Iván Duque Márquez senador de la República #TrendingLíder360º

En la semana de los #2AñosRedLíder publicamos los perfiles de liderazgo de los candidatos presidenciales que han pasado por La Red Líder.
La voz conservadora de oposición en materia económica del Congreso, Iván Duque Márquez. Perfil publicado el 27 de octubre de 2015.

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13 de Febrero de 2017

Perfil publicado el 27 de octubre de 2015


Iniciativa de liderazgo

La Red Líder: ¿En qué consiste su iniciativa de liderazgo?

Iván Duque: Mi iniciativa de liderazgo es construir una visión, dialéctica y acción frente a un modelo de desarrollo que sea coherente entre la institucionalidad y la seguridad con un modelo económico basado en el mercado que tenga. Por un lado, la innovación productiva como una de sus principales funciones, pero que tenga una gran vocación tanto en la equidad social como en la preservación del medio ambiente.

Por otro lado, poder vender un modelo económico que sea realmente un ecosistema, que, sobretodo, motive a las nuevas generaciones a participar en política y a creer que es posible generar un modelo de desarrollo distinto.

LRL: ¿De dónde surge o qué lo llevó a iniciarla?

ID: Surge de la experiencia, de 18 años de experiencia laboral viendo distintos errores y aciertos en materia de políticas del desarrollo. Surge de querer ver un cambio en la política, de pasar de esa política que se está pudriendo a una política que debe ser de propuestas e ideas. Que sea coherente con lo que está esperando una nueva generación de colombianos, y es no ver en los políticos unos vendedores de ilusiones pero sí ver a  alguien que los pueda involucrar para que sean parte activa de un proyecto de país.

LRL: ¿Cuáles han sido los principales obstáculos que ha tenido que superar para desarrollar la iniciativa?

ID: Hasta ahora no, vamos a sortear los que vengan.

LRL: ¿Cuáles han sido los principales aciertos?

ID: Se ha ido generando una dinámica de hacer pedagogía sobre ciertos temas de innovación y la economía naranja en muchos lugares del país. Ha habido también la posibilidad de transmitir esta visión en foros gremiales, que es importante para poder mostrar lo que se está haciendo.

El acierto es haber logrado generar un mensaje de credibilidad, en una mano está la crítica y en la otra, la propuesta. Es poderse desprender de preconcepciones con respecto al ejercicio de la oposición, porque sí, soy un senador de oposición, pero he apoyado iniciativas del gobierno cuando considero que sus políticas son acertadas y contribuyo a ellas.

Es poderle decir al país, con claridad, que las cosas, cuando son buenas, sin importar de donde vienen, se respaldan. Cuando consideramos que las cosas son negativas, se rechazan.

LRL: ¿Cuáles han sido los principales aliados?

ID: Desde lo más cercano, un gran equipo de trabajo, un partido político que cree en desarrollar y comunicar ideas, una bancada de personas excepcionales. Personas de mi partido que creen en esto.

Generacionalmente, en el Centro Democrático hay un grupo de personas que Fernando Londoño denomina “la generación del 14”, que no es para segmentar al Centro Democrático, sino que hacemos parte de una bancada nueva, joven, que trata de innovar y repensar la forma de hacer política en Colombia.

En el sector privado he encontrado aliados, en la academia también, en la sociedad civil, en los medios de comunicación. Sí he encontrado aliados para, por lo menos, apostarle a este tipo de debates.

Entorno del líder

LRL: Todo liderazgo surge de unas influencias en la vida: personales, intelectuales, vivenciales, de todo tipo. ¿Cuáles diría usted que son esas influencias que han determinado su estilo y sus motivaciones de liderazgo?

ID: Mi papá, porque era una fuerza motora intelectual y porque, sobre todo, nos enseñaba con el ejemplo. Siempre digo que el verdadero liderazgo empieza con el ejemplo. Esa es una primera línea de influencia.

Mi papá era muy riguroso con el trabajo y dedicado a la familia, preocupado por su formación intelectual y la nuestra. Mi casa es el encarte de los ladrones, porque hay muchos libros y una biblioteca gigantesca. Cuando uno le hacía una pregunta a mi papá él daba una respuesta y un libro. Eso me marcó mucho.

Hay una parte de mi vida laboral influenciada por Álvaro Uribe, es una etapa tardía de mi vida. Trabajé con él en Naciones Unidas después de dejar la presidencia, prácticamente dos días después de que la dejó estábamos trabajando. Después de gobernar un país terminó gobernando a una persona, a mí.

Fue una experiencia maravillosa de trabajar con él, no solamente en Naciones Unidas en una fase muy compleja de su vida que era ser mediador e investigador en un conflicto entre Turquía e Israel en una circunstancia muy compleja en la franja de Gaza, sino que también me tocó ser, prácticamente, su profesor asistente en Georgetown y trabajar con él en sus memorias. Para mí fue una gran influencia.

