¿Puede el Pacífico siquiera ver la "p" de la paz ?

¿Qué acuerdo fue el que se firmó?, ¿seguiremos sobreviviendo o nos darán la posibilidad de vivir dignamente?

Maité Rosales Escarria
Maité Rosales Escarria
Coordinadora Técnica de Educación y Líder en Formación
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19 de Junio de 2018

La semana pasada, un joven fue abaleado mientras era transportado en moto por la ciudad de Quibdó, sólo tenía 17 años. El pasado 16 de junio mientras tomaba un chocolate caliente a las nueve de la noche sonó mi teléfono. Era mi cuñada, me llamaba de Tumaco. Miré la hora y me dije: ‘algo no debe estar bien’. Contesté la llamada y me dijeron: “Maité, tenemos que contarle algo muy importante y por ende peligroso, su hermano mayor ha recibido amenaza de muerte, y nos andan merodeando la casa, ya saben dónde vivimos, ya conocen la casa”. Mi hermano es un joven de casa, es padre de dos 2 niñas, siempre he creído que él es el alma más pura y noble de la familia, no se mete con nadie, no pelea con nadie y de la familia es el que más paciencia tiene.

Lo que yo me decía mientras me comentaban la situación era: ‘¿por qué mi hermano?, ¿qué hizo que ahora quieran y tengan otras personas el derecho de decidir por su vida?’. La persona que amenazó a mi hermano es un joven que hace parte de los tantos grupos delincuenciales de Tumaco y que, nada más ni nada menos, se ha enamorado de la esposa de mi hermano. Le dijo: “voy a matar a tu marido cueste lo que cueste para poder quedarme con usted”, suena un tanto bobo, pero muchas personas han recibido este tipo de amenazas en Tumaco.

Luego de la firma de los acuerdos de paz, en Tumaco llegaron a formarse ciertos grupos de delincuencia común que aprovecha la situación de miedo y zozobra para cobrar vacuna a pequeños y grandes comerciantes, amedrantar a vendedores y familias, entre otros.

Me seguían conversando en el teléfono sobre la situación. No sé si era que no entendía la gravedad del asunto pero me sentía tranquila y estoy tranquila mientras escribo. Consideré que la única forma de entenderlo era si lo escribía. Sólo han pasado dos horas desde que conversamos vía telefónica con mi familia sobre cuál es el paso a seguir, qué hacemos, para dónde mandamos a mi hermano. Y su familia, ¿de qué va a vivir? Me preguntaba en ese mismo momento a cuánta gente también le habrá tocado salir de su casa, de lo que ha construido por años, salir de su territorio sin siquiera poder despedirse de sus seres queridos. Sigo escribiendo y no entiendo, no entiendo qué pueda pasar y qué está pasando en mi territorio, ese donde siempre soy feliz.

Mi mamá dijo: “no estoy entendiendo nada, por qué quieren matar a mi hijo y no podemos ir a la policía y colocar la denuncia, es más peligroso aún, ahí sí es cierto que nos matan a todos”. Luego de esa intervención mi mamá no habló más en toda la reunión familiar. Mi hermano me decía que mi mamá tenía la mirada lejos, estaba su cuerpo, pero no ella. En ese preciso momento también entendí que muchos jóvenes han muerto así y que esa es la historia que no se cuenta del Pacífico. Pero, ‘¿y si mi hermano muere?’, me dije. ‘Esto es en serio, Maité, toca hacerle frente’. Pero no tengo la menor idea de cómo hacerlo. Es la una de la mañana del 17 de junio y no hemos definido qué hacer. Traté de hacerme la fuerte mientras hablaba con ellos pero después de colgar pensaba: ‘¿y si me quedo sin hermano de la noche a la mañana?’.

Según el reporte del Instituto Nacional de Medicina legal y Ciencias Forenses, de enero a abril se reportaron en Colombia 3.693 homicidios representando el 49,97% de las muertes violentas. El 4,98% son jóvenes entre 15 y 17 años y el 17,88% son jóvenes entre 25 y 29 años.

Para inicios de mayo, la Defensoría del Pueblo informó que grupos armados secuestraron a tres personas en el Distrito especial de Buenaventura hasta la fecha. Según informe de Forense de Medicina Legal, en el 2016 se registraron 152 homicidios en San Andrés de Tumaco y según información preliminar de la Policía y de la Secretaría de Gobierno, en 2017 fueron 222.

Entre el 29 de diciembre de 2017 y el 3 de enero de 2018 se registraron 14 homicidios en Tumaco, la mayoría de personas jóvenes entre 13 y 14 años. Lo raro no son las muertes, lo raro es que el Estado colombiano siempre actúa bajo el mismo esquema de “llevar más fuerza pública” y hasta la fecha, el número de homicidios no disminuye.

