“Esta paz es resignada” Juanita León

En el "Almuerzo con Líderes" de esta semana en la Red Líder, la directora de La Silla Vacía habló sobre su cubrimiento al proceso de paz, que describió como una traducción simultánea.  

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28 de Agosto de 2016

Álvaro Forero: Estamos a dos días del anuncio tal vez más importante desde que usted y yo nacimos, desde el punto de vista político, ¿qué sensación tiene?, ¿cómo ve que recibió el país la noticia?, ¿en qué estado está Colombia?

Juanita León: Álvaro Jiménez dice que esta es un paz resignada, y ese día realmente lo verifiqué. Porque sin la manifestación en el Parque de los hippies organizada por Héctor Riveros, realmente hubiera sido un día normal como cualquier otro para la mayoría de la gente. Me parece increíble que uno como periodista tenga la posibilidad de terminar un conflicto armado de 40 años, dar la noticia, y la sensación es que no hay una gran emoción colectiva, la gente no sale a pitar. Hay más emoción cuando gana un ciclista, que terminar el conflicto armado. Eso da una idea del tipo de paz a la hemos llegado, bastante resignada. Incluso en los que vamos a votar por el SÍ, hay una sensación de que votaremos sí porque es peor seguir en esto, pero no con una gran emoción.

AF: Pero ¿no será que hay cierta alegría interior, personal, y lo que pasa es que en el medio público se ha estigmatizado hacerle aplausos a la paz?

JL: Sí. El plebiscito le ha metido un carácter político a la negociación que hace que la gente, inclusos los periodistas, no sientan que deberían tomar partido porque hay una campaña casi que política de por medio. De hecho, en La Silla cuando se iba a dar el acuerdo, discutimos muchísimo cómo titular. Sentíamos que dado que viene una campaña por el plebiscito, que aunque el acuerdo está firmado no significa realmente que vaya a existir, porque si gana el NO, no pasa nada.

Discutimos muchísimo cómo debería ser el titular, si debería ser mucho más plano o más emotivo y claro, yo decía: “es absurdo que no podamos titular algo muy emotivo.” Pero por otro lado, para La Silla es muy importante realmente ser una fuente confiable tanto para los que van a votar por el NO como los que van a votar por el SÍ. Nos daba susto en ese titular perder esa confiabilidad de las dos partes. Eso le da una idea de ese elemento político que hay en este momento dentro de este proceso, por lo menos en el último mes.

AF: Hay una explicación, y es que es un país traumatizado, 50 años de guerra dejan muchas heridas, dolores, dudas, desconfianza. Lo otro es que la oposición al proceso a veces es más efectiva en manejar la noticia que el , ¿no le parece que la oposición ha sido muy efectiva en neutralizar el , ha puesto por delante más los problemas que los beneficios?

JL: Lo que veo es que la gente que va a votar NO está totalmente movilizada. Cada vez que conozco a alguien, el taxista, mi mamá, que van a votar NO, tienen 25 argumentos, y no veo esa misma pasión del lado de los que van a votar SÍ. Ahí hubo un gran error de parte del gobierno los primeros tres años, de bajarle la caña al proceso. Santos se la pasó un poco convenciendo a la gente de que esto no iba a cambiar casi nada, que era una cosa chiquita y ahora, que ya se va a dar el cambio, es más difícil.

Por el contrario, el ex presidente Uribe lleva cuatro años haciendo pedagogía de su visión del proceso, que obviamente es muy negativa, y siento que para la gente es muy difícil ubicarse emocionalmente en el SÍ. No han logrado encontrar una narrativa que le haga a la gente sentir que es bueno ser parte de esa historia.

AF: También es que el establecimiento está dividido, y aquí el establecimiento controla la política y el sí y el no. Lo que estamos viendo es que no hay demasiada sociedad civil, ni vida ciudadana allá afuera tomando la bandera. Uno se pregunta ¿por qué solo vemos al presidente Santos, el ex presidente Uribe y el ex presidente Gaviria?

JL: Hasta Samper hoy le dio por opinar. La peor campaña que se le puede hacer al SÍ es que Samper lo avale.

AF: Ellos tienen todo el derecho porque son los líderes de lo uno y de lo otro, pero es que no hay terceras voces. ¿No le impresiona eso, cuándo hace el cubrimiento periodístico siempre tiene que recurrir a las fuentes políticas?