Hay una persona en mi vida que ha sido jefe, amigo y mentor en muchas cosas. Es una persona muy poco conocida en los círculos políticos, pero cuando uno mira la trayectoria de por ejemplo Proexport en Colombia, ha sido fundamental. Luis Guillermo Echeverry. Trabajé con él ocho años en el BID y me marcó mucho, me dejó muchísimas enseñanzas en la vida. Es un tipo creativo, ingenioso, honesto, amigo y además es una persona que sabe decir las cosas duras sin demasiado filtro, pero siempre en aras de contribuirle a las personas. Es una gran influencia.

LRL: La confianza en sí mismo es fundamental para el liderazgo. ¿De dónde proviene su confianza en sí mismo?

ID:  En la primaria lo único que yo quería era centro delantero del América de Cali, y como en esa época me iba muy mal en matemáticas, mi mamá me llevó a unas clases extracurriculares con un profesor, Luis Fernando Ramírez. Llegaba a su casa donde había 20 o 30 niños haciendo ejercicios de matemáticas, mientras él nos guiaba a todos. Él me regaló un libro que se llamaba El hombre que calculaba, de Malba Tahan, como para entrar en el amor por las matemáticas.

Cuando yo llevaba cierto número de clases mi desempeño en matemáticas empezó a progresar y Luis Fernando Ramírez siempre me decía “no hay nada que sea imposible frente a la disciplina y al conocimiento humano”. Eso me llevó a desafiar barreras. No tener excesos de confianza porque son malos consejeros, pero sí a entender que mientras hay disciplina, rigor, capacidad de estudio y vocación de aprendizaje uno puede sacar las cosas adelante.

Otra influencia fue mi entrenador de fútbol en el colegio Saint George, donde hice la primaria, se llamaba Jaime. Siempre nos enseñaba que el trabajo de equipo y el trabajo como jugador, es contra uno. Entender que la seguridad de uno está en lo que tiene que hacer.

Hay que llevar la vida como una especie de rivalidad frente a lo que uno hace, eso lo practico todos los días y se lo digo a mis hijos. Hay que exigirse todos los días, más allá de su zona de tranquilidad, porque a veces uno llega a unos niveles donde todo está bien y se queda ahí, pero todos los días hay que exigirse y Jaime hacía eso conmigo.

LRL: Las adversidades ayudan a formar el carácter y la personalidad del líder. ¿Qué adversidades ha tenido que superar?

ID:  Ha habido adversidades de muchas naturalezas. Profesionales, momentos donde uno profesionalmente está con vacíos, a veces momentos donde uno toma una decisión voluntaria y se queda sin trabajo y tiene que mirar a un horizonte o emprender algo nuevo.

Otras han sido adversidades académicas. Cuando era muy niño y tuve algún revés académico entendí que uno no puede entrar en ciertos errores. En las relaciones personales uno también ha tenido éxitos y fracasos. Adversidades económicas todos hemos tenido en algún momento de la vida.

La sumatoria de momentos complejos es lo que le va dando a uno experiencia, y esa experiencia está a veces constituida, más que por éxitos, por cómo uno ha administrado y procesado sus fracasos.

LRL: ¿Cuál es el origen regional de su familia?

ID: Mi familia paterna es antioqueña, mi familia materna es una parte tolimense, mi abuelo era tolimense, y cartagenera, mi abuela era cartagenera. Ahí puede estar la combinación entre el rock y el chucu chucu.

LRL: ¿Cuáles fueron sus primeros rasgos, actos, o insinuaciones de liderazgo?

ID: Cuando era pequeño, en el barrio no había equipo de fútbol. Yo fundé un equipo de fútbol. Mi mamá vivía aterrada porque yo sabía quiénes eran todos los vecinos y los papás de mis amigos vecinos; uno de ellos era vice-presidente de Coca Cola, fui a su casa y le pedí una cita, el señor abrió los ojos, yo tenía ocho años. Le expliqué que quería montar un equipo de fútbol en el barrio y necesitaba que me donara unas camisetas, me donó 26 camisetas y tuve que conseguir 26 jugadores en todo el barrio. Los sábados a las seis de la mañana en Multicentro, yo llamaba a todas las casas para que todo el mundo estuviera a las siete y media entrenando. Esta es la hora en la que me encuentro con papás de niños de esa época que me dicen “¿usted es el que no nos dejaba dormir los sábados?”.

De otro lado, cuando estaba en el Saint George, me lancé al consejo estudiantil de primaria, fui elegido presidente y después fundé el periódico en el colegio. Más adelante, cuando me fui para el colegio Rochester, también fui presidente del consejo estudiantil, fui director del equipo de debate del colegio y desde esa época había cosas de liderazgo que estaba haciendo.

