Paradojas de la maternidad

Día de la madre: ¿Un día comercial más o con relevancia cultural histórica?

Rocio Pineda-García
Rocio Pineda-García
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15 de Mayo de 2017

El “día de la madre”, celebrado el segundo domingo de mayo de cada año, se ha convertido en una de las fechas más apetecidas por el sector comercial que con novedosas estrategias publicitarias exacerba toda clase de “estereotipos de género” para ensalzar la maternidad.

Mensajes subliminales destinados a promover el ansia de lucro de diferentes sectores económicos alrededor de una fecha, atrapan recónditos sentimientos filiales, en vez de ser ésta dedicada a reconocer el valor social y económico del trabajo de cuidado invisible y no remunerado de miles y miles de mujeres del campo y la ciudad dedicadas al cumplimiento de una función social indispensable para la sostenibilidad humana.

Imagen tomada de  www.globemedia.com

 

Sin embargo, la maternidad ha sido homenajeada y venerada desde tiempos antiguos cuando diversas culturas y poblaciones aborígenes le rendían tributo como símbolo de fertilidad y de vida, tal como lo muestran estas imágenes:

A la izquierda: Venus de Willendorf. Se estima esculpida entre 24 y 22 milenios antes de nuestra era. A la derecha Diosa Durga. Considerada Diosa Madre Suprema por “algunos hinduistas”. www.wikipedia.org/wiki/Diosa_Madre

Es mucha el agua corrida desde entonces. En cada momento histórico, la maternidad es vivida y asumida de diferentes maneras. Nunca queda incólume. Ni nunca los sentimientos maternos, exacerbados por estos días, han sido los mismos.

La mitología de la “virgen lactante” nutricia del cristianismo en tiempos remotos o la actual “madre dolorosa” presente en procesiones de semana santa, es bien distinta de la historia de las nodrizas compelidas a cuidar y amamantar hijos de madres de que despreciaban esta función hace más de dos siglos.

También es cierto que, desde los albores de nuestra era, la interrupción voluntaria de los embarazos -aborto- ha sido una práctica constante. Quiere decir, que la maternidad como tal es una construcción cultural, -así los ideólogos del género se nieguen a aceptarla- Por tanto, también es un mito el instinto maternal, defendido por quienes se resisten a ver en la maternidad una elección libre de las mujeres.

Años atrás, al conversar con la anciana madre de una de mis amigas y preguntarle acerca de los siete hijos y tres hijas que tuvo, me respondió con una franqueza inusual: “mija, yo solo quería tener tres. Pero tuve que aceptar el resto. Fui aprendiendo a quererlos a pesar de todo. No tenía más remedio”.   

Por fortuna, a partir del año 60 llegó la píldora anticonceptiva y marcó un hito histórico, al ponerla al servicio de la regulación de la fertilidad femenina. Por primera vez, las mujeres éramos libres para elegir o rechazar la maternidad.

Al desligar nuestra vida sexual de la reproducción humana, nos posibilitó disfrutar al máximo de una maternidad decidida libremente o abolir la culpabilidad al negarnos a ser madres.     

Desde entonces el mito maternal adquiere otro ropaje. A diferencia de décadas atrás, cuando una joven era satanizada por atreverse a cuestionar la maternidad como destino, hoy en día son muchas las mujeres que expresan más libremente su nulo deseo de ser madres, sin asomos de culpabilidad.

Por eso es paradójico que, el país venere, alabe y ensalze la maternidad, mientras invisibilize su carácter de libre elección y, además se niegue a propiciar óptimas condiciones familiares, sociales, económicas y culturales para que la mujer decidida a ser madre, pueda cumplir a cabalidad esta función social.

Valdría la pena, que una vez pasen los festejos, el empresariado, las agencias del estado competentes, los medios de comunicación, las redes sociales, el magisterio,  ciudadanos y ciudadanas, madres y padres, en fin diversos protagonistas de la vida del país, se dieran a la tarea de garantizar la libre opción a la maternidad y, por supuesto también a la paternidad, con las mejores oportunidades de acceso a servicios de bienestar que garanticen a las nuevas generaciones ser deseadas, amadas, cuidadas, respetadas y felices. Más satisfechas consigo mismas y con su papel en la sociedad.

Esta tarea empieza con una temprana educación sexual, donde chicas y chicos reciban información verdadera, formación ética y estética sobre la reproducción y la sexualidad humanas y, aprendan que tanto la maternidad como la paternidad, constituyen elecciones libres, trascendentales en la vida de mujeres y hombres. Una decisión a afrontar tarde que temprano, sea biológica o adoptiva.

ADENDA. Merecido aplauso para quienes integran la Comisión Primera de la Cámara de Representantes por su voto responsable, al negar el referendo contra la adopción de chicas y chicos por parte de parejas del mismo sexo, personas solteras y/o viudas. Su actuación nos revive la fe en que podemos ser capaces de pasar la página del oscurantismo ideológico y el atraso político.