El drama de estudiar entre el hambre y la exclusión del Estado en López de Micay

Niños y jóvenes de López de Micay Cauca, se enfrentan a diario con el fantasma del hambre en sus jornadas escolares; la falta de aulas y en óptimo estado y el déficit de docentes, constituyen las problemáticas principales en una región abandonada por el estado.

Ariel Viafara Hurtado
Ariel Viafara Hurtado
Vicario de la iglesia católica en Guapi
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06 de Julio de 2017

Unos bajan en potrillos (canoa) por el fragoso río, entre las montañas que reverdecen las viviendas de madera. Otros caminan descalzos por las playas, aferrados a  sus escasos útiles escolares. Llevan consigo el deseo de aprender y de conquistar un futuro mejor, que hasta ahora les ha sido esquivo.

Son estudiantes, son seres humanos con los mismos derechos que tiene todo colombiano. Son niños, son jóvenes que acuden a la escuela de buena voluntad. Asisten sin desayunar y sin la esperanza de probar  algo durante la jornada. No portan lonchera y seguramente al regresar a casa no encuentren nada para comer, más que un pedazo de papachina (tubérculo).

Viven en San Francisco Adentro, una comunidad periférica en López de Micay Cauca de aproximadamente 3 mil habitantes. Son afrodescendientes y están ubicados a 6 horas por trocha de la cabecera municipal.

Su pasión por el estudio es innata. Lo atrayente será el aprendizaje, el compartir con sus compañeros, jugar y entretenerse en la escuela como espacio espiritual y social. Porque ver el espacio físico suscita lástima y desolación. Las  aulas deterioradas, salones  inundados y en condiciones paupérrimas para recibir las clases. No tienen sillas ni mesas y, tampoco restaurante escolar.

Algunos grados no tienen un aula, sino un patio o un salón que debe ser compartido  con otro grupo académico. Otros   se aglomeran en salones de madera, en viviendas comunitarias, de padres de familia o casetas que  ellos adecúan para que sus hijos no se queden sin estudiar. Además de esto, hay profesores que tienen que trabajar hasta con 37 estudiantes en un mismo salón por falta de suficientes docentes, cuando la tasa técnica que secretaría de educación establece es para 22 en primaria.

El problema es de aulas, es de falta de docentes, claro que sí, pero sobre todo es la vulneración del derecho a la educación, del cual se les está privando a unos niños y jóvenes que viven en la pobreza y ni siquiera se les puede brindar mejores posibilidades para educarse. ¡No hay derecho!

La comunidad de San Francisco se siente olvidada y, en palabras de Juan Angulo, un líder del pueblo, “esta población no existe para el sistema político, social y económico nacional”. No cuenta para este mundo selectivo y excluyente, que se preocupa más por si hay seres vivos en otros planetas en vez de generar vida en  la tierra.  Que le interesa más hablar del fichaje de James y de Falcao, de las canciones de Shakira que de los  niños que a diario tienen que enfrentarse  con el fantasma de  la pobreza  y las condiciones misérrimas en sus sedes educativas.

Los estudiantes manifiestan no tener apoyo del Estado y estar abandonados por los gobernantes. Cristian Advíncula, un niño que cursa grado 4º, expresa que “es muy difícil estudiar en esas condiciones y es muy complicado que haya desarrollo sin educación”.

Asimismo, Alfredo Rangel, un docente, en cuanto a esta ausencia estatal asegura que “no  existe secretaría de educación departamental  que vele por el bienestar de esta zona del país. De esta manera no hay como progresar, “porque los más pobres son los más desprotegidos”, comenta.

Los niños y jóvenes al terminar su jornada escolar, en la mayoría de sus casos,  les esperan una porción de papachina, banano o envuelto  que, es a lo que pueden acceder en su vivienda, ante las pocas posibilidades económicas de sus padres.

El apoyo nutricional que secretaría de educación debe proporcionar a estos estudiantes es muy demorado y muy mínimo para alimentar a estos niños y jóvenes durante un mes. Los docentes dicen que les toca hacer lo posible para que al menos dure 15 días.

En lo que va corrido del año, apenas a mitad de junio le suministraron  este aporte.

A raíz de las dificultades en la alimentación en muchas familias de la comunidad, se han presentado casos de desnutrición en niños. Situación que ha sido difícil de resolver porque tampoco hay acceso a servicios de salud. No hay un centro asistencial, ni tampoco una enfermera, al menos, para atender los problemas de salud básicos. Deben desplazarse a Puerto Merizalde- Buenaventura, a 5 horas en lancha para poder tener atención en un precario centro de salud.