Causas sociales también. En mi casa hubo una época en la que mi mamá vivía aterrada porque cerca de Multicentro, en un momento dado, empezaron a llegar muchísimos niños de la calle, niños que iban a los parques. Mi casa tenía un patio grande y cuando mi mamá llegaba dos amigos y yo teníamos a 10 niños y niñas de la calle almorzando en la casa, los invitábamos a almorzar, les prestábamos el baño del cuarto del servicio para que se bañaran, les pagábamos la peluquería y tratábamos de ayudarle a los niños para que tuvieran una navidad organizada.

Lo otro, es lo que he ejercido en la vida adulta. Me ha tocado ejercer liderazgo desde joven, liderando juventudes en un partido político, después fundé un programa de transparencia fiscal en el BID, me tocó liderar debates muy importantes en el directorio, cuando manejé una división, introducir un tema nuevo, hacer campañas. Manejé el área de innovación social del BID y me tocó hacer campañas en comunidades.

Todos los días son un constante ejercicio de liderazgo.

LRL: ¿Qué habilidades han facilitado su liderazgo?

ID: Primero, convicción. Me meto a hacer algo contra todas las adversidades. Nunca dejo que hagan las cosas por mí. Puede que yo dirija u oriente, pero si le pido a alguien que haga algo dentro de mi equipo, yo debo tener la capacidad de enseñarle a esa persona lo que quiero que haga, no estoy simplemente en una posición de control, esperando a que llegue el producto y tomar crédito sobre eso.

Segundo, comunicación. Mi mamá trabajó por muchos años en una agencia de publicidad, de niño me iba a pasar las tardes y gran parte de las vacaciones en esa agencia. Desde ese momento tuve muy claro el poder de la comunicación y de poder explicar las cosas de manera sencilla, gráfica, divertida. Dediqué toda mi vida a temas económicos sin haber estudiado economía, por eso todo el mundo me pregunta si soy economista.

Tercero, liderar con el ejemplo. Puedo ser un poco fosforito en circunstancias, pero lo que sí me gusta generar en todos los equipos es que estén engranados, que haya armonía, cariño y sentido de pertenencia casi de familia. Por ejemplo, en el BID me tocó recibir un equipo de personas de distintas edades y formaciones, muchas terminando una carrera, otros que venían de episodios trágicos en su vida laboral, lo que tratamos de hacer fue reunir al equipo y maximizar el potencial de cada uno.

Otra cualidad, siempre estoy encima de las cosas y a veces mi equipo sufre por eso. Duermo poco, si se me ocurren ideas a las dos de la mañana mando correos, pero así soy y así me quedaré.

LRL: ¿Considera que maneja bien las emociones y la inteligencia emocional?

ID: En algunas cosas sí. A veces me pasa que soy más fosforito por cosas pequeñas. Pero en general, ante las adversidades más complejas, ante los momentos más duros siempre trato de mantener la calma. 

Visión de liderazgo

LRL: ¿A qué personas de la vida pública les reconoce usted liderazgo?

ID: Hay líderes a quienes les he seguido la pista, me influyen, me motivan a pensar y a tratar de igualar ciertas cosas de su liderazgo, a pequeña escala, pero los tengo como referentes. Por ejemplo, la figura de Lincoln todos los días está para mí. Cuando digo ¿cuál es el ideal de un político?, siempre pienso en Lincoln. Fue un hombre humilde en el ejercicio del poder, siempre cercano a la gente, que siempre estaba buscando opciones y soluciones.

En el caso colombiano pienso en Darío Echandía, que es un personaje importante en la política. A la entrada de mi oficina hay un cuadro de él por dos grandes razones. Primero, el desapego del poder, ejercer la actividad política y ser capaz de desprenderse del poder, que mi motivación no sea poder, sino servicio. Lo segundo, es el rigor y la permanente exigencia académica en lo que hago. No concibo un ejercicio de la política si no va acompañado de un ejercicio de rigor académico.

Eso me lleva a otra influencia, una profesora de liderazgo de la Universidad de Harvard por muchos años, Rosabeth Moss Kanter. Ella dice que el liderazgo debe basarse en cuatro C´s: Coherencia, mantener una línea de pensamiento adecuada para la audiencia. Congruencia, que la manera como se actúa guarde una línea con lo que se predica. Competencia, formarse siempre y estar preparado para desafíos. La última es Cariño, uno no  puede ejercer un liderazgo que no tenga cariño genuino por las personas, el cariño falso se nota, es hipocresía, el cariño de verdad es estar motivado a valorar a las personas. Yo le agregaría una quinta C, coraje, la política y el liderazgo lo requieren, tener fuerza para ir en contra del pensamiento mayoritario y estar dispuesto a estar en la pequeña disidencia basándose en principios.

Sigo mucho la influencia de Jack Welch, CEO de General Electric, él hacía eso, tratar de sacar siempre lo mejor de sus equipos.

