“El arte refleja la sociedad donde se produce”: José Roca

En esta semana del arte en Bogotá hablamos con el curador José Roca, #TrendingLíder y fundador de FLORA, un espacio independiente que le ha permitido a decenas de artistas de todo el mundo desarrollar su trabajo sin presión económica.

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25 de Octubre de 2017

La Red Líder: ¿Qué es FLORA y en qué consiste su iniciativa de liderazgo?

José Roca: FLORA es un espacio independiente de arte en Bogotá, centrado en las relaciones entre arte y naturaleza. Nuestra iniciativa consiste en posibilitar que un grupo de más de 20 artistas de muchos lugares del mundo tengan becas que les posibiliten concentrarse en su trabajo por un año entero.

Les damos un taller para trabajar en  FLORA, un estipendio mensual para vivienda, transporte y alimentación, y un programa de estudios independientes llamado Escuela FLORA en el que más de 30 tutores de todas partes del mundo les dictan seminarios y los visitan en sus talleres para darles retroalimentación sobre su trabajo.

R.L: ¿De dónde surge la idea de FLORA?

J.R: FLORA nace de la voluntad de devolverle al arte lo que el arte me ha dado. Cuando cumplí 50 años pensé que era tiempo de regresar a Colombia, llevaba una década trabajando en el exterior y sentí que era importante establecerme de nuevo en el país y poner al servicio de una institución mi experiencia, contactos y recursos. Como no existía la institución que tenía en mente, hubo la necesidad de crearla. 

Con mi esposa Adriana Hurtado, quien es abogada tributarista con experiencia en temas de legislación cultural, pensamos que podíamos fundar una institución de un tamaño manejable para apoyar procesos de artistas emergentes.

Compramos en 2012 una casa en el barrio de San Felipe, que desde entonces ha acogido más de 20 espacios culturales, y creamos FLORA. Dos años después compramos una casa aledaña y construimos allí un edificio de 4 pisos que alberga una biblioteca y 14 talleres, que damos como becas gratuitas a igual número de artistas.

En este momento tenemos artistas de 13 países diferentes, que pasan un año entero con nosotros y que reciben, además del taller, un programa de estudios independientes llamado Escuela FLORA.

R.L: Cuéntenos sobre otras experiencias similares a FLORA fuera de Colombia.

J.R: El modelo de espacio independiente tiene una larga trayectoria en todas partes del mundo: en la región hay o hubo espacios como La Panadería, Temístocles 44, y más recientemente SOMA y Alumnos 47 en México; en Costa Rica está el muy importante TeorÉtica; en Colombia están Lugar a Dudas en Cali, Taller 7 y Casa Tres Patios en Medellín, NC arte, Odeón, El Dorado, Miami, La Agencia, El Parche y muchos más en Bogotá. Y en el pasado estuvieron activos espacios como Gaula, Magma, Arteria, Espacio Vacío y El Bodegón, por citar algunos. Todos ellos han sido inspiración para nosotros.

R.L:¿Cuáles son los resultados de FLORA?

J.R: Lo más positivo es constatar que, luego de cinco años, hay decenas de artistas de todo el mundo que han tenido la posibilidad de desarrollar sus trabajos sin presión económica, pues nosotros hacemos la gestión para que todas las actividades sean gratuitas, tanto para los artistas como para el público. Hemos hecho decenas de exposiciones, centenas de actividades, muchísimo trabajo con la comunidad del barrio, y más de 100 artistas han tenido residencias con nosotros, la mitad de ellos por un año entero.

Las repercusiones en su trabajo se hacen evidentes constantemente: dada la gran visibilidad nacional e internacional que tiene FLORA, su trabajo es visto por mucha gente, los invitan a otras residencias, los aceptan en posgrados, y, lo más importante para un artista, su trabajo es invitado a formar parte de exposiciones a nivel local e internacional.

R.L:¿Cuáles han sido sus aliados?

J.R: Ese proyecto no sería posible sin la generosidad de instituciones públicas y privadas que nos ayudan, y especialmente individuos, casi todos ellos coleccionistas, que son conscientes de que pueden cumplir un rol social determinante al apoyar este tipo de espacios.

R.L: Tras cinco años de haber abierto sus puertas al público, ¿FLORA ha cumplido sus expectativas?

J.R: Las ha superado. El proyecto ha mutado en función de las necesidades del medio. Comenzamos como un espacio de exposiciones y residencias de corta duración, y con la construcción del nuevo edificio nos volvimos una escuela; este proyecto, llamado Escuela FLORA, es el eje de FLORA en este momento.

R.L: ¿Qué han aprendido ustedes de esta experiencia? 

J.R: Que no hay que institucionalizarse demasiado, que hay que mantener la frescura y las ganas de adaptarse para responder mejor a las necesidades del medio. La ventaja de ser independientes es que no tenemos inercia institucional, que es lo que hace que haya resistencia al cambio.

R.L: ¿Cuáles son los proyectos más inmediatos que tienen pensados?

J.R: Queremos fortalecer los programas que tenemos actualmente, y lograr el punto de equilibrio financiero, pues el proyecto aún demanda mucho de nuestro esfuerzo personal. Cuando el proyecto cumpla su primera década evaluaremos qué dirección debemos tomar. En lo personal, iremos preparándonos para el momento en que debamos dar un paso al costado. Nadie debe eternizarse en las instituciones, así sean privadas.

R.L: ¿Cómo ve usted ARTBO?

J.R:  ARTBO es una iniciativa importante más allá del mercado, que apoya los procesos de galerías jóvenes y sobre todo de artistas emergentes, a través de Artecámara, que es un proyecto que dura todo el año, no solamente la semana de la feria.

R.L:¿Cómo es su participación en esta feria?

J.R: Nosotros tenemos una participación marginal, un stand pequeño en el área de las instituciones.

R.L: ¿Cuál es trago más amargo que le ha tocado tomarse a lo largo de su carrera en gestión cultural?

J.R: Cuando estuve en el Banco de la República trabajé por varios años (y con mucha resistencia interna) en la creación del Museo de Arte. Ya tenía todo listo, pero en el 99 me dijeron que ese proyecto no era viable, y tuve que aceptarlo. Perseveré; unos años más tarde se construyó el nuevo edificio y en 2007 se creó oficialmente el Museo, que hoy se llama MAMU (Museo de Arte Miguel Urrutia, en honor a su promotor).

R.L: ¿Y el mejor momento?

J.R: Profesionalmente, el proyecto más grande y complejo que hice fue la curaduría de la 8ª Bienal de Mercosur en Porto Alegre, Brasil. Pero lo más satisfactorio para mí ha sido FLORA, por todo lo anteriormente evocado, y porque es un proyecto que involucra a mi familia.

R.L: ¿Cuál cree que es el papel del arte en Colombia?

J.R: Esta es una pregunta muy difícil de contestar, pues el arte es a la vez inútil y profundamente necesario. Creo que toda sociedad necesita mirarse, y los artistas hacen eso. A veces lo que resulta es bello, pero muchas veces no, es más bien cuestionador. El arte refleja la sociedad en donde se produce, y Colombia es un país que necesita mucho aprender a mirarse.

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