"Tenía la razón sobre Kiko Gómez": Carlos F. Galán

En este perfil, el Senador habló sobre su lucha contra la corrupción, la dinámica del clientelismo en la política y la influencia de su padre en su carrera. Sostiene que “el liderazgo es peligroso” para el que lo ejerce.

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18 de Noviembre de 2016

Información del líder

 
Nombre del líder
Carlos Fernando Galán
Lugar y fecha de nacimiento
Bogotá, 4 de junio de 1977
Ciudades donde ha vivido
Bucaramanga, Bogotá, París, Washington, Nueva York
Estudios
Exterior con énfasis en economía en la Universidad de Georgetown. Especialización en Gobierno, Gerencia y Asuntos Públicos de la Universidad Externado. Maestría de Gobierno y Políticas Públicas de la Universidad Externado, en curso
Actividades profesionales
Senador de la República por Cambio Radical
Entidades o empresas con las que ha trabajado
Base de datos políticos de las américas de Georgetown y OEA. Revista Semana desde Washington. OEA. Revista Cambio. Editor político de El Tiempo. Concejo de Bogotá. Secretaría de Transparencia de la Presidencia de la República. Congreso de la República.
Líderes admirados
Churchill, Franklin Roosevelt y Barack Obama
Profesión frustrada
Economía y estudios urbanos
Columnistas favoritos
Daniel Samper Ospina, Daniel Coronell, María Jimena Duzán y Rodrigo Uprimny
Políticamente correcto
Causas que apoya
La paz, temas urbanos, enfrentar la corrupción y ley antitaurina
Libro leído recientemente
“La Oculta” de Héctor Abad. “La última tentación de Cristo” de Nikos Kazantzakis
Principales aliados o amigos profesionales
Ricardo Ávila, María Elvira Samper, Roberto Pombo, Enrique Peñalosa, Germán Vargas Lleras
Música favorita
Salsa, clásica, vallenato
Película favorita
Forrest Gump de Robert Zemeckis, Gladiador de Ridley Scott
Churchill o Gandhi
Gandhi
Bolívar o Santander
Ambos
 
Reflexiones

La Red Líder: La justicia condenó al ex gobernador Kiko Gómez por homicidio. Como director de Cambio Radical usted intentó que no le dieran el aval de su partido y no lo logró ¿qué opina ahora?

Carlos Galán: La condena a Kiko Gómez básicamente confirma que yo tenía razón desde un principio.

En el 2011, cuando llegué a la dirección del Partido, el señor Kiko Gómez ya era candidato del partido a la gobernación de La Guajira. Yo le revoqué el aval pero el Consejo Nacional Electoral decidió mantenerlo como candidato.

A raíz de eso lo que hice fue pedirle al Comité de ética, que era el único camino que me quedaba en ese momento, que investigara y expulsara a este señor del partido aún siendo gobernador.  Se demoró en hacerlo pero finalmente lo expulsó, capturado y ahora condenado.

Pero más allá de decir que tenía razón en este caso, creo que es una lección. Los partidos en general, y yo como miembro de un partido lo hago, tienen que trabajar para ser consientes de la importancia de la transparencia, de prevenir ese tipo de situaciones, de garantizar que los candidatos sean idóneos, que no haya cuestionamientos sobre ellos.

Esa es la única forma de que recuperemos los colombianos la confianza en las instituciones políticas, que son el instrumento que debe interpretar a los ciudadanos y que hoy no tienen credibilidad y llevan a que se debilite la democracia.

LRL: Usted fue finalista del premio Mejores Líderes de Colombia por promover que los partidos políticos le apuesten a candidatos de opinión transformadores en lugar de expedir avales a candidatos cuestionados ¿Es realista luchar por renovar los partidos políticos desde adentro, o es necesario hacerlo como su papá, como disidente?

CG: Él lo intentó de las dos maneras. Se salió del Partido Liberal pero regresó cuando logró cambios al interior del partido como la elección popular del candidato presidencial. No compartía la forma en la que funcionaba. Los dos caminos son válidos. Escogió los dos y lo hizo estratégicamente. Pensó que primero tenía que hacer un llamado por fuera para después lograr un cambio por dentro.

Hoy en día en la política colombiana es muy difícil luchar por fuera de los partidos, porque las reglas le dan prelación a los partidos. Lo otro es visto como una acción solitaria aislada que tiene pocas probabilidades de conseguir un resultado. Una pelea que he hado y seguiré dando al interior de Cambio Radical es el tema de los avales.

