Jorge Enrique Robledo #TrendingLíder360º

En la semana de los #2AñosRedLíder publicamos los perfiles de liderazgo de los candidatos presidenciales que han pasado por La Red Líder. Jorge E. Robledo, senador por el Polo Democrático afirma que el "mundo funciona sobre liderazgo" y que no es fácil trabajar desde el "desierto de la oposición". Perfil publicado 5 de julio de 2015. 

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16 de Febrero de 2017

Perfil publicado 5 de julio de 2015. 

 

Entorno del líder

LRL: Todo liderazgo surge de unas influencias en la vida: personales, intelectuales, vivenciales, de todo tipo. ¿Cuáles diría usted que son esas influencias que han determinado su estilo y sus motivaciones de liderazgo? 

JER: Creo que hay dos cosas que pueden haberme influido bastante, que son determinantes en todo lo que soy.

Uno, el movimiento estudiantil de 1971, que es el movimiento estudiantil más grande de la historia de Colombia, y que me cambió profundamente mi manera de pensar.

La otra, haberme vinculado al MOIR, que es mi organización política de base desde siempre.

LRL: La confianza en sí mismo es fundamental para el liderazgo. ¿De dónde proviene su confianza en sí mismo?

JER: Sabe que nunca he pensado en eso. No soy una persona calculadora, actúo y voy haciendo lo que la vida me va diciendo que debo hacer, pero no pensando en que soy líder. Simplemente, hago lo que creo que  debo hacer.

Si se trata de asegurar que tengo confianza en mí mismo, probablemente tenga que ver con que soy una persona de fuertes convicciones éticas, me esfuerzo por ser coherente y soy juicioso en estudiar lo que digo o hago. Pero no con la idea del liderazgo, sino con la idea de acertar.

Para mí acertar, lograr que lo que pienso coincida con la realidad, es la clave. Por ello me esfuerzo por hacer solo afirmaciones de las que me sienta seguro. Verán que en el Congreso hay temas que no toco o toco muy poco.

LRL: ¿Cuáles son esos temas  de los que usted se abstiene un poco?

JER: Cantidades, el mundo hay miles de temas, y yo hablo de unos cuantos.

LRL: ¿Cuáles son esos cinco temas más importantes de los que usted habla?

JER: En general, hablo más de economía y de relaciones sociales que de otros temas.

La Comisión en el Senado a la que uno pertenece lo especializa mucho. Hablo bastante de agro, que es una lucha mía desde mucho antes de llegar al Congreso. Me pueden ver hablando de educación, fui 26 años profesor universitario. También de salud, que es un tema que he trabajado. O de minería, algo de medio ambiente también. Y hablo de política, por supuesto, pero menos. Y, claro, de libre comercio y neoliberalismo.

Por el Congreso pasan leyes sobre las que no opino u opino poco. Prefiero  preguntarles a mis amigos del Polo, que son fuertes en temas en los que no lo soy.

LRL: Las adversidades ayudan a formar el carácter y la personalidad del líder. ¿Qué adversidades ha tenido que superar?

JER: Yo no diría que adversidades, sino realidades. Por ejemplo, haber estado toda mi vida, desde que era  estudiante universitario, en la lucha por cambiar a Colombia, lo que me ha implicado estar en la oposición, en el bien llamado desierto de la oposición. Estoy seguro que eso forma carácter, porque para estar en el Congreso 12 años, oponiéndome a las muchas verdades establecidas, que son falsedades, se necesita carácter.

A los que estamos en la lucha por salvar a Colombia se nos tiene que templar el carácter.

LRL: ¿Por qué dice que es el desierto de la oposición?

JER: Porque en la oposición no tiene acceso al poder, se es maltratado y vilipendiado, porque lo tergiversan, porque lo derrotan.

Con este sistema político tan corrupto, por supuesto que estar en la oposición es bien duro. No crean que resulta fácil pararse todas las semanas a expresar desacuerdos con los poderes establecidos y con el pensamiento dominante en el país

LRL: ¿A usted qué lo motiva a hacer eso todos los días?

JER: Quiero cambiar a Colombia, que podría ser un gran país, porque opera muy por debajo de su potencialidad, y eso me decidió a entrar en la lucha política desde 1971.

Los que gobiernan a Colombia ganan las elecciones pero gobiernan muy mal. Y mientras eso sea así, estaré en la oposición. Tengo el gusto de no haber votado por un solo Presidente de Colombia. Eso significa que ninguna de las incontables malas decisiones que se han tomado en el país en las últimas décadas ha contado con mi respaldo.

LRL: ¿Cuál es el origen regional de su familia?

JER: Mi madre era Ibaguereña y mi padre, Manizaleño. Yo nací en Ibagué pero viví en Manizales 30 años y mis hijos son Manizaleños. Soy  “Toli-Caldense”.

LRL: ¿Cuáles fueron sus primeros rasgos, actos o insinuaciones de liderazgo?

JER: Siendo niño, 8 o 10 años, era algo así como líder de un grupo de amigos.

En el colegio hice algún liderazgo, pero algo negativo, en el sentido en que me divertí bastante.

