“Nos dimos cuenta de que, aunque se iba a firmar la paz en La Habana, la sociedad civil no se veía en la foto”: Fundación PazPaís

Hablamos con Sandra Castilla, presidenta de la Fundación PazPaís, quien está trabajando para que las empresas tengan espacios de pacificación, desde lo cotidiano, para formar a sus empleados como buenos ciudadanos.

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14 de Marzo de 2018

Red Líder: ¿En qué consiste la iniciativa de liderazgo de la Fundación PazPaís?

Sandra Castilla: La Fundación PazPaís nació hace 3 años. En ese momento nos dimos cuenta de que, aunque se iba a firmar la paz en La Habana, la sociedad civil no se veía en la foto. No somos guerrilleros, ni de la fuerza pública, tampoco víctimas directas o paramilitares, por lo que no nos iban a brindar ningún programa de ayuda. Por eso, no sentíamos que hiciéramos parte ni de los recursos, ni de la visión, ni de los programas de lo que significa el posconflicto.

Desde ese momento, empezamos a darnos cuenta, como grupo, de que lo que cada uno venía haciendo desde las diferentes disciplinas estaba teniendo grandes resultados en los cambios de los ambientes organizacionales de las empresas que impactábamos. Todos estábamos transformando los espacios desde una perspectiva de paz interior, de búsqueda de felicidad y de servir a los demás. Empezamos a ver que estos tres pilares de la humanidad sí daban resultados dentro de las organizaciones.

R.L: ¿Cómo se desarrolló la iniciativa?

S.C: La experiencia fue ver empresas que un día se dieron cuenta de que invertir en la gente sí traía muy buenos réditos económicos, porque se impactaba el ambiente organizacional y eso traía productividad y mejores relaciones, con lo cual el liderazgo dentro de las organizaciones empezó a cambiar hacía uno positivo y los jefes dictatoriales empezaron a quitarse las cargas. Ellos mismos se dieron cuenta de que podían ser felices, tratar con decencia a las personas, pero también encontrar los resultados económicos que la empresa les exigía. Que la presión la podían convertir en una diversión, porque empezaron a entender que pueden vivir con pasión en el trabajo en vez de presión. Cuando se trabaja de esta manera las cosas fluyen.

Vimos desde varios sectores económicos la forma en que impactábamos los ambientes. Entonces empezamos a mover el programa desde la comunicación, que es el área fuerte del grupo. Lo enfocamos hacía los conceptos sobre cómo generar buenos ciudadanos corporativos y decentes, para quitarnos la tripolaridad del colombiano. Somos uno en la casa, uno en la calle y otro en el trabajo. En la oficina somos divinos, salimos a la calle y somos terribles, nos empujamos en el Transmilenio y nos pasamos los semáforos, entonces cuando llegamos a la casa estamos bravos y estresados. Manejamos la ética a favor nuestro porque somos individualistas y egoístas dado que estamos en una sociedad de conflicto.

Entonces nos dimos cuenta de que en nuestra sociedad y en las organizaciones, más allá de las zonas de conflicto, la gente tiene que hacer un trabajo de empezar a pacificar su corazón. Por eso buscamos que se dé una humanización de las empresas. Es empezar a poner en el centro a los seres humanos y no a los procesos o a la productividad.

R.L: ¿Cómo se unieron?

S.C: Uno a uno. Cada uno empezó a llegar porque yo le iba contando. La idea salió de la validación de muchas personas que creyeron que era chévere hacer un sello de paz para las empresas.

Una vez hicimos los lineamientos, nos sentamos a entender qué tiene que tener una organización, que trascienda la ISO 26000 de responsabilidad social empresarial, la ISO 37000 de anticorrupción, todos los OHSAS y que, de todas formas, pueda integrarse a los estándares de calidad.     

Entonces quisimos adicionar los componentes que están más allá, que son los Derechos Humanos (DDHH) y los principios Ruggie. Estos últimos implican que las empresas asuman una responsabilidad en todo lo que significa construcción de cultura de paz y el respeto a los DDHH. 

Por su parte, es importante entender que los DDHH hay que cotidianizarlos. Tenemos que empezar a marcar la diferencia desde pequeñas cosas, como la forma en que trato a la persona que colabora en mi casa. ¿Es la empleada de servicio o es la asistente de mi hogar? Es un cambio que empieza en el lenguaje. Todos los seres humanos somos iguales de dignos, lo que implica que todos somos idénticos. La dignidad de las personas no se negocia ni por un sueldo, ni por un cargo o una ubicación en la ciudad.

R.L: ¿Qué aspectos vincula el sello?

S.C: Este sello vincula que por un lado tengo que humanizar a las organizaciones. Para esto tengo que utilizar las herramientas necesarias, como la comunicación, el relacionamiento y enseñarles a las personas a tener autoestima, autogestión y autonomía. Y que ellos empiecen a empoderarse. Además, tiene que trabajarse el tema de liderazgo dentro de la organización, que va más allá de las jefaturas, pues es aprender a vivir el aquí y el ahora y aprender a asumir las responsabilidades de mis acciones.

También tenemos que aprender a respetar a las personas desde la aceptación. Esto significa que todos somos diferentes y tenemos que asumirlo. La siguiente norma es que las diferentes visiones de vida son válidas. Nunca vamos a poder ver lo mismo que otra persona ve, pero sí tratar de entender por qué lo ve de esa manera.  Esto nos ayuda a entender que el conflicto es una diferencia de posiciones y a gestionarlo en las empresas.  

Por otro lado, está la implementación de los DDHH desde la cotidianidad.

