“La era de los gigantes ha terminado”

La película Churchill, protagonizada por Brian Cox y dirigida por Jonathan Teplotzky, ya está en las carteleras de cine del país. A propósito de su estreno el #RecomendadoDeLiderazgo es este artículo escrito por John Simpson y publicado por la BBC, que describe las controversias de la formidable carrera política del líder británico Winston Churchill.

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23 de Agosto de 2017

Texto original en BBC Magazine

En el año 2002 la BBC transmitió una serie llamada 100 Británicos Estupendos. Después de cada programa en donde se proponía y se examinaba a distintos personajes –usual pero no exclusivamente los obvios, como Darwin, Shakespeare e Isabel I–, los televidentes eran invitados a votar.

Al final, no hubo duda de su veredicto, Sir Winston Churchill fue el más estupendo de los británicos.

El argumento para esto es, por supuesto, muy poderoso. Fue ministro de gobierno en 1908 por primera vez, y durante medio siglo ocupó casi todos los puestos de mayor nivel político. Finalmente se retiró en 1955, habiendo ocupado el cargo de primer ministro por un total de nueve años.

Pero fue su extraordinario liderazgo durante la Segunda Guerra Mundial lo que lo marcó. Fuerte, valiente e incansable en su determinación de acabar con la Alemania Nazi, inspiró a una nerviosa y vacilante Gran Bretaña a desafiar las probabilidades y nunca rendirse.

La historia del mundo hubiera sido diferente si él no hubiera llegado al poder en Gran Bretaña en 1940.

A pesar de esto, Churchill cometió grandes errores durante su larga carrera política –Gallipoli, los Negros y Caqui (Black and Tans) en Irlanda, apoyar el uso de gas venenoso.

Actuando como un ministro de hacienda particularmente inexperto durante los años veinte, devolvió a Gran Bretaña al patrón de cambio oro (gold exhange standard). John Maynard Keynes, el gran economista, consideró que este fue un factor principal para que se diera la Gran Depresión.

En los años treinta, fue un duro oponente del nacionalismo indio, y su lenguaje hacia Gandhi bordeaba con el racismo.

Tercamente apoyó a Eduardo VIII durante la crisis de abdicación de 1936, a pesar de que este no estaba calificado para el trabajo.

Hubo también grandes errores durante la Segunda Guerra Mundial.

Después de esta, a pesar de estar viejo y enfermo regresó al gobierno de 1951 a 1955, rehusándose por mucho tiempo a dejar su cargo.

Es una poderosa letanía de fracaso y juicios erróneos, que el Dr Nigel Knight, un académico de la Universidad de Cambridge, ha examinado con detenimiento. “Churchill fue fundamentalmente defectuoso. Esto se demostró en su estrategia militar: Galllipoli durante la Primera Guerra Mundial fue replicado en las campañas de Noruega y África del Norte durante la Segunda Guerra Mundial.”

Sin embargo, en ese momento supremo, en mayo de 1940, Churchill tuvo toda la razón.

Durante los años treinta visitó la Alemania de Hitler y reconoció el peligro que corría el mundo. Muy pocas personas en Gran Bretaña o en Estados Unidos querían saber de esto, y muchas veces tuvo problemas vendiendo a la prensa sus artículos sobre la maldad de los nazis.

Y por supuesto, en cuanto llegó al poder, sus extraordinarios discursos inspiraron a todo el país y lo mantuvieron andando.

Boris Johnson, el alcalde conservador de Londres, quien publicó un libro acerca de Churchill, cree que la determinación característica de Churchill para conseguir por sí mismo lo que quiso fue la marca de su grandeza. “Es una ilusión pensar que fuera un retórico que no profundizaba en los temas. El estaba sumergido en todos los detalles y todos los tecnicismos. Y eso le ayudaba a llegar a la respuesta correcta.”

En 1938-39 la opinión pública en Gran Bretaña, medida por la organización Mass Observation, estaba en desacuerdo con la política de apaciguamiento de Neville Chamberlain.

Pero la posición política de Chamberlain era inexpugnable. Aun cuando la guerra ya había estallado en septiembre de 1939, el escenario más probable era que Gran Bretaña llegaría a un acuerdo con Hitler y se haría a un lado.

Sin embargo, Chamberlain no pudo mantener a Churchill fuera del gabinete.Él estaba nuevamente en el centro del poder.

Mientras que Hiltler se abría camino por Europa del Este, Churchill permaneció fiel a Chamberlain, prohibiendo que sus seguidores filtraran a la prensa historias hostiles.

Eventualmente, Chamberlain, con sus políticas en la ruina, se vio obligado a renunciar. No tuvo otra alternativa que proponer a Churchill como su reemplazo.

Churchill fue un hombre decente y honorable, así como encantador, y fueron estas cualidades, no solo su famoso carácter desafiante, las que lo hicieron primer ministro.

En realidad, él nunca dijo: “la historia será amable conmigo, pues pretendo escribirla”, sin embargo, así sucedió. Sus trabajos de historia fueron tan buenos, que le merecieron un Premio Nobel de Literatura.

Ningún otro primer ministro puede, ni remotamente, acercarse a los logros de Churchill. Cuando murió en 1965 el historiador Sir Arthur Bryant dijo: “La era de los gigantes ha terminado”.

Bryant estaba en lo correcto –e incluso esto es una muestra del éxito de Churchill. Desde que él destruyó el despotismo de Hitler, nuestros líderes políticos no han tenido la necesidad de ser gigantes. Pueden ser solo ordinarios.

 

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