Analicemos un poco el contexto. La población del Pacífico colombiano, en su mayoría afrodescendiente e indígena, ha sido la principal víctima del conflicto armado en Colombia. Para el año 2017, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) estableció que, a pesar de la firma del proceso de paz, Colombia seguía siendo el segundo país del mundo con el mayor número de víctimas de desplazamiento forzado con más de 6 millones de víctimas, superado únicamente por Siria.

Dentro del marco de los dialogo de paz, los líderes del Pacífico y la comunidad en general decidieron hacerse sentir, como lo habían hecho en 1993 con la ley 70. Para 2016 se estructuró un documento que en resumidas cuentas decía: “aquellos que hemos vivido la guerra, los queremos orientar en cómo construir paz”. Pero esta recomendación, como otras tantas, no fue escuchada.

¿Qué está pasando en nuestros territorios?, ¿qué pasará con nosotros y este aumento de la delincuencia común que a nadie parece interesar? Ya lo recuerdo: somos las comunidades étnicas de Colombia. Además, estamos en fechas de mundial. Ni los cuatro secuestrados del río Naya en Buenaventura, ni el asesinato de Carlos Jimmy Prado, líder social y defensor de derechos Humanos el pasado 2 de junio en el Municipio de Satinga, son má interesantes que el mundial y las elecciones presidenciales.

¿Por qué no es posible que escuchemos a las comunidades ‘minoritarias’ históricamente aisladas?, ¿por qué siempre ha sido imposible que nos vean y nos escuchen?. Estos pueblos, en pleno siglo XXI, siguen peleando por una vida digna, por acueducto, por educación de calidad y viviendas dignas.

En el siglo XXI tenemos que hacer paros cívicos históricos para ser escuchados no solo a nivel nacional si no internacional. ¿A Colombia le quedó grande entender que es un país pluriétnico y multicultural que se ha construido con el esfuerzo de todos? No es un tema de inclusión, es un tema de respeto. Es entender que somos parte y hemos ayudado a construir esta nación.

El aumento de las cifras en homicidios, así como cultivos de hoja de coca en algunas partes de la región, y la persistencia en los círculos de pobreza de las comunidades que allí habitan reflejan que en el Pacífico colombiano no se ha dado un desescalonamiento del conflicto armado.

Para el 2009, según la Agencia Prensa Rural, la población afrocolombiana era la más vulnerable a ser víctima del desplazamiento forzado. Y después del deplazamiento sigue siendo la población más vulnerable. Prensa Rural segura que esto significa que el desplazamiento no sólo tiene que ver con la dinámica del conflicto, si no con factores estructurales que excluyen y marginan a las poblaciones étnicas del país y que estos esquemas estructurales no les permiten a estas comunidades mejorar su calidad de vida una vez están fuera del territorio.

Tumaco es uno de los municipios más afectados por el conflicto armado en Colombia, pues su ubicación geográfica la ha convertido en un sitio estratégico para los grupos armados.  En este municipio los disidentes de la guerrilla de las Farc, así como los miembros de otros grupos criminales, reclutan niños y jóvenes en sus filas, incrementando la violencia juvenil.

El más reciente informe del Sistema Integrado de Monitoreo de Cultivos Ilícitos (Simci), elaborado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la droga y el delito (Undoc), indica que en Colombia los cultivos de coca vienen en aumento. En el Pacífico, el área sembrada de coca aumento un 42% y Tumaco sigue siendo el municipio con más hectáreas sembradas, con 23.148 correspondiente al 16% del total del país.

El pasado 21 de mayo conmemoramos 526 años de resistencia y llevamos 167 años construyendo libertad en Colombia. Perto también en cierto que hoy estamos siendo esclavizados por más de 50 años de guerra, una guerra que no creamos, pero que vimos nacer en nuestros territorios. ¿Qué hacemos?, ¿cómo avanzamos y generamos una paz para todos? Es simple: ¿cómo crear bienestar para todos? ¿Seguiremos siendo excluyentes, clasistas y racistas?,¿qué pasará en nuestros territorios luego de estas elecciones?

El país no debe estar en paz para unos pocos. Espero que no sólo sean los hijos de los empobrecidos quienes enfrenten la guerra, esa que se avecina silenciosamente. Pero estamos en el mundial, ¿qué más da?

Comentarios (1)

Juan Camilo Cardenas

19 de Junio

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Maite, solidaridad total. Este debe ser un tema obligatorio para el nuevo gobierno.

Maite, solidaridad total. Este debe ser un tema obligatorio para el nuevo gobierno.