JL: Nosotros recurrimos a todo tipo de fuentes pero lo que sí es impresionante es la ausencia de líderes que logren aglutinar gente por encima de lo político, de los políticos básicos. Por eso me parece tan valioso el ejemplo de Francisco José de Roux, que escribí una historia sobre él a raíz de su oferta de intercambiarse con Odín Sánchez. Por lo menos es un líder no político que habla, que dice cosas y que inspira a gente de varias proveniencias. No hay muchos líderes así. Carlos Vives, la gente lo puede admirar mucho, pero él no es una persona que vaya a tener un discurso, que la gente lo esté siguiendo. No hay lideres artísticos por ejemplo, no hay en la Iglesia.

Lo de la Iglesia es bastante incomprensible, y entiendo que entre los obispos no se pudieron poner de acuerdo porque hay varios que están a favor del NO. Prefirieron dejarlo a libertad, como la libertad de conciencia. Me parece que son en estos momentos donde más se necesitan líderes porque por lo menos lo que he leído es que en los plebiscitos o referendos la gente se pone muy nerviosa. Dada la magnitud de la pregunta que le están haciendo, en esa medida tienden a recurrir a la gente en la que cree y hay muy poquitos líderes en los cuales puedan creer, por el desprestigio que tienen los políticos y porque en la sociedad civil no hay unos liderazgos tan visibles. Me impresiona cuando uno entrevista a la gente, no te hablan on the record, a veces entrevisto gente que me dice unas cosas increíbles, les digo: “bueno te cito diciendo eso y me dicen: no, no, mejor no”.

AF: ¿Por qué tienen temor?

JL: Porque todo el mundo tiene un contrato o cree que va a tener un contrato a futuro, o porque la gente siente que si dice algo en contra de alguien, no hay enemigo pequeño. Es una sociedad muy pequeña, con un mercado muy limitado, donde el peso del Estado incluso en la economía es demasiado grande y donde las críticas son aparentemente muy castigadas.

AF: ¿Pero solamente hay miedo de hablar contra el gobierno? ¿Contra la oposición también?

JL: Me parece que es más contra el gobierno que contra la oposición. En general, es como si la verdadera libertad de expresión no existiera, todo el mundo siente que el costo de decir la verdad públicamente es tan alto, que es mejor no decirlo o por lo menos no dar la cara diciéndolo.

AF: Entrando al cubrimiento del proceso de paz: han sido muchos años, usted ha estado muy cercana, muy  juiciosa, cómo describiría lo que ha sido cubrir un proceso de paz que está fuera de Colombia, que tienen unos niveles de secreto, en medio de una polarización política enorme, donde ganan más los rumores y las mentiras a veces que las verdades, pero que sin embargo, dominó durante cuatro años la agenda noticiosa. ¿Cómo ha sido cubrir el proceso?

JL: Cubrí el proceso de paz del Caguán, después el de los paras en Ralito y ahora este. Ha sido interesante comparar las cosas, y bueno, ahora también soy más grande y tengo más experiencia de la que tenía cuando cubrí el Caguán. Creo que el hecho de que fuera en Cuba y tan confidencial hizo que por lo menos en La Silla Vacía, tomáramos la decisión de tratar de enterarnos lo máximo posible de lo que ocurre en la mesa, lo cual era muy complicado, pero realmente vamos a poner nuestro énfasis en tratar de comenzar a analizar sus efectos en Colombia.

Cada vez que salía un acuerdo, tratábamos de ver el aterrizaje, si ese es el acuerdo rural, qué significa, si el IGAC está preparado para la titulación de predios o no, de dónde van a salir esas tierras de las que hablan? Y por otro lado, tratamos de analizar mucho el efecto político del proceso de paz. No estoy segura si realmente dominó la agenda mediática porque me parece que como es un tema tan impopular, no siento que los medios le hayan gastado tanto tiempo a cubrirlo. Pero si dominó la agenda del presidente, comenzó a definir mucho, se volvió el proceso político más importante alrededor del cual se comenzó a organizar la política y nosotros tratamos de cubrir ese efecto también. Fue interesante, no tanto esforzarse en tratar de tener una chiva de lo que pasaba en la mesa, aunque tuvimos algunas. Pero a eso no le dimos tanta relevancia, porque realmente los negociadores me pareció que fueron gente muy seria, de lado y lado, de los guerrilleros y del gobierno, me parece que filtraron muy poquitas cosa.

