¿La cátedra de estudios afrocolombianos pa’ cuando, ministra?

Hace poco, la Ministra de Educación presentó el Plan Decenal de Educación. En el documento hay un silencio intencional frente al compromisos antes adquirido con una política educativa para la Cátedra de Estudios Afrocolombianos (CEA). 

Maria Isabel Mena
Maria Isabel Mena
Investigadora independiente
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30 de Noviembre de 2017

Hace poco, la Ministra de Educación, Yaneth Giha, presentó al país el Plan Decenal de Educación. Siguiendo la lógica de los últimos gobiernos, en ninguna parte de este documento se menciona a la comunidad negra. Hay un silencio intencional y los compromisos de política educativa de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos (CEA) quedaron otra vez en el silencio y, con ello, condenó a la comunidad negra a un memoricidio escolar.

Por esa razón, a partir de hoy quiero compartir una serie de columnas para demostrar que la postración a la que ha sido sometida la CEA obedece a una  situación fríamente calculada para que se olvide la historia de la comunidad negra en el sistema educativo.

Según una funcionaria del Ministerio de Educación, la CEA no es un tema vital para el sistema educativo. Además, no tiene el respaldo de un grupo de congresistas a los cuales el tema les genere mermelada u incentivo, ni las universidades se han involucrado en el estudio sistemático de los temas de la africanidad. Aunque la veeduría internacional de Naciones Unidas haya llamado la atención hace décadas por la historia de África, la falta de implementación de los estudios sobre la matriz africana en el sistema educativo es un acto intencional de olvido estatal.

La única alusión que señala el plan decenal es la siguiente: “Con la población afrocolombiana, negra, palenquera y raizal se avanzó en la elaboración y puesta en práctica de trece proyectos y modelos etnoeducativos, propios e interculturales” (página 23).

Esta mención, a todas luces trasnochada (data de hace diez años), es la imagen que de los procesos etnoeducativos existe en el MEN y de la inexistencia de la Cátedra de Estudios Afrocolombianos.

Si no existe la más mínima mención a la CEA, que es Ley de la República, imaginemos por un momento la suerte que corre la comunidad negra con el Decenio de los pueblos afrodescendientes u otros avances de política pública. Estamos ante otro ejemplo del racismo institucional que aqueja a Colombia desde su fundación como nación.

Nos aqueja un memoricidio en tanto recordar las heridas de la esclavitud, del secuestro y rapiña de los ciudadanos criollos y de sus linajes europeos hacia la población africana genera fuertes cuestionamientos sobre las responsabilidades históricas. En este sentido, se hace necesario plantear algunas certezas enmarcadas en la CEA como el único recurso memorial que puede enseñar a los escolarizados la conexión entre la comunidad negra y su matriz africana.

En primer lugar, la falta de estudios sistemáticos sobre poblaciones negras hacen que la ignorancia galope en muchas decisiones de política educativa. Llamarle intercultural a la CEA es la muestra que no se ha entendido la profundidad de la debacle de la memoria africana y sus utilidades por lo menos para el 26% de la población colombiana.

Y en segundo lugar, sin entender las disputas en el campo de la historia escolar, el campo más blindado por la historiografía hegemónica que ha gobernado al país desde el siglo XIX al XXI, no se dispone de los insumos necesarios para dar la batalla por la apertura del tercer grupo de áreas fundamentales donde los estudiantes aprenden la configuración de la nación.

Para librar esta feroz batalla se requiere financiación de investigaciones anuales sobre la CEA, diseñar textos escolares antirracistas, formar docentes para que respondan por esta cátedra, aplicar recursos para dinamizar esta implantación y constituir veedurías comunitarias para vigilar la implementación de esta política pública.

Como dijo un líder negro en una reunión de alto nivel: ¿la Cátedra  pa’ cuando ministra?.