La Cartografía Social: herramienta de análisis a las conflictividades territoriales desde los saberes locales y colectivos

La Cartografía Social permite la interpretación del territorio y de las conflictividades o asociaciones que allí emergen. Lo anterior es vital para comprender las relaciones  interétnicas e interculturales que se generan en la ruralidad colombiana.

Carlos Duarte
Carlos Duarte
Línea de Investigación en Desarrollo Rural y Ordenamiento Territorial del Instituto de Estudios Interculturales - Universidad Javeriana de Cali.
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07 de Noviembre de 2017

*Este texto fue realizado por Carlos Duarte & Francy Bolaños Trochez

La interpretación del territorio y las conflictividades que allí emergen son determinantes para comprender las relaciones  interétnicas e interculturales que se generan en la ruralidad colombiana. De este modo, las metodologías vinculadas a la cartografía social permiten articular en un enfoque multidimensional, el análisis de las relaciones de dominación, las disputas territoriales por los recursos, y la conformación de identidades sociales y culturales, por lo que se afirma que dichas tensiones y problemáticas están intrínsecamente relacionadas y mutuamente imbricadas. En Colombia existen múltiples formas en que la territorialidad estatal ha sido desafiada y reinventada por varios actores, entre ellos, los movimientos sociales, las multinacionales, e incluso los grupos armados. Lo anterior implica la existencia de un espacio nacional fragmentado que favorece la emergencia de autoridades diseñadas para el control territorial. En este contexto, es necesario encontrar puntos de referencia y encuentro entre los distintos agentes sociales que intervienen en los territorios y poder establecer estrategias que faciliten la resolución de conflictos o desacuerdos, teniendo como punto de partida los conocimientos locales.

 

La Cartografía Social – CS.

De la Cartografía Social (CS en adelante), se puede decir que sus primeros usos se dieron a partir de la planeación participativa, en la cual los mapas ya no eran elaborados técnicamente, sino que pasaban a ser una construcción colectiva desde la perspectiva de las comunidades. Esta idea nació del concepto de “quien habita el territorio es quien lo conoce” (Andrade, 1997), el cual permitió establecer nuevos procesos de planeación y una nueva forma de usar los mapas, con el fin de transcender del conocimiento producido formalmente y de manera convencional, al conocimiento colectivo y construido a partir de métodos dialógicos con los distintos agentes sociales. Para Restrepo (1998) un mapa es un instrumento para aprender a leer y descifrar el territorio, ya que “el territorio no es simplemente lo que vemos; mucho más que montañas, ríos, valles, asentamientos humanos, puentes, caminos, cultivos, paisajes, es el espacio habitado por la memoria y la experiencia de los pueblos”. Así, “la cartografía social es, entonces un camino para el reconocimiento del mundo cultural, ecológico, productivo y político que se expresa en el territorio” (García, 2005) y que nos debe servir como ubicación dentro de un contexto social que nos permita construir un presente y el futuro.

En esta propuesta conceptual se sitúa al mapa como una herramienta que permite la reconstrucción del territorio como producto social, donde los agentes sociales conciben, perciben y viven su realidad espacial, cargándola de identidad a partir de sus prácticas culturales y simbólicas. En dicha medida pobladores y territorio son constructores y construcciones simbióticas, mutuamente determinadas.

En este marco de relaciones socio-espaciales, la CS es un medio para ordenar el pensamiento y generar conocimiento colectivo. Esta herramienta de conocimiento espacial, refuerza el rol de los pobladores en tanto sujetos transformadores, visibiliza lo micro, así como el mundo de las relaciones cotidianas. La CS permite adquirir conciencia sobre la realidad circundante, los conflictos y las capacidades individuales y colectivas. Su aplicación abre caminos desde la reflexión compartida para consolidar lecturas y visiones frente a un espacio y un tiempo específicos, para generar complicidades frente a los futuros posibles en donde cada uno tiene un papel por asumir. Desde este punto de vista, la CS invita a la reflexión y la acción consciente para el beneficio común.

A partir del relevante trabajo de Catalina García (2005), se proponen los siguientes principios conceptuales y metodológicos como guía para implementar ejercicios de Cartografía Social orientada a comprender conflictividades territoriales que se iteran con procesos identitarios, distribución inequitativa de la propiedad o con la instalación de enclaves extractivos:

  • La tierra de la gente: una nueva valorización del espacio y el tiempo

  • Los mapas no son el territorio, pero entonces ¿qué son las Cartografías?

