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Las comunidades negras en el juego del Estado, primera parte

El Estado funciona como un juego. Es clave entender entender en qué consiste, cuáles son las reglas y las fichas, quiénes son los jugadores. Así entenderemos lo que se mueve detrás del actual proceso electoral.

Harrinson Cuero
Harrinson Cuero
Investigador asociado al CIDER Universidad de los Andes
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12 de Enero de 2018

Acuerdos de paz que no se cumplen. Leyes que favorecen a las mayorías, no se implementan o se modifican en contra de los intereses de ciudadanos. Obstáculos y presiones a las consultas previas, consultas populares y tutelas. Corrupción de las instituciones públicas que se presenta como una noticia trivial. Algo anda mal en el Estado.

Tal vez la mejor manera de entender la crisis del Estado es no asumirlo como el pacto social que ha regido las relaciones sociales en el último siglo, sino con una interpretación menos romántica y mas aterrizada a la realidad. Es decir, entender que el Estado no es el sistema basado en las decisiones o el poder de todos, sino, en la de los factores reales de poder. Como bien lo señaló Karl Marx, “el Estado no es reino de la razón si no de la fuerza; no es el reino del bien común si no de los que detentan el poder; no es la salida del estado de la naturaleza, si no su continuidad bajo otra forma”.

Factores reales de poder que, a través de un juego claramente definido pero no siempre develado, distribuyen y redistribuyen beneficios, siempre entre los ganadores; jugadores fuertes y experimentados, que como en todo juego, dejan derrotados y plenos de desdichas a los perdedores de siempre, que generalmente son inexpertos participantes.

Si el Estado fuera un juego, es clave entender entender en qué consiste, cuáles son las reglas y las fichas, quiénes son los jugadores. Así entenderemos lo que se mueve detrás del actual proceso electoral.

Sobre el juego

En este juego quien no conoce las reglas pierde. Esa es la triste realidad de los colombianos en general y de las comunidades negras en particular. Veámos la analogía.

Los juegos en general tienen como mínimo los siguientes elementos:

- Espacio: el tablero, la cancha, la mesa, el internet, entre otros.

- Herramientas o instrumentos: las fichas, el balón, las cartas, los avatares.

- Reglas: lo que está o no permitido hacer para lograr jugar y ganar. Las reglas generalmente son fijas y solo modificables por expertos jugadores.

- Jugadores: los protagonistas del juego que buscan satisfacer sus necesidades/intereses como diversión, salud, vanidad, etc.

En el Dominó, por ejemplo, el objetivo es ser el primero en colocar el mayor número de fichas (todas, en lo posible). En el Parqués se debe terminar el recorrido completo del tablero con todas las fichas antes que los demás participantes. En el Ajedrez hay que acabar con el rey del oponente. Todos los juegos tienen como fin último la satisfacción de un deseo personal o grupal; recreación, disfrute, alimentación del ego, o ejercitar el cuerpo y la mente.  

Ahora intentemos homologar el Estado a un juego y determinemos en él cuáles serían sus componentes y quiénes lo integrarían:

- El fin del juego del Estado sería la satisfacción plena de los derechos y deberes de la población asentada en su territorio. Este es un asunto importante, pues aunque en teoría en el Estado todos los jugadores ganan o al menos la mayoría, en la vida real el Estado se comporta como un juego cualquiera en el que la única satisfacción asegurada es la participación mas no la obtención de ningún beneficio adicional.

- Su espacio físico sería el territorio nacional. Todas las regiones del país son el espacio en donde se desarrollan estrategias económicas, políticas, culturales y militares por parte de los jugadores.

- Las fichas serían las instituciones del Estado, que deberían moverse según las estrategias definidas por los jugadores. Las fichas del Estado según nuestra constitución son las siguientes:

  •  Ejecutivo – Gobierno quien ejecuta los mandatos constitucionales y legales.

  •  Legislativo: Son las fichas claves del juego pues definen y modifican las reglas poniendo el juego a favor de uno u otro jugador.

  •  Judicial: son determinantes para el respeto de las reglas del juego.

  •  Órganos de control: vigilan que las fichas cumplan su rol conforme a las reglas establecidas, especialmente el fin último del Estado.

Las fichas tienen la particularidad de tener un rol definido al cual deben ceñirse, son determinadas por la ley y sin importar si el operador de la ficha (institución) está de acuerdo o no con la obligación señalada, éste la debe cumplir.

- Las reglas del juego estarían contenidas en la Constitución Política y demás normatividad nacional. Como solo se puede jugar conociendo las reglas, es indispensables que están sean de pleno conocimiento de todos los jugadores. El conocimiento de las reglas y el fundamento del juego es determinante para poder jugarlo.

