“Me honra tener votos gais, pero yo represento al ciudadano clase media, común y corriente que quiere cambio.” Angélica Lozano #TrendingLíder

“Es la información la que desnuda al Estado y a los políticos, y la que le da poder a los ciudadanos” dice la representante a la Cámara Angélica Lozano, quien publica su declaración de renta, su agenda diaria, rinde cuentas periódicamente. Sostiene que la cercanía que se necesita de los políticos con los ciudadanos no es la del abrazo, sino la de la información. 

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24 de Febrero de 2015

“Es la información la que desnuda al Estado y a los políticos, y la que le da poder a los ciudadanos” dice la representante a la Cámara Angélica Lozano, quien publica su declaración de renta, su agenda diaria, rinde cuentas periódicamente. Sostiene que la cercanía que se necesita de los políticos con los ciudadanos no es la del abrazo, sino la de la información. Lozano cree en que es posible ejercer un liderazgo distinto desde el Congreso, un liderazgo más ciudadano.

¿Cómo minoría si puede lograr algo en el Congreso?

A punta de votos, no. La Alianza Verde y el Polo Democrático juntos somos únicamente 19 congresistas, entre 266. Nombro a los dos partidos porque trabajamos mucho en llave. Pero al ser una minoría de oposición, de independencia, gente que da un contraste, una mirada más diversa que la de la Unidad Nacional o de la oposición radical de derecha, sí influimos en distinta medida. Cuestionamos y mostramos los puntos críticos o adversos de las iniciativas para mejorarlas, y también proponemos mejores.

¿El Congreso es tan malo como piensan muchos colombianos?

Pues yo he crecido como ciudadana crítica y el Congreso me ha sorprendido. Se trabaja mucho más de lo que la gente cree. Le oí decir a una periodista que “hasta el político más malo y de malas intenciones, trabaja mucho”, y eso es cierto y se ve allí.

El Congreso es una foto de la sociedad y nosotros como sociedad estamos dividimos en tres siglos: el ciudadano va en el siglo XXI, con sus derechos, sus exigencias y demandas; el Estado en el siglo XX, atrasadito y en papel, y los políticos en el siglo XIX, todavía les gusta el feudo, el favor y la sumisión.

Además, todavía tenemos dos Colombias: la atrasada, la violenta y la más pobre, y la que tiene alternativas, y esas dos se combinan en el Congreso.

¿Qué dinámicas de hoy no capta el Congreso?

Por ejemplo las exigencias ciudadanas. El ciudadano no quiere favores, quiere rendición de cuentas, quiere saber en qué se gastan sus impuestos. No quiere ver a los congresistas dando condecoraciones, en viajes inocuos, en proyectos para sacarse fotos, quiere saber cómo impacta su vida la inversión que se decide en el Congreso.

Al ver la discusión del presupuesto de la Nación como primípara en el Congreso, casi lloro. Se aplaudió y “pupitrió” cuando se agotó la sesión de 4 horas de discursos que nadie oía.

¿Usted y Uribe influyen más desde Twitter que desde el Congreso?

Guardadas las proporciones, porque él tiene 3 millones y medio de seguidores y yo tengo 43.000, sí, se puede decir que sí.  Mi voto es 1 de 19, o de 11 de mi bancada verde en todo el Congreso, y las mayorías de la Unidad Nacional nos pueden aplastar, pero logramos influir con argumentos adentro del Congreso y afuera con movilización ciudadana. La gente quiere tener dentro del Congreso un vocero. Quiere un ciudadano en el congreso que les esté contando, reportando, explicando, traduciendo. A mí me encanta estar en contravía, traduciendo y explicando, ese es mi papel y Twitter me sirve para eso.

¿Puede hacer algo desde el Congreso para que se expida un proyecto ley de adopción igualitaria?

Evitar el daño. Algunos activistas me han dicho “usted es abiertamente gay en el Congreso, por qué no ha presentado un proyecto de ley”. Yo les digo: si yo quiero bombo, publicidad y rédito personal, presento un proyecto de ley que es inocuo y que sé que no va se va a aprobar y le hago daño a la causa de la igualdad.  Lo que hago en el Congreso es combatir goles y micos. La igualdad es imparable, aunque aquí quieran disfrazarla de discriminación. La orden de la Corte va a generar muchos proyectos. El Partido Verde y el Polo presentaran juntos uno alternativo que apunte a resolver lo represado del sistema de adopciones y muchas fallas más que quedarnos sólo en el tema gay.