  • La Investigación Acción – Participativa como principio metodológico

  • Solucionando juntos una realidad mutuamente imaginada

 

1. La tierra de la gente: una nueva valorización del espacio y el tiempo

Los ideales de progreso y desarrollo se constituyeron bajo una centralidad del elemento tiempo. Se pensaba que los seres humanos compartían una concepción universal del tiempo, y por lo tanto, los esfuerzos de la humanidad debían orientarse hacia la consecución de un tiempo único para todos, eran el tiempo de la civilización y de la modernidad occidental. Todos debíamos parecernos a un mismo modelo de sociedad, el modelo europeo, o el norteamericano. En síntesis, todos debíamos ser “modernos” y aquellos espacios que no lo fueran, vivirían fuera del progreso. Además la gente que viviera en dichos espacios, serían considerados como poblaciones inferiores, subdesarrolladas, o en el mejor de los casos “en vías de desarrollo”.

La metáfora fundadora del pensamiento moderno fue entonces la idea de progreso y de ella se derivan aquellas en las cuales se sustentan las ciencias sociales, especialmente la metáfora del desarrollo, del desarrollo personal para la sicología, el desarrollo político para la ciencia política, pasando por el desarrollo socioeconómico para la economía y la sociología. El privilegiar las metáforas temporales y, por lo tanto, el tiempo, llevó a que la historia aspirase legítimamente a ser concebida como la ciencia social global en la cual todas las demás ciencias sociales tendrían sus fundamentos. En tiempos recientes hemos asistido a un cierto renacimiento del espacio y, para algunos, este renacimiento es una de las señales más concluyentes de la emergencia del pensamiento globalizado (Jameson 1984:54).

El espacio parece, pues, transformarse en el modo privilegiado de pensar y actuar en el siglo XXI. Siendo así, no es extraño que las representaciones sociales del espacio adquieran cada vez más importancia y centralidad en los mundos contemporáneos. Nuestros propios tiempos y temporalidades serán progresivamente más espaciales. “Comenzamos hoy a ver que cada uno de estos tiempos es simultáneamente la evocación de un espacio específico que confiere una materialidad propia a las relaciones sociales que en él tienen lugar. La sucesión de tiempos es también una sucesión de espacios que recorremos y nos recorren, dejando en nosotros las huellas que dejamos en ellos”. (De Sousa Santos 1991:21)

Si nos fijamos con atención la mayoría de conceptos con los cuales representamos la realidad y con cuyo apoyo constituimos las diferentes ciencias sociales y sus especializaciones, la sociedad y el Estado, el individuo y la comunidad, la ciudad y el campo. Todos ellos tienen una contextura espacial, física, vivencial y simbólica que se nos ha escapado por el hecho de que nuestros instrumentos analíticos no les prestaban la atención debida, y los reducían a escenarios o meros contenedores de vida. Sin embargo, como crítica a la concepción del espacio como contenedor, aparecen nuevas tendencias geográficas que lo ponen como centro de discusión y lo visibilizan como producto de las relaciones socio-espaciales, las cuales a lo largo del tiempo construyen el espacio y lo cargan de identidad, pensamientos, sentimientos, memoria, símbolos  y vivencias que trascienden sus cualidades físicas y medibles, para convertirse en espacios vivenciales, donde los individuos se orientan y pasan a ser tejidos y tejedores del espacio.

Tiempo y espacio vividos, habitan por dentro, pero también por fuera de los mapas oficiales, de las estadísticas del DANE y de las fotografías de los satélites. Ambos constituyen el conjunto al que Paulo Freire llamaría “la tierra de la gente”. En sus propias palabras: La tierra de la gente es su geografía, ecología, su topografía y biología. Ella, es tal como organizamos nuestra producción, hacemos nuestra historia y educación. Es nuestra cultura, la comida que comemos y su gusto al cual nos acostumbramos: La tierra de las personas implica lucha por sueños diferentes, a veces antagónicos, como los de sus clases sociales. Mi tierra no es, finalmente, solo una abstracción.”

 

2. Los mapas no son el territorio, pero entonces ¿qué son las Cartografías?

Cartografiar es fundamentalmente elaborar una representación que intenta dar cuenta de un espacio determinado. Son varios los modos de imaginar y representar el espacio (dibujos, fotografías, palabras y hasta números pueden utilizarse). Dentro de ellos, seleccionamos los mapas y, entre éstos, los mapas cartográficos.

