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“Lo más ofensivo es que el líder populista trata al pueblo como si fuera menor de edad”: Adriana Gaviria

Adriana Gaviria, Directora Ejecutiva de Fulbright en Colombia y Ph.D en políticas públicas estuvo en La Red Líder hablando de la necesidad de construir audiencias más críticas y educadas a la hora de liderar.

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23 de Mayo de 2018

Red Líder: ¿A qué líder político del mundo admira? ¿Por qué?

Adriana Gaviria: Tuve la oportunidad de hacer mi doctorado en Nueva York con una beca Fullbright, justamente antes de ser Directora Ejecutiva del Programa. Durante esos cuatro años fue gobierno Obama y pude observar más de cerca cómo fue el desempeño de Obama como presidente y como líder en un país como Estados Unidos. A mí me pareció un liderazgo ejemplar, porque tiene unas características muy balanceadas en su forma de pensar que evita radicalismos, fundamentalismos y extremos, pero siempre sus decisiones van marcadas por una iniciativa y un deseo de distribución y de ayudar a los más pobres. Es decir, es muy consciente y muy sensible de las poblaciones vulnerables, de las poblaciones menos favorecidas y de las minorías étnicas.  Eso le dio un carácter especial a su gobernanza, pues detrás de cada decisión había un espíritu, un alma. Y eso es importante, porque yo creo que las decisiones políticas pueden ser de mil talantes, pero lo que al público le hace falta ver es qué alma y qué espíritu hay detrás de cada decisión política. Qué convicciones y qué ética tiene el líder detrás de las políticas públicas que está movilizando.

Porque muchas veces, independientemente de la posibilidad de lograr o no cosas, de ejecutar o no políticas públicas, de llevar a cabo proyectos o no en lo público desde un gobierno, pues siempre hay un alma, un espíritu allá atrás que permite ver las convicciones, los valores, los principios, y la ética de un gobernante. Y eso fue lo que Obama reflejó durante sus años de presidente. Detrás de un líder y de un gobernante había una persona con una ética muy alta y con unas características personales y unos valores muy ejemplares.

Lo que hemos perdido en el mundo es la capacidad de tener los ojos y la observación para llegar a lo que hay debajo de una política pública, de una propuesta de gobierno y es conocer realmente cuáles son los principios, los valores y la ética que mueven a un candidato, a un líder, a un gobernante.

R.L: ¿Qué pueden aprender los líderes políticos colombianos de él?

A.G: Yo creo que nosotros tenemos líderes que tienen características similares a las de Barack Obama. Y no se trata de hacer una lista. Pero yo sí veo en varios de nuestros líderes esa condición y es mantenerse en una ética muy estable durante toda su vida pública, ser capaces de transmitir lo que significan esas posiciones éticas con respecto a los principios y a los valores que van a inspirar la serie de decisiones políticas que van a tener que hacer en ciertos cargos.

 Y en cambio a otros sí les hace falta. Si uno tiene que caracterizar al político colombiano, al líder o al gobernante colombiano, pues lamentablemente hoy vamos a encontrar muchos más que se basan en una serie de propuestas de gobierno o propuestas políticas, o promesas políticas, pero debajo de eso no dejan ver los principios éticos y los valores que guían eso. El ciudadano colombiano difícilmente podría explicar cuál es la ética de toda una serie de gobernantes que hoy están en puestos importantes, y es porque no hay transparencia en esa comunicación entre la propuesta y lo que hay detrás.

R.L: ¿Cuáles son los mayores retos que enfrentan los líderes políticos a la hora de ejercer su liderazgo en el mundo de hoy?

A.G: Yo creo que un reto principal es que definitivamente para ser líder hay que tener audiencias. El líder no se hace en solitario, sino que el líder tiene unos seguidores y se hace líder cuando esos seguidores expresan su admiración, su acuerdo por esos principios que ese líder está manifestando y ejerciendo. Y ese es el problema: la ruptura de la comunicación entre las audiencias y los líderes. Ni hablar de la tecnología, la comunicación y la dificultad que hay de encontrarse con esas audiencias.