LRL: ¿Qué otro cambio ha hecho al interior de Cambio Radical?

CG: En la campaña a las alcaldías para 2016 vi dos opciones y me jugué con Peñalosa después de haberlo enfrentado 10 años antes en el Concejo. Estaba solo dentro del partido y recuerdo haber hablado con líderes de Cambio que me recordaban que no tenía ninguna posibilidad de convencer al resto.

Era el único del partido que apoyaba a Peñalosa. Absolutamente todos estaban con Rafael Pardo. Pero siempre pensé que Peñalosa era el más adecuado y tenía un mejor chance de ganar. Finalmente logré demostrar que Peñalosa era el personaje indicado. El apoyo de Cambio Radical a Pardo hubiera sido clave, pero el apoyo fue efectivo para Peñalosa.

LRL: ¿Considera que Cambio Radical es el partido más a la derecha del espectro político en la Unidad Nacional como sostienen algunos?

CG: Sí. Soy el ala roja liberal de Cambio Radical, pero sí hay muchas posiciones dentro del partido con tendencia hacia la derecha. Lo hemos visto en varios escenarios. Por ejemplo, manifesté mi desacuerdo con algunos miembros del partido que apoyaron el referendo de Vivian Morales. No voy a votar como votó esa parte del partido.

LRL: ¿Cree que la política colombiana está afectada por un fenómeno populista, que en el plebiscito fue la clave para el triunfo del NO?

CG: Sin duda. Mi papá hablaba mucho de la necesidad de avanzar en una cultura política que le permitiera a la gente tener capacidad crítica y analítica de las situaciones, eso es lo que le da libertad a un pueblo. Es tener conciencia y no depender de interpretaciones de ciertos líderes. Hoy tenemos ese reto porque vemos líderes efectistas que logran transmitir mensajes que, a pesar de ser equivocados convencen a la gente, como pasó en el plebiscito.

LRL: ¿Cómo pueden los partidos defenderse del populismo en esta época?

CG: Es el gran reto. Tenemos partidos que han dado marcha atrás en muchos casos, cómo avanzar en la construcción de un partido por encima de las personas. La prueba de eso es que los partidos que tenemos están alrededor de personas. Cambio Radical es un ejemplo, la U surgió por Uribe y ahora es de Santos. No están alrededor de ideas y no tienen procesos democráticos internos.

Algunos han tratado y hay que reconocerlo, como el Polo, el Partido Conservador, el Partido Verde, el Partido Liberal, pero están muy lejos de representar realmente un instrumento de organización política que represente a la gente, que se base en las ideas.

LRL: ¿Cuál cree que es el tipo de liderazgo más adecuado para el manejo de la coyuntura del país?

CG: Vi el discurso sobre el liderazgo colectivo del director de la Fundación Liderazgo y Democracia en los premios Mejores Líderes de Colombia y tiene sentido trabajar en promocionar un liderazgo que se construya en equipo y que no dependa de una persona. El liderazgo tiene que ser colectivo y constructivo, pero también tiene que ser pragmático y enfrentar de manera efectiva las expresiones populistas.

Esta nueva dinámica de comunicaciones con las redes sociales, de contacto del elector con el elegido es un reto para el liderazgo colectivo. Es más fácil para un líder populista mandar mensajes por estos canales de comunicación y llegarle directamente a la gente sin filtro y lograr apoyo e impacto.

La paz es un cambio que ojalá no tenga costos en sangre

Carlos Fernando Galán

LRL: ¿Cómo se explica que Colombia esté muy cerca de hacer un gran salto histórico con el tema de paz y a la vez al borde de un gran retroceso en temas de derechos?

CG: Estamos en una situación donde ese cambio que significaría la paz genera choque con sectores que no quieren el cambio y sí dar marcha atrás en lo que se ha avanzado en muchos campos. Ahí es donde está el reto. Es una crisis de transición que está teniendo Colombia. Un líder italiano a principios del siglo XX decía que Italia estaba en una crisis de transición. Esto se refiere a una crisis porque lo que debe morir no ha muerto y lo que debe nacer es muy frágil.

LRL: ¿En qué sentido?