La principal característica de los mapas reside en que, para desempeñar adecuadamente en sus funciones, tienen inevitablemente que distorsionar la realidad. Jorge Luis Borges nos cuenta la historia del emperador que encomendó un mapa exacto de su imperio. Insistió en que el mapa debía ser fiel hasta el mínimo detalle. Los mejores cartógrafos de la época se empeñaron a fondo en este importante proyecto. Finalmente, luego de muchos trabajos consiguieron terminarlo. Produjeron un mapa de exactitud insuperable, puesto que coincidía punto por punto con el imperio. A pesar de esto, verificaron, con gran frustración, que el mapa no era muy práctico, puesto que era del tamaño del imperio.

Para ser práctico, el mapa no puede coincidir punto por punto con la realidad. Sin embargo, la distorsión de la realidad que eso implica no significa automáticamente distorsión de la verdad, si los mecanismos de distorsión de la realidad son conocidos y pueden ser controlados. Y, de hecho, así es. Los mapas distorsionan la realidad a través de tres mecanismos principales: la escala, la proyección y la simbolización. Son mecanismos autónomos que implican procedimientos distintos y exigen decisiones específicas. Mas también son interdependientes, en la medida que la escala influye en la cantidad de detalle que puede ser mostrado y determina si un cierto símbolo es o no visualmente eficaz.

Los mapas deben ser fáciles de usar. De aquí resulta una permanente tensión entre representación y orientación. Se trata de dos exigencias contradictorias y los mapas son siempre compromisos inestables entre ellas. Como vimos en el mapa de Borges, demasiada representación puede impedir la orientación. Inversamente, una representación muy rudimentaria de la realidad puede proporcionar una orientación rigurosa. Como cuando somos invitados a una fiesta en una casa que no conocemos, nuestro anfitrión probablemente nos diseña un croquis que nos orienta eficazmente, a pesar de no representar o representar muy pobremente las características del camino y del espacio circundante que tenemos que recorrer hasta nuestro destino. “Ilustración semejante puede ser extraída de los portolanos, los mapas medievales de las costas y de los puertos que, a pesar de representar muy imperfectamente el globo terrestre, orientaban con seguridad a los navegantes. Hay mapas que resuelven la tensión entre representación y orientación privilegiando la representación. Los denominó, siguiendo la cartografía francesa, mapas-imagen. Otros mapas resuelven la misma tensión privilegiando la orientación. Son los mapas instrumentales” (De Sousa Santos Op. Cit. 27).

La Cartografía Social privilegia los mapas-imagen, en la medida que le interesa como los individuos representan su espacio vivido. En esta medida la CS es un procedimiento mediante el cual se construye y se representa un espacio tomando en consideración los aspectos que son relevantes para sus habitantes. Dicha representación significativa de un territorio o espacio determinado posibilita un manejo sistematizado, y sintético de información y conocimiento del mismo que para sus habitantes se convierte en fuente de conocimiento y transformación. En este contexto varios autores coinciden en afirmar que la CS es un método ideal para promover y facilitar los procesos de planeación participativa y de gestión social de las comunidades en el proceso de ordenamiento y desarrollo de sus territorios.

Ejemplo de lo anterior, han sido los procesos que el Instituto de Estudios Interculturales de la Universidad Javeriana de Cali, ha podido liderar con comunidades rurales de distintas regiones del país, donde la CS se ha convertido en una técnica de investigación mediante la cual ha sido posible la identificación de conflictos territoriales, la percepción de las distintas organizaciones sociales frente a su presencia en el territorio, así como las  características sociales, ambientales, culturales y económicas de este. Por ejemplo, en el mapa 1 las comunidades identificaron la presencia de cultivos lícitos e ilícitos que constituyen una fuente de situaciones problemáticas en sus territorios.

Mapa 1.

Fuente: IEI y Comunidades rurales del norte del departamento del Cauca.

 

3. La Investigación Acción – Participativa como principio metodológico

La Cartografía Social es un proceso de investigación participativo en la medida que la comunidad es agente central del proceso de conocimiento. En este orden de ideas la comunidad aporta sus saberes y experiencias al tiempo que recibe de los demás. La participación, en este contexto se entiende como un proceso permanente de construcción social alrededor de conocimientos, experiencias y propuestas de transformación o mitigación a situaciones de conflictos latentes o manifiestos. Esta debe ser activa, organizada, eficiente, decisiva y darse en el marco de un verdadero diálogo de saberes. Así mismo, la participación de la comunidad debe expresarse en todo el proceso investigativo. Bajo esta dinámica los mapas se adecuan y favorecen la cultura de los narradores orales y, además, su construcción colectiva permite la reactualización de la memoria individual y colectiva. De otra parte, es un conocimiento construido para la acción, porque el conocimiento de una realidad permite actuar sobre ella; se necesita conocerla para transformarla. En el gráfico 1 se sintetiza la técnica de cartografía social como parte del método de investigación acción participativa.

