Sancionar no Implica Proteger

Un análisis de los dilemas de la propuesta de la Representante Clara Rojas que busca sancionar a quienes paguen por servicios sexuales.

Lina Céspedes
Lina Céspedes
Abogada
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06 de Agosto de 2017

* Esta entrada se escribió en coautoría con Rebecca Schleifer

De acuerdo con los medios de comunicación, el pasado 2 de agosto, la Representante a la (hasta el momento no hemos podido encontrar este proyecto en la página de la Cámara de Representantes). A través de esta iniciativa, la Representante pretende abolir del todo la prostitución castigando al consumidor de la misma. Su punto de partida es que la mayoría de estas mujeres se encuentran en esta situación en contra de su voluntad, ya sea por falta de oportunidades y/o por haber estado expuestas a la violencia relacionada o no con el conflicto armado.

Aunque la intención de la representante es loable, su propuesta presenta algunos problemas que es importante señalar para poder tener una discusión informada que se aleje de los estereotipos y moralismos fáciles que tanto terminan afectando a los grupos que supuestamente se quiere proteger con estas iniciativas.

Para comenzar es bueno dejar algo claro: la Corte Constitucional ha dicho que el trabajo sexual es lícito cuando “parte del ejercicio de la voluntad libre y razonada de su titular” e ilícito cuando media el constreñimiento, la explotación de seres humanos o la participación de menores. Para ello basta leer las sentencias y . Entonces, un cuestionamiento fundamental al proyecto de ley de la Representante Rojas es por qué razón castigar a alguien por comprar servicios que las trabajadoras sexuales pueden ofrecer. Permitir y castigar al mismo tiempo una actividad dependiendo de qué lado de la cadena uno se encuentre no solo transmite un mensaje contradictorio a la sociedad, sino que constituye un campo fértil para la discriminación y estigmatización de la actividad en sí.

Desde el 14 de junio de este año, la Representante Clara Rojas había anunciado su iniciativa con una entrada titulada . En ella se puede ver cómo se mezclan constantemente las consideraciones propias de situaciones de inducción y constreñimiento a la prostitución y prostitución de menores con las propias del trabajo sexual lícito, es decir, del que se ejerce por una elección libre y razonada. De ahí que su texto establezca una relación estrecha entre explotación sexual y trabajo sexual, y considere que la única forma de acabar con la estigmatización y la violencia en contra de esta población es la abolición de la compraventa de servicios sexuales.

Aunque no lo menciona específicamente en su página, la premisa que subyace a su propuesta es que no es posible consentir al trabajo sexual en ninguna circunstancia, por cuanto es una actividad que va en contra de la dignidad humana sin excepción. No es claro cómo este punto de partida puede contribuir a mejorar la situación de las trabajadoras sexuales, por cuanto el mismo estigmatiza su trabajo como algo que per se no merece protección. Así mismo, si bien la Representante pretende darle la vuelta al argumento tradicional que culpaba a las trabajadoras sexuales por la existencia de su oficio, lo hace por medio de una estrategia que simplemente uniforma a través de la victimización a todo el espectro de mujeres que participan en este trabajo.

En consonancia, la Representante resalta circunstancias disímiles en las que se pueden encontrar las trabajadoras sexuales como si fueran equiparables. Por ejemplo, habla de la falta de oportunidades económicas junto con la inducción al uso de alcohol y drogas por parte de los proxenetas para aumentar sus ganancias. Estas dos situaciones describen realidades que no son similares. Si bien la primera evidentemente limita el espectro de opciones de una persona, no representan un camino unidireccional y forzado hacia el trabajo sexual. En cambio, la segunda habla indudablemente de coacción y ausencia de elección.

El ejercicio de la libertad en este campo debe entenderse sujeto a las limitaciones que los seres humanos enfrentan debido a sus particulares posiciones en la sociedad. Contar con una libertad ilimitada para escoger trabajo es un mito que no tiene asidero en la realidad. Para entender el lugar y la significación del trabajo sexual en nuestras sociedades nos deberíamos preguntar cosas tales como por qué razón no juzgamos de la misma manera que a las trabajadoras sexuales a las mujeres que por presiones económicas o falta de otras oportunidades se dedican al trabajo doméstico, a ser amas de casa, o a limpiar baños en empresas. Al fin y al cabo, todos estos oficios se refieren a actividades relacionadas con el bienestar del ser humano que implican un alto grado de intimidad.  

Otro aspecto a tener en cuenta en este debate es cómo va a impactar la multa en la vida cotidiana de las trabajadoras sexuales. Una sanción de este estilo seguramente las va a exponer a transacciones más inseguras, por cuanto para escapar del escrutinio de la policía estas deberán ejercer su trabajo en zonas más alejadas, oscuras y propensas al crimen. De la misma manera, esta medida puede afectar su capacidad de examinar con detenimiento a su cliente para determinar si es potencialmente peligroso y conducirá a que trabajen en solitario para no llamar la atención, lo cual solo puede redundar en más oportunidades para ser objeto de violencia. En esa misma línea, la propuesta de la Representante impedirá que las trabajadoras sexuales acudan a la policía o a los servicios de salud, por cuanto los clientes y los dueños de las casas donde ejercen su trabajo no querrán que eso suceda y, tal vez, ellas tampoco, por cuanto tal acción podrá minar su fuente de ingresos ().

Este breve análisis de la propuesta de la Representante invita a que tengamos una discusión profunda sobre cómo entendemos el trabajo sexual y los prejuicios que cruzan nuestras posiciones. Para ello es esencial que ahondemos por lo menos en qué significa optar por este y otros trabajos de manera voluntaria y razonada, y cuáles son los impactos secundarios de proteger a una población por medio de la prohibición y la victimización. Para que este debate goce de legitimación, las primeras llamadas a tener voz decisoria en el mismo son las trabajadoras sexuales, en su diversidad y heterogeneidad de posiciones.

Las opiniones expresadas en este medio son personales y no reflejan posturas institucionales.