- Los jugadores serían los ciudadanos a través de los grupos o sectores sociales o políticos organizados y activos. Los ciudadanos por si solos no tienen posibilidad de jugar, ya que para ello se requiere como en el fútbol, contar con un equipo de personas con el mismo objetivo. El premio al ganador es la garantía, el respeto, la protección de sus derechos. Los jugadores son los únicos que pueden mover las fichas y cambiar las reglas del juego.

Así las cosas, el Estado se comporta como un juego en donde ciertos grupos desconocen las estrategias para modificar las reglas. Esto es uno de los principales problemas de las comunidades vulnerables y marginales pues, fieles a las reglas, no se les ocurre modificarlas para beneficiarse individual o colectivamente, cosa que con frecuencia hacen los grupos económicos, militares y políticos/parlamentarios en el poder.

Ahora bien, aunque todos los miembros de la sociedad participan del juego del Estado, no todos podrían ser catalogados como jugadores. Es común que jugadores desinformados terminen apoyando a equipos contrarios limitando su posibilidad de ganar.

Para ser un verdadero jugador es indispensable despertar en conciencia de derechos y responsabilidades en tanto participante activo del juego. Además, es necesario conocer los instrumentos del juego y sus funciones (instituciones), las reglas y, sobre todo, al oponente.

El grado de conocimiento de estos elementos por parte de los jugadores determina la posibilidad de jugar bien y de ganar, de lo contrario se es un convidado de piedra, un observador pasivo y, en consecuencia, difícilmente se tendrá la posibilidad de ganar y de lograr que el juego satisfaga sus necesidades. Entre los jugadores tenemos:

a. Grupos de poder económico: Grandes empresas y gremios, por ejemplo la industria minero energética, que logra que se declare por parte del Estado su actividad como de interés general, o la industria cañera que evita cualquier intervención en las áreas invadidas por estos a la zona protección de los causes de la cuenca del río Cauca, entre otras.

b. Grupos de poder social: llamados a ser los principales jugadores. Los partidos políticos, que legislan para el beneficio de los miembros que obtienen la mayoría o de sus patrocinadores. Los grupos focalizados organizados (como mujeres, jóvenes, población LGBTI). Las poblaciones étnicas/originarias como las comunidades indígenas, afrocolombianos, gitanos rom, comunidades campesinas, que son usualmente los perdedores del juego.

c. Grupos de poder militar: jugadores que suelen hacer parte o mantener fuerte alianza con los otros, como las Fuerzas Militares del Estado y los grupos armados ilegales, no estatales o para estatales.

Existen participantes con enorme conocimiento del juego, las fichas y las estrategias a tal punto que llegan a confundir/desorientar a sus oponentes. Esto se puede ver con claridad en el largo y doloroso conflicto armado colombiano. Por otro lado algunos ciudadanos o sectores pueden confundirse con los instrumentos, al ser utilizados por otros jugadores para su beneficio, pero no es así: ningún jugador puede volverse ficha ya que los instrumentos del juego no se determinan ni tienen fin alguno mas allá de lo señalado por el reglamento del juego. Los jugadores por el contrario se auto-determinan y definen sus interés de manera independiente.

Las ONG internacionales o los organismos internacionales de derechos humanos participan de alguna manera del juego y esto genera confusión. Estos se comportan mas como los espectadores del juego que con su entusiasmo motivan positiva o negativamente a uno u otros jugador, según su predilección.

Por otro lado los organismos del sistema internacional son fichas de un segundo nivel en el juego del Estado del cual participan los jugadores locales solo a través de sus gobiernos. Podría definirse como las ligas mayores del juego.

En esta lógica del juego del Estado los jugadores experimentados pueden obtener todo tipo de beneficios ante oponentes indefensos que no se enteran de lo que pasa a su alrededor. Estos perdedores sólo sienten enojo por la desgracia de ver a otros que siempre ganan, mientras ellos sólo pierden.

Precisamente esta lógica del juego del Estado es la que permite que una persona que arrebata a otra un celular vaya a la prisión por varios meses, mientras que quien roba millones devuelva el 10% y quede libre en pocos años de prisión de lujo o domiciliaria. Es la que permite que ministros descubiertos en millonarios trámites ilícitos sólo deban pagar una módica suma compensatoria y penas irrisorias y en prisiones de confort.

El juego de las comunidades afrocolombianas

Como jugadores, las comunidades negras tienen como objetivo garantizar el respeto y la efectiva protección y vigencia de sus derechos. Pero la realidad es que el grueso de la población desconoce el juego, la razón de ser y las funciones de las fichas y, sobre todo, desconoce cuáles son realmente sus oponentes en el juego. El conocimiento del juego garantiza el poder real de participación. A menos conocimiento del fundamento y de las reglas del juego, menor posibilidades de participar.