LRL: Una visión de liderazgo tiene un diagnóstico de la situación a intervenir, una meta hacía a dónde ir y una fórmula para lograrlo. ¿Cuál diría usted que es su diagnóstico, fórmula y meta?

ID: Los diagnósticos siempre trato de hacerlos basándome en la historia. No me gusta enfrentar una circunstancia en frío, me gusta saber cuáles son los orígenes, y más que el contexto, que a veces puede ser inmediato, me gusta ir a la historia, a las instituciones,  siempre quiero saber por qué las instituciones se comportan como se comportan. Hay cosas donde las dinámicas de poder, la influencia de personas, entre otros, van generando un comportamiento. Lo primero es ver qué está pasando, pero entender también de dónde viene.

Sobre la base de eso me gusta pensar en tres tipos de elementos. Primero, cuál es la situación ideal a la que yo quisiera llevar la circunstancia que recibo después de la ideal, ver cuáles son las circunstancias posibles dentro de mi meta ideal a las que puedo llegar; tercero, cuáles son las victorias tempranas para ir generando la fuerza suficiente y la credibilidad en que el resto del cambio es posible y así tratar de llegar al objetivo final. Esa es la parte más compleja, a veces uno llega a enfrentar un reto y lo primero que hay que mostrarle a la gente es que el liderazgo que se va a ejercer es capaz de cambiar las circunstancias del statu quo, y eso implica victorias tempranas.

Me pasó cuando llegué a crear la división de cultura, creatividad y solidaridad en el BID. Nadie consideraba posible que pudiéramos duplicar el presupuesto ese año, cuando teníamos un presupuesto en el piso, y lo que hice fue salir a buscar aliados y logramos triplicar el presupuesto en seis meses, generando alianzas con otros departamentos y agentes externos, eso motivó a la gente.

La gente es capaz de llegar a resultados extraordinarios, que es la otra parte de la ecuación. Hay personas que tienen un jefe, más que ser un jefe quiero llegar a ser un líder.

Tuve una persona en mi equipo que venía de tener tres años muy malos entre problemas emocionales y laborales, estaba totalmente estancada, después de hablar con esa persona entendí cuál era su potencial. Empecé a mostrarle a las personas que con cierto tipo de acciones y comportamientos son capaces de transformar su rendimiento, eso es  fundamental. Eso hace parte del diagnóstico y de la acción.

Por otro lado, siempre trato de ver dónde está el paradigma distinto. Por ejemplo, en mi actividad como congresista. Cuando llegué al Congreso empezamos a conformar el equipo de trabajo, tengo un equipo muy lindo, pequeño, todos son seres humanos excepcionales, en un espacio ultra reducido que es lo más impropio para tener un ambiente confortable de trabajo, que son las oficinas del Congreso. ¿Qué se podía hacer ahí? Los congresistas normalmente nunca hacen reportes académicos y dijimos que íbamos a hacer nuestra labor legislativa preparando reportes académicos sobre los temas en los que intervengamos, llevamos alrededor de 50. El tema es poder mostrar que detrás de cada observación, de cada comentario, hay un análisis imparcial, frío y riguroso.

Cambiar paradigmas y comportarse distinto a ellos es muy importante. En el BID hice muchas innovaciones en recursos humanos, por ejemplo le tenían pánico al tema de trabajo en casa, repartí todo el trabajo en casa de mi división y cada uno tenía un día donde trabajaba en casa, así mejoramos la productividad. Después, lo que llamaban recompensas inmediatas, premios inmediatos a ciertas acciones, también lo incluimos e innovamos. La innovación es otro elemento que también está ahí.

LRL: ¿Cuál es el diagnóstico del Estado colombiano en materia económica?

ID: Lo planteo de esta manera. Nosotros tenemos un problema, es que la visión de país está fragmentada, no se ve como un cuerpo uniforme e integral donde todas las piezas van conectadas. Yo veo una agenda de competitividad que no tiene nada que ver con la rural, y esta no tienen nada que ver con la de capital humano, que tampoco tienen nada que ver con la de innovación productiva, veo actitudes vergonzantes frente al modelo económico.

Ahí empieza mi diagnóstico, la forma en la que enfrento ese diagnóstico es plantear la idea de sembrar un árbol. El modelo de desarrollo tiene que ser visto como un árbol donde hay tres grandes semillas: una es la semilla de la libertad, entender que la libertad, puramente la defensa de las libertades es una semilla que no podemos perder. La segunda es la democracia, el verdadero ejercicio de la democracia. Tercero, el orden.

Con esas tres semillas tengo que pensar cuál es el terreno fértil para que surjan, ese terreno fértil tiene que ser la confianza. De esas tres grandes semillas espero que salgan tres grandes raíces, una raíz es lo que llamo la legalidad, es entender que tiene que haber una cultura de apego, respeto y conocimiento de la ley. Otra raíz son las instituciones, si quiero hablar de democracia debo hablar de las instituciones, de un Estado fuerte, transparente, eficiente. La tercera raíz es la seguridad.

