Desarrollo y despojo en Buenaventura

Buenaventura es un territorio de fronteras y moviliza más del 60 por ciento del total de actividades portuarias. Pero Buenaventura también es conocida por ser una ciudad en el que más del 80 por ciento de su población se encuentra en situación de pobreza.

Inge Helena Valencia P.
Inge Helena Valencia P.
Antropóloga, Directora del Departamento de Estudios Sociales de la Universidad Icesi
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13 de Octubre de 2016

Buenaventura es un territorio de fronteras. Por su cercanía a Panamá y fácil conexión por vía marítima con países del Asia-Pacífico, se ha convertido en el puerto más importante del país, movilizando más del 60 por ciento del total de actividades portuarias.

Actualmente, en la ciudad existen ocho proyectos que se enmarcan en el fortalecimiento de la logística portuaria haciéndolo el puerto más grande del país, centro de servicios del Pacífico por el cual se asegura una importante conexión de actividades comerciales.

A pesar de esto, Buenaventura también es conocida por ser una ciudad en el que más del 80 por ciento de su población se encuentra en situación de pobreza de acuerdo a cifras del Dane 2005.

La profunda pobreza en el puerto que más capital mueve en el país,  puede ser explicada a través de dos razones. La primera, a partir de la ruptura de los circuitos económicos locales  donde el proyecto portuario y las actividades comerciales se priorizaron por encima de las actividades productivas tradicionales como la pesca y la agricultura.

La segunda, tiene que ver con la manera en que se ha gestionado el manejo del puerto, que desde hace veinte años está manejado por élites foráneas, lo cual ha producido que no se reinvierta en la ciudad, produciendo unas preocupantes brechas sociales.

Buenaventura es el puerto más grande del país, pero sus hospitales y colegios están en crisis.

A esta difícil situación de desigualdad económica hay que sumarle que desde el año 2000 la presencia y control de  grupos armados como las Farc y las Autodefensas unidas de Colombia llenaron de terror la región.

Según datos del informe de memoria histórica sobre Buenaventura, entre 2000 y 2005 se produjeron más de 20 masacres, dejando un sinnúmero de víctimas y a la ciudad en una difícil situación de emergencia humanitaria.  

Aun cuando esta situación logró llamar la atención del gobierno, la violencia alcanzó un nuevo pico para comienzos de 2010 debido a la llegada de grupos armados herederos del paramilitarismo que mutaron de la mano de la criminalidad organizada.

Grupos como los Urabeños y los Rastrojos entraron a  retomar las rutas del narcotráfico en la región, y en su disputa  han asesinado cientos de personas,  hegemonizado barrios y los cuerpos acuáticos o esteros al interior de la ciudad.

La llegada de un nuevo modelo de desarrollo a la ciudad, la desatención del estado, y sus altos índices de pobreza, desempleo, marginalidad y debilidad institucional, y la movilidad continua de capitales públicos y privados han convertido a la ciudad en un lugar perfecto para las actividades ilegales.

Los procesos de desposesión y ausencia de oportunidades han facilitado el fortalecimiento de los grupos criminales del narcotráfico. Su operatividad facilita la permeabilidad de sus ofertas y demandas en la población joven.

Desde los grandes carteles hasta las nuevas formas de outsourcing delincuencial, el narcotráfico diversificado hoy se expresa en la intensificación de la violencia (masacres, desmembramientos, torturas, desapariciones, etcétera), las nuevas formas de control territorial que produce el desplazamiento masivo de la población, creando estructuras de control interno en la zona urbana y rural del municipio.

Finalmente y no menos importante, la población de Buenaventura, en su mayoría afrodescendiente, continúa una lucha histórica por el reconocimiento de sus derechos que se materializaron en la Ley 70 de 1993 o Ley de comunidades negras.

Pese a esta legislación, y la importante presencia de organizaciones sociales como el Proceso de Comunidades Negras, la fundación Rostros y Huellas, o el comité interorganizacional de defensa de los territorios ganados al mar, sus derechos siguen siendo vulnerados y los procesos de despojo se acrecientan. Buenaventura la tiene difícil en lo que concierne a los retos del posconflicto.

Lo que es evidente es que los retos no solo tienen que ver con la finalización del conflicto armado, sino con la manera en que el modelo de desarrollo vigente se reacomoda para que sea  capaz de ofrecer una vida digna, con bienestar económico y social a los pobladores del puerto más importante del país.

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