 

Gráfico 1. La cartografía social en el marco del método Investigación Acción Participativa

 

El proceso de investigación acción participante necesariamente debe comprender al menos tres estrategias complementarias de trabajo, para cumplir su cometido. Estas estrategias son: i) la sistematización de la información; ii) un marco temporal; y iii) unos ejes de relacionamiento temáticos. Veamos cada uno con un poco más de detalle. 

i) Sistematización: Además de la recopilación de datos, se debe ordenarlos, encontrando las relaciones y descubriendo la coherencia interna de los procesos instaurados en la práctica. En este sentido la sistematización es construcción de conocimiento (teorizar en la práctica), dimensionando y validando la información, datos y prácticas. De la veracidad socialmente construida de dicha información, dependerá la sustentabilidad de una estrategia para la transformación de las conflictividades identificadas. En este aspecto, por ejemplo, la rigurosidad del levantamiento de la información permitirá llevar la imagen del mapa social construido por las comunidades, a un sistema de información geográfica que permita integrar distintos elementos identificados por los agentes sociales y ampliar sus percepciones con información de carácter oficial. Los mapas 1 y 2 son el resultado de un proceso de identificación de la presencia organizativa de algunas comunidades con situaciones de hacinamiento, así como actividades económicas lícitas e ilícitas en el norte del Departamento del Cauca, cuya información se sistematizó de manera integral mediante un sistema de información geográfico, y fue ampliada con información espacial de carácter oficial, como se muestra en el mapa 3, donde se destaca la presencia de otras formas de organización social.

Fuente: IEI a partir de información suministrada por algunas comunidades rurales del norte del Cauca

 

ii) Temporalidad: Si consideramos que las cartografías sociales son representaciones de un territorio, que generan información cuyo objeto es al mismo tiempo reconocer su situación actual; cómo se ha ido transformando; y como lo queremos transformar a través de un proceso de planificación participativa. Es necesario ordenar metodológicamente los tiempos de análisis y reflexión en torno a situaciones disruptivas u originarias de los conflictos territoriales; distinguiendo entre un pasado-recordado, un presente-vivido y un futuro-deseado.

iii) Ejes de relacionamiento temáticos: Al mismo tiempo que la cartografía ordena el tiempo y el espacio, a su vez, es una herramienta que permite plasmar la relación de una comunidad con su entorno - social, económico, político, cultural y ambiental. Dicha información apuntará a revelar los contextos en torno a los cuales se desarrollan las situaciones de conflictividad territorial. Por tal razón la Cartografía diseñada deberá contemplar ejercicios temáticos que se definen de acuerdo a la relevancia identificada para cada situación conflictiva. Por ejemplo, puede surgir un mapa que permita reconocer los sistemas productivos, la naturaleza (uso y estado actual) tenencia de la tierra y flujos de mercado. También se puede representar la administración del territorio, sus actores políticos, sociales y armados, así como los servicios públicos, vías, infraestructura comunitaria, salud, educación, vivienda y demografía.

Es importante tener en cuenta que el tipo y número de mapas que se elabore deberán responder a las necesidades propias de una población - territorio y al objetivo del ejercicio. Por ser un proceso de gestión participativa, esta definición debe ser un diálogo de saberes entre las comunidades y las instituciones vinculadas al proceso.

 

4. Solucionando juntos una realidad mutuamente imaginada

Si estamos de acuerdo en que la Cartografía Social consiste en elaborar imágenes o representaciones del campo relacional en que transcurre la vida cotidiana de los participantes. Un ejercicio de CS para identificar conflictividades territoriales podría comenzar identificando y representando los elementos, las relaciones, las dimensiones y las tendencias que caracterizan ese territorio, para luego tener un mejor entendimiento de los problemas, las potencialidades y los conflictos que lo dinamizan y de riesgos, amenazas, fortalezas y oportunidades, que de todo ello se deriva. Por ejemplo, en la subregión de Montes de Bolívar las comunidades además de identificar conflictos interculturales contextualizaron estos en el marco del desarrollo de algunas actividades productivas como se puede ver en el mapa 4.

