Uso de cookies

La Silla Vacía usa Cookies para mejorar la experiencia de nuestros usuarios. Al continuar navegando acepta nuestra política.

listo

¿Seducción torpe o acoso?

Un grupo de mujeres francesas se proclamaron en contra de los movimientos #timesup y #MeToo creados para denunciar el acoso sexual.  ¿Qué preguntas nos deja esa carta?

Alejandra Coll Agudelo
Alejandra Coll Agudelo
Abogada - Feminista y activista de la Ruta pacifica de las mujeres
293 Seguidores7 Siguiendo

1 Debates

49 Columnas

Columna

657

0

16 de Enero de 2018

La actriz Catherine Denevue y otras mujeres francesas firmaron una carta publicada en el periódico (uno de los de mayor circulación en Francia) en donde se muestran en desacuerdo con las recientes denuncias de acoso sexual en escenarios como la política o Hollywood expresadas en las campañas #MeToo y #Timesup.

Para resumir la carta: las firmantes consideran que se está prejuzgando a los varones señalados de acoso, y que los actos de lo que ellas llaman "seducción torpe" no constituyen violencia sexual, ni los hacen delincuentes. 

Ese pronunciamiento me llamó la atención, porque tiene ideas muy similares a las expresadas por personajes colombianos como Antonio Caballero en sus columnas y .  En su momento, a Caballero, muchos ciudadanos y ciudadanas preocupadas por la presunción de inocencia de las personas mencionadas por las mujeres denunciantes aparecieron para decirme que era una pésima abogada al no proteger la honra de los ciudadanos acusados de actos de acoso sexual. 

Respeto profundamente la libertad de expresión de las mujeres que no están de acuerdo con campañas como #Metoo o #Timesup, aunque discrepo totalmente de sus argumentos. Llamar "coqueteo torpe" a los actos de acoso es banalizar un acto de violencia que no tiene ninguna justificación.

Hay que recordar nuevamente que los actos de acoso normalmente ocurren en contextos de relaciones de poder, en donde el acosador tiene forma de presionar a su víctima o amenazarla para que acceda a sus pretensiones sexuales.

Los hombres usualmente acosan a mujeres sobre las que tienen alguna posición de poder que les permite "castigarlas" si les rechazan (profesor-alumna, jefe-trabajadora, supervisor-pasante). Por ejemplo, un congresista difícilmente acosará a una de sus colegas de curul, sobre la que no tiene poder o posición de mando; pero si se han reportado casos de acoso de congresistas a mujeres que trabajan para ellos en sus unidades de trabajo legislativo. Las mujeres que están levantando su voz están justamente denunciando ese uso deplorable del poder para obtener favores sexuales. 

Los acosadores se aprovechan de ese poder, ya que el decir no implica para las víctimas perder un trabajo, su vida académica, etc. ¿Qué hace una mujer con hijos/as que mantener ante un jefe que la amenaza con despedirla si no accede a sus insinuaciones? La sociedad les exige a esas mujeres decir no sin importar las consecuencias, cuando debería enfocarse en pedirle a los acosadores que paren sus actos de abuso. 

Denunciar el acoso no es exageración. Los actos de acoso son profundamente invasivos, perturban la tranquilidad de las víctimas y en muchos casos las llevan a quedarse sin empleo, a renunciar a sus carreras académicas, a su vida profesional, entre otras cosas. Incluso mujeres tan poderosas, como Salma Hayek, han temido denunciar por las implicaciones que esto podía tener en su carrera. En su relato sobre el acoso que vivió, Hayek dejó en claro que el temor la llevo a callar por años, y solo ante el valiente testimonio de las otras víctimas de su agresor, encontró la fuerza para hablar.

Denunciar el acoso no limita la libertad sexual, no banaliza otras formas de violencia sexual, ni sataniza el coqueteo. El objetivo real de campañas como #MeToo y #Timesup es pedir que los hombres que están en posiciones de poder dejen de usarlo para obtener favores sexuales de mujeres, arrinconándolas mediante amenazas.

Es profundamente constructivo que el mundo esté dando la discusión sobre el acoso y hablándolo en la esfera pública. Lo que es inadmisible es banalizar el debate tratando de pedirle a las mujeres que se callen ante hechos que vulneran su integridad, bajo la excusa de que su experiencia es poco importante o menos grave que otras vulneraciones a derechos. También es inadmisible que cierto sector de la sociedad esté más preocupado en arropar a los presuntos agresores y pedir el cuidado por su buen nombre, antes que promover el fin de una práctica vulneradora de los derechos de las mujeres. 

Quiero creer que esta discusión y los movimientos que la alimentan son el principio de un cambio profundamente necesario en nuestra sociedad, en donde el acoso sexual deje de ser algo socialmente aceptado y una práctica común en espacios laborales, académicos y cotidianos. 

Adenda: Al momento de la publicación de esta columna, Catherine Denevue dió declaraciones en el periódico "Liberation", pidiendo excusas a las mujeres víctimas de acoso y reclamando a los sectores conservadores por haberse apropiado de sus palabras.