CG: Estamos con una paz frágil que genera cambios profundos para el país, es difícil de lograr y no va a ser fácil construirla. Hay fuerzas que no tienen interés en que se logre, que para seguir siendo fuerzas importantes dependen de que no se logre. No creo que sea una contradicción, cuando hay cambios profundos suceden con obstáculos y diferencias.

Mi papá decía, ojalá no suceda más en Colombia que ‘los cambios de fondo en una sociedad como la colombiana, han tenido un costo muy alto en sangre’. Este es un cambio que ojalá no tenga costos en sangre.

LRL: Se tiende a pensar que los clientelismos son un vicio de los políticos y no una característica del sistema político. ¿Es posible hacer política en Colombia fuera de los grandes centros urbanos sin clientelismo?

CG: Hoy como funciona la política es muy difícil por la forma como se financian las campañas políticas. La organización política sin el clientelismo, como decía Rudolf Hommes, es muy difícil.

Por ejemplo, las expresiones de opinión son muy limitadas a centros urbanos. No tiene éxito en regiones muy apartadas. Ahora, eso no nos puede llevar a extremos. A mi papá lo acusaban cuando decía ‘no tenemos representación en el Gobierno, lo que uno tiene que lograr en el Estado colombiano es que haya un servicio civil profesionalizado’.

Lo he calificado como una orquesta cuando le cambian al director. Los músicos son profesionales, llega un nuevo director elegido popularmente y decide cambiar todo. No es lo ideal como debe funcionar el Estado. Para eso el Estado tiene el servicio civil y cargos directivos que son políticos y deben serlo porque quien lidera una política pública es un político. Los técnicos lo deben apoyar.

LRL: ¿Considera que si en Colombia hubiera un verdadero control fiscal, el clientelismo no desembocaría casi siempre en corrupción?

CG: Todavía hay un control fiscal y disciplinario muy débil en el Estado colombiano. ¿Cuál ha sido el problema? La politización de esos actores ha llevado a que se configuren mafias donde el líder político tiene control del legislativo. También tiene control del ejecutivo, y lo logra por la politización sobre el control fiscal y disciplinario.

Eso pasó en Bogotá en el periodo de Samuel Moreno. Concejales que tenían el hospital, la Personaría y la Contraloría, manejaban el tema de salud. Esa era la tenaza perfecta para hacer lo que quisieran sin que nadie los investigara.

LRL: El caso de la Guajira parece desafiar la tesis de que el poder central permite o estimula la corrupción en las regiones. ¿Son incapaces el ejecutivo y los órganos de control de dominar la corrupción sistémica en algunas regiones del país?

CG: Eso son retos que tenemos en particular en la Guajira. He conocido el caso por haberme opuesto y enfrentado con Kiko Gómez y Oneida Pinto. Es equivocado pensar que desde Bogotá tenemos claridad sobre cómo funciona y cómo debe arreglarse el problema de la Guajira.

Es un tema complejo donde el Estado ha fallado en la construcción de instituciones, como oposiciones locales fuertes, capacidades para la ciudadanía, funciones que debe cumplir el Estado, y el aparato judicial y policial.

Una persona política de la Guajira se acercó y me dijo: ‘usted no entiende bien cómo funciona la Guajira. Usted tiene que entender que es distinto a lo que ha concebido en su vida y lo que conoce en Bogotá’.

Al decirle que era consciente de que es distinto, me insistió que en mi caso, que mataron a mi papá, si fuera de La Guajira tendría 20 o 30 muertos encima. En la Guajira infortunadamente la justicia del Estado no ha actuado. Por eso hay famosas cadenas de venganza entre familias.

LRL: ¿Por qué son autónomos los poderes corruptos?

CG: El problema es que no son autónomos. La forma como se configura la elección de contralores y personeros dependen de la política. Hay tesis que establecen entregar los organismos de control a la oposición para que haya control. Esa tampoco es la fórmula porque se convierte en una pelea del gobierno con la oposición. Tampoco debe ser del gobierno. Deberían ser autónomos y hay que replantear cómo se eligen en Colombia.

Lo dije en la reforma de equilibrio de poderes y no se logró. Tampoco es que el concurso de méritos como hoy existe en la normatividad colombiana garantice eso. Por ejemplo, así ocurría con los gerentes de los hospitales, era a través de concursos.