 

Mapa 4. Conflictos región PDET Montes de María

Elaborado Equipo técnico IEI a partir de información levantada en campo
con las comunidades rurales de la subregión de Montes de María.

 

En elaboración de este tipo de cartografía se recomienda que la sesión de trabajo comience con una conversación, entendida como la convergencia de las distintas versiones que cada quien tiene de la realidad. A lo largo de la conversación se van elaborando entre todos, los mapas relacionales de acuerdo a una guía previamente acordada. La guía sirve para orientar la expedición virtual que los participantes realizan por su territorio, destacando en unos mapas, por ejemplo, todas las relaciones referidas a las situaciones contacto y conflictividad, al territorio propio y el de los otros; en otros mapas se pueden entrar a detallar estudios de caso específicos (fronteras o predios en conflicto); de igual manera, otro conjunto de representaciones puede avanzar en la identificación de propuestas de autorregulación y negociación in visu.

En este proceso los participantes tienen la sensación de estar re-descubriendo el campo relacional en que transcurre su vida individual y colectiva. El mapa obra a la manera de un microscopio o de un telescopio, permite ver más de cerca o a lo lejos, también hace posible pensar simultáneamente, el pasado, el presente y el futuro. Es una experiencia que vincula intuición, razón y emoción y hace posible pensar la región o la localidad como un conjunto que funciona a modo de un sub-sistema de la tierra, como organismo viviente. De acuerdo con Catalina García (2005), también se pueden generar indicadores cuantitativos y cualitativos de la dinámica social. García propone la siguiente tipología, que hemos tomado como punto de partida, para pensar la diversidad de relaciones de una cartografía social dirigida a la comprensión de las conflictividades territoriales:

Indicadores derivados de la relación sujeto-objeto (s-o). Aquí se agrupan todos los datos que dan cuenta de la cantidad de objetos, de las dotaciones materiales y también de las carencias. Muchas veces esta relación evidencia los recursos naturales que se encuentran en disputa y que pueden ser el corazón de una tensión territorial. Igualmente este tipo de relaciones permitirían analizar como las dinámicas extractivas afectan de las relaciones comunitarias y los sistemas productivos locales.

Indicadores derivados de la relación sujeto - sujeto (s-s). Aquí se identifican las múltiples y complejas interacciones que se generan entre sujetos involucrados en procesos de conflictos territoriales. Allí pueden aparecer las distintas poblaciones (étnicas y/o campesinas) sus organizaciones, áreas de influencia, y otras prácticas culturales. En general se trata de las relaciones construidas con sentido antropocéntrico para satisfacer necesidades identitarias u organizativas.

Indicadores derivados de la relación S - s. En donde “S” representa la territorialidad más asociada con la naturaleza circundante (la Biosfera); mientras que “s” representa a la sociedad. Aquí se reflejan relaciones y satisfactores que supeditan la condición humana a la naturaleza y, por lo tanto, la población humana a la no humana. La característica de este nivel de indicadores reside en el reconocimiento del imperativo de trascendencia según el cual el ser humano no es la máxima expresión del ser, sino tan solo una de sus múltiples expresiones. Este tipo de indicadores están presentes en mayor grado en sociedades no occidentales, construidas a partir de intercambios orgánicos de materia, energía e información con la naturaleza. Este tipo de indicadores permite aproximarse a territorialidades invisibles, como las ancestrales o con un alto componente simbólico para las poblaciones involucradas.

La conjunción interpretativa: Construidos los mapas o las imágenes, es necesario relacionarlos entre sí para obtener una visión de conjunto que articule los diferentes aspectos representados y permita obtener una visión actual de la realidad y sus tendencias. Cualquiera sea el campo relacional o de conflictividad que se explore, una vez identificado el conjunto de relaciones que lo conforman, si estas han tomado como punto de partida una cartografía base institucional, o si los limites espaciales han sido cuidadosamente indicados, los mapas de la gente se pueden llevar a Sistemas de Información Geográfica – SIG. En esta parte del ejercicio vuelve a tener sentido la evaluación de los procesos de trabajo, ahora con la información y el entendimiento indispensables para decidir sobre futuras acciones, quizás la delimitación de una agenda de gestión a las conflictividades identificadas.