De esas tres raíces tiene que salir un tronco con el cual no podemos ser vergonzantes, a ese tronco lo llamo economía de mercado diversa y responsable. De mercado, porque tenemos que entender que ahí es donde podemos maximizar las libertades en función de cambiar progresivamente el desempeño de los sectores económicos. Tiene que ser diversa porque tiene que ser para todos, no puede ser oligopólica. Tiene que ser responsable porque no puede ser para unos pocos a costa de los demás.

De ahí veo tres ramas. Una: competitividad, conectividad del país, regulación, sistema financiero, sistema laboral, incursión a mercados, costo de energía y servicios públicos. La segunda rama: capital humano, educación, salud, democratización de la cultura y vivienda. La tercera rama: innovación productiva, todo lo que produzcamos ya sea empresarial, intelectual, gubernamental constantemente va en una línea de innovación.

De esas tres ramas debe haber un follaje grande, verde, fuerte, que es donde está el sentido de entender que nuestra riqueza también es natural, tiene que ser sostenible y coherente con el medio ambiente.

De ese árbol se dan tres frutos. Por un lado, empleos estables y dignos, estabilidad. El segundo, ingreso. El tercero, equidad. Como todo árbol, necesita luz y esa luz es la transparencia y la participación de los ciudadanos, sobretodo la transparencia. El agua, es que todos los días estemos irrigando ese árbol con nuevas ideas.

¿Qué permite todo eso? Que lleguen los pájaros, se coman los frutos y tiren las semillas y un nuevo árbol crezca. Hay que entender que esto es un cuerpo, no es en el sentido fragmentado de las políticas públicas.

Veo un ecosistema total del país donde entendamos por qué todas las piezas van concatenadas. A mí me preguntan “¿por qué no me ayuda a pensar en una iniciativa de innovación productiva en Buenaventura?”, hace falta el resto del árbol: ¿realmente se tiene democracia, las personas ejercen su libertad y hay algún sentido de orden, de legalidad, seguridad e instituciones fuertes? Es plantear esa visión integral de un ecosistema de gobernanza.              

LRL: ¿Cuál es el ejemplo que usted le da a sus seguidores? Y ¿Cómo encarna con su ejemplo los valores de su visión?

ID: Hay dos formas de hacer política en Colombia, y juego ahí con la letra “P”. Hay una política que se está pudriendo, que se hace con politiquería, plata y promesas. Hay una política con P mayúscula, distinta, que se tiene que hacer frente a la politiquería con principios, frente a la plata con propuestas y frente a las propuestas con pedagogía. Ese modelo podrido es un modelo que está basado en el objetivo del poder, la otra, en el objetivo del progreso.

¿Qué trato de hacer con mis seguidores y las personas? Primero, no caer en los vicios  de prometer cosas que son imposibles, imprudentes o inconvenientes de hacer por más rentables que parezcan en el discurso. Dos, tener la pedagogía para poder decirle a las personas, yo como político por qué defiendo lo que defiendo y por qué lo que estoy defendiendo tiene que repercutir en el bienestar del país, inclusive si es doloroso.

Tercero, algo que es muy importante, es no caer en ver la política como un ejercicio transaccional, porque el país vive de una política transaccional, yo recibo un puesto, un billete de 50.000 o una promesa, del otro lado hay que decir que no se ofrecen ninguna de esas tres, se ofrece trabajo, compromiso, la defensa de unas ideas y ejercer la política con esos criterios.

Eso es lo que le ofrezco y le predico a mis seguidores.

LRL: ¿Cuáles son sus principales resultados en materia de liderazgo?

ID: Siempre he pensado en hacer transformaciones, dejar sembradas cosas que hagan transformaciones.

De las cosas que recuerdo con mucho anhelo, es que monté en el Ministerio de Hacienda un programa de transparencia fiscal que ayudó a mejorar la lucha contra la corrupción, en mis años de trabajo en el directorio del BID fui uno de los negociadores principales de la capitalización más grande del banco en su historia, ayudé a construir un informe que ayudara a disipar la confrontación entre Turquía e Israel. Haber creado una división nueva en el BID, haber realizado más de 100 proyectos de desarrollo cultural en las regiones más apartadas de América Latina, haber producido un movimiento como el de la economía naranja con un libro, con crecimiento y personas entusiasmadas en diferentes lugares del mundo por sacarlo adelante.