LRL: ¿Por qué negativo?

JER: Porque no era el más juicioso del curso. Luego, alcancé a ser uno de los dirigentes estudiantiles de arquitectura de la Universidad de los Andes. Luego, en luchas gremiales y políticas he tenido varias responsabilidades de dirección.

LRL: ¿Por qué se interesó por la política y la economía siendo arquitecto?

JER: Porque me tocaron el movimiento estudiantil colombiano de 1971 y las grandes movilizaciones internacionales estudiantiles de finales de la década de 1960. Y porque los arquitectos no somos de palo. Creo que se equivocan las personas  que no se interesan por la política porque de ella depende la vida de los pueblos y porque si uno no se mete en política, de todos modos la política sí se mete con uno. Claro que no quiero decir que cada uno tenga que ser un dirigente político, pero sin interesarse.

Si se mira la política con seriedad, debe mirarse la economía con seriedad. Porque se hace política, finalmente, para acceder al poder y el poder, en muy buena medida, es para definir sobre los asuntos económicos y sociales. Entonces, si yo no entiendo de economía, ¿qué tipo de político soy?

Fui durante 26 años profesor de tiempo completo en la Universidad Nacional de Colombia, en la Sede de Manizales. Fui un profesor bien juicioso, recorrí todo el escalafón, gané casi todas las distinciones que la universidad les otorga a sus docentes. Pero, al mismo tiempo, en todo momento estuve en política. No de manera profesional como lo estoy ahora, en el senado, pero sí en mis fines de semana, tardes, noches, vacaciones. Así me gane la vida honradamente. Pero toda mi vida he estado en política . Y he sido un buen trabajador, algo adicto al trabajo.

LRL: ¿Cuáles habilidades han facilitado su liderazgo?

JER: Una puede ser que me cabe el mundo en la cabeza, por la formación de mi sector político y por mi manera de ser. Alguien decía que un político, si se toma en serio la política, debe ser un especialista en generalidades. Es decir, debe ser una persona capaz de comunicarse con los especialistas en salud, educación, ciencia, industria, lo que sea, así no se haya especializado en esos temas. Y ojalá pueda ser especialista, de verdad, en algunos temas. He asumido esa actitud. Diría que me cabe el mundo en la cabeza, Colombia en la cabeza, porque he sido una persona estudiosa.

Lo segundo es que creo que se me entiende lo que digo, y no me refiero a los especialistas, sino al común de las personas. En ello hago un gran esfuerzo. No sabe cuánto preparo la organización de un debate, aunque también improviso en las formas, para no perder espontaneidad. A este aspecto le concedo una gran importancia. Manías de profesor.

Tercero. Actúo con honradez. Creo que las personas saben que no tengo juego debajo de la mesa ni trucos ni mañas, sino que lo que digo es lo que pienso, en lo que creo, y que lo hago preocupado por la suerte de Colombia, a partir de una concepción patriótica y democrática.

Y  trabajo duro, soy riguroso y hago esfuerzos por  darme del valor que se requiere para ir en contra de la corriente. 

LRL: ¿Considera que maneja bien las emociones y la inteligencia emocional?

JER: Sí, bien. Tengo  niveles de autocontrol más o menos buenos, pero a todos nos afecta el temor  y la realidad. El problema es si uno logra no desesperarse y no perder  la capacidad de análisis y de tomar decisiones presionado por los hechos, sobre todo por los difíciles. Los que estamos en la oposición tenemos unas ciertas facilidades en eso porque es toda una vida en condiciones complejas. Pero no voy a negar que veces se me salta la piedra. Es que hay cosas…

LRL: ¿Usted cree que estar en la oposición lo hace beligerante?

JER: Para poder estar en la oposición se tiene que tener el carácter que le permita estar en minoría y no aminorarse. Es común que  mucha gente actúe con la idea de “para dónde va Vicente, para donde va la gente”, pero si se quiere cambiar a Colombia no se puede actuar así. Y a mí me ayuda mucho la certeza de que mis puntos de vista contienen mucha más verdad, muchísimo más acierto, pero infinitamente, que los de los que suelen ganar las elecciones. Porque no las ganan porque tengan la razón sino porque utilizan métodos que yo, por principios, descarto.

Visión de liderazgo

LRL: ¿A qué personas de la vida pública le reconoce usted liderazgo? Y mirando hacia atrás, pensando en líderes colombianos ¿cuál le atrae?

JER: El país y el mundo están llenos de líderes de todos los niveles y tipos, esa es una cosa que es interesante de señalar.

En cualquier grupo social al que usted se acerque, hay líderes. Lo que pasa es que se confunde la idea de ser líder, con que si no se sale en la televisión no se es líder. Pero son cosas diferentes.  En la televisión salen los líderes de ciertos sectores y de ciertos intereses, así sean bien mediocres. Pero si usted se va a un barrio popular, ese barrio está lleno de líderes, y así en otros tantos casos.

En el mundo del magisterio hay liderazgo, en el mundo de la medicina, en todas partes. El mundo funciona sobre liderazgos. Además, hay liderazgos que son más notorios en unos momentos que en otros, pero  ahí están. Y siempre ha sido así.