Por eso pienso que las audiencias, para poder seguir a un líder de manera legítima y valedera, tienen que ser audiencias educadas. Es decir, estamos hablando de audiencias que desarrollan un criterio y una opinión propios, y por lo tanto se adhieren a un líder porque se identifican con esos valores detrás de ese líder.

Por ejemplo, y esto se deriva de mi experiencia como estudiante en Nueva York, yo oía todos los días las noticias en la radio pública, en NPR, y me encantaba porque me sentía informada. Era una cadena de noticias que permanentemente estaba transmitiendo información, no opinión. Si uno quiere conectarse para saber la opinión de un experto o de un no experto sobre un tema se conecta en otro tipo de programa, que es de opinión. Pero cuando uno se conectaba a la radio pública, uno sabía que tenía los “facts”, los hechos. Quiero informarme. Y soy yo quien después quiero generar un criterio, opinar sobre lo que está pasando. Digamos que la responsabilidad de la opinión se la adjudicaban a la audiencia.

Acá en Colombia uno prende la radio por la mañana para informarse, y lo que encuentra es una cantidad de opiniones o de personas que generan y movilizan opinión, que adquieren unas responsabilidades enormes, porque realmente es como si le estuvieran arrebatando a la audiencia su responsabilidad de generar opinión propia, porque ya se la están dando con la noticia que están explicando. Y eso es subestimar a las audiencias y pensar que no tienen la capacidad de generar sus propias opiniones. Por eso en Colombia las audiencias no son muy críticas, ni son educadas, porque ni siquiera les estamos dando los espacios para que generen sus propias opiniones.

Para que un líder se conecte con una audiencia, que yo creo que es el reto principal de los líderes hoy, pues las audiencias tienen que estar educadas, es decir tener unos bagajes y unas informaciones básicas, comunes, generales, que les permitan desarrollar un criterio sobre una idea que está comunicando un líder, y entonces decidir si van a ser seguidores de este líder que está defendiendo esa idea. Ahí hay una ruptura tremenda. Al líder le cuesta más trabajo pues no hay esos conductos de comunicación y se ve expuesto al riesgo de utilizar mecanismos no muy ortodoxos sobre cómo contactar a esas audiencias, y ahí entran los mecanismos de manipulación.

El líder tiene un deber de educador. Un líder no puede confundir y engañar para conseguir una audiencia, Un líder tiene que educar y, si al final la audiencia se queda con él o no, eso es otra cosa. Un líder educa y un líder que eduque con transparencia y con legitimidad seguramente va a desarrollar audiencias que después lo van a seguir por su propia fuerza.

R.L: Algunos analistas afirman que el mundo atraviesa una “crisis de liderazgo” global. ¿Está usted de acuerdo con esta afirmación? ¿Por qué?

A.G: No me atrevería a decir si esto es de nuestros días solamente. Yo creo que eso ameritaría un estudio más profundo, una tesis que investigue si de verdad hay cada vez menos líderes o cómo ha cambiado el tema de liderazgo. Yo me acuerdo de un profesor de antropología en la Universidad de los Andes, hablando de la falta de ídolos, y de pronto esto está relacionado. ¿A quién seguimos los colombianos y en el mundo en general? Porque la definición de la palabra liderazgo es muy amplia. Y hoy por hoy, yo creo que con la tecnología, y con los medios de comunicación, con las redes, con las modas, con la globalización, seguir a alguien se convirtió en algo muy superficial. Tú puedes seguir a cualquier persona por redes o por Instagram solo porque ves las fotos, y dejar de seguirla con la misma facilidad. Y alguien podría argumentar que esa persona que tiene tantos seguidores en Instagram o en un reality show de todas formas es un líder en el sentido de que tiene unas audiencias que lo siguen y unas audiencias que están copiando sus comportamientos y que están valorando esos comportamientos como unos modelos a seguir.

Entonces es tremendamente poderoso, porque eso es liderazgo, no de la manera tradicional como debería ser y como es concebido y se espera, pero esos son los liderazgos de hoy. Es muy preocupante, porque en un descuido se pasa de ese liderazgo Instagram, de modas, de globalización, de fotos, de tendencias, al liderazgo político, en un minuto, que fue lo que pasó con Trump. Trump viene de ese liderazgo de mover masas no educadas que siguen unos patrones y unos modelos que también fueron condicionados por los medios de comunicación desde temprana edad, por los intereses del consumo que el mismo líder también defiende.