LRL: Su padre murió hace 27 años y la corrupción política parece no haber decrecido sino por el contrario aumentado. ¿Qué es lo que Luis Carlos Galán hubiera hecho como presidente que no han hecho los presidentes de la República para romper ese lazo tan fuerte entre partidos políticos e ilegalidad?

CG: Su gobierno no habría sido fácil por el enfrentamiento que habría tenido con los actores políticos que conciben la política como un fin. El liderazgo que él tenía y la forma cómo actuó en su carrera traía una tendencia que lo habría llevado a ser coherente y no acceder a ese tipo de presiones desde la presidencia. El gobierno puede marcar la pauta de cómo se relaciona con los políticos y cómo define las cosas.

Hay acciones que se pueden tomar en el gobierno y que él habría tomado. Habría dicho no vamos a renunciar a principios en aras de lograr resultados.

Por ejemplo, el caso de Mockus, tuvo resultados en Bogotá importantes a pesar de que chocó con el Concejo, sufrió un bloqueo, pero en llave con Peñalosa logró sacar adelante muchas cosas palpables en la ciudad. Uno ve casos de liderazgo como el de Federico Gutiérrez en Medellín, que parece estar haciendo una política diferente.

LRL: Hay cierta confusión para entender la coyuntura histórica y por ende la política actual. ¿Cómo la entiende usted?

CG: La entiendo como una situación de crisis por transición y en un contexto nuevo por las formas de comunicación actuales. Hace 20 o 25 años la relación de un presidente, congresista o ministro con la gente era muy distinta a lo que es hoy. Hay mayor accountability y mayores dificultades, muchas veces porque se está en el ojo de la gente y ésta quiere que el líder le haga caso. Un líder tiene que tener claro la meta y convencer a la gente.

La cantidad de cosas que pasan por las redes sociales o WhatsApp, que se divulgaron durante la campaña del plebiscito y que la gente creyó, es una manera nueva de hacer política. Una manera impactante, efectiva y peligrosa, como se demostró aquí y en Estados Unidos.

LRL: Una de las razones por las que muchos electores rechazaron a Hillary Clinton fue el hecho de que los lazos de sangre fueran decisivos para ganar la presidencia de los Estados Unidos ¿Le parece que tienen razón quienes consideran antidemocráticas las marcas de apellido en la política?

CG: Decir que Hillary por ser la esposa de Clinton no podía o no debería haber aspirado es equivocado. Ella tiene liderazgo y lo que Obama dijo muchas veces, es la persona más preparada porque había estado en el gobierno, conocía los temas.

Aquí en Colombia nos han caído con eso y nos han encasillado un poco a lo Hillary. A mi papá lo mataron y no llegó al poder. Decidí hacer política 18 años después de su muerte. Hago política por ser Galán. Si fuera Pérez de pronto estaría haciendo otra cosa, pero en nuestro caso es distinto.

Hay otros casos donde hay un personaje que sigue actuando en política y tiene al hijo actuando en política y le entrega todo como si fuera la empresa familiar. Me parece que eso sí genera poca apertura en el sistema político. Aunque es normal que el hijo de un político le guste la política. Ocurre en Estados Unidos y otros países. Es difícil romper con eso.

 

Perfil de liderazgo

La Red Líder: ¿Cuáles diría que son esas influencias que han determinado su estilo y sus motivaciones de liderazgo?

Carlos Galán: Crecí en el tema político y en una familia donde había un líder muy influyente en su generación, que me marcó sin lugar a dudas. La manera de comunicar ha generado cambios en el mundo político. Un liderazgo como el suyo sería hoy aún mucho más fuerte.

Algo que me ha impactado mucho es Juan Manuel Santos y su obstinación con el tema de la paz, y como lo ha manejado. Ahí es como se prueba un liderazgo real. Santos es un personaje que desde el principio tenía una visión clara de qué quería hacer en un tema tan importante, que contra viento y marea lo ha hecho hasta ahora. Esperamos que lo logre. A pesar de derrotas y equivocaciones es constante y persistente.

LRL: ¿Cuáles fueron sus primeros rasgos o insinuaciones de liderazgo?

CG: En la universidad tuvimos liderazgo en la comunidad latina de Georgetown. Siempre me ha gustado la política, pero tener una participación activa fue progresivo. Soy una persona tímida y en política es raro. Mi papá también era tímido.

