Que las hay...

Hay varias mujeres presidenciables. Esperamos de ellas un compromiso mayor con los derechos, desarrollo, bienestar e intereses de las mujeres y las niñas.

Rocio Pineda-García
Rocio Pineda-García
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31 de Marzo de 2017

Por primera vez en la historia del país, tenemos hoy un abanico de 5 mujeres en el sonajero presidencial. Ciudadanas inteligentes. Con títulos académicos y trayectorias profesionales exitosas en el sector privado, social y público. Sin lugar a dudas destacadas líderes políticas. Tan capaces como los hombres para ejercer la primera magistratura del país y para dirigir su destino. 

Son ellas: Clara López (Polo Democrático), Claudia López (Alianza Verde), María Rosario de la Espriella (Centro Democrático), Martha Lucía Ramírez (Conservador) y Piedad Córdoba (Poder Ciudadano)

 

Pertenecen a la primera generación de mujeres influenciadas por el 25 de agosto de 1954. Fecha memorable para la democracia colombiana, cuando después de décadas de luchas femeninas, les fue reconocido el derecho al voto[1]. Con certeza, ninguna de ellas votó el Plebiscito del 1º de diciembre de 1957[2], día en que las colombianas estrenaban el derecho al sufragio!

Y sí estoy segura de su voto en el Plebiscito del 2 de octubre del 2016, que ponía punto final al conflicto armado con las Farc-ep. Dos de ellas (40%) se manifestaron por el NO y el resto (60%) a favor del SI.  

Lamentable ese voto femenino en contra del Acuerdo Final. Un pacto político que lograba hacer visible el impacto de la guerra en las mujeres y proponía medidas de equidad de género para superar la histórica discriminación, exclusión y violencia producidas por la ideología de género dominante y garantizaba el derecho a verdad, justicia, reparación y no repetición. Por eso, merecía el apoyo decido de estas dos líderes políticas, que optaron por sumarse a las voces de curas, pastores y políticos defensores de esa ideologíay opuestos tradicionalmente al adelanto de las mujeres.

Tanto en la izquierda como en la derecha del espectro partidista, la participación de las mujeres en política se abre a empellones. Las jerarquías de género presentes en los partidos y movimientos políticos “anclados en el modelo masculino de la vida política” se resisten a la presencia de las mujeres en la política y a valorarlas de la misma manera que a sus pares varones.

Gracias a este contexto de subordinación al modelo predominante de la vida política, 57 años duró la espera de otra ley que empujara medidas de equidad de género para lograr mayor participación de las mujeres en la política.  

Gracias también a la Bancada de Mujeres Parlamentarias[3] dicha ley, la 1475/2011[4], incorporó el 30% de mujeres en las listas a cargos de elección popular y la obligación de los partidos de financiar la formación y empoderamiento político de las mujeres. Pero, de ahí a lograr la masa crítica necesaria, es largo el camino. Por eso insistimos en la paridad, la alternancia y la universalidad en las listas a cargos de elección popular de manera pronta[5].

A fe que a los partidos poco les interesa. Cumplen la ley a regañadientes. Aducen desinterés de las mujeres. Desconocen los múltiples obstáculos económicos, culturales y sociales: el trabajo de cuidado no remunerado o el estigma político o la utilización de la vida privada para deslegitimarla o la falta de medios económicos, bastarían para dimensionar las barreras que impiden su participación en igualdad de condiciones a los varones.

Dice el reciente informe del Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria (2016), que el 63% de las mujeres electas en el 2015 en cargos plurinominales y alcaldesas, afirman haber sido víctimas de violencia en el ejercicio de su actividad política. Y atérrense, 47% de estos actos provienen de sus colegas de corporación pública y el 34% de los miembros de sus partidos.   

De ingrata recordación las palabras del Senador Conservador Roberto Gerlein, (Senado 1998) al referirse a las intervenciones de las Senadoras Liberales Piedad Córdoba y Viviane Morales: “parece que las vaginas del congreso amanecieron hoy alborotadas. Se llenaron de malos pensamientos”. Sin comentarios. La violencia simbólica es un obstáculo tan dañino como la violencia física o verbal.

Al recoger comentarios oficiales y callejeros sobre cada una de las candidatas mencionadas, comprendemos el coraje de cada una, para romper esos techos de cristal, sociales, culturales y políticos que les son comunes, a pesar de sus distancias ideológicas y políticas.

Los estigmas, críticas, señalamientos, lejanía de las corrientes feministas, más que estimular su empoderamiento para romper los cerrojos históricos del poder político a otras mujeres, generan temores y desesperanza en aquellas con aspiraciones políticas en el orden territorial y nacional. 

La “desmonopolización del poder político en manos de los hombres” dice Mónica Cejas (2006) no necesariamente implica un cambio en el imaginario político o que la agenda de género sea incorporada y valorada de igual manera que los intereses masculinos.

Lo urgente entonces es “la agencia efectiva como ciudadanas en las respectivas sociedades”, lo que significa “poder actuar y que esa acción sea social y culturalmente reconocida, más que permitida”. 

Más allá entonces de sus ejecutorias, el reto está en las transformaciones sociales, culturales y simbólicas que concita su presencia en la vida política, de cara a legitimar sin temores la agenda de género, a ejercer de manera paritaria el derecho al poder político reservado históricamente a los varones y democratizar la democracia colombiana.

Esperamos de ellas un compromiso mayor con los derechos, desarrollo, bienestar e intereses de las mujeres y las niñas. Utilizar la tribuna pública para reivindicar el derecho a gobernar el país de manera distinta, establecer otras prioridades del desarrollo y otras maneras de hacer la política y la moralidad pública.

Sin miedo al mote de feministas, la igualdad de género en todos los campos del desarrollo y el empoderamiento de las mujeres es la agenda política prioritaria. El 5º Objetivo de Desarrollo Sostenible es el desafío.     

 

[1] Acto Legislativo No3.

[2] De 4´937.090 votantes, el 41% fueron mujeres.

[3] Conformada en el 2006

[4] Reforma Política Estatutaria.

[5] Esperamos que el proyecto de ley que presente el gobierno al congreso sobre reforma político-electoral, por la vía rápida como parte del Acuerdo Final, incorpore la paridad, la alternanacia y la universalidad.