Ahora, desde el Congreso, me siento muy contento de haber presentado iniciativas legislativas que han sido muy bien pensadas y que responden a necesidades de los ciudadanos. Algunas de ellas, por ejemplo, son haber presentado un proyecto para que pueda haber retiros parciales de las cesantías, permitiéndole a las personas y sobre todo a las familias de clase media en Colombia, que puedan prepagar la educación de sus hijos mediante un seguro educativo o sistemas de ahorro programado, haber presentado un proyecto que regula y hace más transparente y eficiente el gasto en publicidad del Estado, haber presentado un proyecto de ley para que en lugares públicos pueda haber desfibriladores externos automáticos, para atender episodios cardíacos de los ciudadanos, porque en Colombia más de treinta mil personas mueren al año producto de infartos y muchos de ellos pueden ser prevenibles si tenemos desfibriladores en lugares donde los episodios cardíacos ocurren.           

Ahora, el resultado más reciente, es el de la economía naranja. Es un proyecto que busca estimular y dinamizar los sectores creativos de Colombia.

Me siento muy orgulloso también, de mi faceta de profesor. Como profesor he tratado de influenciar a decenas de alumnos en pregrado y posgrado para que analicen los problemas del país y se sientan comprometidos a innovar en la solución de ellos.

LRL: Hablemos de la cultura de liderazgo en el país. ¿Usted cómo describiría la cultura de  liderazgo del país?

ID: Hay mucho liderazgo gerencial. Warren Bennis, por ejemplo, que es uno de los grandes autores del liderazgo, siempre hace la diferenciación entre un líder y un gerente.

A veces nuestro modelo de liderazgo en el país, es un modelo de liderazgo de la gerencia, no un liderazgo transformador. Siento que hay liderazgo inmediatista, muchas personas que son líderes con objetivos inmediatos, pero no líderes  de transformación, que son los que se mantienen en el tiempo.

En la parte del liderazgo político, al país le hace falta una capacidad consistente de renovación. El país ha tenido líderes como Rafael Uribe Uribe, muere, aparece un líder como Jorge Eliécer Gaitán, muere, aparece Luis Carlos Galán, muere, aparece Álvaro Gómez Hurtado y muere. No hay una línea de sucesión o la capacidad de mantener liderazgos transformadores de manera permanente.

El último caso de un gran líder nacional, a mi juicio, es el de Álvaro Uribe Vélez. No veo hoy en la generación de Álvaro Uribe a alguien de esa magnitud, veo presidentes, gerentes y gestores, pero personas que tengan la capacidad de movilizar al país con compromiso, entrega y que puedan generar grandes movimientos ciudadanos para generar diferentes cosas, no lo veo.

Colombia necesita liderazgos transformadores permanentes, con capacidad de sucesión. Nunca caudillismo, que no es lo mismo. Es liderazgo transformador, que es algo que Estados Unidos y otros países han tenido, es algo escaso en América Latina. Ese es nuestro problema de liderazgo, no tener la capacidad de renovar ese tipo de líderes e irlos mejorando continuamente.

Me preocupa, por ejemplo, que en las empresas y en el Estado no hay programas de formación de líderes. Hay programas que se llaman de liderazgo, que es dar herramientas de liderazgo a gerentes, pero no es formar líderes. Los líderes son aquellos que de verdad llevan a la sociedad y a los ciudadanos a hacer cambios, que sin ellos nunca se hubieran realizado.

LRL: Dentro de 20 años unos historiadores deciden estudiar este momento de la vida del país, a través de cinco líderes emblemáticos. ¿Qué cinco líderes escogería usted para estudiar?

ID: Álvaro Uribe, la historia reciente de Colombia ha estado marcada por él, independientemente que yo sea de su partido.

Luis Carlos Galán también porque dejó una impronta en muchas de las cosas que el país está enfrentando.

Álvaro Gómez Hurtado, por su influencia en la constituyente del 91 y porque es el líder más importante de la derecha colombiana de las últimas tres ó cuatro décadas.

Fabio Echeverry Correa, en el caso del sector privado, como un líder gremial que ejerció una gran dirigencia del aparato industrial colombiano en momentos muy difíciles y que también terminó participando activamente en lo que sería la llegada de Álvaro Uribe al poder, inclusive en su liderazgo en el tema de la reelección.

Incluiría a Andrés Pastrana, siendo un líder distinto, o ni siquiera un líder, un gestor. Pero él tiene que ver con lo que fue, quizás, la última gran oportunidad que se le entregó de manera generosa a las FARC. 

LRL: ¿Cuál es su visión sobre las causas del estado actual de la economía colombiana?

ID: Primero, nosotros somos muy buenos para reaccionar de manera inmediata y muy malos para planificar a largo plazo.

Este es un país que ha hecho cosas muy bien en materia de gestión macroeconómica y por eso se ha beneficiado de grandes bonanzas internacionales. Se benefició de la bonanza de la liquidez en el 2000, de los precios altos de las materias primas y entramos a una gran fiesta y nos sentimos muy granadores. Tenemos ese problema que Alfonso López Michelsen diría “que vivimos de bonanza en bonanza”.