Crisis de líderes sí la hay, por lo menos si lo valoramos desde el punto de vista de lo que hablaba al principio de la entrevista, y es qué valores, qué principios y que ética tienen los líderes detrás de su liderazgo. Las personas que están movilizando masivamente audiencias, y sobre todo audiencias jóvenes que son las que más nos deberían ocupar, son líderes que no reflejan tanta transparencia en sus principios y valores, o por lo menos no hay claridad sobre cuáles son.​

R.L: Hay distintos tipos de liderazgo político.  Por ejemplo: liderazgos positivos y liderazgos negativos.  ¿Cuál cree usted que es la principal diferencia entre unos y otros?

A.G: Otra vez lo primordial. Están el líder educador y el líder manipulador, por calificarlos de alguna manera simple y ser más claros. Obviamente nada es blanco y negro, pero un líder educador es aquel que profesa unos principios, unos valores y unas formas de pensar, un mindset, como dicen en inglés, y a partir de esa transmisión de su ser y de su ética y de lo que lo componen, pues la audiencia va a entender que cualquier decisión que este líder tome, cualquier política pública que decida, cualquier programa de gobierno que diseñe va a estar inspirado y regido por ese origen al que ya una audiencia le cree, y eso es educar.

Yo creo que los debates de gobierno deberían volver a ese origen en el que se les pregunta a los candidatos por su ética, por sus principios, que son preguntas más interesantes porque tienen que ver con el ser detrás del candidato. Los debates de gobierno mundiales se han vuelto muy repetitivos, porque hablan todos de programas de gobierno y todos podemos anticipar qué va responder el candidato. Si hubiera unos debates y unos contenidos de campaña que realmente nos dejaran ver al ser humano, al ser de valores y de principios y de ética detrás del candidato, sería más fácil para el votante decidir quién va a ser su candidato. Porque al final de cuentas, realizar un plan de gobierno al pie de la letra como fue escrito y diseñado en campaña es bien improbable. Ese candidato una vez es gobernante se va a enfrentar a una cantidad de coyunturas que no eran anticipables, y lo que queremos las audiencias y los votantes es confiar en su criterio y en las decisiones que ese criterio le va a hacer tomar sobre cada coyuntura que se la vaya presentando. Realmente lo que queremos conocer es la capacidad ética de esa persona, cómo va a decidir sobre lo impredecible, y no qué plan de gobierno me va a entregar el día de la campaña porque ahí todo es perfecto, todo es muy similar y repetitivo.

Los líderes negativos se enfocan mucho más en la manipulación. Al carecer de los principios, de los valores y de la ética, se basan más en lo superficial, contratan asesores externos que les definen el plan de gobierno y el discurso, la cáscara, y ellos lo predican. Ahí puede haber mecanismos de manipulación, de hacer que los otros piensen que yo si voy a hacer eso, pero nunca vas a dejar ver el ser detrás de ese programa de gobierno y ese candidato.

R.L: Durante los últimos años han emergido, en distintos lugares del mundo, liderazgos populistas.  ¿Cómo hacer frente a esos liderazgos?

A.G:  Lo que le permite la educación a un individuo es darle profundidad a sus pensamientos, percepciones y posiciones, porque todos nacemos con emociones y cualquier efecto externo produce en nosotros la reacción de una emoción. Si uno no se educa y no entra en profundidad a valorar capas más profundas de esa capacidad humana de analizar, reflexionar, ir más a fondo, pues se queda en la capa de lo emocional. Y es la más sencilla, es la que todos tenemos. Es la más inmadura e infantil.

Y el populismo se dedica a comunicarse y a interactuar con esa capa más superficial y más emocional de todas las masas. Que es justamente la que no se ha curtido ni educado, la que no necesita grandes profundidades ni trayectorias académicas para curtirse o producirse, sino que existe en lo más inmediato y automático de cualquier ser humano, y, sobre todo, es la que genera lazos más rápido.