La otra cosa que fue interesante de cubrir este proceso, es que fue una labor de traducción simultánea entre lo que quiere decir el establecimiento y lo que quieren decir las Farc cuando dicen lo mismo. Ambos hablaban de víctimas, significaban cosas totalmente diferentes. Era impresionante ver las diferencias y la labor de La Silla de tratar de explicarle lo que significaba el otro lado fue muy interesante para nosotros.

AF: ¿Cree que los medios en general transmitieron la opinión de las Farc, o se siguió en la misma línea anti Farc en todos los temas?”

JL: Tengo la impresión de que Caracol Radio, como los periodistas que estaban allá en el Caguán, e incluso los de televisión, hicieron una buena labor de registrar las declaraciones de las partes. Lo que siento es que con las declaraciones de ellos, pasó lo que pasa en Colombia con el periodismo en general, que se circunscribe muchísimo a las declaraciones y que no hay un contexto, ni siquiera de compararla con la del día anterior, y no hay demasiado análisis como para entender qué significa esa declaración. No hubo una labor de silenciamiento de lo que decían las Farc, creo que hubo muy poco análisis de lo que querían decir.

AF: Mientras La Silla trataba de traducir, había otro proceso de traducción simultánea que eran las redes sociales. Salía una noticia y cada lado la manipulaba de una manera, y a veces las redes terminan llegando más que los medios.

JL: Ahí hay un problema y es que como las Farc tenían una estrategia de presentar 100 propuestas mínimas de cada cosa, pero de mínimas no tenían nada, sino eran súper máximas, y como los medios digamos radiales sacaban el directo, la gente comenzaba a asumir que eso era lo que se estaba negociando y no había una labor de contextualización. En la mesa se llega a una fracción de lo que las Farc estaban pidiendo.

AF: Para el periodismo colombiano fue un reto grande porque estaban acostumbrados a cubrir la guerra. Ir a tomar fotos de los muertos y hablar de combates. Llevamos 13 meses de cese al fuego, interpretar un proceso que está a puerta cerrada es mucho más difícil. En general, ¿cómo vio al periodismo colombiano en entre proceso?, ¿cree que hizo un buen papel?

JL: A los demás periodistas les pasaba un poquito lo mismo que a mí, y es que varios ya habíamos cubierto el Caguán también y traíamos un poco ese trauma. En el Caguán, me le entregué a ese proceso, retrospectivamente me pareció que había sido increíblemente ingenua y creo que eso le pasó a muchos otros periodistas, que dijimos bueno, eso si no nos capan dos veces. No vamos a cometer el mismo error de creer todo lo que dicen.

     "No nos capan dos veces. No vamos a cometer el mismo error de creer todo lo que dicen las Farc."

Todos comenzamos a cubrir ese proceso con bastante escepticismo. Pero también hay como una lógica binaria en el periodismo, en que las historias siempre son mejores cuando hay un bueno y un malo. Cubrir una negociación implica cambiar un chip de que ya no es el bueno con el malo, el terrorista con el Estado. Es una mesa que tenía una simetría bastante evidente y cubrirlo sin ese dejo de indignación me parece que le ha costado mucho a algunos periodistas.

AF: Hablamos al principio de que el país está anestesiado, como incrédulo. ¿No será que en eso tiene mucha responsabilidad el periodismo?, ¿que por tratar de mostrar los dos puntos de vista, ayudó a enfriar mucho, a insensibilizar mucho al ciudadano?