Eso me lleva al segundo punto, llegamos a la bonanza petrolera sin ser un país petrolero, pero nos sentimos petroleros. Empezamos a gastar como petroleros, a prometer como petroleros y a planear como petroleros, cuando apenas éramos un país que tenía reservas para siete años. Éramos un país donde el 70% de nuestros pozos son de menos de 1.000 barriles diarios y generamos una enorme dependencia del petróleo, 54% de las exportaciones, 35% de la inversión extranjera directa, 70% de los ingresos del capital del Estado, 85% de las regalías y principal fuente de divisas.

Cuando se derrumbó todo eso nos dimos cuenta que no habíamos hecho nada importante para diversificar la canasta exportadora, industrial. Que no habíamos hecho nada sustancial en innovación.

Por eso, hoy diría que la economía colombiana es inmensamente vulnerable y su éxito inmediato es dependiente, cruzando los dedos, de una nueva bonanza. Eso hace de Colombia un país, en el siglo XXI, altamente dependiente de materias primas. Segundo, con muy poca visión de cómo aprovechar la innovación personal y empresarial y el talento para generar fuentes de riqueza. Tercero, que la diversificación de las exportaciones sea lamentable. 54% de las exportaciones a Estados Unidos son petróleo, 63% de las exportaciones a la unión europea son petróleo, 72% de las exportaciones a China son petróleo. Ese es el problema de la economía de hoy.

LRL: ¿Cuál es su visión del futuro de la economía colombiana?

ID: En una economía colombiana que, primero, tenga un aparato tributario que sea simple, pro competitivo, pro inversión y pro ahorro, nosotros no podemos seguir siendo un país con una de las tasas de tributación más altas del mundo y con un porcentaje tan bajo de personas generando la mayor cantidad de ingresos. Necesitamos un sistema tributario nuevo, ágil, sencillo y eficiente.

Segundo, necesitamos la racionalidad del gasto público. Necesitamos que el gasto público para el tamaño del Estado se pueda redefinir, no podemos seguir con un Estado gigantista y que para cada problema tenga una entidad. Debe tener una capacidad de reacción institucional ordenada, organizada y debe ser un Estado eficiente y creíble. Eso implica hacer grandes ajustes de gasto y de calidad del gasto, porque el 62% del gasto que llamamos inversión no es para formación de capital, pareciera que es gasto de funcionamiento disfrazado. El gasto que se haga debe ser profundamente eficiente.

Lo tercero, es que necesitamos que la economía sea realmente una economía de mercado, donde hacia el futuro tengamos más actores y jugadores dentro del mercado y no tanta concentración de capital por sectores. Nosotros seguimos siendo profundamente oligopólicos en grandes sectores de la economía, eso hay que transformarlo. Lo otro es que tenemos que saber combinar la riqueza de las materias primas, la que está en el subsuelo y la que está en la agricultura, pero al mismo tiempo darle una gran preeminencia y papel protagónico a las industrias que son de valor agregado derivado de la propiedad intelectual.  Ahí entra a jugar la economía naranja y también la interacción entre la innovación y la creatividad para mejorar los procesos industriales en el país.

Si hacemos eso, podemos empezar a cambiar los patrones, podemos abrir mucho más, diferenciar y diversificar nuestra canasta exportadora, también y ampliar nuestra capacidad permanente de atraer la atención hacia nuevos sectores de la economía.

LRL: ¿Cuál es su visión del futuro de la economía en el posconflicto?

ID: No me gusta mucho esa palabra porque me parece que se la ha vendido al país como si fuera el antiguo y el nuevo testamento. Lo que el país necesita realmente es la visión de un ecosistema.

Lo primero que tenemos que ver en el país, es donde está y cómo está la provisión de los bienes públicos. El gran reto en Colombia con FARC, sin FARC, con narcotráfico, sin narcotráfico está en que en la Colombia rural, donde hay 12 millones de personas y el 80% está en el régimen subsidiado y más del 50% está en una situación de vulnerabilidad, es que tenemos que mejorar la educación.

En las zonas rurales tenemos la peor cobertura y la peor calidad en educación, la peor cobertura con calidad en materia de salud, una gran debilidad para democratizar el acceso a la cultura. Necesitamos cerrar brechas de conectividad, que no es solo con tabletas, la conectividad es el software y el hardware. Ahí es donde vamos  a construir una Colombia con un gran salto social, sin llamarlo posconflicto, porque no es que si firmamos con las FARC va a llegar lo que el campo necesita. Lo que el campo necesita hay que hacerlo con o sin FARC, el país ya ha empezado a hacer cosas sin las FARC, el ELN, las Bacrim o los paras.

El verdadero reto, es que tengamos un país donde en las zonas de mayor vulnerabilidad podamos garantizar bienes públicos que ayuden a nivelar la cancha de la equidad.

LRL: ¿Qué opina del desenlace del modelo de confianza inversionista, ahora que bajaron los precios del petróleo?