Aprender cómo llegar a masas a través de las emociones es un arte que una vez se adquiere produce con mucha eficiencia una comunicación. Esa es la gran estrategia de los candidatos populistas, entender las frases, las fórmulas, los discursos, las palabras, los nichos que generan más reacción en las emociones de un pueblo y de una masa para hacer creer que todo un plan de gobierno o unos principios éticos van a responder a esa emocionalidad que se está generando en las audiencias. Es facilista, engañoso, pero lo más ofensivo es que un líder populista trata al pueblo como si fuera menor de edad, es un pueblo que se deja ser tratado con unas características de incapacidad de generar criterio, reflexión y profundidad.

Una vez que haya un grupo poblacional educado, con unos bagajes, aprendizajes y unos contenidos ya adquiridos, lo que ganan es criterio y la capacidad de cuestionar.

R.L: ¿Qué relación debe haber entre el liderazgo político y las instituciones?

A.G: Casi siempre he trabajado en el sector público y eso me ha hecho desarrollar una admiración, una cercanía y un valor muy especial por las instituciones públicas. Porque he encontrado unas instituciones que son muy difíciles de manejar y de ponerlas a producir, muy estáticas en muchas cosas, muy amarradas a unas formas de pensar y de hacer del pasado, y por eso mismo he admirado mucho más a los líderes que han estado al frente de estas instituciones y han logrado hacer algo. Los gobiernos pueden cambiar, y con los gobiernos cambia el líder y por lo tanto los directivos de una cúpula de gobierno que rota según el presidente, pero debajo de eso hay unas estructuras de miles de personas que no rotan. Un ministerio no cambia toda su nómina porque hay un presidente nuevo.

A lo que nos enfrentamos es a la continua formación de empleados públicos donde lo que importa es la constitución de unos valores y unos principios de servicio público para que se generen esas instituciones, porque finalmente las instituciones son personas. Después llega el líder y dirige esas acciones hacia unos fines u otros. Un líder no llega con gente nueva. No es borrón y cuenta nueva. Las personas ya están ahí. Lo ideal sería que las instituciones tuvieran la capacidad de generar esa solidez, esa estabilidad y esa permanencia en el tiempo, y esa construcción permanente para que ellas solas vayan teniendo, a través de políticas estado de largo plazo, una identidad, unos éxitos, unos resultados, una continuidad. La altísima rotación de líderes afecta también la institucionalidad, porque impide esa continuidad, esa reflexión, esa evaluación de los hechos para mejorar lo futuro, esas lecciones aprendidas.

Si uno ve otros países, incluso con la región, Colombia es un país con instituciones fuertes, donde hay unos procedimientos claros, están definidas las funciones de cada ministerio, los ministerios no se crean y desaparecen cada dos años, sino que son los ministerios que son, hay una estructura y un organigrama claro con unas funciones claras. En términos de un país en desarrollo en América Latina, creo que podemos decir que no quedamos dentro de los peores y más desinstitucionalizados. Sí hay uno temas de corrupción, unos hallazgos, pero ¿qué tanto eso puede opacar a Colombia y a la institucionalidad colombiana?

En ese sentido, la primera tarea de un líder que trabaja en instituciones públicas es la conexión con los grupos de funcionarios públicos que componen esa institución. Y para eso necesita generar primero credibilidad y conexión con ese equipo, para que le reaccionen a las instrucciones o a las ideas que va a dar. Y esa tarea es admirable. Algunos lo hacen muy bien. Nosotros tenemos ministros y exministros que han tenido unas conexiones con sus ministerios excepcionales, y que es de felicitar porque realmente es un tema personal. Ahí es donde se demuestra la parte del liderazgo donde ya no estás buscando un voto, sino un funcionario que haga con el corazón aquello que tú estás inspirando con una política. Su tarea prioritaria, y que tiene que hacer muy rápido, es conectarse con toda esa institución a través de sus funcionarios.

 

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Cindy Carrillo

24 de Mayo

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Definitivamente hacen falta medios como NPR en Estados Unidos o NDR en el norte de Alemania que sólo informen para que los colombianos podamos decidir que opinar respecto a muchos temas de coyuntura, no veo ningún medio incluyendo la Silla que cumpla ese objetivo en Colombia.