Campesinos, glifosato y Estados Unidos

Nariño, gobernado últimamente con el disfraz de poder alternativo, se prepara ahora, igual que hace 20 años lo sufrió mi pueblo, para seguir recibiendo el rocío de veneno como siempre por presión de Estados Unidos.

Hernando Chindoy Chindoy
Hernando Chindoy Chindoy
Presidente Tribunal Indígena - Gestor de Wuasikamas-Guardianes de la Tierra
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07 de Julio de 2018

Transcurría 1995 y mi pueblo estaba sumido en la bonanza del narcotráfico, como resultado de unas 2.500 hectáreas de cultivos de amapola. Apenas a tres horas de la ciudad de Pasto, capital del departamento de Nariño, 3.600 personas descendientes de los Inca, estaban al borde el exterminio físico, cultural y espiritual secuestrados en su propio territorio; primero las guerrillas y luego los paramilitares en complicidad con fuerzas del Estado violentaban constantemente sus derechos humanos indígenas.

Un suelo andino catalogado como “zona roja” cuyos habitantes se habían convencido de que eran pobres y vivían lejos, razón por la cual eran merecedores de ese trágico destino. Hasta 8.000 millones de pesos por semana se transaban entre la comercialización de productos agropecuarios provenientes de mercados extraños a la zona y las dos o tres toneladas de morfina o heroína que salía como producto de exportación.

La tala indiscriminada de bosque, atentado contra la vida de distintas especies animales y el fusilamiento de personas a plena luz del día se volvió común como si fuera una sana celebración. Para completar ese panorama, llegaban en fila hasta tres avionetas y unos cinco helicópteros para rociar con glifosato las plantaciones de amapola, afectando también los animales, los pocos sembrados de agricultura de subsistencia, los bosques y contaminando el agua.

Recuerdo que en una de esas oportunidades una avioneta fue impactada por disparos que realizaba la guerrilla en la cordillera y ésta cayó en un corregimiento vecino a nuestro territorio ancestral.

En 2004, después de un año de conversaciones colectivas, tomamos la decisión de erradicar todas las plantaciones de amapola, abandonar el narcotráfico y notificar a los actores armados para que salieran de nuestro territorio, al que habían ingresado sin pedirnos permiso. De esa manera le quitamos de raíz al Estado la excusa para violentar nuestros derechos.

Emprendimos el camino de reorganizarnos y fortalecernos institucional y culturalmente potenciando nuestras capacidades y avanzando en educación, salud, economía y producción, servicios públicos, justicia, mujer y familia, niñez y juventud y, territorio; aunque recorrimos un camino lleno de espinas, valió la pena, hoy no tenemos gran cantidad de dinero pero estamos tranquilos y en paz.

Nos sobrepusimos a la guerra y decretamos como Territorio Sagrado 17.500 hectáreas con 28 lagunas y tres páramos. Desde el año 2015, un movimiento de tierra en masa rotacional ha destruido 480 viviendas y toda la infraestructura de gobierno: un llamado de la Tierra por el daño que le causamos. Pero ni ello ha doblegado nuestro espíritu y nuestro emprendimiento, pese al olvido y la discriminación a la que hemos sido sometidos, nosotros seguimos adelante.

Nariño, gobernado últimamente con el disfraz de poder alternativo, se prepara ahora, igual que hace 20 años lo sufrió mi pueblo, para seguir recibiendo el rocío de veneno como siempre por presión de Estados Unidos. A diferencia de entonces, hoy se realiza con herramientas de nueva tecnología como son los drones y la obediencia cómplice de un Nobel de Paz.

Acudo a la sabiduría campesina, indígena y afro para que se revolucione en su autonomía conforme con el derecho internacional, la Constitución y la ley, y diga NO más al narcotráfico. No somos pobres ni vivimos lejos, somos hombres y mujeres de dignidad, y esa dignidad no tiene precio en dinero, podemos ser empresarios desde el campo con productos de vida. Desechemos el uso del glifosato de todas nuestras actividades agropecuarias.

El narcotráfico es el distractor para que la corrupción siga robando lo que por derecho nos corresponde y nos ha hecho cómplices de un cáncer social que más temprano que tarde afecta a nuestras propias generaciones. En las montañas de la selva nariñense no he visto a un solo niño feliz disfrutando con amor una sopa de hoja de coca.

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Boris Ackerman

09 de Julio

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Blog Pacto Por colombia boris. Lo más terrible del asunto es que cuando se ha...+ ver más

Blog Pacto Por colombia boris. Lo más terrible del asunto es que cuando se habla con el gringo común y corriente, están convencidos que los malos del paseo somos nosotros, que estamos obligandolos a llenar sus narices con nuestra maldición, que los empresarios de tan macabro negocio está en nuestras montañas y no en sus calles. Habrá Justicia cuando veamos a los Rockefeller de la droga de Brooklin encerrados. Pero, el Mundo no es Justo, la Justicia es la del más fuerte y la historia es de quien la escribe. Nuestro Gobierno cede ante la Presión del más fuerte sin mirar el daño irreparable a nuestros recursos, A la Madre Tierra.