En general, admiro  gente  desconocida, pero le puedo mencionar líderes algo conocidos que admiro, como Carlos Gaviria o Francisco Mosquera, el fundador del MOIR. En general, los líderes que muchos ven como líderes yo no los veo como líderes, o, mejor, los veo como líderes pero negativos, de ideas equivocadas, que defienden intereses que no son los de los colombianos.

LRL: Una visión de liderazgo tiene un diagnóstico de la situación a intervenir, una meta hacia a dónde ir y una fórmula para lograrlo. ¿Cuál diría usted que es su diagnóstico, fórmula y meta?

JER: El diagnóstico: ¡El país está muy mal y empeorando, que es lo más grave!

Colombia está lejísimos de operar al nivel de las enormes potencialidades de su rico territorio y de las calidades de su gente. Es un país muy  atrasado tecnológica y científicamente y en todos los órdenes.

Les doy una cifra: el PIB per cápita de Colombia es de  entre 7 y  8 mil dólares, mientras los países desarrollados están por los 50.000. Esto  nos muestra que Colombia está  súper mal, es un desastre. Y estoy hablando en los términos de desarrollo capitalista. Por eso es que no le  admiro el liderazgo a ninguno de los que aparecen como líderes en Colombia, porque son  anti-líderes, por así llamarlos, o líderes del error. El señor Adolfo Hitler, para poner un caso extremo, fue un líder, pero espero que no inspire a muchos.

Una fórmula: Una convergencia nacional para sacar  el país adelante, una convergencia como nunca ha existido en Colombia, pero genuina, no de un puñado de privilegiados disfrazados de unidad nacional pero para pescar solo para ellos mismos. Una convergencia que represente los intereses del conjunto de Nación, es decir, de los sectores populares, las capas medias y el empresariado que esté por hacer de este un gran país, que nos haga sentir orgullosos en el concierto internacional.

El Polo solo no puede sacar el país adelante, el Senador Robledo solo no puede sacar al país adelante. Aquí necesitamos generar una gran convergencia nacional. El ideal sería tener una “unidad nacional” que es el nombre que se ha usado en países exitosos, pero como Santos se apropió de la frase y se la tiró, la desacreditó, pues no se puede usar. Se tiene que reemplazar por otra y propongo que sea la de  convergencia nacional, abierta a que de ella hagan parte personas y sectores políticos de los más diversos orígenes, porque también creo que en todas las banderías, sin excepción, hay gente confundida, que quiere lo mejor para Colombia y que cabe en esta propuesta.

A mi juicio, el primer propósito que hay que lograr es la autodeterminación del país, la soberanía nacional a la hora de decidir cómo debe orientarse a Colombia. Colombia nunca saldrá adelante mientras sea un  Estado vasallo de los Estados Unidos o de cualquiera otra potencia extranjera. Relaciones con todos los países del mundo, sí, pero no alianzas como la de la zorra y la gallina.

LRL: Usted habla de una convergencia nacional. ¿Por qué la Unidad Nacional que hay en este momento no representa esa convergencia?

JER: Porque Santos y quienes lo rodean son líderes de lo que no debe ser, porque gobiernan contra el progreso del país. ¿Qué auténtica convergencia nacional puede haber allí si gobiernan para un puñado cada vez menor?

Me pregunto ¿los enfermos de Colombia están representados por Juan Manuel Santos y la Unidad Nacional?, ¿los campesinos  estarán representados por ellos?, ¿los empresarios a los que arruinan los TLC estarán representados por Juan Manuel Santos?, ¿a los educadores colombianos sí los representan ?, ¿y los desempleados o a la mujeres…?

El Gobierno Nacional lo que representa es a ciertos combos cuya astucia consiste en hacer que ellos no sufran las consecuencias de sus peores políticas o que, de alguna manera, puedan compensarlas con toda suerte de gabelas y no pocas corruptelas.

Estos líderes lo que han hecho es montar unos grupitos para gobernar mal, pero cuidándose de no sufrir como sufren los demás colombianos por sus malas decisiones. Esta podría ser una  acertada del régimen de la partidocracia que tanto daño le hace a Colombia y que le impide resolver sus problemas porque ni siquiera le deja desplegar toda su enorme potencialidad.

Su gran viveza ha consistido en separar su suerte personal de la suerte de la nación, en lograr que a ellos le vaya bien mientras al resto de los colombianos le va mal. Un ejemplo clásico: ¿Cuántos hijos, sobrinos o nietos de ministros de educación estudian en los colegios públicos que esos ministros han diseñado? Y les importa un pepino la suerte del prójimo y del país.

¿Será que el hijo de Santos sabe lo que es el desempleo o si quiera lo piensa como un riesgo personal? Cuando a Santos lo operaron ¿recibió el mismo servicio de salud que reciben los demás colombianos?

LRL: Ahora hay otro partido de oposición, muy radical, que es el Centro Democrático, ¿usted cree que ese de verdad es un partido de oposición?