Él se sentó un día conmigo en una correría, querían llevarme a otro lado y no quise ir. Él se dio cuenta que no había ido por tímido. Me dijo ‘viejito, tienes que enfrentar eso, también lo he enfrentado en la vida. Ha sido muy difícil, sobre todo cuando estaba de tu edad, pero si uno no lo enfrenta puede tener frustraciones y no ser efectivo en lo que uno quiere hacer’. Él se transformaba en los escenarios públicos y con la gente pero cuando estaba en una reunión social era tímido.

Cuando estaba en el Concejo de Bogotá (2008 al 2011) estaba frente a un escenario nuevo y no sabía mucho. Recuerdo un libro de Edgar Artunduaga sobre los concejales en que me dio palo, cuando llevaba 6 meses. Decía que estaba preparado, que era inteligente pero inexistente.

LRL: ¿Qué adversidades ha tenido que superar?

CG: La muerte de mi papá. Eso le ayuda a uno a madurar rápidamente. Me marcó a mí, a mis hermanos y a todos los de la familia.

En política ha habido momentos difíciles. Por ejemplo, cuando uno se enfrenta con casos de personas cuestionadas y es derrotado, o no recibe el respaldo que uno espera. Son golpes duros.

LRL: ¿Cómo describiría la cultura de liderazgo en Colombia?

CG: En los premios a Mejores Líderes de Colombia se vio que hay liderazgo expresado de muchas formas. En Colombia hay muchísimos liderazgos desconocidos en todos los campos de la sociedad. Es muy poco publicitado y valorado. En el campo político es donde más se evidencia.

Estamos en un momento crítico que no es compatible con lo que está pasando en el resto del mundo. En Colombia hay una crisis de liderazgo político, no porque no haya líderes sino porque los líderes que tenemos, en algunos casos no son realmente líderes que interpretan y marcan un camino. El liderazgo de hoy tiene que repensarse.

LRL: ¿Cómo describiría a un líder?

CG: Un líder tiene muchas características pero es importante que sea una persona que no solamente le diga a la gente lo que quiere oír, sino que interprete las aspiraciones y marque un camino.

LRL: ¿A qué personas de la vida pública le reconoce liderazgo?

CG: Actualmente el liderazgo de Santos en el tema de paz. No hay muchos casos en política.

Enrique Peñalosa es una persona que tiene una obsesión con el tema urbano, con la forma como debe ocuparse el territorio, como se deben construir las ciudades. Se enfrenta a una incomprensión muy grande, a enemigos efectistas, populistas. Él tiene una visión clara de lo que quiere hacer con la ciudad, es un ejemplo de liderazgo y es importante reconocerlo.

Reconozco lo que significó Antanas Mockus en su momento, en particular en su alcaldía y el cambio que generó para la política. Todo el tema de cultura, de la legalidad y su actitud frente a lo público.

También hay liderazgos que han sido distintos, pero que han producido muchos cambios. Por ejemplo, lo que hizo César Gaviria como presidente, el gobierno de los últimos 30 años o 40 años que generó más cambios en Colombia con la Constitución del 91. Participó, lideró y contribuyó para que saliera adelante. Ese es un liderazgo no fundamentalista sino ‘consecuencialista’.

A Álvaro Uribe se le reconoce ser un líder impactante, pero me pregunto qué cambios profundos hizo el para el país. Una cosa muy importante es el tema de la seguridad, pero no hubo cambios profundos.

LRL: Y mirando hacia atrás, pensando en líderes colombianos ¿cuál le atrae?

CG: Alberto Lleras Camargo por el rol que tuvo en esa etapa difícil para acabar la violencia en Colombia. Carlos Lleras Restrepo y Alfonso López Pumarejo.

LRL: Ronald Heifetz sostiene que liderar es vivir peligrosamente. Porque el liderazgo tiene un lado no glamuroso, del que poco se habla: genera que otros se opongan a la iniciativa de liderazgo llegando incluso a buscar detener al líder. Esto ocurre porque el liderazgo transformador genera cambios y “pérdidas” para la gente al desequilibrando el statu quo. ¿Qué opina usted de esto?

CG: Completamente de acuerdo. Esa es una de implicaciones que tiene ejercer liderazgo. Genera enfrentamientos por posiciones distintas que chocan, y genera peligros de todo tipo. Desde la integridad personal hasta ser derrotado y no ser trascendente en lo que uno quiere hacer. El liderazgo es peligroso.

 

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