Por último, una cuarta dimensión que le va a aplicar a las empresas es la implementación de los acuerdos de paz. No solo los de La Habana, sino los que vengan de aquí en adelante, es decir que es un tema apolítico. No se trata de si el guerrillero merece o no merece someterse a la JEP, no. Se trata de que hay un mandato presidencial y hay que respetarlo y cumplirlo. En este momento hay un mandato y son los acuerdos con las Farc que, aunque yo no los entienda o no esté de acuerdo, tengo que respetar. Es claro que unas organizaciones tendrán que implementarlo más que otras dependiendo de los sectores en los que se desarrollen, pero, por ejemplo, lo mínimo que debería ofrecer cada empresa es la posibilidad de que sus colaboradores se instruyan en la historia de Colombia, sin perspectiva. Lo mismo ocurre con el homenaje a las personas que han fallecido a lo largo del conflicto armado.

R.L: ¿Qué hace distinta a esta iniciativa?

S.C: Nuestro concepto es que las acciones cotidianas nos convierten en protagonistas de la cultura de paz organizacional. La Fundación, por la vocación de sus miembros y su equipo, es organizacional, porque creemos que es desde las organizaciones donde la fuerza laboral del país se ve representada en un 40%, donde se puede generar un gran impacto. Además, creemos que tenemos que convertir el tema de la paz en un tema cotidiano, es un tema que no podemos debatir o polarizar a punta de un Uribe o un Santos.

R.L: ¿Qué resultados han obtenido hasta ahora?  

S.C: Hemos logrado la unión de la sociedad civil, la academia e Icontec. Igualmente lanzamos la norma técnica del sistema de gestión de cultura de paz organizacional. Ya está el Sello que es del Icontec, quienes son los que certifican a las organizaciones. Además, montamos el modelo de Paz País Javeriana, que es uno de los caminos para llegar al Sello.

R.L: En ese sentido, ¿qué función cumplirán ustedes con las empresas?

S.C: Va a ser un poco decirles qué les falta para poder certificarse, ofrecerles el modelo para que las empresas hagan el camino más rápido, acompañarlos y generarles herramientas de la paz. Por ejemplo, un curso sobre DDHH u otro sistema de capacitación y formación que les llegue por la experiencia, por el juego, por pequeños videos o conferencias que les cuenten historias. Eso nos ha funcionado.

R.L: ¿Cuáles han sido sus principales aliados?

S.C: La Javeriana e Icontec han sido nuestros grandes aliados. Por otro lado, el apoyo de la Unidad de la Dirección de Cooperación Técnica de la Cancillería y la Agencia Presidencial para la Cooperación ha sido importante, pues si bien no ha sido en ayuda económica, nos han dado apoyo para saber que estamos yendo por el camino que es.

R.L: ¿Cómo ve el liderazgo colectivo?

S.C: Es algo fundamental. En la medida en que tú empiezas a generar individuos que son conscientes y que asumen la responsabilidad de sus vidas y de sus actos, se crean líderes.

R.L: ¿Cómo se construye la paz?

S.C: La paz se inicia en casa, y la casa es el corazón individual de cada uno. Es decir, si yo no genero paz interior, cómo espero tener un ambiente de paz en mi entorno. Paz interior es aprender que nada ni nadie que esté fuera de mi puede robarme la tranquilidad.

R.L: ¿En qué raíces teóricas se basa esta iniciativa?

S.C: Este proyecto tiene una base teórica fuerte en la antropología empresarial. Se puede resumir en la frase que dice que las organizaciones son tribus. Son grupos de personas que comparten creencias, ritos, crean dioses y semidioses, y héroes y villanos. Compartimos toda una conducta tribal que se llama cultura organizacional. Si se mueven las creencias de una tribu, se mueven las creencias de sus individuos. Por esto, si desde las directrices deciden que van a crear una cultura de paz organizacional, cada miembro lo tendrá que aceptar.

R.L: ¿Qué tan comprometidas están las empresas?

S.C: Yo creo que un 120%. A todas las empresas, de todos los sectores, a las que hemos ido y les contamos esto, les ha gustado. Tenemos un poco más de 50 empresas permeadas con este proyecto.

R.L: Hagámosle a la Paz es una de las herramientas que ustedes han desarrollado para crear conciencia sobre lo que ha sido el conflicto en nuestro país y la responsabilidad que tenemos todos los colombianos en la construcción de la cultura de paz. ¿En qué consiste el juego?

S.C: Es un juego de recorrido donde hay tres personajes que representan a los diferentes actores del conflicto: sociedad civil, gobierno/FFMM y guerrilla. Cada jugador debe ganar monedas en el juego mientras cumple un rol, que equivale a cada uno de los actores. El tablero se divide en conflicto y posconflicto. Entonces, por ejemplo, en el caso del área de conflicto, hay casillas donde se representan herramientas de conflicto como soborno, secuestro o masacre. Al caer aquí cada jugador debe cobrar o pagar monedas dependiendo del rol que esté cumpliendo en el juego. El juego muestra las dualidades de ética que se ven en el conflicto. También hay preguntas donde hay pistas y los jugadores deben adivinar los personajes y los eventos que fueron protagonistas en el conflicto armado. En la casilla Hagámosle a la paz se juega con tarjetas sobre diferentes tratados de paz en el mundo y en Colombia. Con esto queremos generar conciencia de nuestra historia y la violencia por la que pasamos.

R.L: ¿Actividades profesionales de los líderes?

Sandra Castilla. Comunicadora Social y fundadora de la Fundación PazPaís.

Paola Ramírez. Comunicadora social. Trabajó mucho tiempo en el área de publicidad.

Jorge Luis Conrado. Contador y auditor.

Camilo Medina. Experto en temas de emprendimiento. Ha estudiado mucho los temas de paz.

Patricio Tamayo. Tiene su empresa de consultoría y formación. Experto en modelamientos.

Y otras personas que nos han acompañado desde hace dos años.

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