Angélica Lozano #TrendingLíder - Red Líder

¿Sus votantes son mayoritariamente gais?

Ni idea. Con seguridad no, porque la igualdad es una causa de la sociedad completa, de la democracia. Y lo que más me emociona es recibir el apoyo de la gente casada, con hijos, heterosexuales, que dice gracias, la discriminación es intolerable. Me honra tener votos gais, pero yo represento al ciudadano clase media, común y corriente que quiere cambio.  Por ejemplo, yo saqué la mayoría de votos en Chapinero, Usaquén y Suba. Corriendo el modelo de John Sudarsky, ¡oh sorpresa!, en ponderación, yo represento a un sector de Kennedy, a esa clase media, justo al estrato 3. Allí estaría mi distrito unipersonal de elección y a ellos debería rendirles cuentas.

¿Hay otros congresistas jugados por la defensa de derechos ciudadanos en el congreso?

Sí, pero hay mucho temor y mucha timidez ante el costo que pagan.. Entonces eso perpetúa la doble moral. Es un Congreso más liberal de lo que se cree en estos temas y posa para un electorado que también es más liberal. Pero el intermediario, como la Iglesia, lo frena.

¿Hay alguna idea que resuma el objetivo de su trabajo en el Congreso?

Como ciudadana común y corriente creo en la igualdad. En nuestro país las oportunidades dependen de dónde nace usted o de quién fue su papá, cuál es su título profesional o si él fue a la escuela. Un estudio reciente de la Universidad de los Andes muestra que el hijo del que no fue bachiller, difícilmente prospera. Y esto es dramático. Yo trabajo por una sociedad que independientemente de si se nace en una vereda rural o en una ciudad capital, tengamos acceso a oportunidades de ser felices. Estas son dos miradas: una liberal de acceso de oportunidades, una más de izquierda de redistribución del ingreso. Yo creo que vale la pena combinar esas dos miradas para sacar a la gente de la pobreza y de la desigualdad, que limita esa igualdad de derechos que ya no es solo de educación y trabajo, sino que es de vida personal y felicidad.

En el congreso hay representación de muchos sectores, y eso en principio garantiza igualdad, pero ¿el congreso colombiano trabaja por la igualdad?

En los congresos, no sólo en el de Colombia, los políticos suelen defender su nicho, su distrito y sus votos, y aquí terminan gestándose más los favores de los patrocinadores, o de las EPS, que la salud de los colombianos. En general es más gremialista que interesado por el bien común.

¿O sea que el Congreso de Colombia no promueve la igualdad?

En general no. En general promueve los favores y los créditos para unos sectores que representa.

El Senado votó a favor de la elección de la selección de los contralores departamentales, distritales y municipales por concurso de méritos. La Cámara no estuvo de acuerdo ¿usted cree que es un proyecto importante, que valdría la pena llevarlo a la opinión pública para que lo defienda?

En el Congreso no todo es malo y suceden maravillas y milagros. Esa es una maravilla que salió del Senado y que la Cámara hundió en mi propia Comisión, la Comisión Primera. Y aquí viene el problema de lo territorial. Un colega muy querido y muy sincero me dijo “usted fue concejal, usted puso contralor, cómo nos va a quitar eso que es lo que nos da poder, contratos y puestos”. Yo le conté que yo voté en blanco porque además al ser de la bancada aliada del alcalde, creo que el control y el equilibrio de poder está en que lo escojan los demás, los de oposición. Me dijeron ingenua. Pero tenemos que hacer todo para que se recupere lo que hizo muy bien el Senado en pleno en la materia.

¿Qué se puede hacer por la igualdad en el Congreso?