JL: Creo que sí y los periodistas, con grandes excepciones, pensaría que el promedio del periodista depende mucho en sus interpretaciones de la línea del gobierno. Creo que la línea del gobierno durante muchos años fue de no crean grandes expectativas, casi sean como críticos porque eso ayuda en la mesa de negociación. Parte de ese mensaje caló en los medios, unido a que en general los periodistas me parece que ya habíamos tenido la experiencia traumática del Caguán y también hay algo en el periodismo que se parece mucho a la política y es que es difícil separarse de tu público y de las expectativas del público, casi tu quieres que te quieran. Te quieren más si interpretas como temores y si uno interpreta sus deseos de la forma más fiel. A veces es difícil, y lo siento en La Silla cuando tenemos posiciones, que nuestros usuarios que no nos quieren, es una presión decir pues esto es lo que he encontrado en la reportearía, no es mi culpa, porque uno quiere que lo quieran. Como en los colombianos en general el rechazo ante las Farc era tan grande, el rechazo al proceso era tan grande. Hay algo, no sé si es como populismo o una cosa como casi humana de querer satisfacer al público y darle lo que quiere.

AF: Y la polarización tiene dividido al público. Entonces están en esa disyuntiva.

JL: Sí, aunque también pienso que los medios fueron bastante acríticos a lo largo del proceso, de cosas que podrían haber sido más críticos porque además estaba recibiendo un montón de plata de la oficina del Fondo de Paz para pauta. Creo que la paz también ha sido una gran bonanza para muchos medios. Los foros, los debates, la pauta de la paz ha sido en todo caso una inversión grande para los medios en un momento de gran crisis del negocio.

AF: No diría que gran negocio en términos de publicidad, y ahora con el plebiscito el gobierno no puede hacer pauta.

JL: Uno ve la plata que está dando la Unión Europea a Semana o a El Espectador para esos cubrimientos del 2020, son recursos para un momento de crisis del periodismo.  

AF: Bueno, pero menos mal llegan recursos para hacer periodismo de profundidad.

JL: Claro, me parece que por ejemplo el cubrimiento 2020 de El Espectador es muy bueno. Pero lo que te estoy diciendo es que están financiando un contenido muy a favor de la paz.

AF: ¿Qué podría señalar como lo mejor y lo peor de este cubrimiento del proceso de paz? Le parece que debe generar orgullo entre el periodismo colombiano, y ¿qué debe generar reflexión?

JL: Siento que el periodismo colombiano en este proceso de paz tuvo un énfasis y una reporteria muy valiosa, por ejemplo, en el cubrimiento de todo lo que tiene que ver con las víctimas. Me parece que las audiencias de víctimas fueron súper bien cubiertas, que el periodismo ha ido mucho más allá de lo que tenía que hacer para incorporar esas voces de víctimas en el cubrimiento del proceso de paz. Con el tema de tierras, me parece que han habido unas investigaciones muy importantes en El Espectador o Semana.

Por ejemplo, los periodistas que han estado en La Habana, que es lo más aburrido que hay, estar en ese centro de convenciones, es la cosa más destemplada, esperar que salgan y digan 3 cosas y además, ¿has visto las caras que tienen todos los del gobierno y los de las Farc? Todos parecen como si estuvieran en un funeral y esos periodistas siempre ahí, por lo menos registrando lo que dicen. Creo que tiene un valor. En general el cubrimiento de lo que ha pasado me parece que ha estado bien.

AF: ¿Y lo peor?

JL: Lo peor es lo que me parece que es la gran falla del periodismo colombiano, que se limita mucho a las declaraciones de los poderosos y no va más allá a analizar otras cosas alrededor del proceso de paz. Nosotros no sabemos qué esta pasando en las cárceles,con los presos de las Farc, por ejemplo, y lo digo como autocritica a La Silla que tampoco hemos hecho esa historia.

AF: ¿ Sabemos cuántos guerrilleros hay en las cárceles?

JL: No. No sabemos ni como los empresarios se están moviendo. De la Fiscalía y esos informes que dice tener sobre las Farc, ¿los tiene o es pura carreta?. ¿Están preparadas las instituciones para el postconflicto? No tenemos ni idea. Hay muchas historias aquí que nosotros podríamos estar reporteando y que los medios no lo están haciendo.

AF: Hay una cosa que le he reconocido mucho como un aporte de La Silla, que en este momento es clave: el detector de mentiras. Si algo necesitamos los colombianos en este momento es eso. Abre uno Twitter y le dicen una cosa y la contraria, con el mismo énfasis, y se volvió un mar de mentiras, de manipulación y de populismo. Ese detector de mentiras es muy importante, ojalá lo hagan con todo, y no puede perder credibilidad. Ya pasando al tema del proceso, usted ha visto el proceso más de cerca que la mayoría de la gente, vio también el Caguán y el proceso con los parmilitqress.  ¿Qué le ha impresionado? ¿Cómo describiría ese equipo, esa mecánica?