ID: La confianza inversionista en el país no es solamente petrolera. En el país, la confianza inversionista, la detonaron varias cosas. Este es un tema que a veces se tiende a polarizar entre los amigos y los enemigos de Uribe, para ver Uribe dónde la embarró o qué hizo o qué no hizo.

Lo primero que trajo la confianza inversionista al país es la seguridad, el volver a traer inversión al país no solamente extranjera, sino nacional, hizo que el valor de los activos en Colombia se multiplicara por cantidades que nunca habíamos visto en un período de tiempo tan corto. Las más grandes transacciones empresariales en el país, de compras entre empresas nacionales o de extranjeras a nacionales, o de nacionales en el extranjero, se dieron en esa época de valoración de activos.

Lo segundo, este es un país que logró, en ocho años, casi duplicar su PIB. Logró triplicar o cuadruplicar sus exportaciones, logró casi cuadruplicar el ingreso per cápita, duplicar los niveles de ocupación hotelera, casi triplicó los visitantes extranjeros al país. Eso también es un triunfo de la confianza inversionista. Y la llegada de inversión de portafolio al mercado accionario en Colombia, ¿cuántos nuevos emisores en el mercado de valores hubo en Colombia?

Ahí está la parte más gruesa de lo que fue la confianza inversionista y frente al petróleo. El petróleo también fue un sector beneficiado de la seguridad y de la política de la confianza inversionista y el país pasó de producir 400 mil barriles a producir 800 mil y la administración actual lo recibió en un millón.

En materia de minería también. Un país que aumentó sustancialmente la producción de toneladas de carbón hasta llegar a 88 millones de toneladas. Más de 60 mil toneladas en producción de níquel. Vimos unos sectores que estaban creciendo

¿Qué estamos viviendo hoy? Estamos viendo la caída de un boom externo, pero con un país que tiene la capacidad, mientras se mantenga la confianza inversionista, de producir un millón de barriles. El desafío más grande que Colombia tiene hoy, frente a la confianza inversionista, es que la inflación, la carga de tributación, la complejidad del peregrinaje burocrático que hay para muchas actividades y que el cerco normativo que enfrenta el sector privado, no disuadan o no terminen borrando con el codo lo que se hizo con tanto esfuerzo con la mano, para generarle al país ese entorno de negocios.

LRL: ¿Usted trabajo varios años en el BID, que tanto es la influencia de este banco en América Latina?

ID: Tiene una gran influencia y puede llegar a tener más. Su influencia está en que el BID, como lo diría su primer presidente, Felipe Herrera, es más que un banco porque no solamente presta plata sino que transfiere conocimiento y está constantemente evaluando la región.

El banco de Luis Alberto Moreno, el BID de hoy, es un BID que combina muy bien el dinero con el conocimiento. No es un banco que impone recetas dogmáticas, sino que trabaja con las mismas mentes dentro del país y con la visión de desarrollo de los países, para que ellos tengan propiedad de lo que se está haciendo.

La función más grande que tiene hoy el BID es ser un socio, un compañero dentro de la construcción de políticas de desarrollo con dinero, con conocimiento y con algo muy valioso, ha logrado atraer al sector privado internacional a que sea también socio de esos procesos, a través de fundaciones o empresas. Esa es la influencia que se va a maximizar ahora cuando se ha fortalecido la ventanilla del sector privado.

LRL: ¿Cómo ve el debate económico en el Congreso?

ID: A veces quisiera verlo con más intensidad en los debates técnicos, con más rigor, pero lo político captura mucho la calidad de los debates técnicos en el Congreso. Cuando digo los debates técnicos no es el diálogo entre marcianos, sino la posibilidad de entrar a la verdadera sustancia, a los verdaderos supuestos y a los verdaderos escenarios de lo que puede ocurrir sectorialmente con la economía colombiana.

LRL: ¿Cómo llegó usted a la lista del senado del Centro democrático?

ID: Llevaba mucho tiempo viviendo fuera de Colombia, pero siempre estando con un pie en Colombia. Durante 13 años escribí columnas económicas todos los jueves en Portafolio, había estado trabajando como representante del país en la junta del BID y le hacía mucho seguimiento a cosas que estaban teniendo lugar en el país. Eso me involucraba mucho en los temas nacionales.

Cuando Uribe deja la presidencia termino trabajando con él como profesor asistente, en sus memorias y en Naciones Unidas. Tuve la posibilidad de compartir con él muchos anhelos, expectativas e ideas de lo que yo soñaba con el país.

Cuando el presidente Uribe decide crear el Centro Democrático y hacer una lista al Congreso, él me invita a participar en ella y tomé la decisión de cambiar el curso de mi carrera para ser miembro del Congreso de Colombia y hoy me siento honrado, complacido, comprometido y dedicado profundamente a esta labor. 

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