Puede darle voz a los temas invisibles allí, los temas que no dan voto ni poder. Mire, Colombia no ha suscrito, no ha ratificado protocolos internacionales que dan medidas concretas a favor de personas con discapacidad o afro. Tenemos una linda ley de salud mental sin reglamentar, es decir, todas estas poblaciones enormes que padecen deterioro, lejos de la igualdad, no tienen herramientas.

El Congreso tiene la capacidad de impulsarlo y desde allí lo hago yo. O trabajar por ejemplo, a favor de las empleadas de servicio doméstico. No tienen prima laboral, unos horarios brutales, condiciones de esclavitud pre- modernas, ahí hay todo un tema por trabajar.

Los jóvenes en el servicio militar obligatorio que retrasa del trabajo, de la educación y además les genera una deuda. Muchachos sin libreta que no se podían graduar o les tocaba quedarle debiendo al Estado 5 millones de pesos, son de estrato 1 y tienen 19 años.

¿Y qué ha hecho usted concretamente en esos temas?

Logramos una ley que funciona desde el 18 de diciembre, ya se pueden graduar sin libreta militar. Este semestre vamos a demostrar el manejo de la plata con la que se compran y venden libretas militares, y de fondo un servicio militar que hay que erradicar. Primero, porque es discriminatorio, sólo lo prestan los hombres. Necesitamos que hombres y mujeres prestemos servicio social, sobre todo para el posconflicto, para la construcción de Estado en los municipios, no envainarlos en un negocio militar. Y por el otro lado, con las empleadas de servicio doméstico, vamos por la reivindicación de sus derechos. No puede ser que a la señora que trabaja por días, el eslabón más débil de la cadena, la esclavicemos y nos aprovechemos de ella, tenemos un proyecto de ley para reconocerle prima laboral.

¿Hay liderazgo en el Congreso?

Sí, pero compartido, difuso. Lo más bonito que tiene el Congreso es que allí está la otra cara del centralismo. Estas noticias tan bogotanas que monopolizan la atención, en el Congreso se chocan con una pared que es la diversidad de las regiones. Hay una gente guerrera de la política tradicional, muy valiosa. Me he sorprendido con un muchacho Juan Carlos, conservador, que usa la virgen en la solapa. Otro de Norte de Santander, y uno del Partido de la U de Cundinamarca. O sea no sólo en los de partidos alternativos, hay gente buena en todo lado.

El clientelismo obedece a muchos factores, la mayoría de ellos culturales y de nivel de desarrollo ¿ve usted posible reducir sustancialmente el clientelismo a corto plazo?

Es complejo porque el clientelismo es de dos vías. La ciudadanía en nuestra cultura política quiere favores, quiere el puestico y quiere el contratico. Esto solo se transforma con que a su vez la gente entienda que son derechos y no favores lo que agencia el Estado. Al político cotidiano le toca muy difícil. Si yo me estreso armando 3 proyectos de ley, armando control político, no me imagino cómo hacen ellos, cuando con clientelismo tienen que conseguir 10 puestos, o 15 puestos. 

¿Qué opina de su colega María Fernanda Cabal, que ejerce un papel tan radical en el congreso?

Casi que tengo la obsesión de crear puentes con parlamentarios como ella.

¿Ha podido crear puentes con María Fernanda Cabal?

Todos los puentes. Y no solo con ella. Con todos los del Centro Democrático, en temas de Estado, de transparencia, de órganos de control. Hay un tema que ellos no superan y es el de la guerra, tienen otra visión y viven del pasado, apegados a Uribe. Yo confío y creo en la construcción de paz y tiene que ser con ellos. La paz sin el Centro Democrático no va a ser, tenemos que incluirlos, esta gente tiene una influencia real, representan a muchos colombianos que no podemos pisotear ni arrinconar. Trabajo muy bien con ellos, no nos gustan algunas cosas, ni a ellos les gusta de mí. Pero con ellos es fundamental trabajar.

¿Qué cosas la hacen una congresista distinta?

Ser absolutamente ciudadana. Eso se traduce en la agenda, en los temas y en las formas. No busco un ministro para que me haga un favor, ni busco un coctel con un ricachón. Estoy con la gente, entendiendo su problema, intentando traducirlo al lenguaje cotidiano y eso es lo que intento hacer desde el Congreso.

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