JL: La diferencia principal entre el Caguán y este proceso es la seriedad del diseño. Me parece que el aporte de Sergio Jaramillo y del guerrillero Mauricio Jaramillo en definir la agenda marco, realmente es el 50 % del éxito de este proceso. En el Caguán después de tres años no se habían podido poner de acuerdo ni siquiera sobre qué era la negociación, era la deuda externa, el narcotráfico, era todo. El hecho de haber comenzado esta negociación con un marco súper detallado, definido, 5 puntos y nunca haberse movido de ahí, es fundamental.

AF: ¿El otro 50% fue no haberse movido de ahí?

JL: No haberse movido de ahí. Mantener esa disciplina, que era no haberse dejado tentar de moverse, eso fue un éxito del proceso. Me parece que un trabajo que ha sido muy poco reconocido, pero que ha sido fundamental, es el trabajo técnico de todo los asesores de la oficina del Alto Comisionado, que casi todas son mujeres. El nivel de Juanita Gobertus, Mónica Cifuentes, de todas estas mujeres que llevan años trabajando, produciendo, estudiando todos los procesos de paz, esa solidez técnica del proceso, ayudo muchísimo.

AF: Es la primera vez que se hace así.

JL: Fue de una seriedad impresionante y realmente me impresionó ver tan cerca el sacrificio de los negociadores. Frank Pearl lleva 6 años lejos de la casa con un niño chiquito. Elena Ambrosi tiene niños de 2 y 4 años, y uno dedicarle ese esfuerzo al país me parece de un valor impresionante. Los colombianos no hemos entendido el nivel de sacrificio o no hemos sido lo suficientemente agradecidos. Me parece que el presidente no les agradeció, o no les ha agradecido lo suficiente ese esfuerzo y me impresiona que la gente tenga un sentido de patria tan elevado. Nunca he visto un compromiso de funcionarios públicos a ese nivel como lo vi en esta negociación.

AF: El otro tema obvio. No le hago la pregunta sobre el liderazgo del presidente en este tema porque eso lo va a decir es la historia. La inmediatez, las malas encuestas, están siendo muy duras y el veredicto lo va a dar la historia, realmente hasta que no gane el plebiscito su impronta en la historia no va a estar, y es pronto para decirlo, para verlo, pero, ¿cómo analiza ese papel del presidente?

JL: En La Silla escribí un artículo que se llamaba: se necesita un "tipo” como Santos, para sacar adelante el proceso de paz. Creo que sus virtudes e incluso sus defectos personales le ayudaron. Me parece que el hecho que él sea una persona como tan fría y tan poco llevada por sus emociones, ayudó a que en momentos muy difíciles que otros hubieran tirado la toalla u otros se hubieran exaltado y hubieran mandado todo al diablo, Santos se mantuvo. Me parece que esa habilidad que tiene de usar a la gente y ponerla digamos sin tener demasiada consideración por sus sentimientos, al final también ayudó.

Aunque Humberto de La Calle y Sergio Jaramillo, llevaban un año negociando el acuerdo de justicia, decidió ponerles competencia y mandar a Cepeda, a Juan Carlos Henao y a Cassell a negociar el acuerdo de justici,a casi sin avisarles, cosa que otra persona con mayor sentido solidario no lo habría hecho. No le importó y los mandó. Ahorita para el conclave necesitaba que María Ángela Holguín fuera y negociara mucho más de lo que los otros querían negociar. La mandó eso fue lo que hizo posible también que las cosas terminaran saliendo como salieron. Santos tiene un sentido estratégico muy superior que ayudó a sacar este proceso adelante y eso ha sido muy importante.

AF: ¿Cuántas historias ha hecho analizando del proceso? 

JL: Más de 60.

AF: Usted me decía que siempre creyó que se iba a llegar al final, ¿cómo analizaría el acuerdo? 

JL: Es un acuerdo que en general es muy positivo para Colombia, aunque tiene unos riesgos si no sale bien.

AF: ¿De implementación?

