Tres razones para bajar las armas contra el lenguaje incluyente

Varios/as escritores y periodistas reconocidos de nuestro país escribieron despotricando contra el lenguaje inclusivo, como si fuera una guerra contra el lenguaje. Pareciera que ninguno se hubiera parado a pensar, si más allá de una ‘alaraca caprichosa’, la discusión sobre el lenguaje incluyente tiene un trasfondo. El lenguaje construye la realidad, construye la historia.

Maria Adelaida Perdomo
Maria Adelaida Perdomo
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18 de Diciembre de 2017

Toda esta controversia sobre el lenguaje incluyente me tiene atónita. Varios/as escritores y periodistas reconocidos de nuestro país escribieron despotricando contra el lenguaje inclusivo, como si fuera una guerra contra el lenguaje. Pareciera que ninguno se hubiera parado a pensar, si más allá de una ‘alaraca caprichosa’, la discusión sobre el lenguaje incluyente tiene un trasfondo.

El tema es el siguiente:

 

  1. Lo que no se nombra, no existe

Cualquier científico/a social sabe que el lenguaje crea realidades.

Esto quiere decir que lo que se construye en la interacción entre los seres humanos es lo que llamamos ‘realidad’. La realidad absoluta no existe, pero sí existe la cultura, que es nuestra realidad más cercana y la que construimos entre todos/as. El lenguaje es el mayor exponente de esta realidad. En este sentido, cuando excluimos a las mujeres del lenguaje, no estamos simplemente ahorrándonos palabras, estamos excluyéndolas de la realidad, del pasado, del presente y del futuro.

 

  1. El lenguaje hace parte de la comunicación en general, la cual invisibiliza a las mujeres

Basta mirar cualquier libro de historia o de ciencia para saber que las mujeres no han sido jamás protagonistas. Históricamente han sido invisibilizadas, sin importar su participación en la consolidación del mundo moderno y en el avance científico. El efecto de esto es que tengamos una concepción de la sociedad androcentrista (centrada en el hombre). La hace que las niñas desistan de carreras afines a la matemática, la ciencia y la política.*

El lenguaje hace parte de la construcción de estas comunicaciones que invisibilizan a las mujeres cuando hablamos de ‘ingenieros, científicos, políticos.’

 que aumenta el número de mujeres que aspiran a esta posiciones cuando se ven representadas en el lenguaje y en las imágenes, es un asunto de identificarse con otro, es un asunto de lo posible.*

 

  1. La RAE ya no representa al mundo actual

Antes de que me apedreen, échenle un vistazo a la . Son, en su gran mayoría, hombres, blancos, de avanzada edad.

Esto quiere decir que la institución que decide cómo debemos hablar y escribir todos los hispanohablantes del mundo, es una institución con una sola visión del mundo. Una institución sin diversidad basada en preceptos tradicionales de la realidad y de la sociedad, que no avanza con el tiempo, que no reconoce que este es un mundo donde la otredad (las mujeres, y todos aquellos que somos diferentes a la norma) debe tener cabida.

Adicionalmente, difícilmente se puede considerar moderna una institución que '.

Soluciones prácticas:

  • Utilizar siempre el genérico: ‘las personas’ sirve para casi todo, ‘profesionales en ingeniería’ y otras palabras neutrales permiten hacer consciencia sobre la inclusión.
  • Si tanto nos molesta nombrar a los hombres y a las mujeres en nuestro discurso, nombremos a la mayoría (y entonces eduquemos a los hombres a no ofenderse cuando decimos ‘todas’ o ‘nosotras’ si somos mayoría) o utilicemos el masculino y el femenino aleatoriamente, independientemente del número de mujeres y hombres que haya en el lugar.

 

Finalmente hago un llamado a la toma de perspectiva. La guerra contra el lenguaje inclusivo subvalora el bagaje teórico y la inteligencia de quienes luchamos por la inclusión. ¿De verdad creen que si no tuviéramos argumentos de fondo, nos daríamos esta pelea inocua?

No reduzcan la lucha de la equidad de género a una burla al lenguaje inclusivo. Más bien pongámonos en la tarea de crear realidades y expresiones de la realidad que no excluyan a nadie. Veamos más allá, y comprometámonos para que algún día esta discusión sea obsoleta.

 

*'Language, Cognition and Gender' Garnham et al.