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“La polarización es uno de los grandes retos de los líderes hoy": Inge Helena Valencia

En La Red Líder estuvimos con Inge Helena Valencia, directora del Departamento de Estudios Sociales de la Universidad Icesi en Cali. Hablamos de los líderes que admira, de los retos que tienen los líderes de hoy, de educación y de posverdad.

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30 de Mayo de 2018

Red Líder: ¿A qué líder político del mundo admira? ¿Por qué?

Inge Helena Valencia: Primero, uno que puede sonar muy cliché, pero que para mí ha sido muy interesante: Nelson Mandela. No solo como mandatario cuando él toma la presidencia de Suráfrica, sino por la trayectoria que tiene desde ser abogado, después hacer parte del Consejo Nacional Africano, haber pasado por la lucha armada y finalmente haber sido alguien condenado a prisión que sale con la idea de construir un proyecto político, apostarle muy fuerte a la reconciliación de un país y de una sociedad. Creo que eso puede ser muy interesante para lo que estamos viviendo ahorita.

Otra figura es la de Ángela Merkel, que viene de la Unión Democrática Cristiana, por lo que supone defender en este momento una apuesta liberal en medio de un contexto que, a futuro, puede presentarse como muy radical, muy conservador. Es muy interesante por lo que significa hacer un gobierno de coalición y ser la defensora de un proyecto muy liberal, que es la Unión Europea. Creo que es importante cómo se está posicionando de cara a la polarización de lo que está pasando con Trump y con Putin. En lo geopolítico es interesante leerla y me gusta que sea esa figura femenina también. Muy fuerte y muy conciliadora, muy diferente a la figura de lo que fue Thatcher en los ochenta para Gran Bretaña. No hay punto de comparación. Creo que ha tenido una apuesta muy valiosa en acoger a los refugiados y tener una política de migración muy distinta a la que están planteando países como Italia y la misma Francia.

Hay otros liderazgos emergentes que no están solamente en el campo de la política. Por ejemplo, Chimamanda Ngozi Adichie ha logrado posicionar discusiones políticas como las de género, de racismo, de discriminación, desde un lugar aparentemente no político que es la escritura. Ha hablado mucho desde el campo de la literatura, pero finalmente le está hablando al contexto político actual y a la opinión pública. Creo que se está volviendo un referente muy interesante en lo que es reconocer otros puntos de vista, tener empatía por el otro, y en una tendencia del feminismo setentero de sacar lo privado a lo político. Está haciendo cosas muy interesantes desde el ser mujer, mujer africana, nigeriana, que viaja a Estados Unidos, jugando mucho con las distintas posiciones que tiene. Y decide volver a Nigeria y hacer una apuesta por su país.

R.L: ¿Qué pueden aprender los líderes políticos colombianos de ellos?

I.E.V: Los tres tienen en común que le apuestan a la reconciliación y a la capacidad de negociación, siempre teniendo en cuenta los puntos de vista del otro. Mandela abrió discusiones a la necesidad de reconciliar y de construir casi que un nuevo proyecto de sociedad. Merkel es una figura muy interesante en esa idea de la negociación y lo de Chimamanda lo pensaba en esa idea de reconocer los puntos de vista del otro. Los tres tienen en común la capacidad de reconciliar y saber ceder. En un contexto de conflicto, de posacuerdo y posconflicto como el que estamos viviendo, los tres les plantean muchas cosas a los líderes políticos, pero también a lo que somos como sociedad. A la capacidad de reconciliarnos, de ceder, a la capacidad de negociación, de reconocer que el otro puede pensar diferente, sin tener que eliminarlo, y que es necesario escucharlo para aprender a negociar y poder construir un proyecto común. Esa es una gran enseñanza.

R.L: ¿Cuáles son los mayores retos que enfrentan los líderes políticos a la hora de ejercer su liderazgo en el mundo de hoy?

I.E.V: Para los líderes hay un reto muy importante que es mantener sus posturas éticas, esas cosas que no se negocian, independientemente de las ideologías, de las filiaciones partidistas y eso creo que es un reto a nivel mundial. Lo que significa la ética no solamente como enclave de esas distinciones entre qué está bien o qué que está mal, sino en la responsabilidad moral hacia uno mismo y en la responsabilidad en los valores sociales hacia los otros.

Y pensando un poco en las relaciones que hay con los seguidores, con quienes escuchan a los líderes, en este momento hay dos retos muy grandes, no solamente por lo que estamos viviendo aquí en el país, sino en general. El primero tiene que ver con los contextos que cada vez son más polarizados. Creo que mantenerse o erigirse ahí como líder es más difícil, por el desafío que supone poder conciliar visiones, poder generar un equipo, poder generar la posibilidad de una audiencia que se piense como parte de algo común. La polarización es uno de los grandes retos que tienen los líderes hoy para no caer en la misma falacia que es pensar “si no es conmigo es contra mí, y “yo me paro en esta orilla y soy líder de este lado”. Uno de los grandes retos de hoy es que un líder tenga la capacidad de escuchar sobre todo al que no piensa como él, y al que está en desacuerdo con el proyecto que tiene. Este contexto de polarización extrema lo estamos viviendo en el país con todo lo que está pasando con las campañas presidenciales, pero también en Estados Unidos, en Europa. Los resultados de la elección de Trump, del Brexit, muestran lo dura que puede ser la polarización.