JL: No solamente de implementación, sino en su misma concepción, una de las transformaciones para Colombia que puede traer ese acuerdo y que es riesgosa. Casi cambia el modelo de una democracia muy representativa a una democracia participativa. Donde las comunidades van a tener, si se cumple el acuerdo y no queda en letra muerta, una cantidad de injerencia, van a tener muchísimo más poder. Van a tener una descentralización de las élites a las comunidades.

AF: Eso quiere decir que se requirió un proceso de paz para poder hacer real el espíritu de la Constitución y democracia participativa.

JL: Totalmente. Las comunidades van a participar en la veeduría de presupuestos, en la ejecución de presupuestos, en consultas de temas. Me parece que puede ser positivo para Colombia, descentraliza el poder que está tan concentrado en las élites. Por otro lado, puede romperle el espinazo al clientelismo, que en Colombia realmente es un factor retardatario muy grande. Pero a la vez corre el riesgo de que muchas de esas comunidades, en todo caso son controladas por las Farc, o tienen una gran injerencia de las Farc. Tocaría ver si ahora las Farc sin armas van a tener ese poder que tienen hoy sobre ellas o no, y también eso puede entorpecer esos procesos. Van a tener 200 veedores, eso puede hacer que lo poquito que se hace en Colombia se trabe aún más.

AF: ¿Cree que viene una explosión de protesta social?

JL: Dependerá mucho de qué tanto le cumplan a los acuerdos o no. Por un lado, las Farc es un movimiento que va volverse un movimiento político social y que eso lo que hace es que va a utilizar mucho la protesta social, también para garantizar que le cumplan los acuerdos. Por otro lado, va haber una protesta social ya sin la estigmatización de que los acusen de ser de las Farc, de gente que no tiene nada que ver con las Farc y que va a sentir que ahora sí puede protestar sin que lo estigmaticen. Ahora toca ver eso como se conjuga con el Código de Policía que es súper restrictivo de la protesta social y ahí va haber una tensión bastante grande.

AF: El plebiscito, heensado en una netáfora para medirlo. Juan Manuel Santos no tenía que hacer un plebiscito, ha ganado todas las batallas ...

JL: No, creo que si tenía que hacerlo porque esa condición del plebiscito fue la que facilitó poder hacer la negociación. No solo en La Habana, sino en Colombia.

AF: Fue una estrategia inteligente porque le dijo a las Farc: “No pidan más allá de lo que los ciudadanos puedan aceptar en las urnas” y tranquilizó un poco a la oposición. Pero podía haber dicho después no. Pero ha ganado todas las batallas. Realmente el plebiscito, lo que es, es una batalla política. Si no estuviera dividido el establecimiento, no se necesitaría. Como en 1957, también fue para juntar conservadores con liberales porque había una oposición muy grande. Es la tragedia de esta sociedad, necesitamos los plebiscitos para poder cerrar esas diferencias, porque cuando el establecimiento se divide, se divide en unos niveles absurdos, que han llevado a la violencia. Pero una manera de verlo, es que este plebiscito puede ser 1 de 3 cosas para Juan Manuel Santos, dígame cuál ve, haciendo un paralelo con batallas históricas:

1. El día D, la invasión de Normandía, era inevitable, iba a costar muchas vidas pero era inevitable. Si no lo hacían, Hitler se terminaba de tomar Europa.

2. Es el equivalente de la invasión de Napoleón a Rusia. Era el dueño de Europa, no necesitaba ir a allá, se metió, el ejército ruso se replegó, llego hasta Moscú y a la salida lo emboscaron, fue una gran trampa.

3. Puede ser que esto sea la bomba de Hiroshim:, Truman había ganado la guerra, estaba totalmente ganada, pero había que cerrarla políticamente mostrando el poderío de los Estados Unidos, diciéndole a Stalin si no para en Berlín, le espera una bomba”. Esto podía ser el mensaje para cerrar ese debate político con el expresidente Uribe. ¿Cuál cree usted que va a ser para Santos de las 3?

JL: Desafortunadamente creo que va a ser como una tercera vuelta entre Santos y Uribe, en donde seguramente Santos va a ganar por muy poquito y entonces nos va a esperar una cuarta vuelta en las presidenciales del 2018.

AF: ¿Sería mejor no hacer el plebiscito?