En San Francisco no  hay fuente de empleo; las familias viven de la agricultura y la minería. Cultivan banano, maíz y papachina. No tiene energía eléctrica, ni mucho menos acceso a internet. El modo de trasportarse es por vía fluvial y caminos veredales.  La sede educativa cuenta hasta el grado 9º y muy pocos logran terminar el bachillerato, ya que deben desplazarse a Golondro o a otros lugares bastante lejanos que por motivos de hospedaje y situación económica se ven obligados a abandonar  los estudios y dedicarse a ayudar en la casa. Las posibilidades de acceder a la educación superior es aun más compleja.

Cuando es tiempo de elecciones los políticos visitan esta comunidad. Se aprovechan, pero no contribuyen en el desarrollo de esta gente que también cuenta para el país. Se comprometen en construir escuelas y dar oportunidades a la gente pero según dice Alberto Ríos, “todo queda en palabras”.

A pesar de toda esta realidad que vive la comunidad, en medio de estas circunstancias, hay rostros brillantes que con una sonrisa inspiran vivir  en medio de las vicisitudes. Cantan, bailan; son gente sencilla, muy humana, hospitalarias que se desprenden con facilidad de lo poco que tienen. Son gente trabajadora; madrugan todos los días a sus cultivos para conseguir lo suficiente para el sustento.

Respecto a la atención a los estudiantes, Secretaría de educación departamental ha contratado a algunos docentes, bajo la modalidad oferente a través del Vicariato de Guapi. Esta entidad eclesial está al tanto de lo que pasa en esta comunidad y visita constantemente a los estudiantes, docentes y padres de familia. El vicariato hace reportes de las dificultades que enfrenta esa comunidad, pero al parecer su clamor es nulo, ya que secretaría, que tiene los recursos y el deber de velar por el bienestar educativo, no lo hace.

El panorama no es distinto en Golondro, otro corregimiento ubicado a hora y media de San Francisco. Aquí tampoco hay aulas y les hace falta 5 docentes. Los estudiantes de grado 11 no han recibido ni una hora de clases en seis materias como inglés, química y matemáticas. Los estudiantes claman por mejores condiciones para desarrollar sus actividades académicas.

En el grado 11 se encuentra Fabio Luis Advíncula que, preocupado por los vacíos en algunas áreas, cuando ya se avecinan las pruebas icfes, dice que “el gobierno nos tiene abandonados, como si no existiéramos”. Relata que parece que al campesino no le prestan mayor atención y que “solamente se acuerdan de ellos cuando tiene algún interés”.

Este joven, junto con sus 18 compañeros hace el esfuerzo por aprovechar las horas libres leyendo y realizando tareas, ante la falta de suficientes docentes para sus clases. “Necesitamos la educación, somos importantes y tenemos derecho” clama con desolación ante la crisis que vive su institución educativa.

En la única institución educativa de esta comunidad de dos mil quinientos habitantes y 800 estudiantes, los  salones se vuelven inhóspitos cuando llueve, por la cantidad de goteras en los techos.  El restaurante escolar está en pésimas condiciones. Es construido en madera y también tiene goteras. Las pocas sillas las utilizan los estudiantes en los salones, porque tampoco tiene mobiliarios para todos los estudiantes.

El restaurante permanece solo porque, tampoco hay alimentación para que durante la jornada académica, los niños y jóvenes, se nutran y puedan tener condiciones óptimas para su aprendizaje.

La comunidad se siente desamparada y abandonada. Sienten como si no existiera un gobierno para ellos. Los padres de familia han tenido que construir casetas como aulas de clases para que sus hijos no dejen de recibir sus clases.

En Golondro no hay en qué emplearse. Aquí toca sembrar maíz, ir  la mina a sacar el escaso oro y sembrar papachina. La energía eléctrica llega por 4 horas y no hay servicio de salud.

Los ancianos deben transitar el extenso camino para llegar a la cabecera municipal a recibir el subsidio como adulto mayor. A algunos se les dificulta caminar y, para no perder esta migaja hace el esfuerzo de ir. En el trayecto deben pagar 40 mil pesos de ida y vuelta en lancha, además de la alimentación para los dos días que permanecen.

Esta es la compleja situación que afrontan día a día  muchas comunidades del pacífico colombiano, representadas en estos dos corregimientos, donde se sienten excluidos por el estado y donde la luz del progreso parece no brillar para ellos.

Su situación de pobreza es lamentable, pero sobre todo la falta de acciones concretas en cuanto a la educación deja mucho qué pensar del sistema político, económico y social de Colombia.