JER: Pues en el sentido más  general, sí. Como fue el partido Liberal opositor al gobierno de Álvaro Uribe.

Es oposición en unos cuantos temas, pero en los temas sustanciales del modelo económico y las relaciones sociales no son oposición. Hoy, por ejemplo, debe votarse un proyecto de reforma de salud que tramitaron en conjunto el Gobierno y los del Centro Democrático, porque coinciden en relación con las EPS. También hay que votar la ley de Zidres, que llamamos ley Urrutia, que es horrible sobre asuntos de tierras rurales. Los están votando juntos la Unidad Nacional  y el Centro Democrático. Coincidieron en el respaldo al TLC con Corea y a la Alianza del Pacífico. Y votaron juntos un acuerdo de Colombia con la OTAN.

Inclusive en el tema del proceso de paz, en lo que es más evidente la controversia, hay confusión. Allí la diferencia no es realmente en lo estructural, porque es obvio que los dos sectores están por acabar con las FARC de alguna manera. Lo que discuten es cómo hacerlo. Creo que no me sobra agregar que el Polo está contra la lucha armada y que respalda el proceso de paz para que las armas de la ilegalidad desaparezcan y que quienes las empuñan retornen a la legalidad.

En cambio nosotros sí tenemos una contradicción con Santos como la que tuvimos con Uribe, de fondo y en los temas medulares, o en mi caso con  Pastrana, Samper y Gaviria, antes del Polo. Y esas diferencias son medulares.

LRL: ¿Cuál es el ejemplo que usted le da a sus seguidores? y ¿Cómo encarna con su ejemplo los valores de su visión?

JER: Hay cosas en las que la gente puede leer en mis actuaciones y  que son ciertas.

Por ejemplo, es verdad que  soy una persona honrada y eso seguramente es una cosa que a mucha gente la puede atraer, o que yo soy una persona responsable en mis actividades laborales como profesor en su momento y ahora como congresista. Ese es un valor que la gente puede apreciar.

La gente puede ver que soy estudioso y que me caben Colombia y el mundo en la cabeza. Probablemente también se aprecie, como resultado de lo anterior, que la lucha que hago por cambiar a Colombia es genuina, sin dobleces.

No tengo truco ni maña, para mí  la política no es un negocio. Es más, no hago negocios ni me mueve el arribismo. Si la vida me llevara a quedarme sin protagonismo, esté segura que no sufriría una crisis personal.

Hace mucho rato preferí ser que tener. Ustedes revisan mis cuentas y tengo unos ingresos muy menores, relativamente. Hay gente que me dice “usted dice lo que yo quisiera decir”, cosa que me produce una gran satisfacción. Por eso alguna vez sacamos una publicidad que decía “Robledo soy yo”.

LRL: Cuando se trata de valores, ¿cómo transmite o encarna usted esos valores?

JER: Hay algo que resalto mucho y que Carlos Gaviria resaltaba también, es la coherencia. Lo que digo corresponde con lo que hago, no tengo doble vida. Eso me parece un aspecto clave.

Pero son tantas cosas... Soy de los que creo que se viene al mundo y se aspira a que sus cosas personales y las de sus seres queridos les salgan bien.  

Pero también pienso que los seres humanos tenemos el deber de hacer esfuerzos por dejar un planeta  mejor que el que encontramos. No solo mejor en los asuntos  micro, sino un mundo que sea conceptualmente mejor, políticamente mejor, económicamente mejor, socialmente mejor,  en general y para todos.

Los seres humanos, en ese sentido, debemos alejarnos del automatismo de nuestra animalidad, de la que también estamos presos, porque somos parte del reino animal.

Debemos hacer esfuerzos para que el mundo sea un mundo de cada vez mejores seres humanos, en medio de una gran diversidad. Porque no se trata de que todos tengan que pensar como yo pienso; un mundo de gente mejor donde la felicidad no esté  centrada en que para ser feliz tengo que ver que daño les hago a los demás, que mi supuesta felicidad o el pensamiento de lo que creo es mi felicidad no sea la desgracia del prójimo, el sufrimiento de los demás ni las carencias absurdas de los demás. 

LRL: ¿Cuáles son sus principales resultados en materia de liderazgo?

JER: Yo he tenido solo dos vidas, la primera en la universidad y la segunda en la política.

En la universidad hice toda la carrera en el escalafón, fui el primer Profesor Titular en la historia de la sede de Manizales de la Universidad Nacional de Colombia. Tengo tres distinciones  que la Universidad le confiere a sus docentes. Y, por un libro de mi autoría, soy Premio Nacional de Arquitectura en teoría, historia y crítica. Como docente puedo decir que cumplí con mi deber, pero tampoco creo que cumplir con el deber sea una cosa del otro mundo, porque ese es un deber básico, elemental.

En política siento que voy cumpliendo, porque soy Senador de la República y eso supone, en el escalafón de la política, significa haber conquistado unos  logros. Pero, ¡ojo!, no son solo míos. Creo que tengo el respaldo del mejor equipo de voluntarios, jóvenes y no jóvenes, del país.  Sin ellos no estaría donde estoy. Resalto que estar en la oposición es especialmente duro, complicado y difícil, porque aquí lo que hay contra la oposición son garantías hostiles, un cerco de garantías hostiles. Todo el poder nacional conspira para que nosotros ni siquiera existamos.