JL: Pues siento que lo tiene que hacer, porque odio que un gobernante le prometa a uno algo y después no cumpla, y el prometió hacer ese plebiscito y lo va a hacer.

AF: ¿Pero no cree que los colombianos preferirían no ir a votar en el plebiscito?

JL: Siento que esa campaña del SÍ está tan mal pensada, o en manos de políticos.

AF: Pero las encuestas dicen que gana rotundamente el sí.

JL: No sé cuales encuestas, porque supuestamente estaban diciendo que perdía el Sí.

AF: Todas, excepto una encuesta, a la que se le cuestionó su metodología.

JL: Realmente en las encuestas, después de lo que pasó en las últimas elecciones, soy bastante incrédula con ellas y de hecho en La Silla estamos teniendo una discusión si deberíamos ignorarlas en esta campaña del plebiscito. Lo cual es complicadísimo, pero si no gana el SÍ por una cifra contundente, nos espera una cuarta vuelta entre Uribe y Santos, lo cual me parece aburridísimo.

AF: Si ganara el NO, obviamente el Centro Democrático  pone un pie en la Casa de Nariño. Pero si gana el ¿no sería ya cerrar el tema? Ha habido 3 elecciones, esta sería la cuarta sobre el mismo tema.

JL: No creo porque si gana con una diferencia que no sea contundente me parece que el uribismo va a ser uno de los grandes críticos de la implementación de los acuerdos. Siento por lo menos que la primera fase de la transición no va a salir bien, o sea va a ser complicadísimo, y ver a los guerrilleros en el Congreso y verlos administrando presupuestos va a ser indignante. Van a pasar una cantidad de cosas, entonces eso les va a dar a ellos un juego muy grande de oposición, y es bueno que la hagan además porque siento que eso ayuda a controlar mucho. No, pero ese sueño de verlos extinguidos, se va demorar.

AF: Hay que resolver las controversias, esta polarización es muy dañina, porque volvió a las instituciones víctimas de una antipolítica que las tiene muy amenazadas y es muy difícil.

JL: No creo que sea tan dañina, la verdad, me parece que tener una oposición fuerte es muy buena. Lo que es dañino es que se usen falacias o mentiras, creo que eso no ayuda. Me preocupaba mucho cuando la oposición comenzó con la idea de la resistencia civil, lo que si me parecería inaudito es que si gana el sí, ellos vayan a reconocer el resultado como ilegítimo. Me parecería totalmente anti democrático. Ahora, que se dediquen a enloquecer al presidente mostrando cada problema que tenga la implementación de los acuerdos, me parece que es buenísimo para la democracia.

AF: Las democracias deben tener límites. Fíjese en Estados Unidos, la oposición a Obama, enceguecida de odio lle a tal extremo, degradó tanto la política que por ahí se coló Trump. Póngase a pensar, cuando haga política las Far, van a decir cosas muy parecidas a las que están diciendo hoy sobre el gobierno. Quien iba a pensar hace unos años que cuando logrará hacer política las Farc iba a decir lo mismo sobre el gobierno que lo que dice el otro extremo.

JL: Yo he estado muy feliz, cuando se acabó lo del Caguán tenía 28 años y me ataquá a llorar cuando Pastrana acabó el proceso, fue un golpe muy duro. Pensaba en la gente que había cubierto.

Este proceso tiene puestos los ojos del mundo. Va haber varios libros, pero va haber un libro fundamental a nivel mundial. ¿Quién cree que va a escribir ese libro, Sergio Jaramillo, lo va a escribir usted, Humberto de la Calle, quién irá hacer ese libro clave de la historia de este proceso?

JL: Creo que sería mejor que no lo escribieran, creo que Sergio Jaramillo y Humberto de la Calle debían escribir un libro, pero no creo que esa pueda terminar siendo la versión oficia pues ellos están demasiado adentro. Quiero escribir un libro sobre el establecimiento colombiano, sobre mi clase social, siento que podría escribirlo pero no estoy segura qué. Martha Ruiz puede hacer un libro increíble sobre el proceso de paz. Entiendo que María Jimena Duzán también está escribiendo uno. Álvaro Sierra podría escribir un gran libro sobre el proceso de paz. En Colombia hay periodistas que son muy buenos que pueden escribir ese libro.