¿Por qué decimos que el machismo mata?

¿Es el machismo una “forma de ser” que junto con el feminismo, otra “manera de ser”, pueden coexistir pacíficamente? Precisiones conceptuales acerca del debate sobre Acoso 2 de Antonio Caballero. 

Doris Lamus Canavate
Doris Lamus Canavate
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28 de Diciembre de 2017

Es muy posible que alguna vez cualquiera de ustedes se haya tropezado en las redes o en la prensa escrita, o en las fotos y videos de las marchas de las mujeres, una consigna muy trajinada en tiempos recientes, una que dice: “EL MACHISMO MATA”, que denuncia, a partir de las vergonzosas cifras de feminicidios, violaciones, torturas, los crímenes de odio cometidos contra mujeres y niñas en el mundo.

No obstante,  pareciera que algunos caballeros de fina pluma, no se enteraron. Y esto si no me sorprende, los señores no le gastan tiempo a lo que escribimos las mujeres y menos si  somos feministas. No de otra manera se entiende que en un muy reconocido escritor en una columna sostenga: “el machismo es una forma de ser”. Entonces, ¿cómo es eso de que el machismo mata? Me cuesta trabajo generalizar, pero es como si con el sólo uso de ciertas palabras la genta asumiera que conoce el sentido y  el contenido de las mismas. Y esto nos pasa con frecuencia con muchas palabras que se ponen de moda y la gente sencillamente repite como loro (¿o lora?)

Sin embargo, hay casos y cosas que deben ser debidamente nombradas, así como correctamente usadas o aplicadas en los contextos de enunciación correspondientes, so pena de meter las cuatro sin remedio. No es mucho lo que se pueda agregar a las nutridas columnas de opinión que han escrito varias sabias mujeres. Pero quiero reforzar el nudo del concepto machismo.

Sucede que, en ocasiones, las propias activistas feministas (y algunos que se apropian de “partes” de sus causas), tienen algo de responsabilidad en el mal uso y, peor aún, precaria comprensión de palabras o conceptos que tomados así, sueltos, parecen de fácil manejo y aún más grave, se vuelven “cartilla de enseñanza”, valga la analogía, como cuando uno confunde un glosario con un marco teórico. Eso pasa con el famoso debate acerca del uso incluyente o excluyente de la mitad del género humano mediante el lenguaje, en el caso del castellano.

Pero el asunto de hoy no es ese sino el del machismo entendido como “forma de ser” en coexistencia pacífica con el feminismo, otra “manera de ser”. Cito textual para no incurrir en distorsiones. Dice Antonio Caballero en su columna Acoso 2:

“Con esto no quiero decir que el machismo sea un progreso con respecto al feminismo, ni que el uno o el otro sea bueno y el otro malo, o viceversa, sino que existen los dos: el machismo es, como el feminismo, una manera de ser. Hay mujeres machistas, como hay hombres feministas. Y creo que el feminismo y el machismo no están condenados a enfrentarse, sino que pueden pacíficamente coexistir”.

No me gusta cuando se burlan o ridiculizan nuestros argumentos, por eso no le hago lo mismo a nadie. Pero es que esta vez no pude menos que recordar el episodio de la reina aquella… Don Caballero, cómo es la cosa... Mujer con mujer, hombre con hombre y a la visconversa, dijo El Chavo del 8. En el fondo, como en el caso de la reina de la historia, creo que le entiendo lo que quiere decir, pero no es políticamente correcto dejar en el ambiente una confusión de tales proporciones más aún cuando provine de una persona de notable influencia en la opinión pública nacional y quizás internacional.

Entonces, ahora sí, en serio. El machismo es un tipo de relación social que se estructura dentro de un sistema de dominación patriarcal en el cual existe una jerarquía (pueden ser, de hecho son, varias, según tiempos y contextos) de sujeción, sometimiento, subordinación, discriminación, explotación -económica y sexual-, de los hombres sobre las mujeres. Estas relaciones de dominación se configuran estructuralmente. Es decir, donde quiera que se organicen relaciones sociales en instituciones: Estado, familia, escuela, empresa, iglesias, universidades, medios de comunicación, redes -reales o virtuales- y su correspondiente carácter económico, político, jurídico, cultural, lingüístico, simbólico, etc.

Así entendido el machismo como tipo de relación inherente a un sistema patriarcal (también clasista y racista), la necesaria conclusión es que ser machista, con todo lo que ello implica para una sociedad, no es un problema o asunto individual y de “mala educación”, aunque esto último contribuya en ocasiones. No. Es un problema estructural que afecta en mayor o menor medida a cada uno de los individuos que conforman y comparten ese sistema social, cultural, económico, político, simbólico.

El principio sobre el cual funcionan las prácticas patriarcales, entre ellas el machismo,  es la creencia en la superioridad del sujeto masculino en términos de valoración positiva y legitimación de lo que son, hacen, piensan, creen, producen, deciden, construyen y destruyen los varones, y la consecuente subvaloración de lo que hacen, piensan, creen, producen, deciden, construyen, las mujeres. En breve, en términos de ejercicios de poder.

Su expresión o manifestación diferencial individual solo refuerza su carácter estructural. Lo difícil es salirse de ese molde pues lo estamos construyendo y alimentando constantemente desde las instituciones en que actuamos, generación tras generación. Sin embargo, entender aproximadamente el problema es ya un buen principio; digo, entenderlo bien. Lo que seguiría o acompañaría tal comprensión, sería un autoexamen riguroso: ¿Qué tan profundo ha calado en mí ese sistema? ¿Cómo hago para desestructurar en mis prácticas, en mis pensamientos, en mis concepciones, en los paradigmas con los cuales interactúo en la vida diaria (personal, amorosa, académica, política, artística, literaria, religiosa, espiritual), el sistema patriarcal y sus prácticas machistas y violentas?  

Si por simplicidad pedagógica separamos “machismo” de su pertenencia intrínseca al sistema de dominación patriarcal, podemos estar desperdiciando importantes oportunidades para divulgar un conocimiento que es imprescindible para que esta sociedad cambie, para que no sigan aumentando las víctimas de violencia, abuso sexual o no, pero abuso, violación, feminicidio, que hace de mujeres (no importa si actrices de Hollywood o niñas campesinas de Nariño) y de sus cuerpos, el objeto predilecto de uso y destrucción por parte de muchos hombres que llevan en su existencia las marcas profundas del sistema.

 

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Doris Lamus Canavate

28 de Diciembre

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¿Es el machismo una “forma de ser” que junto con el feminismo, otra “manera de ser”, pueden coexistir pacíficamente? Precisiones conceptuales acerca del debate sobre Acoso 2 de Antonio Caballero.