Yo diría que en esas dos cosas, que es a lo que he didicado mi vida, me ha ido más o menos bien.

LRL: ¿Hay una iniciativa, particularmente en el Senado, que usted vea como un logro principal?

JER: Hay muchas cosas particulares, pero pongo como ejemplo mi lucha agraria. Creo que esa es una lucha que ha conseguido logros  importantes, incluso desde antes de llegar al Senado.

Por ejemplo, en 1995, logramos la condonación total de más de 100.000 deudas cafeteras. Sin ella, esas familias habrían perdido sus tierras.

Una  parte del movimiento agrario que hoy existe tiene que ver con organizaciones agrarias que ayudé a crear en su momento y de las que fui dirigente. Creo que eso ha sido una parte importante de mi vida.

Fui profesor de 50 generaciones de estudiantes de arquitectura. Espero que algo positivo haya quedado. Los libros que he publicado también los valoro.

Mi papel en la  construcción del MOIR y del Polo, por ejemplo,  son cosas a las que les doy muchísimo valor. La votación que obtuve en el Senado, la más alta del país, 196 mil votos, por supuesto me enorgullece, pero sobre todo por la forma como gané ese respaldo y por las altas calidades de las personas que me ayudaron  en la tarea.

LRL: ¿Qué tan bueno es concentrar tantos votos en uno?, ¿eso si da una buena capacidad de acción en el Senado?

JER: Probablemente sería mejor que esos votos estuvieran más repartidos en el Polo. Lo que pasa es que esas son cosas que no dependen de uno porque todo el mundo va a elecciones buscando sacar el mayor número de votos.

Ahora, de todos modos no tengo más votos a la hora de decidir en el Senado del que tienen mis colegas. Pero en política la votación mayor sí da más  juego, en el sentido en que da un poco más de autoridad, más gente lo escucha a usted y eso cuenta mucho. No es lo mismo ser Senador de 10 votos que Senador de 100 votos, aún cuando formalmente sí  lo sea lo mismo.

LRL: Hablemos de la cultura de liderazgo en el país. ¿Usted cómo describiría la cultura de liderazgo del país?

JER: Diría que la cultura de liderazgo público en el país es de lo peor. Porque aquí lo que está  instalada es la idea de que todo vale, de que el fin justifica los medios y que lo que importa es tener éxito, en lo que sea, en la política y los negocios, por ejemplo, sin importar cómo.

Lo que tenemos en grandísimas proporciones es una manera de hacer política putrefacta, que apesta. Es una suma de combos, de coger  mediocres  y madurarlos como los aguacates, a punta de prensa, más una proporción definitoria de clientelismo, de mermelada, de coacción y fraudes a los electores, simplemente, porque defienden determinados intereses económicos  poderosísimos, que están detrás, ocultos, del poder político.

La política colombiana es un desastre, una vergüenza en general, y los liderazgos nacidos de esa política en proporciones enormes son el ejemplo de lo que no debería ser, son liderazgos en lo que no debe hacerse.

LRL: ¿Qué opina del liderazgo de Uribe?

JER: No lo comparto, creo que ese es un liderazgo para las malas definiciones políticas, económicas y sociales. A su gobierno le hice 60 debates en contra y pienso que él al final representa los mismos intereses de Santos, Pastrana, Samper, César Gaviria, de todos. Son la misma cosa, y él, como todo el mundo, tiene su estilito particular.

LRL: ¿Qué opina del liderazgo de Santos?

JER: La misma cosa. Defienden los mismos intereses fundamentales. Son liderazgos para lo que no debe hacerse. Son iguales de esta manera: como los caimanes de la misma charca. Alguien me dijo “pero no son igualitos, senador”, y le respondí “puede que no lo sean, pero le aconsejo que no les meta el brazo porque cualquiera se lo arranca”. En fin, lo que digo es que representan los mismos intereses y que esos no son los de Colombia. Ese es el punto.

En política se representan intereses, incluido también yo. Aspiro a representar los intereses del conjunto de la Nación colombiana, del progreso industrial y agropecuario, del empleo, de la salud, de la educación. Ellos representan los intereses de los monopolios y de las transnacionales, los intereses que representan a su vez el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, los TLC. Y mire como está de mal Colombia, empezando otra crisis grave, que puede ser más complicada que la de 1999, y operando muy por debajo de su potencialidad.

LRL: ¿Cómo o cuál es el modelo de intereses que usted implantaría en Colombia?

JER: Tengo esta idea: Colombia es como un gran barco en el que vamos todos los colombianos. Pero tiene y ha tenido malos capitanes, que lo dirigen mal y lo conducen a un mal puerto. Y en unos pocos camarotes de ese barco la vida es una fiesta,  mientras que en los demás abunda el sufrimiento, la falta de oportunidades. 