 

A modo de síntesis

La Cartografía Social se preocupa por desarrollar una pedagogía del espacio habitado. Este cometido se realiza por medio de una construcción simbólica del territorio (entendido éste tanto por el espacio como por las relaciones que interactúan en y sobre él). Desde este punto de vista, es posible abrir perspectivas para una mejor comprensión de la realidad territorial, de cómo vivimos el territorio que habitamos, y como construimos el futuro territorio que deseamos. Desde la anterior perspectiva, el éxito de la cartografía social depende del grado de identificación y compromiso de las comunidades; para que sean los mismos pobladores quienes evalúen y reconstruyan un conocimiento integral de su territorio, abriendo las posibilidades para acordar una mejor manera de dialogo entre ellos y con las poblaciones que los circundan.

Las actividades de CS deben buscar hacer uso de instrumentos técnicos y vivenciales. El tipo de mapas que se espera conseguir, son aquellos cuya elaboración principal está a cargo de los participantes de los talleres en un proceso de dialogo participativo, en el cual se pone en común el saber colectivo (horizontal), y es desde ahí donde encuentra su eficacia y legitimidad comunitaria.

Igualmente, este tipo de herramientas buscará introducir un proceso democrático de construcción de conocimiento a través de la trascripción de la experiencia de los lugares importantes donde se desarrollan los conflictos territoriales, pero también de aquellos lugares y actividades que no son corrientemente nombradas, y que pueden ser fuentes potenciales de acuerdo, dialogo, reconstrucción de confianzas, e incluso alianzas productivas de los actores enfrentados. Los participantes de los talleres deben analizar colectivamente los problemas sociales, en un esfuerzo por comprenderlos y solucionarlos. Es una metáfora que parte desde una situación conocida o insuficientemente conocida, a una situación más abstracta, simbólica que salta a la vista y traduce la complejidad del entramado social. “La virtud de la metáfora es que puede reunir perfectamente las observaciones o hacer que una idea abstracta se haga visible al ojo de la mente.” (Habegger & Mancila 2006.).

Un componente importante de la metodología de CS es su enfoque de síntesis simbólica y planificación. Lo anterior implica un proceso de recuperación del conocimiento ancestral y de comparación con la información producida por la oficialidad estatal. Con este cruce, es posible construir una estrategia conjunta en el marco de los planes de vida de las comunidades que pueda encontrar puntos de contacto o de divergencia con la política pública, para coordinar las acciones necesarias tendientes a reducir la vulnerabilidad y la incertidumbre. El ejercicio anterior debe permitir coordinar las herramientas que en derecho tienen las comunidades y pueblos para que el Estado pueda intervenir exitosamente en la anticipación de amenazas y en la prevención de divergencias entre vecinos comunitarios, y entre ellos con los procesos de gran calado que aspiran intervenir los territorios rurales.

 

BIBLIOGRAFÍA

Andrade, H. y Santamaría, G.  1997. Cartografía Social para la planeación participativa.  En: Memorias del Curso: Participación Comunitaria y Medio Ambiente.  Proyecto de capacitación para profesiones del Sector Ambiental.  Ministerio del Medio Ambiente e ICFES.

Borges, Jorge Luis. 1998. OBRAS COMPLETAS. Alianza Editorial.

Convis, Charles. 1996. The Nature of Geographical Information Systems. ESRI.  Consultado en: enero 16 de 2007.

De Sousa_santos Boaventura. 1991. Una cartografía simbólica de las representaciones sociales. Prolegómenos a una concepción posmoderna del derecho. Revista Nueva Sociedad Nro.116 Noviembre- Diciembre 1991, Pp. 18-38.

Freire, Paulo (1990): La naturaleza política de la educación. Cultura, poder y liberación. Ed. Paidos, Barcelona.

García, Catalina. 2005. La cartografía social en la práctica. Proyecto “Barrios del Mundo: Historias Urbanas”. ENDA Colombia. 13 p.

Habegger Sabina & Mancila  Iulia. 2006. El poder de la Cartografía Social en las prácticas contrahegemónicas o La Cartografía Social como estrategia para diagnosticar nuestro territorio. En

Jameson, Fredric. 1984. NEW LEFT REVIEW. 146 - ; Images of Law in Everyday      Life: The Stewart Lessons of School, Entertainment and Spectador Sport.

Restrepo, D. 1998. Eslabones y Precipicios entre Participación y Democracia. En Curso de Extensión "Desarrollo Local y Gestión Ambiental" Universidad Nacional de Colombia. Instituto de Estudios Ambientales IDEA, Departamento de Trabajo Social, 35. Bogotá.