Esta realidad hace que las poblaciones puedan pasar de ser jugadores reales a ser aliados estratégicos de sus contradictores en el juego. En algunos casos el desconocimiento es tal que llegan a convertirse en objetos que hacen parte del espacio físico en el que se juega. Esta es la razón por la cual sectores de sociedad, en este caso la población afrodescendiente, tiene tantas dificultades para el disfrute de sus derechos, pues desconoce los cuatro elementos principales del juego, que son los mínimos necesarios para ejercer de manera real el derecho a participar. Desconoce que está dentro del juego, el fundamento y las reglas, cuáles son las fichas sus fines y funciones y, muy importante, quién es su oponente.

La ignorancia sobre funcionamiento real del Estado es también responsable de que las comunidades no sepan mover las fichas y confundan a menudo al oponente. Se expresa en el hecho de que las personas que representan las instituciones asuman posiciones de jugador y pretendan volver fichas a las comunidades. También se expresa en que las comunidades se confundan identificando al oponente entre ellas y asuman respaldar las apuestas de los empresarios, terratenientes, oligarcas y demás que, aprovechando su desconocimiento, sacan ventaja.

Aunque existen sobradas explicaciones para esto en la historia del racismo estructural del Estado heredero del sistema esclavista colonial, es ahora responsabilidad del pueblo a través de sus dirigentes asumir la tarea de entrenar y conformar un equipo afrocolombiano que juegue en las grandes ligas del juego del Estado.

¿Donde están los líderes del Pacífico?

Los últimos 20 años han sido quizás unas de las décadas más nefastas para la dirigencia negra afrocolombiana, luego de finalizadas las luchas cimarronas del siglo XIX.

La presión sobre los territorios del pacífico y de los valles interandinos ocupados por esta población a cargo de los empresarios del monocultivo del banano, la caña y la palma, así como de los señores de la industria forestal y minera, al mismo tiempo o de la mano de grupos armados ilegales, ha implicado amenazas, asesinato, desaparición forzada, desplazamiento, y cooptación o silenciamiento de gran parte de la dirigencia, que desde finales de los 80 emergió para orientar a las comunidades en la defensa de los derechas como pueblo.

Lo poco que queda de esta dirigencia, que sobrevivió a presiones violentas de agentes del estado, las Farc, el ELN, los paramilitares y sus derivados luego del acuerdo con el gobierno Uribe, hoy se vende al mejor postor electoral o asiste pasivamente al espectáculo de los primeros. En casos de los mejores y reducidos resistentes, entre ellos significativamente las mujeres, intentan con valentía casi suicida mantener en alto la bandera de los derechos étnicos, sociales y económicos de los descendientes de africanos en Colombia.

Un llamado de alerta es ver como campañas de abiertos enemigos de los derechos de los pueblos, sonados narcos y financiadores del paramilitarismo en el Valle y el Cauca, o de delfines herederos del sistema esclavista colonial y reyes de la corrupción, usan la poca imagen que queda del sueño del pueblo negro y el caudal electoral de esta población para mantenerse en el poder o simplemente para rellenar listas y generar a su vez una imagen de integración socio-racial.

Empezando por el Centro Democrático: Carlos Cuero, congresista afrocolombiano del Valle del Cauca, llegó a quejarse por la exclusión que ha vivido al interior de su propio partido. Y Germán Vargas Lleras, el hombre que hacía negocios y política en Buenaventura en el mismo tiempo y espacio en que en las casa de pique descuartizaban a bonaverenses, ahora, increíblemente, cuenta entre sus filas con jóvenes líderes negros con tradición en el  trabajo con poblaciones negras y vulnerables.

Lo propio sucede con personajes con sonadas y oscuras relaciones con narcos y paramilitares, algunos de los cuales participaron, así sea de manera indirecta, en masacres como la del Naya, a los que hoy se suman extrañamente jóvenes y reconocidos dirigentes afrodescendientes.

Y la lista podría continuar, como clara expresión de que no se prepararon lo suficiente, ni fueron controlados por sus bases a la hora de entrar al juego del Estado. Lo hacen con sus contradictores, al servicio de sus causas, y debilitando a los y las que se mantienen en la estrategia de participar por la vía que dignifique al pueblo afrocolombiano.

Todo indica que para poder presentarnos como competidores en el juego del Estado, se requiere que el aprendizaje no sea solo para unos pocos líderes, que logran cierta formación social o académica, y que sea el de todas nuestras comunidades, todos los jóvenes estudiantes, los que con formación básica tengan la posibilidad de pasar de espectadores a activos jugadores colectivos con representantes democráticamente elegidos desde sus territorios.