Construir opinión ¿Un asunto de forma o de contenidos?

En los líderes y ciudadanos políticamente correctos no confío, porque la perfección que buscan con sus actos medidos y de bajo riesgo hacen que ella sea un fin y no una búsqueda continua que nos motiva día a día a querer ser mejores a pesar que nunca lleguemos a serlos. 

Victor Hugo Viveros
Victor Hugo Viveros
Coordinador de Cultura Ciudadana
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16 de Marzo de 2017

Cuando me invitaron a escribir sobre el Pacifico pensé que era un honor y no quería defraudar. Para el primer artículo me tome casi 15 días en pensar y escribir sobre algo que fuese medianamente interesante y aportara salidas. En el caso del segundo artículo pensé que sería más fácil, porque considero que hay temas que no son estrictamente sobre el Pacífico pero que inevitablemente terminan afectándolo.

Todo un párrafo para terminar diciendo que este artículo no es sobre el Pacífico, es sobre el ejercicio de ciudadanía y liderazgo tan en boga en estos días, pero tan diluido y etéreo que hasta tristeza da.

A continuación quiero compartirles alguna reflexión surgida de una conversación con una amiga, sin filtro, sin pensar en consecuencia malévolas que nos tiene apostando en juegos de ajedrez, que nos permitan posicionarnos ante la reina y el rey, sin pretensión alguna de “jaque mate”, solo de supervivencia.

El Costo de Oportunidad en el ejercicio de ser ciudadanos

En la última década, quizás hemos vivido la mejor oportunidad que ha tenido generación alguna para hacer efectivo el ejercicio de ciudadanía, no solo porque se nos ha dado un escenario potencialmente más avanzado en temas de derechos, sino que la coyuntura nos ha dotado de suficientes canales para ejercer el poder de la opinión, ese que desde el simple rumor pudo generar revoluciones en los siglos XVII y XVIII, o el que desde un simple comunicado de 75 puntos pegado en algunos muros y puertas logró cambiar toda una estructura de poder hegemónico. Lo triste de todo es que esas condiciones han terminado siendo nuestra condena basada en el culto a nosotros mismos, en nuestras secularidades que no nos han permitido ver más allá y, sobre todo, nos han convertido en esclavos de nuestras propias imágenes, en las que dicho sea, solo nos gusta mostrarnos de formas ligeras, instantáneas y políticamente correctos.

Es un mal que viene afectándonos a nosotros los ciudadanos, incluidos nuestros líderes, esos que se han llenado de frases convenientes, que no arriesgan sus valores, sus paradigmas, sus temores, sus repudios, sus angustias, y cuando alguno de esos elementos se les escapa, rápidamente se dejan ver contradictorios, tensos y hasta perdidos, todo a causa de no dejarse ver vulnerables, tal cual como todos nosotros.

Esa carrera de solo mostrar el instante ha llevado a que hoy nuestros líderes sean tan gaseosos que rápidamente se nos diluyen ligera e incómodamente entre nuestros labios; son tan básicos en sus planteamientos que nos anticipamos a sus reflexiones; son tan vulgares en sus formas que no nos seducen; son tan mediocres que desesperan.

La oportunidad de esta nueva modernidad, cimentada en la tecnología, nos ha quedado grande, entendiendo que hoy sería más fácil congregar, convocar, seducir, discutir, disentir y concertar. El asunto es que a pesar de ello nadie quiere arriesgar nada, esa falsa idea de la inmediatez para comunicarnos que nos ha dado la tecnología, la hemos trasladado al éxito sin sacrificio, sin dolor, sin pérdidas. Esa ligereza como se percibe la realidad, trae consigo temores de no lograr nada, por ello ante tanto riesgo cabe preguntarse ¿para qué comprometer tanto?

Hoy creemos que todos somos ciudadanos libres y además, equivocadamente, convencidos que somos líderes, algunos medidos por votos, otros por likes, retuits y otras maneras virtuales que desconozco. Pero lo real es que como generalidad hoy en Colombia no estamos liderando nada para lo público, necesitamos respaldarnos abiertamente desde pequeñas apuestas y transformaciones, sin mayores ambiciones que lo cotidiano, pero con deseo de afectar la estructura y no la coyuntura.

Hoy, ser políticamente correcto es decir lo que otros quieren escuchar, reírse de las frases superfluas que otros narran o callar nuestras voces cuando otros atentan contra la libertad, contra los derechos. Esa mirada de lo correcto debería cambiar y ser asumido como la oportunidad de expresar lo que consideramos justo, lo que pensamos digno, lo que construye por y para lo público. Lo demás es una falta de carácter disfrazada de genuflexión, que al llegar a la privacidad de nuestras casas nos debe avergonzar, todos la hemos vivido y nos hemos sentido asqueado de nosotros mismos, porque no creo que exista algo peor que perder la dignidad frente a los seres queridos y uno mismo. Esa consciencia que en las noches nos acusa por nuestra debilidad y falta de franqueza, el problema es que en el trópico amanece muy rápido e inicia un nuevo día con sus afanes, con sus contratos y convenios, con sus relatos, esos que nos engañan nuevamente para hacernos creer que es el camino indicado.

El silencio que manejamos públicamente frente a la iniquidad, la corrupción, la violencia y sus atrocidades, recobra aliento, vehemencia y tono cínico para congraciarnos desvergonzadamente con pírricas glorias, en algunos casos, de aquellos que irónicamente generan nuestros males. Hoy nuestras voces son murmullos que en cocteles y actos sociales comentan del hampón del día, pero se hace fuerte, vigorosa y frentera ante el débil y caído.

Entiendo que somos un país construido desde el temor, la falacia que nos da el sentirnos libres es la que nos hace aún más esclavos, el temor a la incertidumbre es lo que nos hace más dependientes y condicionados, pocos delatan, pocos denuncian, pocos advierten, de esto no se escapa nadie, el político, el líder comunal, los funcionarios, las corporaciones, las fundaciones, los de prestación de servicios, los nombrados, los de contrato indefinido, los de termino fijo, el estudiante, el profesor, los periodistas, todos, por supuesto que existen salvadas excepciones .

Por lo anterior vale la pena preguntarnos ¿Queremos nuestra dignidad de regreso o no nos hace falta? Si la respuesta es que la queremos retomar, debemos movilizar más opinión sobre temas trascendentales y con nombres propios, debemos discutir más sobre nuestras convicciones y no acerca de generalidades, tenemos que socializar más información con desarrollo y no con frases inconclusas.

Construir opinión pública no es fácil, es una tarea cotidiana y debe ser tan rutinaria como subir y revisar fotos en las redes sociales, y tan necesaria para empezar cambios que nos urgen ya.

Creo que esa será un reto que deberé asumir con más juicio e inteligencia, no sé, es que es difícil no ser conveniente y dejar de pensar en las consecuencias, créanme los comprendo mas no justifico, así que relajémonos, tranquilos, que podría ser peor que vivir con nuestra frente baja.