblos que carecen de oportunidades de empleo, de acceso a la educación superior y de programas estatales que impulsen las potencialidades que tienen los jóvenes.              

Se hace necesario apoyar sus talentos y cualidades,  ayudar a que descubra el valor y la fuerza que tiene interiormente para transformar el mundo en medio de tantas limitaciones, de igual manera seguir despertando los dones que hay en ellos para que sean puestos al servicio de su gente, sedienta de un mejor amanecer.

La iglesia desde sus iniciativa pastorales ha asumido un papel protagónico animando a la juventud y mostrándoles caminos que les permite ser artífices de un mundo nuevo para estas comunidades sufridas.

Vale la pena seguir acompañándolos y que el estado mire el pacífico, conozca  la realidad de los jóvenes y establezca políticas que favorezcan su crecimiento y realización personal.