Colombia necesita que ese barco navegue de manera correcta, de forma tal que las condiciones de vida de todos los camarotes mejoren y accedan a unos  mínimos por debajo de los cuales no debe haber nadie. Mínimos que tienen que ver con empleo, ingreso, educación, salud, cosas básicas, así de todas maneras se mantengan desigualdades.

Todos los gobiernos de la tradición liberal y conservadora, sin importar los  nombres de sus presidentes, han sido los capitanes de ese barco, y lo han dirigido mal. Ahí están los hechos. Nosotros a lo que aspiramos es a que ese barco sea capitaneado de una manera correcta, en beneficio no solo de un puñado..

En esto todos, Santos, Uribe, Pastrana, Gaviria, Samper, Turbay, López Michelsen, etc. han fallado como capitanes del barco en el que navega la Nación colombiana.

Hago este reclamo: si usted mira a la élite gringa o alemana o de otros países semejantes, élites con muchos  defectos, son clases sociales que han llevado a sus países a productos per cápita de 50.000 dólares y los han civilizado, en términos de escuelas, hospitales, desarrollos científicos. Esa es una élite que ha abusado de su poder, no lo dudo, y ha agredido a otros pueblos, pero nadie puede negar que elevaron el nivel de desarrollo de sus países y en ellos el nivel de vida es bastate más alto que el de aquí.

Hago una pregunta ¿ la élite de Colombia, que además cobra carísimo por sus servicios como lo muestra la escandalosa desigualdad social del país, si ha cumplido con ese deber elemental de civilizar en proporciones de importancia a este país?

Y  no estoy hablando en términos de socialismo, estoy hablando en términos del capitalismo. Que nos expliquen todos los “Juanmanueles”, para meterlos en el mismo saco, si han cumplido con su deber de desarrollar el capitalismo en este país.

¿Cómo es que lo han cumplido si tenemos un PIB per cápita de miserables 8.000 dólares? Seis o siete veces  menor que el de los países de la comparación. Y claro que ellos, las élites,  no están en 8.000 dólares, sino en bastante más. Y los pobres tampoco acceden a los 8.000, sino a bastante menos, porque al fin y al cabo de trata de promedios.

¿Con qué deber ha cumplido la élite que mangonea a Colombia?  No han cumplido con el deber elemental de los burgueses, como sí lo han hecho los burgueses japoneses, alemanes o italianos. Y no me entiendan mal, esos países no son mis paradigmas. Solo hago el contraste para que se entienda cómo ha sido de mal gobernado el país.

LRL: Dentro de 20 años unos historiadores deciden estudiar este momento de la vida del país, a través de cinco líderes emblemáticos. ¿Qué cinco líderes escogería usted para estudiar?

JER: Como líderes positivos, Francisco Mosquera y Carlos Gaviria y hay muchos más, casi todos ellos desconocidos, porque también de lo que se trata es de transmitir la idea falsa de que los únicos líderes que importan son los que resalta la gran prensa, los encargados de mantener un statu quo inicuo. Para los otros tres que me pide podemos hacer una porra entre los presidentes de 1990 para acá, como líderes negativos. Puede meter en una bolsa los nombres de César Gaviria y de los presidente siguientes y sacar tres. O incluso a todos los del siglo veinte y sacar cualquier número.

Iniciativa de liderazgo

LRL: ¿En qué consiste su iniciativa de liderazgo?

JER: En este momento tengo dos iniciativas. Una es que al Polo le vaya bien en las próximas elecciones, estoy concentrado en eso, voy a darle la vuelta a Colombia, de pueblo en pueblo, respaldando los candidatos locales de Polo. Dos, que ese éxito que tenga el Polo pueda convertirse en una gran convergencia nacional para ganar las elecciones presidenciales del 2018.

Para eso es muy importante que esa convergencia vaya muchísimo más  allá del Polo, que sea tan amplia como nunca se ha dado en Colombia. Pero eso tiene una precondición y es que al Polo le vaya bien en las elecciones de Octubre.

LRL: ¿Esa convergencia nacional es de oposición al sistema establecido?

JER: Sí, en el sentido en que apunta a modificar, sin estatizar la economía ni acabar con la propiedad privada ni aislar a Colombia del mundo, el modelo económico actual, el del Consenso de Washington y los Tratados de Libre Comercio.

Pero es muy importante precisar esto: la convergencia debe representar los intereses de los campesinos, los indígenas y los obreros más  pobres, como es obvio, pero también los de las clases medias urbanas y rurales y los del  empresariado que ame a Colombia, que quiera hacerla en realidad grande, un país que nos haga sentir orgullosos en el concierto internacional. Entonces, en esta unidad cabe casi toda Colombia, exceptuando a quienes han escogido como su negocio hacerle daño al país, que son muy pocos.

Y es fácil entender que en esta gran convergencia serán bienvenidos todos los colombianos que estén por este programa de auténtico progreso del país, con independencia de la bandería política donde hayan nacido o a la que pertenezcan. 

LRL: ¿De dónde surge o qué lo llevó a iniciarla?

JER: Colombia está muy mal. Repito, Colombia funciona muy, pero muy, por debajo de su potencialidad.

