Un holocausto que no acaba

32 años después de la toma la palacio de Justicia, aún hay muchos interrogantes sobre lo ocurrido, y en particular, aún no se visibilizan lo que vivieron las mujeres sobrevivientes y familiares de víctimas. 

Alejandra Coll Agudelo
Alejandra Coll Agudelo
Abogada
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05 de Noviembre de 2017

Por estos días se cumplen 32 años de uno de los eventos violentos que más ha marcado la historia reciente de Colombia. En pleno centro de la capital de país, y en la sede de la justicia, la fuerza pública desapareció personas, y respondió a la toma del M-19 sin ningún protocolo de protección a civiles. 

Aún hay seis personas desaparecidas, y buena parte de quienes ya han recibido los restos de sus familiares no tienen en una respuesta en relación a como fueron asesinados/as y quienes son los responsables. En 2014 la Corte Interamericana le pidió al Estado Colombiano continuar con la investigación de lo ocurrido en el Palacio, (Caso Rodriguez Vera vs Colombia) y continuar con la búsqueda de quienes estaban ahí ese 6 de Noviembre. 

Si bien hay que decir que entre 2016 y 2017 se han hecho importantes esfuerzos que han permitido encontrar restos personas desaparecidas en el Palacio de Justicia, y poco a poco se han venido develando respuestas sobre lo ocurrido ese dia, aún hay infinitas deudas con las víctimas. Una de esas tareas pendientes es analizar como cambió la vida de las mujeres y las niñas sobrevivientes y familiares. Muchas de ellas debieron salir de país, otras vivieron amenazas y una niñez interrumpida. En los procesos judiciales adelantados hasta ahora, poco se ha hablado de la lucha de las sobrevivientes y familiares en la búsqueda de justicia y reparación. No se ha dicho mucho sobre el díficil momento  que están viviendo las familias a las que 32 años después les están diciendo que en las tumbas en donde fueron a despedir a sus familiares, hay otra persona. Solo ponerse en los zapatos de estas personas que están reviviendo esta tragedia  32 años después, me produce verguenza y dolor. 

La mejor  manera de conmemorar los 32 años de este holocausto es actuar conforme a las lecciones aprendidas en relación a la búsqueda de personas desaparecidas, atención y reparación a sus familias. Ahora que ya tenemos una Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas, y que hay experiencias sobre lo que no puede pasar en los procesos de búsqueda, es hora de entender que aún hace falta mejorar la capacidad institucional para dar respuestas oportunas. Es imprescindible dotar a esta nueva Unidad de Búsqueda de herramientas oportunas para cumplir con la dificil tarea que se le ha asignado. En una columna anterior hablé de las falencias del sistema de búsqueda e identificación de cuerpos, y la imperiosa necesidad de superarlas. 

El trato indigno que se le ha dado a las familias de las personas desaparecidas en Colombia no se puede repetir en este momento en donde aspiramos a hacer tránsito a la paz. Ahora que empezamos a sacudir el tapete de nuestra guerra y nuestra historia de conflicto, es esencial que aprendamos de  los errores del pasado. Estamos ad portas de elecciones de Congreso y Presidencia y resulta esencial que sepamos elegir en estos puestos públicos a personas que entiendan que ningún país puede transitar a la paz o sanar las heridas de la guerra si no le permite a los familares de las víctimas conocer la verdad y hacer un duelo en dignidad.