Esto conecta con otro reto muy grande y es ¿cómo hacer frente a todo esto que hemos llamado posverdad, a los manejos emocionales de la opinión pública? Uno podría decir que posverdad y polarización están conectadas y creo que otro de los grandes desafíos, tanto para líderes como para audiencias, es justamente averiguar cómo hacer frente a este manejo de la opinión pública que a veces se presenta tan visceral. Los líderes deben tratar de ir más allá de los efectos de la posverdad. También se trata de cómo generar unas audiencias más preparadas que las que todo esto nos está mostrando. Casi que uno puede decir que la posverdad se erige como un poder muy fuerte en este momento y tanto líderes como audiencias tienen que enfrentarla.

R.L: Algunos analistas afirman que el mundo atraviesa una “crisis de liderazgo” global. ¿Está usted de acuerdo con esta afirmación? ¿Por qué?

I.E.V: Creo que hay dos cosas que están pasando ahí. Por un lado, puede haber una crisis de los referentes más tradicionales, como en esa idea del líder carismático, individual. Considero que hemos perdido grandes referentes, por ejemplo, pensando en Mandela, y en muchos de estos grandes políticos que tenían una apuesta ética. Hay una crisis en los valores que representan esos grandes liderazgos que se consolidaron en el gobierno, en el espacio de lo político y también de lo político electoral. Lo que hoy nos queda son unas figuras, en general figuras masculinas, que tienen mucho poder en este contexto de polarización, de posverdad y de crisis que estamos viviendo. Trump y Putin calan ahí perfectamente. Hay una crisis de los referentes éticos.

Pero también hay que verle la otra cara a la moneda. Hay liderazgos de otro tipo que comienzan a presentarse con repertorios diferentes y que creo puede ser interesante visibilizar. Pienso en liderazgos a veces mucho más colectivos, movimientos de otro tipo que se convierten en referentes globales, como pasó con el Mitú, que no están personalizados en un solo individuo, sino que tienen una apuesta colectiva. Hoy por hoy, por ejemplo, las reivindicaciones alrededor de género son mucho más visibles, no por las reivindicaciones de sujetos individuales o personales, sean hombres o mujeres, sino por unas reivindicaciones a veces más colectivas y que ponen sobre la mesa la discusión sobre cómo hay una transformación en algunos repertorios. Ahí hay unos liderazgos emergentes, que no son muy visibles mediáticamente, pero que comienzan a aparecer con fuerza.

R.L: Durante los últimos años han emergido, en distintos lugares del mundo, liderazgos populistas.  ¿Cómo ve usted este fenómeno?

I.E.V: Creo que lo primero es reconocer la heterogeneidad o las diferencias de los populismos. Lo otro es comprender por qué emergen los gobiernos populistas. No solamente el populismo en sí, sino lo que hay alrededor para que emerja un gobierno populista. ¿Por qué la gente ve representada en una sola persona la capacidad de resolver muchas de sus necesidades? Uno podría pensar que los gobiernos populistas tratan de conectarse y de construir figuras que representen intereses de sectores que muchas veces no han tenido acceso a los espacios de decisión. Podemos tener populismos más de derecha o de izquierda. Un gobierno populista en Colombia pudo haber sido el de López Pumarejo, que trató de hacer unas rupturas muy grandes con el proyecto conservador que lo precedía, que trató de darle un impulso muy fuerte a la educación, de abrirle los espacios de decisión a la clase obrera después de un periodo muy conservador y que tuvo expresiones de fuerte violencia. Y hay populismos que en este momento de polarización vuelven sobre discursos conservadores profundamente proteccionistas, por ejemplo, el caso de Trump. Eso se puede leer con sus pros y sus contras en cada uno de ellos. Pero lo que necesitamos comprender ahí es cómo emergen estos proyectos populistas, no solamente los líderes, sino también entender cuáles son las necesidades de la gente para que se canalicen de esa manera en una figura, en una figura que sí creo que lo que tiene de negativo es que se presente como el salvador o el mesías o que un individuo solo vaya a resolver unas condiciones estructurales de desigualdad.

En un continente como el nuestro, que ha brillado muchas veces por las profundas desigualdades, es posible entender la emergencia de esos populismos. Y ahí lo que me parece complicado de entender es que un proyecto político se personalice. Que uno crea que la transformación que debe tener una sociedad para ser más justa, más equitativa, más democrática se personalice en un individuo y que uno crea que esa persona es la que va a resolver todo. Es muy importante entender la distancia entre lo que representa el líder y lo que significa su proyecto político como tal. Creo que eso puede ser lo más negativo de una figura populista. Eso y la relación que pueda tener con ciertas prácticas autoritarias, ahí yo diría que hay una anulación de la democracia y de lo que puede ser el gobierno en sí.

R.L: ¿Cómo hacer frente a esos liderazgos populistas?

I.E.V: Esto pasa por audiencias más educadas, pero la educación está ligada a una cuestión de equidad. En sociedades no tan desiguales es difícil que emerjan gobiernos populistas. ¿Por qué en América Latina emergieron gobiernos populistas con tanta fuerza? Yo creo que es una cuestión de brechas, de fracturas sociales relacionadas con un tema de desigualdad muy fuerte que se sigue viviendo hoy. Creo que tiene que ver también con las cuestiones de la redistribución y el reconocimiento.

Para mí la universidad tiene ahí un papel muy importante. Esta debe estar en constante sinergia con  la sociedad, tiene que hablarle a la sociedad, tiene que intervenir, tiene que hacer. Soy una plena convencida de esa relación entre academia y sociedad. Las universidades deben estar apostándoles a procesos de transformación social. Desde la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, acá en Icesi, tratamos de tener una apuesta fuerte para que esa relación sea mucho más dinámica. Tenemos una idea de intervención y de transformación, tratamos de incidir en la región, a través de actividades de investigación, docencia y extensión.

 

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