Esto es un desperdicio de país y genera unos sufrimientos inmensos. Eso hay que cambiarlo y nosotros en el Polo sabemos qué cosas hay que hacer para lograrlo. No para cambiarlo de un día para otro, porque  tampoco somos magos, pero sí  para  sentar las bases de la transformación. Eso no se puede lograr si no es desde la dirección del Estado.

LRL: Y si no llegan a la dirección del Estado, ¿qué pasa?

JER: Pues tocará seguir en la oposición, y en eso ya somos especialistas. Tampoco sentimos frustración ni nos sentimos mal. Hacemos lo que consideramos que es un deber. Y nadie debe quejarse por los deberes que se impone. El colmo sería traicionar nuestras convicciones para “ganar" –así, entre comillas– con el programa con los que han anquilosado a Colombia.

Ahora, si nos suena la flauta o no depende de muchas circunstancias y ello hay que mirarlo con tranquilidad. La gente que se impone la tarea de  cambiar a Colombia, si se desespera, puede cometer dos errores garrafales. Uno, irse para el establecimiento, con algún disfraz. Dos, lanzarse a la lucha armada.

El problema de tener paciencia y no perder el sentido del humor es un problema  clave porque nadie que se dedique a  cualquier  objetivo en la vida está seguro de conseguirlo. Usted puede ser la persona que quiere descubrir la cura del cáncer, como médico, pero cuantos se han muerto y no la han encontrado. Aquí nosotros, en este sector del Polo, insistimos mucho en que no se puede perder ni el honor ni el humor.

LRL: ¿Qué es lo distintivo de su iniciativa?

JER: Lo genuino de la convergencia. Es honrada,  no tiene truco, no tiene engaño, es como se dice que es. Es por el interés nacional de verdad. Pensamos que el país sí puede mejorarles mucho la vida a todos.  Suelo repetir que Colombia sí tiene arreglo. Que puede ser un gran país. y la propuesta es democrática, no se va a imponer a bala. Es inteligente, no es populista, está bien concebida, entre otras cosas porque es lo que han hecho los países que operan al nivel de su potencialidad y porque llevamos medio siglo trabajando en esto, y los hechos nos demuestran que tenemos la razón.

Aquí, por ejemplo, desde hace un siglo se dice que “Colombia saldrá adelante si el capital extranjero la saca adelante”, y luego de cien años tenemos un PIB de miserables 8.000 dólares, la  prueba reina de que eso no es cierto. Eso no quiere decir que en el país no puede haber inversión extranjera,  pero que no nos lo presenten como la panacea porque es mentira y más si a lo que vienen es a destruir  la capacidad de generar ahorro interno, que es base de todo progreso

LRL: ¿Pero usted está con el capitalismo?

JER: El programa del Polo no está por fuera del modelo económico de mercado, lo que dije atrás con otras palabras, pero lo que pasa es que estamos hablando de no quedarnos con una economía de miserables 8.000 dólares y con una de las peores desigualdades sociales del mundo, con una pobreza tal que su incapacidad de comprar también hasta el desarrollo del país, porque ni siquiera hay quien compre lo que pueda producirse internamente.

LRL: ¿Cuáles han sido los principales aciertos?

JER: Hemos logrado  cosas importantes. Haber ayudado a construir el Polo es  algo importante, fundamental. Sin un partido como este tampoco puede transformarse a Colombia. También tienen su gracia haber ayudado a generar el más amplio debate sobre el modelo económico de la historia del país. Hasta esta ocasión, los malos capitanes aplicaban las peores recetas que les dictaban los gringos y posaban de genios.

LRL: ¿Cuáles han sido los principales aliados?

JER: En la vida he trabajado con gente  diferente. Por ejemplo, en la universidad tuve muchas relaciones académicas coincidentes con personas con las que no coincidíamos en todo.

Después fui durante muchos años dirigente de organizaciones agrarias. Por ejemplo, trabajé al lado Fabio Trujillo Agudelo, que fue un empresario cafetero, de los mayores de Colombia, Alcalde de Manizales, Gobernador de Caldas, jefe liberal, y  con él dimos, unidos, una lucha grandísima en defensadel café. Y el tercero de esa lucha fue monseñor José Luis Serna, el obispo de la diócesis de Líbano. Los tres fuimos dirigentes de una década de luchas agrarias, de las más grandes de la historia del país, que hoy son antecedente de Dignidad Cafetera y Agropecuaria.

Aquí en el Congreso, he cumplido con propósitos comunes con senadores de otros sectores. Por ejemplo, con Juan Mario Laserna, del Partido Conservador, y en la Comisión Quinta he tenido coincidencias frecuentes con senadores que no son del Polo. Recuerdo a Hugo Serrano Gómez.

Uno de los peores defectos en política es el sectarismo. Y me esfuerzo por no caer en ese error y por poder relacionarme con personas de otros sectores políticos con los que pueda coincidir en una causa noble.

LRL: Ronald Heifetz sostiene que liderar es vivir peligrosamente. Porque el liderazgo tiene un lado no glamuroso, del que poco se habla: genera que otros se opongan a la iniciativa de liderazgo llegando incluso a buscar detener al líder. Esto ocurre porque el liderazgo transformador genera cambios y “pérdidas” para la gente al desequilibrando el statu quo. ¿Se ha sentido detenido en algún momento?

JER: Es evidente que tengo adversarios de muchos tipos. Sin embargo, hay una cosa que me llama mucho la atención, y que me alborota la vanidad, para decirlo así,  y es encontrar tanta gente en Colombia que por me dice: “ no soy del Polo, no soy de izquierda, pero voto por usted”, o que me explica: “ no estoy de acuerdo con usted pero lo respeto y lo admiro, ojalá hubiera más  gente como usted en el Congreso”.

Pero también digamos que Santos y Uribe me han hecho, cada uno en su época, duros ataques duros, a descabezarme. Pero eso también son gajes del oficio, y además no soy una persona de odios, que me deje llevar por las pasiones.

Detesto las posiciones que considero equivocadas y en especial sesgadas y con propósitos inconfesables, y eso me estrella con las personas pero no soy de rencores, y eso hace parte también de la inteligencia de la política. Hay que insistir en la idea de que no hay que reemplazar el análisis sobre los hechos por los ataques a las personas, ni  deben perderse los buenos modales. Y es clave no olvidar que en las controversias lo que hay que buscar no es ofender al contradictor, sacarse el clavo, sino persuadirlo de su error o convencer a los que lo respaldan, para dejarlo solo o debilitarlo.

Alguien decía que las peores cosas se deben decir de la mejor manera, así a veces no sea fácil controlar una irritación. Hago esfuerzos en mis debates por ser directo y ser claro, digo mis sarcasmos, llevo hasta el límite la argumentación, pero intento no pasar ciertos límites y espero no haber maltratado a nadie y si lo hubiera hecho pediría excusas porque no es lo que quiero que suceda.

LRL: Si usted hace un análisis del proceso de paz ¿qué dice?

JER: En el Polo, cuando empezó ese proceso, dijimos:

Uno, no a la lucha armada. El Polo nace con esa posición, es mi posición desde la universidad, tuve la suerte que desde que entré en la política tomé la decisión, que es la del MOIR, de que en Colombia no debía utilizarse la lucha armada para tramitar las diferecias de toda índole.

Dos, sí al proceso de paz. Ahí va, está bastante enredado en este momento, y esos procesos pueden terminar bien o pueden fracasar. Hago votos para que puedan superarse las dificultades y llegar al punto en el que sucedan dos hechos: uno, que desaparezcan las armas de la ilegalidad, todas sin excepción y con certeza, y dos, que quienes están en esa ilegalidad se puedan reintegrar a la vida civil con todas las garantías democráticas.

LRL: ¿Usted cree que la reintegración sea exitosa?

JER: Ya ha sucedido. Tanto en Colombia como en el mundo, hay muchas experiencias que dicen que esos procesos de paz pueden terminar exitosamente con esos  dos logros  que señalo.

Aquí sucedió con el M-19, una fracción importante del EPL y con un sector del ELN , y en otros países del mundo también ha ocurrido. Entonces no veo por qué aquí no pueda ser posible. Ahora, también puede fracasar, porque no es fácil.  Ojalá las partes tengan la sabiduría  para lograrlo.

LRL: Usted se involucró en la política en los setentas, ¿qué lo llevó a no involucrarse en la lucha armada?

JER: Si uno tomaba la decisión de jugársela por el lado de la oposición, dentro de la izquierda había varios grupos, pero eran tres o cuatro las grandes discusiones que llevaban a tomar partido.

Una discusión era si usted era pro soviético o no en el sentido de que usted veía a Rusia como el país que debía decidir sobre cómo modificar las cosas en Colombia.

Dos, si era o no partidario de la lucha armada en Colombia.

Y  tres, si el empresariado podía  o no ser parte de un proceso de lucha por la independencia y la soberanía nacional frente a Estados Unidos.

Yo tuve la suerte de tropezarme y escoger con la posición del MOIR, que era no a la Unión Soviética, no a la lucha armada y sí a la posibilidad de una unidad muy amplia que incluyera al empresariado en el frente por la independencia y la soberanía nacional.

LRL: ¿Usted está convencido de que la lucha armada no es la solución?

JER: En Colombia no. En otros sitios las circunstancias pueden ser distintas, pero hoy en Colombia, y desde los últimos 50 o más años, ello ha sido una equivocación gravísima que por lo demás ha entorpecido la transformación del país.  Creo que el país va a avanzar más en su lucha por la transformación si  consigue la paz, que si no se consigue. Porque los líderes del mal gobierno en Colombia se han aprovechado de la violencia en el beneficio de sus ideas y del statu quo.

LRL: ¿Usted está a favor del proceso de paz?

JER: Claro, en el programa del Polo está dicho no a la lucha armada y sí a un proceso de paz negociada. Nadie más partidario del proceso de paz que el Polo.

Ni las FARC ni el gobierno nos representan. Por eso digo “proceso de paz sí,  pero Santos no”,  “proceso de paz si, pero lucha armada no”. 

 

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